[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Solar Karma
#1

Las alas del hombre que soñaba con ser el rey - del dominó al menos - se habían mantenido a flote en un vuelo difícil.
Había quedado claro que el cargo no le venía grande a la nueva capitana, Triana Tempesta, quien había enfrentado al rival más difícil de todos los de su agrupación criminal. Ni más ni menos había herido y sido herida por un Almirante en persona. El más joven e inexperto de los tres, con una política de lo más honorable y flexible, pero a fin de cuentas un Almirante, y ese rango no se regala a alguien que no ostente ese poder.

Su compañera más antigua, Jolyne, junto con uno de los más recientes, Kenzo, habían logrado una proeza que si bien no estaba a la altura de aguantar a un Almirante en batalla, estaba cerca de rozar un éxito mundial sin precedentes: Habían dado muerte a una de las jóvenes promesas de la marina, Ryze Tengen, una Comodoro con una poderosa fruta del diablo. El equipo había enfrentado a la pequeña Tontatta, pero sólo el gatillo más rápido de los siete mares había conseguido derribar y dar muerte a su oponente. Y para desgracia - o suerte - de la señorita Jones, el grupo de Marines que llegó a la zona no pudo verla dado su estado de invisibilidad gracias a las ventajas de su akuma no mi tan común, haciendo que estos sólo viesen a Kenzo escapando del lugar tras recuperar su movilidad, e identificando al muchacho como el asesino de la Comodoro.

La aguerrida y poderosa Sasha había sufrido una aplastante derrota a manos de uno de los hombres más peligrosos y poderosos del Archipiélago, y había sido así por su ingenuidad y carácter evitativo en este enfrentamiento. Hace muchos muchos años, cuando las bestias que poblaban la tierra eran lo que hoy llamamos las criaturas prehistóricas, la especie de la que la joven semioni tenía el poder gracias a su akuma no mi, se caracterizaban por sus peligrosas estampidas y sus imparables envites, haciendo peligroso ponerse delante de una de ellas. Pero no son animales peligrosos si se quedan quietos y reciben golpes: Tienen que arrollar. Tienen que embestir. Tienen que tener la iniciativa.
Y ella lo sabía, pero su confianza había jugado en su contra y ahora le había dado un pequeño recordatorio en forma de cicatriz facial de quien era, concretamente, de la parte que desconocía que era.

El carismático Garnet no había tenido mucha más suerte. Si que había tenido la iniciativa y la necesidad de imponerse a su adversario, quien no estaba de humor para juegos y optó por una reacción abrupta y conjunta para avasallar a su oponente. Por suerte, dejándolo vivo, pero con la demostración clara de cuántos escalones le quedaban aun por ascender. El camino hacia su éxito como guerrero empezaba ahora a encontrarse con los peligros y los muros más altos, y había dado con uno cuya meta era convertirse en el más grande de todos, y dado su modus operandi no habría una segunda oportunidad cuando volvieran a encontrarse. Para Garnet sería una victoria o morir. Así que tenía que pensar en estrategias o habilidades diferentes para el futuro si no quería hacer llorar a sus compañeros.

El caso de Tobías Murray había sido excepcional. Luchando en un combate a tres bandas. Enfrentando a uno de los Marines más poderosos y prometedores del momento, Karlglass Firebirth, y teniendo el impedimento de pelear con un compañero que no hacía por trabajar en equipo, Ben Power, el médico de los infames Mushoku.
Seguramente Ben, al ser fan de la tripulación original de Tobías, se había puesto nervioso y por eso había interactuado de forma tan errática... pero lo cierto es que su comportamiento había convertido un claro dos contra uno, en un "uno contra uno con agravantes". Y para ambos competidores.
Aun así, Tobías había conseguido aguantar lo suficiente como para escapar del lugar por su propio pie y a paso ligero, gracias a una intervención que él reconocería mucho más tarde por los periódicos y que, lejos de haber aparecido para querer salvarle, era una casualidad del destino.



Ahora, todos los integrantes se habían encaminado hacia el Manglar 0, donde estaba su barco anclado, el Solar Karma, llegando todos prácticamente al mismo tiempo a excepción de Sasha y Garnet, que tardaron un poco más dadas sus heridas.
En los muelles de los astilleros estaban varios barcos preparados, y frente a todos ellos un equipo de diez hombres ataviados con pinceles, sierras, martillos, botes y todos con una gorra con el símbolo de uno de los astilleros. Eran trabajadores.
En cuanto vieron aparecer al primero de los Alas Negras, uno de ellos alzó la mano y bramó en voz alta
- ¡Rápido amigos! ¡Todos los barcos deben huir hacia delante! ¡Hacia la isla Gyojin! - exclamó señalando al mar, donde se podía ver algún barco hundirse en el agua voluntariamente y desaparecer - ¡Aprovechen que estamos de descuento! ¡Aplicamos el recubrimiento en tiempo record por sólo cinco millones de berries! - y a su lado otro de sus compañeros abría una caja con un cartel con una flecha dibujado, indicando que dejasen el dinero ahí - ¡Garantizamos un resultado perfecto en sólo treinta minutos! ¡Podrán zarpar hacia la Isla Gyojin, un lugar fuera de las zarpas del Gobierno, y escapar! - resaltó, dejando más que claro y evidente que la oferta no podía ser mejor y que era su única alternativa. ¿Qué harían los Alas Negras?






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#2
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Durante unos minutos, que se sintieron como siglos atrapados en un reloj roto, estuve paralizado. No podía moverme porque todo dentro de mí se había congelado. El estruendo de la explosión todavía resonaba en mis oídos, un zumbido sordo como el eco de un trueno contenido en una caja de metal. El calor de la deflagración había lamido la piel de mi espalda, haciéndome sentir como si el propio aire se hubiese vuelto fuego. Y en medio de ese caos, entre la confusión y el miedo, solo una cosa me importaba, y no era otra cosa más que Jolyne estuviera bien. Que siguiera conmigo a mi lado, que no se perdiera en nuestro camino, porque si ella desaparecía, si su figura se desdibujaba entre el humo, no sabía que decirle a Triana, y ciertamente, me daba algo de miedo una Triana completamente enfadada conmigo.


Pero lo hicimos. Corrimos, huimos y no nos separamos,sin perder ningún apice de esperanza de encontrar al resto de nuestros compañeros. Atravesamos el caos, las ramas húmedas, el barro que intentaba atraparnos como si el propio manglar quisiera sumarse a la tragedia. Nuestro objetivo era claro: la casa de subastas. Una referencia. Un lugar que, en medio del desorden, parecía tener un poco de sentido. Pero el destino, ese desgraciado amante del caos, decidió otra cosa. En lugar de llegar a la casa, nos vimos empujados, no sé cómo ni cuándo, a otro manglar distinto. Uno que, a primera vista, parecía igual. Pero no lo era. Pude distinguir nuestro barco, el Solar Karma, pero no a mis compañeros. Me dí la vuelta, y justo detrás, aparecieron como por arte de magia, y no me lo podía terminar de creer.

Mis ojos recorrieron los rostros, uno por uno, como quien cuenta estrellas después de una tormenta. Aunque no encontré ni a Sasha ni a Garnet. Las piernas me temblaron un instante, pero esta vez no de miedo, sino de un alivio tan potente que me arrancó una sonrisa descomunal. La clase de sonrisa que se siente en el pecho, en los ojos, en el alma. -¡¡¡CHICOS!!!- Grité, agitando los brazos como si así pudiera abrazarlos a todos a la vez. -¡¡¡Qué alegría me da veros a todos!!!- Mi voz se quebró un poco en la última palabra. Y no me importó. Porque en ese instante, rodeado de todos ellos, sentí que habíamos sobrevivido. -¿Donde están Sasha y Garnet? ¿Han ido a algún lugar?-

Poco después de que llegaran todos, pude observar como Garnet y Sasha llegaban, como buenamente podían al mismo lugar donde nos encontrabamos. Esbocé otra gran sonrisa, ahora si estabamos todos (Bueno, menos Yojimbo, pero a el ibamos a ir a rescatarlo). Al observar con detenimiento los rostros de mis compañeros, esa alegría inicial tan pura y tan intensa, se vio ligeramente teñida por la preocupación. Garnet avanzaba como buenamente podía, como si sus piernas aún recordaran el impacto de cada golpe recibido. La expresión en su rostro era la de quien ha luchado con fiereza contra algo que casi lo sobrepasa. Sasha, por su parte, tenía la mirada perdida por un instante, como si su mente estuviera todavía atrapada en los ecos de su propio combate. Su respiración era pesada, su cabello estaba hecho un desastre. Verlos así, cansados pero de pie, me llenó de un respeto silencioso. Sabía que ambos eran fuertes, pero aquello tuvo que haber sido una verdadera prueba para ellos.

Yo, en cambio, si soy sincero, no puedo decir que haya luchado con ese mismo nivel de intensidad. No porque no lo intentara, sino porque Jolyne se encargó de la marine enana prácticamente sin despeinarse. Yo apenas pude moverme. Algo me dejó paralizado durante aquellos minutos. ¿Miedo? ¿Una especie de bloqueo emocional o físico? No lo sé, y eso me inquietaba más de lo que estaba dispuesto a admitir. Aun así, estaba ileso. Y eso me daba la oportunidad de hacer algo que sí podía: ayudar. Me acerqué a ellos con decisión. Extendí mi mano derecha primero hacia Garnet. -¿Todo bien?- Le pregunté, con un tono suave pero firme. -Puedo ayudarte si lo necesitas.- Luego giré hacia Sasha y repetí el gesto, esta vez con la izquierda. No dije nada. Solo dejé la mano ahí, como una promesa silenciosa de apoyo. Porque aunque yo no hubiera peleado con la misma ferocidad, aunque mi cuerpo no mostrara las cicatrices visibles del combate, algo dentro de mí quería redimirse. Ayudarlos era, quizá, el primer paso para volver a moverme. Para no quedarme paralizado nunca más.

No sabía exactamente de qué huíamos, y eso me carcomía por dentro más de lo que estaba dispuesto a admitir. El caos nos había envuelto tan rápido, que mi mente aún no había logrado recomponer el rompecabezas. Pero lo sentía, en los huesos, en la respiración agitada que se negaba a encontrar un ritmo normal: algo nos estaba cazando, algo demasiado grande, demasiado rápido, demasiado oscuro. No pregunté. No quise detenerme a pensar. En ese momento, confiar en los demás y correr era lo único sensato que podía hacer. Y así lo hice. Frente a nosotros, se encontraba el Solar Karma. A pesar del miedo, no pude evitar quedarme unos segundos embobado ante su presencia. Imponente, majestuoso, como una fortaleza flotante construida con paciencia y sabiduría. Era hermoso. No como un cuadro o una flor, sino como una bestia marina dormida que podía, en cualquier momento, protegernos o devorarnos. El corazón me dio un vuelco al comprender que esa era nuestra salvación. O, al menos, nuestro próximo refugio.

Un grupo de trabajadores, sudorosos y con la ropa manchada de resina y sal, nos hicieron señas frenéticas. Sus voces eran un eco de urgencia en medio del murmullo de las olas y el viento, instandonos a huir, obligando a pagar para llegar a la siguiente isla, la Isla Gyojin. Sus palabras eran claras, secas, sin rodeos. Nos estaban ofreciendo una posibilidad. Un delgado hilo de esperanza envuelto en pragmatismo y necesidad. Uno de ellos abrió un cofre de hierro oxidado con bisagras que chirriaron como si gritaran por ayuda. Lo sostuvo frente a mí con firmeza, sin pedirlo dos veces. Sin pensarlo, metí las manos en mis bolsillos, rebuscando con desesperación. Monedas arrugadas, billetes empapados, algunas piezas olvidadas que llevaba encima desde hacía semanas. No me importó. Todo lo que tenía, todo lo que era mío, fue a parar a ese cofre. No lo conté. No pregunté si era suficiente. Solo eché el dinero ahí dentro, con una especie de fe ciega, como si aquel acto fuera suficiente para comprar un destino diferente. Porque, en el fondo, aunque no supiera qué nos acechaba, sabía que tenía que seguir adelante. Que no importaba el precio. Que mientras respirara, haría todo lo que estuviera en mis manos para mantenernos a salvo.

Una vez alcanzamos nuestro destino, o lo que creíamos que era destino en medio de aquel caos tan retorcido, mis pasos perdieron el ímpetu desesperado de la huida y me obligué a frenar. No por agotamiento, aunque mis piernas ardían con ese calor que sólo deja una carrera de vida o muerte, sino por respeto. Estábamos en un punto de inflexión, y sabía que quien debía trazar el siguiente paso era Triana. Así que me quedé quieto, alerta, como un resorte tenso, esperando esas órdenes que marcarían nuestro rumbo. Pero aunque mi cuerpo se detuviera, mi boca no pudo hacer lo mismo. Había un peso dentro de mí, una necesidad de romper el silencio que amenazaba con volverse insoportable, así que hablé, con una sonrisa a medio camino entre la incredulidad y el alivio. -¡Eh, chicos! ¡Ha sido una locura!- Dije, alzando la voz con la esperanza de que todos me escucharan. -Primero un robot nos ataca, luego hay un tornado, nos atacan los marines y finalmente, nos vuelven a atacar y tenemos que huir… ¡Y no es ni la hora de comer!- No pude evitar reírme al decirlo. No una carcajada limpia, sino una risa nerviosa, desbordada, como una válvula de escape para todo lo que no entendía. La miré a ella, a Jolyne, y sentí una punzada de gratitud vibrar en el pecho. Si no fuera por ella, quién sabe en qué estado estaría ahora mismo. Esa sensación me llenó de energía, de propósito. Así que di un paso hacia adelante, abriendo los brazos con un gesto sincero y resuelto.

-Gracias a Jolyne, estoy de maravilla. Si necesitáis algún tipo de ayuda, pedídmela.- Dije, con la voz más firme que pude reunir. Quería que lo supieran. Que me vieran. Que, aunque no siempre fuera el más fuerte, ni el más rápido, ni el más sensato… estaba ahí. Para ellos. Para lo que viniera. Porque después de todo lo que habíamos pasado, no me cabía duda de que lo más importante no era sólo sobrevivir, sino hacerlo juntos. Y en ese instante, rodeado por las miradas de mis compañeros, heridos o no, temblorosos o firmes, entendí que esa locura compartida era también nuestro lazo más fuerte.

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Alas Negras
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#3
Atributos Personaje


Sumido en sus pensamientos, Garnet se dirigía, a paso lento y como bien podía, hacia el lugar que había acordado con Triana, la casa de subastas. A pesar del alboroto, caos y de la aparente destrucción que se iba a llevar a cabo en el archipiélago con el choque de uno de los titanes del Nuevo Mundo y la marina, el pelirrojo no podía dejar de reflexionar sobre el combate que había tenido recientemente. Ciertamente, las expectativas que rodeaban a la figura de Sohem no eran solo habladuráis, y demostrado había quedado. La manera tan fácil con la que había barrido con el pelirrojo, la manera tan fácil con la que podría haberle matado, y haber dejado un trauma más en la vida de sus amigos era aterradora, apabullante. Sentirse frustrado por la impotencia de no haberle podido hacerle ni un rasguño era inevitable, desde luego. El Garnet Matlock de hace dos años e, incluso, de hace un par de meses, se habría sentido completamente abatido y hundido, sin lugar dudas. Sin embargo, dentro de él ya no había lugar para dudar, y aún menos de todos los palos, rupturas, pérdidas y muertes que le había dado la mismísima vida y es que, lo que no te mata, te hace más fuerte. Y es por eso mismo que, en esos precisos instantes, el músico de los Alas Negras estaba pensando en las posibles maneras para hacerse más fuerte, para que alguien como el cazarrecompensas no presentara una amenaza para sus amigos en un futuro.- Lo primen es dominar esto del haki... - Incidió, lamentándose de no haber podido hacer gala de su habilidad mejorada en su combate contra el enmascarado. Sin lugar a dudas, enfrentarse a ese calor abrasador era uno de los mayores handicap a la hora de batirse en duelo contra Sohem.

Quizás el haber estado divagando y enclaustrado en sus pensamientos fue la razón por la que, en vez de acabar en la casa de subastas, Garnet fue a parar a un lugar completamente distinto.- ¿Huh? - Se quedó parado en el sitio nada más haberse dado cuenta de que no sabía dónde narices estaba.- Para el carro, ¿el menda se ha puto perdido? - Se preguntó, en el momento que, a lo lejos y a unos cuántos metros, vio a su hermanita Sasha, no pudiendo evitar alegrarse al ver que estaba bien.- ¡EEEHHHH COMPITRUENAAAAA! - Vociferó y alzó los dos brazos, empezando a toser seguidamente debido a su sobreesfuerzo. Una vez llamó su atención, se aproximó hacia ella - que, para su fortuna, esta vez no se encontraba desnudo al ir tapado por el abrigo de Sohem a modo de albornoz -, con lentitud, y observando como ella presentaba varias heridas destacando un gran corte horizontal en mitad de su rostro que dejó pálido a Garnet.- ¿HUH? ¿¡Qué te ha pasado, Sasha!? - Cuestionó, preocupado, empezando a buscar más heridas por el resto de su cuerpo.- ¿Qué cojones ha pasado? - La preocupación paso a ira, empezando a apretar con fuerza sus dos puños.- ¿Quién te ha hecho eso? - Quien fuera que hubiera osado, no sólo ponerle un dedo encima a su hermanita sino, encima, haberle dejado esa cicatriz en su cara, acababa de ganarse a un enemigo. Tras realizar la pregunta, volvió a mirar a su alrededor, deseando con toda su alma que Triana estuviera por allí pero, debido a la incertidumbre de saber si seguía donde la casa de subastas o se había movilizado, sólo había un destino en mente. Debían ir directos hacia el Solar Karma y guardar repaso hasta que los demás llegarán. - Tú que sabes, ¿estamos más cerca del barco o de la casa de subastas? Si es lo primero, hay que tirar para el yate, te prepararé un super plato de macarrones con ultracheese cuando estemos, ¿es o no es? - Era lo máximo que podía hacer, poniéndole con delicadeza su mano izquierda sobre su rodilla derecha y, a continuación, empezar a andar hacia su galeón.-  Si necesitas soltarlo mientras vamos para allá soy todo orejas. - Hizo saber a la semioni, con seriedad en su rostro.- El menda también te tiene que contar cosas. - Matizó, suspirando, al desear ahora no haberse batido en duelo con Sohem y, en su lugar, haber intentado socorrer a Sasha. Sólo esperaba que el resto no hubiera sufrido tanto como parecía haberlo hecho la rubia.

Tras haber estado un rato caminando y hablando largo y tendido, finalmente, tanto Garnet como Sasha llegaron - gracias a la indicaciones de la navegante - al límite del manglar dónde se encontraba su barco, cruzando por el puente propicio, donde se encontraron al resto de su tripulación vivitos y coleando, haciendo que el pelirrojo respirara aliviado y que su atención se centrara plenamente en ellos.- ¡Peña! ¿Estáis todos bien? - Exclamó el pelirrojo, alzando su siniestra a modo de saludo y pasando su mirada por cada uno de ellos, demostrando que, a pesar de las dificultades que habían podido experimentar, estaban en una mejor forma que el dúo prehistórico. En ese momento, Kenzo, preguntó que si estaba todo bien, ofreciendo ayuda. ¿Tan mala pinta tenía Garnet? - Nanai, ni te rayes, colegui. - Dijo con una sonrisa agotada y negando con su mano izquierda.- Pero huelo que a vosotros no os ha ido ni tan mal, ¿es o no es? - Añadió, pasando a deslizar su mirada a Triana que, debido a la seriedad del asunto, ni siquiera se reparó en soltarle algún comentario lascivo.- Si puedes, olvídate del menda y cúrala a ella, un desgraciado le ha hecho una puta cicatriz a Sasha. - Espetó, tajantemente, pasando a mirar luego a Jolyne, quién estaba perfectamente - dentro de su locura - y, por último, a Tobías, yendo hacia este último para darle un buen abrazo.- Vaya tunda me han dado, hermano, no me siento ni los huevos. - Susurró, para después separarse del vaquero y posar su diestra sobre su hombro izquierdo.- ¿Tú que tal? ¿Has tenido problemas también o qué? - Preguntó mientras ponía rumbo hacia el Solar Karma con el resto.

Tras un moderado tiempo, llegaron finalmente hasta el majestuoso galeón, el que era su nuevo hogar. No había pasado ni un día desde que lo abandonaron para liarla parda y, por alguna extraña razón, se sentía como si hubieran pasado cosa de 1 mes y 29 días. Garnet iba directo a subir al navío cuando, un grupo de personas con gorras y herramientas parados frente a él le llamaron la atención. Uno de ellos había dicho algo pero, debido a que iba a su bola no se había enterado bien del mensaje.- Oye, ¿y estos quiénes son? - Preguntaba Garnet a Jolyne, mientras observaba como Kenzo se aproximaba a uno de aquellos pintorescos personajes, depositando algo que parecía ser dinero en una caja que tenía uno.- ¿Están pidiendo limosna? - Se preguntó el skypiean, terminando por encogerse de hombros y esperando a cualquier orden de Triana o respuesta por parte de sus compañeros. El más joven de los Alas Negras, nuevamente, rompió el silencio, señalando lo increíble y caótico que había sido su día, no siendo siquiera ni la hora de comer además de ofrecer, una vez más, su ayuda.- Bien visto, colegui. - Chasqueó los dedos de su derecha Garnet, señalando con el índice de dicha mano a Kenzo, en referencia a que ya mismo se acercaba la hora de comer.- Cuando zarpemos os prepararé un plato cojonudo a cada uno mientras os doy un concierto de puta madre, así que id pensando en comida y canción, ¿es o no es? - Intentó levantar un poco los ánimos - aprovechando que, gracias a su regeneración de zoan, se encontraba algo mejor - reparando sobre todo en Sasha, quién era perfectamente la más afectada de los 6. Cómo músico y cocinero, era su deber velar por el bienestar mental y gastronómico de sus amigos.

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#4
Atributos Personaje

 
 
La respiración de Sasha había vuelto a la normalidad recuperándose de aquel momento de colapso nervioso, así que decidió que era momento para continuar hacia la subasta y encontrarse con los demás. Con dificultad se levantó del suelo y empezó a caminar de forma lenta hasta su destino. Su estado era deplorable, totalmente despeinada y con el pelo suelto, pero aun así se podía ver la cicatriz – con restos de sangre seca – que surcaba en horizontal la cara justo debajo de sus ojos color ámbar. Por lo contrario, la sangre en su abdomen seguía fresca por autolesionarse. La semioni paró unos segundo su paso para poder coger aire, el esfuerzo le estaba costando mucho y necesitaba descansar cada ciertos metros, parecía que no le había servido de mucho dejar de hipar por el llanto. Cuando volvió a verse relativamente bien para seguir, una conocida voz la hizo parar para girarse, era Garnet, quien no parecía en mejores condiciones que ella. No sabía si reír porque estuviera igual que la rubia – y encima estuviera usando un conocido abrigo para ella – o llorar por encontrar a una de las personas que más la reconfortaban en el mundo — Compitrueno… — susurró dándose cuenta que se había destrozado la voz por los gritos de rabia. Tragó en seco intentando darle algo de alivio a su garganta mientras el skypiean avanzaba hasta llegar a ella — Yo… Pues... — la joven no sabía por donde empezar con tantas preguntas que le había hecho el músico de los Alas Negras, se mordió ambos labios desde dentro de la boca ante no saber cómo expresar todo lo que llevaba dentro. Así que simplemente se agachó para abrazarlo mientras él parecía buscar algo, necesitaba un momento, si hacerse daño había sido su forma de ver que todo había sido real, abrazar a Garnet era su forma de comprobar que efectivamente estaba allí con ella. Lo que sí pudo contestar una vez se separó de él fue qué era lo que estaba más cerca — El Solar Karma está más cerca, es por ahí, todo recto — señaló el camino que les llevaría de vuelta a su nuevo hogar, cuando sintió la mano del pelirrojo sobre su rodilla suspiró antes de empezar a caminar a su lado. Fue entonces cuando su inseparable compitrueno le dijo que si quería contarle algo él la iba a escuchar, además de añadir que también le tenía que contar cosas. Sasha dejó ir un sonoro suspiro para darse ánimos y fuerzas, estaba rota en ese momento — Lo necesito, ha sido una tormenta muy bestia — contestó antes de contarle todo lo que le había pasado de camino al manglar cero, y así dejó ir todo lo que sentía, sin reprimir nada.
   
Con paso lento pero seguro – y tras una reparadora conversación – llegaron hasta encontrarse con los demás miembros de la tripulación para sorpresa de la semioni. Garnet se preocupó por todos una vez estuvieron juntos, mientras que la semioni también miraba que todos estuvieran bien. El que parecía estar mejor era Kenzo, por lo que chasqueó mal la lengua por lo bajo, que ella estuviera así mientras que él estaba fresco como una rosa le daba rabia. Jolyne parecía estar en las mismas condiciones que el más joven de la tripulación, pero no podían decir lo mismo los dos más responsables de la tripulación – que aunque no estuvieran tan mal como ellos – se veían en mejores condiciones, más Triana que Tobías. Lo que no se esperó es que Kenzo se ofreciera a ayudarlos ¿Se estaría burlando de ella porque él estaba en mejores condiciones? No pudo evitar inflar los mofletes antes de abrir la boca para mandarlo a tomar por culo, pero paró al ver que su mirada era de verdaderas ganas de ayudar — Alguien tiene que encargarse del ancla y de las velas del barco cuando vayamos a zarpar — pronunció con la voz ligeramente recuperada y una suave sonrisa en la boca antes de usar su meñique – al ser su mano demasiado grande en comparación con la del joven – para chocarle la mano a modo de tregua y para así tenerle ocupado haciendo algo.
 
Una vez por fin estaban frente al galeón, Sasha no pudo evitar un suspiro de alivio al ver que estaban en su hogar. Pero no tuvo tiempo para descansar cuando un grupo de hombres llegaron delante de la tripulación de los Alas Negras diciendo que les harían un recubrimiento para poder llegar hasta la isla gyojin ¡Así que era eso! Tanto tiempo preguntando por su destino y solo tenían que hacer eso, pero enseguida frunció el ceño ante tal cantidad de dinero. Kenzo no lo dudó y empezó a dejar todo el dinero que tenía encima dentro de un cofre que había sacado uno de ellos — ¡Y una mierda vamos a pagar cinco putos millones! Hemos comprado el barco aquí y he preguntado varias veces qué cojones necesitábamos para ir a la isla Gyojin ¡Si de verdad se tenía que hacer pues haberlo puesto cuando compre el barco! Os vamos a pagar tres millones y algo y ya me podéis dar las gracias — sentenció muy enfadada con aquel intento de estafa. Se acercó donde el niño había dejado el dinero y empezó a contar. Tras eso sacó también todo el dinero que tenía encima y lo metió en la caja haciendo que hasta el momento sumara doscientos dos mil berries. Había dicho de pagar tres millones con algo más y con eso no llegaban ni de broma — ¡Garnet no te escaquees! Hay que pagar para que nos recubran el barco y poder ir a la isla Gyojin — avisó al músico y cocinero de los Alas Negras, esperando que los demás también lo hubieran escuchado y pusieran el dinero que falta.
   
Kenzo había aprovechado la aparente normalidad para hablar del tirón sobre todo lo que había pasado — Espera, ¿Cómo que huir? ¿De qué tenemos que huir? — parecía que se había perdido algo que no entendía, entonces recordó la explosión — Yo estaba K.O. y me ha despertado una explosión ¿Vosotros sabéis qué ha pasado? — preguntó curiosa porque al parecer se había perdido algo importante. Pero a Sasha no le dio tiempo a alegrarse al escuchar a Garnet decir que les iba a preparar un buen plato de comida pues se acercó otra persona al grupo. Un humano con bastantes canas se quedó a cinco metros para hablar con Triana pidiéndole ayuda de nuevo, quiso ignorarlo porque no iba con ella aquella conversación, pero lo que más le llamó la atención fue escuchar la palabra panda. Se giró a mirarlo muy seria, había muchos minks panda e incluso podía no referirse a un mink y que sea una manera de llamar a alguien. Sasha cruzó los brazos delante de sí, querían bajar el precio de su recubrimiento para el barco, como lo habían hecho ellos, por lo que la necesitaban a ella — ¿Pero tú quién eres viejo? ¿Y qué Panda te ha pedido que vengas a hablar con nosotros? Yo me llamo Sasha — que fuera ella quien le enseñara modales a alguien – de nuevo – era algo que le sorprendía, pero Tobías le había enseñado bien, al igual que Triana sobre no fiarse de primeras de la gente, si la actual capitana le contestaba bien y le ordenaba a la joven ir a ayudarlos lo haría, pero no podía ir ella sola porque sí.
  
 

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#5
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La situación era un completo caos. A pesar de tener un plan claro en mente, con cada minuto que había pasado desde que lo organizamos se iba dejando cada vez más de nosotros. Y no solo eso, sino que las cosas parecían complicarse a cada momento. No tenía mucha fe cuando apareció ante mí el Almirante y, cuando ya pensaba que podía salir de allí con vida, la isla empezaba a explotar. La palabra "fastidio" se quedaba corta. Nos habían robado la posibilidad de vengarnos de los captores de Yamamura y actuar en su nombre contra los esclavos y los tenryubito. Pero esto no iba a quedar así. Ahora no podíamos hacer nada más que correr por nuestras vidas, pero no pensaba olvidarme de lo que había hecho el marine barbudo, Joe, ni de cómo los más poderosos se aprovechaban del sistema para traficar con personas con el beneplácito de los marines. Que respirasen todos tranquilos mientras pudiesen.

Lo pensé tan solo durante un par de segundos, en los que estuve a punto de correr a la casa de subastas y destrozarla, pero no sabía quién podía ver dentro, tal vez esclavos que no podrían huir del desastre. Además, y lo más importante, era bastante posible que mis compañeros necesitasen ayuda. No parecía que hubiese ocurrido nada extremadamente grave, pero nunca se sabía. Por más que me jodiese, la mejor opción en ese momento era volver al barco lo más rápido posible y tratar de escapar con ayuda del caos que se había formado. En otras circunstancias no me importaría enfrentarme a todos los marines de la isla, pero aquella explosión que había hecho que el Almirante se retirase a toda velocidad me preocupaba. A pesar de que los caminos estaban repletos de escombros, todavía reconocía perfectamente por dónde había venido y por dónde podía volver al barco. Corrí lo más rápido que pude intentando esquivar a la gente y los pedazos de edificio que habían caído. Cuando todo este lío había empezado y me había separado de mis compañeros.

Cuando llegué no vi a nadie. Ya estaba pensando en cómo volver para ir por los manglares buscándoles cuando comenzaron a aparecer. Fue todo un alivio. Por lo que vi, Kenzo y Jolyne, que eran los que más me preocupaban, se encontraban bastante bien, pero cuando llegaron Sasha y Garnet era evidente que no habían estado de paseo durante este tiempo. No tenía ni idea de qué habría podido ocurrir, pero estaba convencida de que se habían visto envueltos en una ardua batalla contra dignos contrincantes. Kenzo comenzó a hablar como loco, primero para ofrecerse a ayudar a Sasha. No era común en él pero, a pesar de sus peleas con la chica, se preocupaba por ella. Luego, resumió de forma caótica lo que le había ocurrido. Casi no le escuché. Le estaba prestando más atención al hombre que nos ofrecía por una cantidad ingente de dinero hacer no sé qué cosa en el barco para que pudiésemos huir. Seguro que era un timo y quería aprovecharse de la situación, pero no podíamos jugárnosla y menos en el estado que estaba Sasha. Iba a ir corriendo a ayudarla, tal y como me había pedido Garnet. Él también estaba mal, pero le preocupaba más su compañera. Sin embargo, Sasha sacó fuerzas para ponerse a discutir con el tipo de los astilleros por el precio que nos ofrecía. Si mostraba esa ferocidad para negociar significaba que, al menos, no se estaba muriendo.

Todavía no había mostrado y ya estaba deseando aceptar el ofrecimiento de Garnet sobre su comida y su música, pero para eso teníamos que salir de aquí cuanto antes. Según lo que decía Sasha, sí que iba a ser necesario eso de recubrir el barco, pero pensaba ahorrarse dos millones de berries. Estaba herida y confusa, no sabía lo que había ocurrido, pero aun así mostraba bastante determinación. —Sasha, alguien está atacando la isla y tenemos que salir de aquí ya. Así que saca el mejor precio que puedas, pero tenemos que pagarles y que empiecen a trabajar. Y cuando acabes te voy a mirar las heridas —dije para intentar informarle de la situación lo más rápido posible. Di un par de palmadas fuertes con las manos para captar la atención de los demás. —¡Venga vamos! Preparad el barco para largarnos mientras estos tíos trabajan. Si alguien necesita que le cure que venga conmigo.

Resumen

Inventario
[Imagen: 8Rsjucn.png]

❝

Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#6
Atributos Personaje


Al ver que el peligro a nuestro alrededor había desaparecido volví a hacerme visible. Kenzo volvió a poder moverse para decirme que se había montado todo el follón porque venía un emperador. No entendía a qué venía tanta alarma por un pez. No sería el primer pescado que atrapaba con mis propias manos. No por nada me llamaban en mi pueblo “la dedosgusanos”. Ya tendría tiempo de demostrar mis habilidades pesqueras más adelante cuando nos encontrásemos a ese emperador, ahora solo nos quedaba huir hacia el barco para intentar encontrarnos con los demás. Seguí a Kenzo y no tardamos en llegar. Ya estaban casi todos, solo quedaban por venir Sasha y Garnet. Afortunadamente, llegaron poco después, aunque bastante malheridos.

Me quedé quieta esperando instrucciones. No sabía si lo mejor sería que Triana les curase o hacerlo ya en el barco, pero no iba a ser tan sencillo marcharnos. Un grupo de trabajadores nos pedían cinco millones de berries para aplicar un recubrimiento, según dijeron. No tenía ni idea de qué hablaban, pero Sasha ya se encargó de hablar con ellos bastante molesta con el dinero que pedían, así que imaginaba que sería mucho. Aproximadamente, por su enfado podía calcular que estarían pidiendo el equivalente a 20 vacas, 15 gallinas, 7 ovejas y dos morcillas. Una barbaridad. Ni siquiera sabía cuánto dinero teníamos, pero seguro que Sasha rascaba con sus habilidades de regateo alguna que otra vaca.

Las instrucciones de Triana no tardaron en llegar. Ese recubrimiento era más importante de lo que imaginaba, así que lo aplicarían sí o sí. Mientras tanto, teníamos que poner en orden el barco para zarpar nada más los trabajadores terminasen, así que no perdí el tiempo. —Vamos Kenzo —le dije a mi nuevo alumno y compañero de batallas. Se había estado ofreciendo ayudar y ahora era el momento. Ya lo había hecho tantas veces que estaba acostumbrada, aunque esta vez el barco era mucho más impresionante. En menos que canta un gallo, todo estaría listo.

Resumen

Akuma

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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Espiritu: 1365 + 0 = 1365
#7
Atributos Personaje


Algo gordo estaba sucediendo en el archipiélago Sabaody, el superior al mando de la operativa llamaba a todos los efectivos a detener el avance de nada menos que uno de los emperadores del mar. Tobías tenía que volver con sus compañeros cuanto antes. No solo había un almirante de la marina, también uno de los cuatro piratas más poderosos del ancho mar, aquel conjunto de islas podía convertirse en un cambo de batalla poco apacible. Tras el mensaje, la comodoro lanzó una seria advertencia y una razón por la que debía dejar de lado el combate y obviar la detención que había prometido que haría. Tobías podía entender la importancia de la cadena de mando y el honor que demostraba la marine, evitado dejarse llevar por su sed de sangre y cumpliendo sus órdenes. No dejaba de ser una marioneta del poder, pero se había ganado su respeto. De su interior emanaban mofas hacia la comodoro, por tener que abandonar la pelea y correr con su amo, debido a esa intrínseca rabia que profesaba hacia su organización, ninguna salió a flote, no merecía esas ofensas. Tampoco le hubieran favorecido mucho, al vaquero le convenía mucho más que se fuera a que se quedara para seguir abofeteándolo con ambas alas. Karlglass soltó al pirata y salió volando hacia el cielo mientras se transformaba en pájaro por completo. 

- Dale recuerdos a Joe. - El mensaje tenía dos significados, por un lado realmente se preocupaba por la integridad de aquel marine barbudo, por otro lado quería advertirlo que los Alas Negras no iban a olvidar que había capturado a su capitán. - ¡Y me debes un millón de berries, pajarraca tacaña! - En realidad, no había aceptado aquella apuesta, pero para una vez que ganaba le daba rabia irse con las manos vacías. No se llevaría nada material, pero si una bonita rivalidad. El vaquero se giro para recoger su sombrero del suelo junto con Pascal, que seguía dentro, hecho un ovillo. - Tranqui, volvemos al barco. - Colocó al pequeño camaleón sobre su cabeza y lo cubrió con el sombrero. Cogió también el Finn-Lock y lo enfundó. Con ese percal, no era buena idea ir a la casa de subastas, había que salir de ahí cuanto antes. Al intentar ubicarse vio al oso blanco recuperándose, estaba consciente. - Lo siento colega, tengo que irme, no puedo ayudarte mucho más. Te recomiendo que abandones la isla también, viene un choque gordo. Está llegando un Emperador del mar y también hay un Almirante. - La cara del vaquero mostraba verdadera preocupación por aquella situación. - Ha sido un placer coincidir con un mink con tan buen gusto. Me flipa tu gabardina. Que tengas un buen viaje por los mares, compañero. - Tobías cogió un tablón de aquella caseta en ruinas que estaba por ahí y gracias a su habilidad para controlar la fuerza de la gravedad, la dejó flotando a un par de docenas de metros sobre el suelo. Se subió de un salto y oteó los 360 grados del horizonte, para ubicarse bien y localizar el manglar de los astilleros, o al menos ver hacia donde descendían los números marcados en los enormes árboles. Con la dirección más o menos clara, comenzó su camino hacia el Solar Karma, a paso rápido. 

El paseo fue largo, dándole tiempo al joven barba naranja para meditar sobre la pelea que acababa de tener. La situación que se planteaba era peliaguda, podía darse un enfrentamiento entre un Almirante de la Marina y un Emperador del mar. Eso podía ser peor que un desastre natural. Había madurado bastante en aquella pelea, pero no habría podido vencer solo a esa marine alada. No quería imaginar como debía ser una pelea contra un Almirante. Tenía que seguir mejorando, seguir creciendo y un brazo nuevo no le vendría nada mal y mucho mejor si le añadía armas. Ese proyecto era el que más lo emocionaba en ese momento, de hecho solo le faltaba comenzar a fabricarlo. 

Ya podía ver la entrada a los astilleros, una gran visión, que dibujó una gran sonrisa en el rostro del vaquero, sonrisa que se amplió hasta casi alcanzar sus orejas en cuanto vio a Jolyne y a Kenzo llegando antes que él a los muelles. Un aura tremendamente fuerte se acercaba también, era la capitana. La alegría inundó al pistolero, no veía ni a Sasha ni a Garnet, pero confiaba en ellos más que en si mismo. Y una pareja de familiares auras tímidas apareció en su campo de percepción, demostrando que no hacía falta preocuparse por ellos. Estaban todos a salvo, la mejor de las noticias que podía haber recibido. - Me alegro mucho de que estéis todos bien. - Un abrazo de Garnet le devolvió aún más tranquilidad. Juntos eran un millón de veces más fuertes. Apretó con fuerza devolviéndole ese abrazo. - Hay que largarse de aquí en cuanto antes. Hay un almirante en el archipiélago, y por lo que he escuchado, se acerca uno de los Emperadores del mar. Esto se va a poner serio. - 

Los trabajadores de los astilleros se aglomeraron alrededor de los piratas, ofreciéndoles recubrir su barco para poder sumergirlo bajo el agua y poder llegar así a la isla submarina de los tritones. Parecía sacado de un cuento de hadas, pero ya habían estado en una isla que flotaba sobre las nubes, al lado de eso no parecía algo tan descabellado. De hecho, al vaquero le emocionó la idea de que fueran ha realizar un viaje submarino. No dejaba de aprender en su largo viaje. Sasha saltó para renegociar la oferta que acababan de hacer los maestros astilleros y Tobías reforzó ese precio ofreciendo su mano izquierda como ayuda si fuera necesario, después de dejar todo el dinero que llevaba encima en el cofre de los carpinteros. - Si puedo ser de ayuda, contad con mi mano. - Todo lo que fuera aprender, entusiasmaba al carpintero de los Alas Negras. Triana ordenó preparar el barco mientras los astilleros se ponían manos a la obra, Tobías apoyaría en lo que hiciera falta. - Toma, capitana. Tu controlas más de esto. - Antes de subir al Solar Karma, Tobías le dio el último botiquín que le quedaba a la doctora.


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[Imagen: l47Ucve.png]

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Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
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Energia: 1025 + 15 = 1040
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#8
Tras reagruparse toda la banda de los piratas de los Alas Negras y poder comprobar si sus heridas eran graves, empezaron a seguir las ordenes de la nueva capitana. No pasó mucho tiempo cuando escucharon la voz de los trabajadores queriendo ofreciéndose a hacerles el recubrimiento – el cual evitaron que fuera excesivamente caro gracias a la navegante y comerciante de los Alas Negras – pero con el dinero que habían puesto Kenzo, Sasha y Tobías no había sido suficiente para llegar a el acuerdo que había podido conseguir en primera estancia la semioni — Oye, acepto dejártelo rebajado, pero lo que hay no es suficiente. Dadnos un poco más de un millón y medio de berries, a parte de lo que ya habéis puesto y hay trato — propuso el que parecía el cabecilla de aquel grupo de trabajadores de los astilleros, consiguiendo que los otros tres hombres estuvieran a favor y apoyaran la decisión. No se movieron del sitios hasta que tuvieran todo el dinero necesario para asegurarse de que iban a pagar por sus servicios, así que se mantuvieron expectantes pero con un aparente miedo a la situación, querían acabar su trabajo lo antes posible para irse de allí.
 
Los trabajadores de los astilleros no fueron los únicos que se acercaron al Solar Karma, el nuevo galeón de los Alas Negras, sino que también aprovechó la situación para aproximarse uno de los capitanes del ejercito revolucionario: Kisuke Kageyama. De forma muy correcta y amable pidió ayuda a Triana para rebajar el precio que les pedían a ellos también por el recubrimiento de su barco, el cual consideraba que se estaban intentando aprovechar de ellos. Triana Tempesta no contestó al revolucionario, a diferencia de la joven Sasha, que si tuvo el detalle de interactuar con el espadachín. A pesar del aparente silencio de la capitana hacia la oferta de Kisuke, quedaba en manos de la banda pirata de los Alas Negras en si brindarle ayuda al ejercito revolucionario a la vez que preparaban el barco para su partida. Por si fuera poco, aún debían buscar más dinero para el recubrimiento de su propio barco. Pero era una decisión que debían tomar rápido si querían huir del Archipiélago de Sabaody.
 

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#9
Garnet, viendo que el peor parado era tanto él como su compitruena, hacía que se alegrara y mirara con orgullo a todos sus amigos. A pesar de los contratiempos que habían tenido, habían demostrado sobreponerse frente a la adversidad y salir prácticamente ilesos de la situación que habrían podido experimentar, fuera cual fuera. No podía evitar pensar los estragos que podrían haber causado si hubieran seguido permaneciendo unidos y hubieran ido directos a la casa de subastas tal y como planearon en un inicio. Era una lástima no poder liberar a los esclavos tal y como habían hecho con Emerald, pero la situación no estaba como para quedarse en la isla mucho tiempo. No sólo contaban con un almirante presencialmente, sino también, según las palabras de Tobías, con un Emperador del Mar. Recordaba vagamente ese término de haber leído algún periódico en el pasado y, aunque no sabía con certeza como de fuertes eran, si la explosión que le había despertado fue causado por él, debía ser fuerte y poderoso de narices.

Estando ya próximo al Solar Karma, fue que se encontraron con unos tipejos de los más peculiares y, aunque a primera instancia no tenía noción de quiénes eran. Sin embargo, al ver a Sasha regatear con ellos, pudo escuchar algo sobre el barco y sobre la isla Gyojin, por lo que quizás no eran mendigos y era gente necesaria para poder salir de allí. Fuera cual fuera el caso, confiaba plenamente en las capacidades comerciales de la semioni por lo que, teniendo en mente el bienestar de sus coleguis, centró toda su concentración en ir pensando alguna clase de menú especial para los Alas Negras. Sin embargo, nuevamente, la voz de Sasha le sacó de su ensoñación.- ¿Huh? - Dijo, como acto reflejo, mirando primero hacia la adolescente y luego hacia el cofre donde estaban depositando el dinero.- Ah coño, sí, yo soltaría algo de money, pero el menda se huele que no le queda una mierda pueje... - Confesó, empezando a rebuscar en su zurrón para encontrarse - colocándoselo frente a él -, solamente 11.500 berries.- Pues lo que decía... - Suspiró, volviendo a dejarlo colgado en su espalda. Quería creer que con el dinero que habían puesto Kenzo, Sasha y Tobías tendrían suficiente. Mientras tanto, Triana insistía a la semioni que consiguiera el mejor precio posible y que el resto fuera preparando el barco, a la vez que se ofrecía a curar a quien lo necesitara. Ser curado y tratado por Triana siempre era una tentación, pero ahora mismo había cosas más importante que ser un pervertido.

Seguidamente, el trabajador declaró tanto aceptar la oferta de la timonel como no haber dinero suficiente, quedando algo más de millón y medio de berries.- Jodienda máxima... - Se quejó, mirando seguidamente hacia su capitana y a Jolyne que, junto a Garnet, eran los únicos que no habían puesto nada.- ¡Triana! ¡Jolyne! ¿Os queda panoja? El menda está más pelado que el culo de un mono, ¿es o no es? - Preguntó para, seguidamente, poner rumbo a la cubierta del barco.- Yo me encuentro algo mejor, así que iré preparándoos la comida... - Afirmó, pasando a mirar a Triana y guiñarle el ojo derecho.- La cura puede esperar pueje pueje. - Dijo con la lengua fuera y con un tono y mirada llenos de marranería que, abruptamente cambió por uno más serio, al ver como un hombre bastante guapo, mazado, moreno y algo malherido que tenía pinta de ser un vagabundo se acercaba a la capitana poniéndose alerta ante cualquier comportamiento raro por su parte, activando su haki de observación hasta 20 metros de radio.- Hmmm, no parece querer bronca... - Pensó.

El espontáneo le llamó por su nombre, por lo que parecía conocerla - aunque no era complicado teniendo una recompensa por su cabeza - pero, lo que de verdad llamó la atención de Garnet fue que mencionó el nombre de Panda.- ¿Panda? ¿Será nuestro Panda? ¿Será ese mismo Panda? - Se preguntaba, aproximándose cada vez más hacia el hombretón, mientras Sasha le preguntaba por su identidad, por la del Panda y se presentaba. Quedando a un metro aproximadamente del hombre se detuvo.- ¡Eso eso! El menda es Garnet Matlock, encantronio, ¿ese Panda es nuestro Panda? - Preguntó, no siendo demasiado claro y pasando a señalarse a sí mismo con su pulgar derecho.- ¡Si es así es como mi hermano! - Exclamó con orgullo, agarrando con su diestra el pliegue de la derecha de su abrigo - o mejor dicho, con el que se había despertado -, y con su zurda el de la izquierda para, acto seguido y con gran velocidad, quitárselo de sopetón, mostrando su completa desnudez pues ya ni siquiera un tanga tapaba su cuerpo.- Hasta le di un pelo de mis huevos cuando el me dio uno de su brazo, ¿es o no es? - Explicó, en el momento que un escalofrío inundó su cuerpo debido al constante frío que hacia allí, no pudiendo evitar estornudar.- Ga... Ga... ¡GARNET! - Estornudó, sonándose los mocos y volviendo a ponerse el abrigo, al igual que retomaba su camino hacia la cubierta del barco.- Bueh, me voy para el barco, que me voy a morir de frío, dale una nalgada a Panda de mi parte. - Se despidió para, acto seguido y de un salto, subir a la barandilla del Solar Karma.

En primer lugar, fue directo a su camarote pues, aunque su cuerpo esculpido por los dioses necesitaba ser exhibido, tampoco era plan de llevar la churra al aire.- Necesito un tanga... - Musitaba, mientras rebuscaba en su colección de ropa interior una que diera el juego, dando con un tango de color azul marino con unos estampados de burbujas de color celeste.- ¡Locura mortal! - Exclamó, poniéndoselo y guardando en su lugar el abrigo. Aún no tenía claro si había sido Sohem el que se lo había dado pero, de ser así, quizás no era tan mal tipo como pintaba Triana y Yojimbo. Quién sabe, pero sentía que ahora tenía la necesidad de devolvérselo.- Bueh, vamos a ver que preparamos para le peñuqui tostada. - Se dijo a sí mismo y se dirigió hacia la cocina o bueno, el intento de cocina. Si bien tenía lo necesario para cocinar, también es cierto que los recursos de los que disponía eran algo limitados. Sí, sin lugar a dudas, en un futuro necesitarían mejorarla para que pudiera hacer platos más elaborados y deliciosos a sus coleguis.- Hmm y que cocina el menda para cada uno, el de Sasha lo sé pero, ¿y el resto?... - Se paró a reflexionar, en mitad de la habitación hasta que dio con una buena opción.- ¡Eso es! - Chasqueó los dedos de su mano derecha, y se puso su delantal. Cuando salieran de Sabaody, todos iban a tener una comida de lujo reponedora, ¿era o no era?

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[Imagen: Tb4Z3O3.png]
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Energia: 358 + 132 = 490
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#10
Sasha bufó viendo que necesitaban más dinero para pagar a los trabajadores, Garnet decía que estaba pelado – que viendo la prenda que usaba para su día a día no le extrañaba – así que solo quedaba confiar en Triana y Jolyne para conseguir el dinero mientras que la semioni iba a negociar – de nuevo – por un mejor precio por el recubrimiento, pero esta vez para el hombre que había aparecido. Miró a la capitana tras la orden que le había dado y le asintió antes de empezar a caminar, pero paró un segundo en seco sin poder evitar bajar ligeramente la cabeza y subir los hombros a la vez al escuchar que al acabar la curaría. La joven no era tonta, sabía que tenía heridas muy feas y eso solo se traducía en una cosa: iba a escocer, y mucho — Vaaaleee... — pronunció entre dientes de forma infantil haciendo un puchero antes de volver a caminar hasta el barco del ejercito revolucionario — ¿Vienes, em… Viejo al que le sobran barriles de cerveza y que no me gustan? — preguntó la rubia al hombre que había aparecido pidiendo ayuda, como no conocía su nombre no sabía cómo llamarle ¿Podría haberle llamado amigo de Panda? Claro, pero eso le parecía más divertido. No supo si le había hecho caso en seguirle así que siguió caminando en dirección a la carabela.
  
La semioni pensaba en lo que habían comentado sus compañeros, un emperador estaba en Sabaody y había atacado el archipiélago ¿Qué tan fuerte sería? Para despertarla estando inconsciente debía de serlo mucho. En pocos instantes llegó hasta el barco con un toro en la proa, no entendía porqué había un toro si era el grupo de Panda, pero no le dio mayor importancia. Lo que no se esperó fue encontrarse a un cerdo gigante hablando con los trabajadores, quienes le contestaban que volviera cuando tuviera el dinero o cuando sepa negociar. Sasha suspiró de forma sonora por el cansancio antes de meterse entre el cerdo y el hombre — Quita que tú no sabes — le dijo al cerdo haciendo un gesto con la mano para que la dejara hacer su trabajo mientras se ponía delante de él a cinco metros. Se agachó cogiendo la bolsa con el dinero y empezó a contarlo. Tenían bastante, pero si a ellos le habían pedido más de tres millones debía intentar regatear hasta ahí — No hagáis caso al cerdo, muchos metros pero poca cabeza. Aquí hay más de dos millones y medio de berries, todos nos queremos pirar de aquí y el precio que habéis dicho es una flipada de cojones. Así que lo dejamos en tres millones y medio y os olvidáis de nosotros — propuso a la vez que dejaba la bolsa dentro de la caja con la flecha dibujada. Poco a poco iba recuperando las fuerzas, pero se seguía sintiendo bastante débil y era consciente que necesitaba descansar, así que quiso arreglarlo de la manera más rápida posible con los astilleros que le habían enseñado tanto, se lo debía. La rubia miró a los lados buscando a Panda y lo encontró hablando en otro barco, confiaba en él y sabía que podría apañárselas solo. La joven se alegró al ver que había hecho nuevos amigos y que no estaba solo, y si iba a la isla Gyojin como ellos podrían verse y hablar, eso la hizo sonreír. Hasta que pudo apreciar que también estaba Rapax Gin Gin en la embarcación, él se habían mostrado muy amable con ella pero no sabía hasta qué punto lo era su tripulación, si tenía algún problema estaba segura que Garnet y ella no tendrían ningún problema en meterse en medio. Así que caminó unos pasos hacia el Solar Karma para así poder mirar bien al mink de doce metros y medio de altura — ¡Escucha cerdo! Dile a Panda que Sasha de los Alas Negras dice que tenéis que pagar tres millones y medio por el recubrimiento ese que os piden — le dijo para que el mink monocromático supiera lo que había hablado con los trabajadores — Y como os he conseguido este súper descuento quiero que tú me lleves paseando en tus hombros por toda la isla Gyojin ¡Y que venga Panda contigo! — sentenció señalando al mink cerdo con una sonrisa de determinación. Con lo grande que era tenía que molar mucho la vista desde esa altura y ella también quería sentirse así de alta. Lo podría hacer ella misma volando pero le quitaba la gracia y quería que la llevara un cerdo gigante — Si Panda quiere algo más que nos lo diga, nos vemos en la isla Gyojin — añadió mientras se marchaba con una sonrisa y llevando los dedos índice y corazón a la frente y separándolos al momento a modo de despedida.
  
Tras aquella negociación la semioni se marchó de vuelta al galeón de los Alas Negras, esperaba que por lo menos el recubrimiento ya estuviera pagado, quería irse del archipiélago de Sabaody de una vez. Cuando la rubia llegó fue directa al timón, le encantaba tenerlo a su altura y que fuera tan perfecto para una semioni — ¿Está el barco listo? Cuando acaben de poner el recubrimiento nos piramos a la isla Gyojin así que atentos para elevar el ancla cuando lo diga la capitana — avisó a sus compañeros mirando a los que estaban allí presentes para acabar dirigiendo sus ojos a Triana esperando su aprobación.
 
 

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