[Presente relativo] Bajo el sol de Kyodaina
#21
Leyenda


Acto seguido a que me apartase del cuerpo de atacante, el peliblanco salto hacía el cielo, dejándose caer sobre el cuerpo del atacante el cual no había llegado a levantarse y golpeándolo con un fuerte puñetazo, el cual volvió a tronar como si de un trueno se tratase, pero esta vez no quebró el aire, sino el suelo bajo el enemigo, creando unas grandes grietas y levantando bastante polvo. El cual pude evitar quedar oculto bajo de él gracias a mi gran altura.

- Yihihihihi – sonreí abiertamente divertido por aquel poder abrumador del peliblanco. “Esos ataques son bastante llamativos y poderosos… ¿Cómo debe hacerlos-ko?” pienso curioso e ilusionado. “Vaya… el peliblanco es poderoso, pero este tipo es resistente de cojones-ko…” me digo al ver como el tipo que nos había atacado empezaba a levantarse con grandes dificultades, el tipo se encontraba a cuatro patas cuando el pececito después de gritar que no presumiéramos de fuerza frente a él, se lanzó contra él y sin dejar que se levantase le realizo un sutil corte en la yugular, el cual empezó a sangrar levemente.

- Yihihihihihi – volví a reírme divertido, aquel pez humanoide era realmente divertido, tenía una personalidad peculiar y apasionada, la cual me hacía mucha gracia y me impedía tomármelo enserio, aunque fuera de eso, se le notaba alguien sangriento y agresivo, que como yo no rechazaba la pelea y disfrutaba de ella. No quería quedarse atrás y perderse la diversión y así nos lo hizo saber. – Cuando quieras Pececito-ko yihihihihihi – contesté con una carcajada a su reto de probar mi fuerza con él, mientras lo señalaba con mi preciada Lucille.

Mientras pasaba todo esto, el peliblanco le dio el golpe definitivo al en ese momento moribundo atacante. “Este tipo se ha tomado muy enserio el ataque… parece que se lo ha tomado muy personal-ko…” pienso observando al peliblanco sin aun dejar de señalar al pececito con Lucille. Para luego mirar donde había acabado el cuerpo del enemigo, este estaba cerca de la selva, a los pies de unas extrañas siluetas, de las cuales solo pude distinguir unos cuernos encima de las cabezas de dos de las siluetas o al menos donde supuestamente debían estar estas. “No puede ser… ¿Otro Oni-ko?” me digo extrañado, ya que suponía que una de las siluetas debía ser la joven pelirroja. “Parece que la joven ha vuelto con compañía-ko” me digo dejando de sonreír y apoyándome a mi preciosa Lucille sobre el hombro, a la vez que me peino el pelo con mi mano izquierda.

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#22
Cuando quise darme cuenta, aquella oni de tez blanquecina había aparecido también en la escena. Distanciada de mi por algunos metros me presento la Rémora - Así que es ese puto barco de mierda, La Rémora - La miré serio, esta vez no era como la anterior, en aquel claro todo era calma, su aura me mantenía tranquilo, pero aquí, en estas costas la hostilidad danzaba en el ambiente como hadas en los sueños de los críos. Esto no era una broma. 

Una nueva figura saltó desde el interior de la tierra. Su figura se asemejaba un pez, golpeo desde mi vista en la testa de aquel muñeco ya sin vida. Estos tipos eran unos bárbaros, gente falta de honor. ¿Qué sentido tiene apalizar a los débiles? Los débiles mueren de un golpe, se mean en los pantalones, lloran y piden clemencia. Si no hacen nada de eso simplemente es como hacerse una paja, te acabas corriendo, pero es mucho mejor follar - 1, 2, 3, 4... Y el cuerpo que están sodomizando - Conté mentalmente - Sí, estará parejo -  Asentí mentalmente. Igual alguno de ellos sería capaz de golpearme. Tristes perras, aunque pudieran les cortaré la garganta, haré que se desangren. 

- Recuerda quedarte el que parte cosas, córtale las piernas, no los brazos - Me dijo Nicolás. No había tiempo para Nicolás ahora. 

Entonces, aquel que pegaba hostias como padre borracho mandó el cuerpo hacia mi. Observé aquel inerte ser mientras caía, sus rasgos palmo a palmo se hacían más familiares, aquel pelo, aquel torso desnudo... Yo conocía muy bien a aquella persona.

OST de la escena (agradecería que a partir de aquí leáis con la música) 

Era Zarek. Aquel que me había prometido la vida, aquel que había prometido que me sacaría de esta isla, el mismo que me había convertido en capitán, la misma persona que había prometido que sumiría el mundo en el caos, que me daría el mismo en bandeja, aquel a quién habían apalizado sin respeto era Zarek, El hereje. Yo era la mano y el la mente. Aquellos tipos acababan de arrebatarme lo poco que me quedaba en esta vida. Acababan de destruir las pocas esperanzas que me quedaban en el mundo. El único que entendía mi sed de masacre, mi hambre de muerte, la única compañía que había tenido en esta cárcel desde hace meses (Hasta que reclutamos a Ben, claro está) Aquel con quien sumiría el mundo en el caos. 

Observé el cuerpo sin vida de mi socio, sus ojos que alguna vez mostraron una locura inexplicable ahora yacían sin vida a escaso centímetros de mis pies. Su cuerpo había generado un surco tras la caída, la arena se iba despegando poco a poco de él, su cuerpo sin vida ya no disponía de sus capacidades. 

- Zarek... - Dije en tono solemne - ¿Así que has perdido? ¿Hasta aquí llega nuestro viaje? - Suspiré. No era pena lo que me recorría, era rabia. Rabia por saber que Zarek había perdido. ¿Entonces ellos eran más fuertes que Zarek? Me acababan de arrebatar a mi navegante y mi segundo al mando, la justicia debería llevarse a cabo. Apreté los dientes, tanto que estuvieron a punto de estallar. Nicolás parecía conmocionado, lo sentía. Agarré mi espada con fuerza. 

- Estáis muertos - Dije completamente enajenado sin alzar la voz - Todos vosotros estáis muertos - Repetí con más fuerza - ¡¿ME OÍS PEDAZOS DE MIERDA?! - Vociferé para que escucharan - ¡VOY A MATAROS A TODOS! - Grité con todas mis fuerzas para que me escucharan a la par que empezaba a caminar amenazante, con el filo de mi espada chillando en mi interior, ellos me habían arrebatado mis sueños, yo les arrebataría la vida.  

- El... El... De los golpes... - Intentó decir Nicolás, pero hasta él que me conoce como nadie, tenía miedo. Sabía muy bien lo que había en mi interior, sabía que la masacre no era una opción, era una verdad innegable, un futuro próximo que asolaría esta playa. Teñiría aquel lugar con las sangre de esa escoria y me haría un cinturón con sus cráneos, me comería sus entrañas y les obligaría a ver uno a uno como iba masacrándoles, sin que pudieran hacer nada para evitarlo. El último sería el que me había enviado a Zarek, ese hijo de puta tendría el peor de los finales, con él iba a ser lento y meticuloso, lo mataré poco a poco, viendo como no puede hacer nada contra la muerte. 

Seguí caminando impasible, el cuerpo de Zarek quedó a mi lado. ¿Dónde cojones está Ben cuándo le necesito? ¿Podría hacer algo? Aún así, habían ganado a mi segundo... No, no, como capitán ahora tenía una responsabilidad, no mancharían el nombre de mi ejercito así. Recordé a Eaa, ella era la capitana en funciones. Primero ella. Me había acercado mientras andaba a su posición.

- Ellos... - La rabia se amontonaba en mi garganta como un nudo, me impedía hablar con claridad - Ellos... ¿Vienen contigo? - Le pregunté. Daba igual, se había referido a ellos, los conocía, era igual de culpable que aquellos trozos de mierda - Tú... - Mientras decía aquella palabra el humo salía por mi boca como un silbido, como si fuera el humo de motor - Tú... Serás la primera - Dije mientras le apuntaba con mi katana - Todos vosotros vais a morir porque yo... YO SOY LA CATASTROFE - Me cuadré en posición de combate. Nadie saldría de aquel lugar con vida, iban a devolverme todo lo que me habían quitado.

En este punto, nada serviría, palabras, acciones... Bueno, algo sí. Primero les arrebataría su imagen de poder, les sumiría en la tristeza, después... Después tendrían que llenar el vacío que habían dejado en mi organización, con sus cadáveres o con sus vidas. Me encontraba totalmente fuera de mi, la última vez que sentí esta sensación fue cuando perdí a Lily. Es extraña, veo el mundo desde una pequeña mirilla y el peor de los monstruos que está en mi interior sale a la luz, en mi tierra natal, temen esto en lo que me convierto, creen que soy alguien sacado de las profecías, aquel encargado de sumir el mundo en el caos, el señor de la muerte y el miedo: un ser de pesadilla. En mi tierra natal es dónde recibí este apodo, después de masacrar a aquellos que mataron a Kaze sin sangran ni una sola gota, allí me pusieron este nombre tras ver la montaña de cadáveres que generé, allí me llaman así: Ashura, la catástrofe.


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ASHURA - INVENTARIO
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#23
Leyenda


Otro estruendo se hizo presente en la playa. Esta vez había estado lo suficientemente atenta como para percatarme del origen de aquel ruido, y era el propio Gin - Vaya lo que se tenía guardado - no tuve mucho tiempo de pararme a pensar, pues aquel golpe mandó a alguien volando. Alguien que no conocía de nada. No necesité fijarme demasiado para darme cuenta de que no era para nada normal. Tan solo me hizo falta ver ese par de alas que tenía en la espalda. - ¿No hay ninguno que sea mínimamente normal? - me pregunté, extrañada e incluso algo molesta. Me fijé entonces como lo que parecía un oso con gabardina se acercaba a Ashura por detrás. Pude notar como mi pulso se aceleraba y mi respiración comenzaba a hacerse más pesada por instantes - Menos mal - suspiré tras fijarme mejor en aquel oso polar - Por lo menos no es un panda, si no me da algo - aquel momento de alivio fue más fugaz de lo que me hubiera gustado. Ashura gritó. Gritó que nos mataría a todos, varias veces. Parecía que aquel extraño hombre a quien estos tres habían apalizado sin piedad y que yacía muerto a los pies del oni era alguien a quien este último conocía. No sabía nada acerca de la historia entre estos dos, pero a juzgar por sus palabras en el bosque, tenía que ser un miembro de su tripulación (ya que no podía ser un lugareño)

- Yo solo quería comer y hablar - murmuré. No había nada que me quitara más las ganas de pelear que el hambre. Bueno, sí, el sueño. Pelear con sueño era posiblemente lo peor que había en este mundo. Sentir el creciente cansancio, el peso en los párpados, pensar en lo cómoda que es mi cama... el sueño era lo peor.

Miré fijamente a Ashura, cómo este caminaba hacia mí. A pesar de la distancia que nos separaba, podía sentir cómo emanaba una enorme ira asesina. Aquel penetrante olor a sangre aumentaba de intensidad con cada paso del oni. Por momentos parecía como si pudiera escucharse la fuerza con la que agarraba su katana. Mirándole a los ojos, daba la impresión de que estuviera esperando este momento - No creo que los chistes sobre pandas ayuden ahora - no pude evitar que aquella tontería pasara por mi mente, ni tampoco que eso me generara una sonrisa - Solo uno - respondí, con gran seriedad, a su pregunta - el bajo - maticé - La primera... y única - me cuadré ante sus palabras, mientras con mi mano izquierda desataba mi coleta, permitiendo a mi pelo carmesí ondear libre con la brisa marina - Para tocarles un pelo tendrás que matarme - ¿Por qué estaba diciendo aquello? Me encontraba ante una bestia sedienta de sangre. Podía sentir sus colmillos rodear mi cuello, esperando el momento de cerrarse sobre este. La gente a la que trataba de proteger, si acaso mis acciones podían ser catalogadas como eso, no me importaban tanto. A dos de ellos no les conocía ni siquiera, y Gin estaba todavía muy lejos de ocupar un lugar junto a Maeve y Peteiro en la pirámide de gente que me importara. De hecho, ni siquiera era algo que yo haría. Era algo que le pegaba más a Maeve. O tal vez es que se me estuviera pegando algo de ella, ahora que era la capitana en funciones. Una capitana mira por su tripulación, se planta frente a los peligros y protege a los suyos aunque le cueste la vida, como aquel día en los Cabos Gemelos. La katana de Ashura apuntó directamente a mi estómago. Cualquiera hubiera retrocedido en mi lugar. Yo misma hubiera retrocedido al sentir aquel aura asesina sobre mí. Estoy completamente segura de que si no me lo hubiera encontrado en el bosque lo hubiera hecho. En cambio, me acerqué un metro al oni - ¡Vosotros! - grité, amenazante, al grupo - Al que se le ocurra interferir, yo misma le partiré los brazos - devolví la mirada a Ashura, con una ancha sonrisa - Señor de la guerra, Ashura, la Catástrofe - repetí su presentación, a modo de respeto. - Si me matas, puedes hacer conmigo, con ellos y con la Rémora lo que quieras - formulé - Pero si no lo haces, me tienes que hablar acerca de Lily. Me da la impresión de que era alguien que me hubiera gustado conocer - mis palabras sonaban como una apuesta, pero yo no apuesto. Odio el azar. Tengo miedo de los caprichos del destino. Suelo tener suerte, pero el riesgo que conlleva dejar el resultado en manos de algo tan incierto como el azar es algo que me aterra. Pero no es una apuesta si sabes el resultado. Me había dejado claro que le gustaba pelear, vivía para pelear, y su oscura presencia respaldaba sus palabras. Pero, en el bosque, me había mencionado cómo la vida le había arrebatado a su mujer, Lily, y que ahora que él no podía ser feliz, nadie iba a serlo. Si había algo de lo que no hablaría nunca, bajo ningún concepto, a alguien a quien tuviera la más mínima intención de matar, eso era acerca de Maeve, y sobre todo lo que su muerte significaba para mí - Pero no vas a matarme - afirmé, convencida de mis palabras, levantando mis brazos en guardia, sin perder de vista al oni que se encontraba frente a mí.



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#24
Leyenda


Unos fuertes gritos amenazándonos de muerte no tardaron en resonar por toda la costa, cuando el cuerpo sin vida del que había sido nuestro atacante acabo en los pies de aquella silueta con cuernos que había aparecido en el lindar de la selva. Los gritos e insultos provenían de esta misma silueta la que parecía estar acercándose, porqué poco a poco pude empezar a distinguir su aspecto.

Este parecía ser un Oni de unos cuatro metros y medio de altura, con una corpulencia prominente e imponente. Su pelo era largo y de color negro, el cual le caía en una tupida melena por detrás de los típicos cuernos de nuestra especie. Esté portaba un uniforme negro de cuerpo entero, el cual dejaba su torso al descubierto, el cual estaba recubierto de unas pocas vendas de un color grisácea. Por encima del uniforme llevaba una especie de kimono, con las mangas arrancadas y de calzado unas botas negras. Y en la mano portaba lo que parecía una katana.

Este caminaba decidido e impasible hacía la otra silueta con cuernos, la que, aunque estaba más cerca de nosotros, no se llegaba a distinguir por la altura del sol y porqué estaba de espaldas a nosotros, pero podía intuir por su silueta que se trataba de la joven pelirroja. El tipo de la katana empezó a dirigirse a ella amenazantemente y pidiéndole explicaciones, mientras la apuntaba con su katana ya desenvainada.

“Parece ser que ese tipo era amigo del que nos atacó-ko…” me dije al ver la reacción de este al tener su cuerpo en los pies. “y también esta igual de loco que él-ko yihihihihi” pensé divertido, aquel tipo, aún estando a una distancia considerable, emanaba una ira asesina enorme, pero aquello más que poder amedrentarme, aceleraba mi corazón y me hacía sentir vivo y con energías renovadas.

Pero de golpe la silueta de la joven Pelirroja, la cual ahora si reconocí su voz, nos grito sin llegar a mirarnos, que si alguno de nosotros interfería nos partiría los brazos, algo que no me asusto, pero si me indico que ella quería luchar sola, y yo iba a respetar su deseo y decisión. Aunque no tenía muy claro si el peliblanco también lo iba a hacer, decidí sentarme en el suelo a mirar lo que parecía una pelea en ciernes.

Ya sentado en el suelo, coloco mi mano izquierda en la arena, la cual estaba libre, puesto que la derecha aún sujetaba a Lucille sobre mi hombro. Empiezo a generar otra vez unos cuantos litros de arena bajo la arena, esparciéndolas entre nosotros y la joven y su contrincante. En el caso que el peliblanco o el pececito intentasen interferir, estos acabarían envueltos en mantequilla y perdiendo gran parte de su agilidad.

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#25
Atributos Personaje
Kenjo respondió inmediatamente a mi propuesta de medir fuerzas riendo y señalándome con su arma. Al parecer me había encontrado con personas interesantes. ¿Seria Kenjo también un pirata? También reí al reconocer que el destino me había colocado en un lugar interesante, quizá por una razón que descubriría después.

Luego de haberles dejado claro a Rapax y a Kenjo que quería probar mi fuerza contra ellos luego de comer. Voltee y ví como el peliblanco dió un golpe de gracia que mandó a volar al desconocido.

—Iba a morir desangrado de todas maneras ¿sabías eso no? —le dije a Rapax luego de ese último ataque. Al parecer quería ser él mismo quien acabara con aquel tipo.

El cuerpo cayó cerca de una persona que se acercaba, quien se detuvo a mirar el cuerpo. Era alguien con cuernos pero no tan grande como Eaa o Kenjo. Al parecer los cuernos estaban de moda, era eso, o en estas aguas abundaban más especies no humanas.

El cornudo que observaba el cuerpo sin vida pareció gritar algo molesto y amenazante, quizá fuesen amigos o compañeros, pero a decir verdad no le preste atención a sus palabras ya que yo tenía la mente distraída pensando en que aún tenía hambre y mi estómago probar un poco más de aquella carne.

Detrás del nuevo cornudo venía la pelirroja llamada Eaa siguiéndolo, la cual nos gritó que como interfirieramos nos arrancaría los brazos. Esa mujer me agradaba, tenía carácter, muy distintas a las mujeres de mi especie que eran monótonas y dóciles.

Parecía que una pelea entre aquellos dos estaba por comenzar. Seria la oportunidad perfecta para ver de que era capaz la capitana del peliblanco. Solo alguien fuerte podría ser capaz de tener un subordinado tan demoledor.

—Parece que tú capitana quiere tener su propia diversión. Ya nosotros nos hemos divertido con el hombre alado. Veamos ahora cómo se divierte ella —le dije a Rapax.

En ese momento ví como una sustancia viscosa salía del cuerpo de Kenjo y esta nos rodeaba.

—¿Qué clase de habilidad es esa? ¿Qué tratas de hacer? —le pregunté directamente a Kenjo—. Por cierto, todos ustedes tienen cuernos, incluso ese que pelearan con la pelirroja. ¿Que clase de especie o raza son ustedes? ¿Conoces a aquel tipo?



resumen


gastos y daños recibidos

 
akuma

 
Inventario

  
karmas
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Cambios en estadísticas
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Energia: 917 + 22 = 939
Espiritu: 234 + 0 = 234
#26
El cadaver de nuestro enemigo cayó cerca de la nueva figura que se apersonaba en la playa, seguido de Eaa. -¿Es que hay una convención de cornudos en esta isla o qué carajos?- pensé. Pues no solo Kenny tenía rasgos de oni, como la capitana, sino que el tipo nuevo también. Era una imagen extraña la de aquel sujeto. Su mirada y su rostro eran los de un animal sediento de sangre. Empezó a vociferar enfurecido, amenazándonos de muerte por haber acabado con nuestro atacante, al parecer eran amigos, y este tipo nuevo estaba tan o más loco que el anterior. La capitana le respondió algo pero no logré escuchar el qué. Lo que sí escuché fue al tipo nuevo amenazándola. Mi capitana siendo amenazada. ¿Cómo se atreve?

Usar mis poderes me había dejado agotado. No era fácil ser instrumento de un poder así y no sentir el cansancio en todo el cuerpo. Sin embargo tengo que estar junto a mi capitana y protegerla. Es lo que cualquier compañero haría. Es lo que *ella* haría. Empecé a caminar hacia aquel tipo con paso decidido. Mis puños listos para explotarle la cara a ese igualado altanero, cuando la capitana nos gritó y ordenó no interrumpir el enfrentamiento que estaba a punto de darse. Di un paso más, no podía permitir esto, pero entonces Eaa me fulminó con la mirada. No hizo falta más que un instante para entender que debía respetar su decisión. Aunque mi instinto me decía que debía ayudarle, estaba recibiendo una orden directa de mi capitana. No solo eso, si llego a intervenir, estaría faltando al honor de la pelirroja. No puedo intervenir en esto por mucho que quiera.

Contra mi voluntad regreso junto a Kenny y Káguya, quienes estaban allí sentados a la expectativa de la masacre que estaba por ocurrir. Malhumorado me senté y entonces ví a un enorme oso blanco con gabardina salir de la jungla. No sé si era alguna de las especies autóctonas de esta isla, pero ciertamente era una imagen curiosa. "Quita esa sustancia del piso,Kenny. Que me quiero sentar-Gin" dije al oni, quien claramente era quien producía la sustancia que antes había cubierto al tipo alado. "Mi capitana es una guerrera temible. Que no te engañen sus modales-Gin. Una vez la vi empalar a un tipo con sus cuernos y arrojarlo a una horda de matones" respondí al tritón.

Detallando más cuidadoso sus acciones, entiendo que es una persona racional. Entonces miro alrededor y veo que a pesar de todo, por algún azar del destino, la fogata aun está encendida junto a una grieta en la arena, y junto a esta, se encuentra aún la última para del jabalí que había preparado. Tal como mi capitana haría, decidí que lo mejor era ofrecer alimento al nuevo espectador. Silbé fuerte para llamar su atención y le hice señas para que tomara aquel jugoso muslo de jabalí y se sentará con nosotros. Después de todo lo que estaba por ocurrir, para bien o para mal, sería sin duda un espectáculo.

Resumen
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Vitalidad: 3126 + 0 = 3126
Energia: 987 + 28 = 1015
Espiritu: 459 + 0 = 459
#27
Las palabras son menos pesadas que el acero. Por eso yo no me comunico con palabras, me comunico con mi espada.

Sentí la convicción y pureza de aquella mujer en sus palabras. Aquel aura que parecía protegerla aquí abajo no servía de nada. En el infierno no existen los ángeles de la guarda. Si alguien bajo su mando había matado a Zarek... Ella debería de hacerse cargo. Instó a que ninguno entrara en la pelea, que no moriría... La valentía a veces es el mayor apelativo para la estupidez. Sin embargo, no parecían asustados, se habían sentado a observar como si esto fuera un coliseo. Apreté los dientes ciego de la ira. Por un instante mi mente voló, si quería podía aparecer a su lado sin que Eaa pudiera hacer nada para evitarlo, los aniquilaría antes de que pudieran pedir ayuda, parecía que no entendían lo que acababan de hacer, no comprendían la magnitud de sus actos, era como si fueran completamente imbéciles. Estaba muy cansado ya de faltas de respeto... Pero no... Aunque mi ira quisiera destruirlos, mi espada se debía al coraje de aquella pobre diabla, la cual se había hecho cargo de la estupidez de sus compañeros... Sí, sería mucho mejor, la utilizaría como un ejemplo, gracias a ella entenderían la diferencia entre 3 niñas jugando a las espadas y un verdadero guerrero. Gracias a ella sus limitadas mentes podrían llegar a comprender el abismo que nos separaba, poco a poco irían dándose cuenta de que ellos allí ya no tenían potestad y poder, que su destino quedaba ahora bajo el chillido de mi mellada katana. Un silbido me sacó del pensamiento. Mi mente volaba entre el cuerpo de Zarek y acabar con ellos. Aquel silbido se refería a Ben, el cual se encontraba detrás de mi y pude apreciar su peculiar silueta con el rabillo del ojo. Así que estaba aquí, con él ya estábamos todos, a no ser que esta isla tuviera más sorpresas.

- Ben... - Mi voz se asemejaba más a un rugido de un animal que a las palabras de una persona - Ve con ellos. Si alguno intenta escapar... Frénalo - Le ordené al que ahora era mi único compañero. 6 metros me separaban de Eaa. Dejé caer mi katana de la posición en la que se encontraba apuntando a Eaa. Como si estuviera derrotado su hoja cayó por su peso mientras aún la agarraba quedando de manera paralela a mis piernas el filo. La punta de su filo se clavó unos 20 centímetros en la arena. Apreté su mango con fuerza, tanto que la presión hizo que la madera del mismo chillara. Caminé un paso.

- Podrás... - Dije mientras seguía caminado. 5 metros nos separaban. El filo de la hoja generaba un surco en la arena, parecía que estaba acuchillando a la misma playa - Podrás hablar con Lily al otro lado - Aquel nombre quemaba mi garganta, era como si apuñalara mi tráquea cuando lo pronunciaba. 4 metros nos separaban - Te llevaré con Maeve - Dije con rabia. 3 metros nos separaban.

Di un último paso que me posicionaba a 2 metros de ella y a la par con un diestro movimiento agarré con ambas manos mi katana. Giré levemente la muñeca y cambié la posición del filo, cambiando de paralelo a horizontal, dandole al hierro la más extensión contra la arena. Con toda mi destreza levanté la arena a la vez que elevaba mi katana del suelo, utilizando esta misma como si fuera una pala y generando una ola de arena y polvo en dirección de la cara de Eaa, privándole así de su visión. Tras la gran ola de arena y con la inercia del movimiento giré una vez más mi muñeca cambiando la dirección del magullado filo de esta hacia mi contrincante, dando un paso más para acercarme a otro metro de ella quedando así finalmente a 1 metro suyo emití a toda velocidad 2 espadazos en forma de equis hacia su cuerpo, buscando abrir su carne y cercenar su espíritu.  Tras ellos me mantuve en guardia, sabía que no sería tan sencillo. Si ella era su capitana y ellos habían matado a Zarek, debería de ser fuerte, aún así, solo estaba calentado, quería ver de lo que era capaz, dar siempre todo al principio es aburrido, siempre mueren antes de demostrar todo lo que valen, ella tendría esa oportunidad... Solo porque me había invitado a comer. 

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ASHURA - INVENTARIO
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#28
El cuerpo cayó junto a ni capitán. El rostro que vi en un primer momento no podría describirlo con palabras, pero rápidamente tornó en una expresión de ira. La mandíbula de Ashura , a quien había prometido lealtad y acatar todas sus ordenes, más por mis pocas ganas de morir que por propia voluntad, parecía que iba a implosionas de un momento a otro. -No soy especialista, pero supongo que tendré que hacer de dentista si sigue apretando así los dientes.- Pensé en un momento. ¿A qué venía tanta rabia? No era normal que el hombre que me había soltado un pequeño sermón sobre los débiles cuando nos conocimos se pusiera así de furioso por alguien débil, que acababa de ser derrotado. Bajé entonces mis ojos hacia el cuerpo que yacía en la arena. No... No era posible. Zarek, el animal que me había atacado sin piedad, que casi me mata atravesándome el plexo solar era a quien pertenecía el cuerpo, claramente sin vida. Vi la posición del sol. Era cerca de medio día. Había llegado por el ruido del ataque de uno de los asesinos de mi compañero y por el olor a comida, pero al ver a Ashura en aquel estado de ira incontrolable me había hecho olvidar toda sensación de hambre.

La mujer que estaba delante suyo, algo más alta que su furibundo rival y también con cuernos estaba perdida. Poco había hecho Ashura en nuestro primer encuentro, pero un tajo que esquivé me vino a la mente de repente. Seguro que si me hubiese dado me hubiese partido por la mitad, y no hacía falta ser médico para saberlo. No era mi batalla, excepto que mi capitán me lo ordenase. Todas sus palabras debía obedecerlas sin rechistar, aunque me supusiesen la muerte. Y entonces me habló a mi. Las ordenes, claras, escondían un mensaje detrás. Venganza. Lección de vida. Demostración de poder. Como había dicho la mujer de cabello rojo a sus compañeros, no debía intervenir. Asentí con la cabeza, pero tampoco me fiaba de los otros tres. Habían matado a Zarek y yo había perdido contra él. Eché una última mirada al cuerpo del lunático religioso y asentí con la cabeza a espaldas de mi capitán. Sin verme, estaba seguro de que sabía que le obedecería. No pensaba intervenir, aun con toda la rabia que me producía haber perdido a mi compañero, parecía que no me afectaba n i la mitad de un cuarto que a Ashura. Al fin y al cabo, nos habíamos conocido hace poco, realmente.

Mis pasos se dirigieron hacia donde se había producido la anterior batalla donde uno de ellos parecía que me llamaba, como invitándome a sentarme con ellos a comer mientras veía cómo mi capitán destrozaba a su amiga. No es que me pareciera un buen plan, pero si una falta de respeto ponerme a charlar alegremente con los asesinos de mi compañero. No era mi intención quedarme junto a ellos, pero si las ordenes a segur, por lo que me acerqué a unos cinco metros y, respetuosamente negué el alimento con una seña ge gratitud por la invitación. Allí me quedé de pie, a un lado del grupo mientras miraba hacia la inminente batalla, cómo Ashura le tiraba arena a la cara de la pelirroja y le propinaba dos tajos. Era el calentamiento. Podía aprender mucho de aquella lucha. De vez en cuando, sin que se notara mucho, miraba con el rabillo del ojo a los que se habían sentado como en un cine a ver a su amiga morir.

Información del turno
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#29
Leyenda


- Ben el oso Polar - era un nombre realmente curioso para un oso. Aunque el hecho de que Ben llevara una gabardina ya era bastante curioso de por sí. Pero, pensándolo mejor, Peteiro llevaba un traje. Un traje mugriento, pero era un traje al fin y al cabo, y aquello no me parecía para nada extraño. También estaba la diferencia de que a Peteiro lo conocía bastante bien (todo lo bien que se podía conocer a un gyojin que no hablaba mucho sobre sí mismo). Mamá siempre decía que estaba mal juzgar a la gente sin conocerla, pero ¿estaba realmente juzgando a Ben por pensar que era curioso que llevara una gabardina?

No tuve mucho tiempo de perderme en mis pensamientos, pues Ashura clavó su katana en la arena y comenzó a acercarse. Apreté mi puño, sin perder de vista la katana del oni. - Podrás hablar con Lily al otro lado - repetí en mi cabeza - Si es así, te lo agradezco - respondí seria a su último comentario. No había pensado en ello cuando hice mi apuesta con Ashura, pero si por alguna razón mi convicción era errónea y el desenlace de esta pelea terminaba con mi muerte, podría volver a reunirme con mi amada Maeve nuevamente. Seguro que iba a enfadarse conmigo por hacer una tontería como esta, o por no haberle dado su mensaje a Zorak y no cumplir su último deseo. Pero poder volver a escuchar su voz, sentir la calidez que transmitía con los abrazos,... eran cosas que compensaban cualquier número de broncas que pudiera echarme.

Un paso más. Estábamos tan cerca el uno del otro que podía sentir incluso el aliento  de Ashura. Hizo un movimiento que no pude ver, el cual levantó una ola de arena y polvo. Giré sobre mí misma, haciendo un barrido con mi pierna derecha. No me hacía falta ver a mi oponente para dirigir mi golpe a su pierna izquierda, por lo que la arena no me importaba en exceso. Mientras giraba sentí cómo la katana impactaba dos veces en mi costado, por lo que tan pronto terminé de girar por completo di un salto hacia atrás, poniendo distancia entre los dos. Me llevé la mano izquierda al costado. Parecían heridas bastante superficiales, por suerte, pero aquel movimiento con la arena me había pillado por sorpresa completamente. Era un movimiento bastante feo, pero no estábamos en una pelea de bar o un torneo. Pero, cuando se trata de un combate entre bestias (y realmente aquel hombre que se encontraba frente a mí lo era), todo vale  - Tengo que tener más cuidado - pensé, mordiéndome el labio inferior mientras pensaba en mi siguiente movimiento, a la vez que flexionaba levemente mis rodillas, bajando de esa forma mi centro de gravedad.


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Vitalidad: 3866 - 552 = 3314
Energia: 2062 - 99 = 1963
Espiritu: 582 + 0 = 582
#30
Los reyes también se arrodillan, pero solo en señal de respeto.

Mis dos golpes impactaron mucho más rápido de lo que estaba seguro de que esperaría. Lo único que he podido hacer en este condenado lugar es entrenar, he llegado a una cima que ni por un puto segundo pensé que alcanzaría, en mis sueños yo había muerto antes en esta misión suicida de sumir al mundo en la destrucción, pero en mis sueños no entraba la idea de quedarme estancado en un jodido peñasco verde lleno de bichos del tamaño de mis pelotas. Ese simple, pero gran contratiempo me había obligado a pararme, a tener tiempo para pensar aunque no lo necesitara, a convertirme en algo mucho más mortífero de lo que debería. Mis manos eran más rápidas que mis piernas, más diestras que la mentes, doblegan y actúan como emisarias de mi poder y es así como una vez más actuaron, Zarek era un ser hábil y rápido y yo tenía que superar su agilidad con unas manos mortíferas, pero aquella mujer, no se quedaba atrás de mi compañero... Ahora muerto. Aquella temerosa mujer con un hábil giro, había ignorado la arena que le había lanzado y en consecuencia a su movimiento había encontrado mi pierna. Preso de mi ira ciega y desenfrenada había olvidado por completo lo que soy, había olvidado mis propiedades. La muerte de mi socio me había recordado la mortalidad y como si las células de mi cuerpo quisieran recordármelo a mi también permitieron que su tibia encontrara mi espinilla izquierda. Mi rodilla izquierda se clavó en la arena. Haciendo que me la diestra se flexionara y arrodillándome ante ella, sin soltar el agarre de mi espada vi fijamente como con un grácil y ligero movimiento se alejaba de mi, entre el polvo de la arena la cual había levantado, que me permitía ver su silueta. Sentí un leve dolor recorrer mi pierna, se adormeció y un hormigueo recorrió la zona del golpe, recordándome que estoy vivo.  Un leve resoplo acompaño el sonido de mi rodilla impactando contra la arena. Sentí a Nicolás, parecía que iba a hacer una de sus putas bromas de mierda, pero el sabía que hoy no era el día. Permaneció callado.  

- Hmmm - Asentí mientras me levantaba mucho más lento de lo que acostumbraba a ser y mientras con una mirada de desafío y furia observaba a Eaa que caía a 16 metros de mi. En mis ojos Eaa podría ver también la decepción - ¿Vas a huir? - Pensé. Aquella idea me asqueaba, Eaa moriría en esta isla, ese era el premio por ser la primera en golpearme después de tanto tiempo. Era la primera persona que lograba hacerme daño desde... Lily... Sentía una gran molestia en la zona que había impactado. Me sentía extraño, ¿Cuánto hacía que nadie era capaz de hacerme daño? ¿La muerte de Zarek me había importado tanto como para permitir que me golpearan? Qué cojones, esa zorra me había arrodillado ante ella. Si quería huir podría hacerlo, pero mataría a los demás y esperaría pacientemente enfrente de su Rémora a que volviera y viera los cadáveres en descomposición de todo lo que se encontrase con vida en los alrededores. Ben podría comerse sus caras, solo eso.  

Aún así, Eaa era valiente, afrontaba la muerte con una sonrisa, su nerviosismo se notaba en sus gestos, pero  permanecía alerta, me estudiaba con una mirada viva, buscando mis puntos débiles, quizá alguien así podría... Tonterías. Por mi parte, yo la esperaba en el mismo punto que me había arrodillado, con la cara totalmente desencajada de la ira, centrado en todos sus movimientos esperando a pacientemente a mi presa, acercando mi mandíbula a su cuello esperando para despedazarla. 


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Bélico


ASHURA - INVENTARIO
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