[Aventura T4] Cuatro océanos
#1
6 de Otoño, Año 11.
Isla Elíseo, Corriende Daiya, 05:45 p.m.

La noche anterior...

Otoño en la isla Elíseo. 
Frío que se incrementa cada día acercándose al invierno y el mismo nivel de afluencia habitual en la paradisíaca isla. Y quizás esa era la razón por la que los bares, tascas y zonas de juego eran más concurridas que lo normal. El gentío habitual de los locales de juego y ocio eran una masa con vida propia. Parecía que todo giraba como un perfecto engranaje, cuyos dientes giraban y se entrecruzaban, pero no llegaban a tocarse, haciendo que el contacto social sea fútil y absurdo. En una de las habituales noches de juego y diversión, hace algunos días, en las que el alcohol embriagó vuestros sentidos y emborronó los recuerdos que en otra ocasión habrían sido nítidos, conocisteis a un personaje interesante: Kosax. El hombre que durante una charla con el capitán de los "Alas Negras", Yojimbo, ya llevaba un par de copas de más como todos los presentes, comenzó entablando buena conversación con el Lunarian. Al principio la conversación no tenía más fin que divertirse, conocerse. La clásica amistad efímera entre dos hombres en un bar que normalmente dura exactamente lo mismo que la fiesta dura y después, no vuelves a recordar. Sin embargo, pasadas las copas y, ya con la tripulación al completo del capitán alado en la misma mesa, el hombre destapó su oficio. Seguramente a causa de la cantidad de alcohol, el hombre narró como se dedicaba al robo, al hurto, al no tan noble arte de coger algo y colocarlo en otro sitio sin que nadie se entere, generalmente, de los bolsillos de alguien al suyo propio. Y aunque al principio hizo como que no conocía a los piratas, confesó que los reconoció, pues eran gente buscada. Sin embargo, le interesaba más su colaboración.
 
— En el hotel cercano al puerto guardan un diamante tochísimo. Lo he visto. Mínimo como la cabeza de un caballo. — explicó Kosax, acercándose al centro de la mesa y poniendo el brazo sobre Yojimbo y Triana — No es difícil de robar, pero no es trabajo para un solo hombre, aunque sea de la élite. El número uno. — añadió, reclinándose de nuevo hacia atrás — Y ya tengo quien lo compre, podemos ir a medias. — finalizó, para levantar su copa y brindar con los piratas por la poco común alianza para robar el diamante y continuar la juerga hasta que el alcohol no solo nubló, sino que tapó cualquier recuerdo adicional.

De vuelta la actualidad...

Kosax se personó en el imponente barco de los "Alas negras", el Tanto de la Sultana, anclado en el puerto a un escaso kilómetro o dos del hotel objetivo del robo — ¡Ehhhhhh! ¿QUE PASA VAGOS DE MIERDA? ¡SUBIDMEEEE! — llamó a voces desde la orilla esperando un cabo, una escala o algún medio para subir. 
Aunque seguramente los piratas siguieran de resaca, dado su historial.
Resumen

Info de la Aventura
#2
Atributos Personaje


Pese a no llevar mucho tiempo en la isla ya nos habíamos dado cuenta del dinero que podíamos hacer a costa de los ricachones que ahí vivían. Toda la isla parecía una pesadilla, gente comiendo por encima de sus posibilidades, con sonrisas falsas y esas panzas. Bebés llorando en los resorts, mujeres bebiendo elaborados cócteles y hombres sudando y dando asco. Lo único bueno de aquel lugar era que yo no era el más raro de ahí, parecía que nos les llamaba mucho la atención que fuera un ser gigantesco en llamas con alas negras, mientras tuviera dinero, o aparentara tenerlo, era uno más.

Aún así decidimos salir a divertirnos y pasarlo bien. Habían sido unos meses difíciles y habíamos perdido mucho, la Isla Elíseo era el lugar en el que nos tocaba ganar, lo notaba y nos lo merecíamos. Aquella noche fue intensa, seguirle el ritmo a Triana era algo terriblemente complicado… bebía más que respiraba, no dejaba pausa entre trago y trago. Yo por desgracia no era muy buen bebedor y al tercer sorbo ya me encontraba terriblemente mareado. Lo único que recordaba de aquella noche era a un señor muy amable que hablaba de diamantes en un hotel dirigido por caballos de élite que ofrecían trabajos para hombres y que se quería comer el caballo a medias. A mi no me sentaba bien la carne pero estaba dispuesto a comerme un caballo, al menos en ese momento. La noche continuó y acabó de forma abrupta para mi ya que no recuerdo como pero acabé en el barco y pasé lo que quedaba de noche allí.

La luz del sol atravesaba mis párpados como si fueran fuego quemando un papel, puse mi brazo derecho sobre mi frente para intentar que la luz me molestara menos, pero no hizo nada.

-Vaya noche… -susurré mientras me limpiaba un hilillo de babas que salía de mi boca con el antebrazo izquierdo. -Culpa de Triana… -susurré de nuevo mientras me incorporaba.

Giré mi torso y dirigí mi mirada hacia el puerto y me fijé en cómo un tipo nos gritaba vagos y pedía subir, no tenía claro quien era ese señor pero la verdad es que me sonaba, y si quería subir era por algo. Como si me leyera la mente nuestra gallina apareció en la cubierta, y de un picotazo desenrolló el nudo que ataba la escalinata de madera para así permitirle subir al barco.

-Eh, buen trabajo tía. -le dije serio.

-*Co-co* -me contestó con aún más seriedad mientras volvía a los camarotes.

-Oye, tu eres el tipo ese que quería un caballo a medias, ¿no? -pregunté, esperando a que subiera a la cubierta y nos contara quien era.

Karmas usados


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#3
Atributos Personaje


Sentía la presión de la firme y fría madera contra mi frente. Mis pies parecían entrelazados en una suerte de cordel sedoso y mis manos palpaban lo que parecía ser papel viejo y mojado. Al abrir los ojos pude darme cuenta de que había dormido postrado sobre la mesa en la que desarrollaba los mapas de navegación, sentado en la vieja silla del improvisado despacho. Me incorporé, mapa pegado en frente y quejosa espalda ante la fatídica postura en la que había decidido pasar la noche. Enroscada a mis pies se encontraba la boa de plumas rosadas que había decidido acomodar en mi cuello para conquistar la ciudad. Tal vez me habían despertado las gaviotas, los ensordecedores ecos del oleaje que rebotaban en las paredes del cuartucho o una poco amigable voz desde el exterior; en mi estado actual, aquella era la última de mis preocupaciones.

A pesar de no ser un gran bebedor, la noche anterior había decidido emperifollarme a lo grande y darlo todo en uno de los muchos locales que los Alas negras habían decidido asaltar durante las últimas horas. Y cuando digo asaltar me refiero a cualquier rastro de alcohol que pudieran ofrecer al gaznate. No era dado a olvidar, pero me resultaba molestamente difícil recordar lo acaecido o incluso la forma en la que había llegado al barco tras aquellas copas de más. Extraje el pequeño espejo que gustaba llevar del bolsillo trasero de mi pantalón y observé mi rostro.

- Agh, estos desfases no pueden repetirse -dije mientras acariciaba la suave pero firme palabra “Norte” de mi frente, resultado de dormir sobre un mapa que no había terminado de secar- Esto pasará factura a mi hermoso cutis.

Me lavé la cara con la helada agua de la mañana, perfecta para mejorar la circulación, retoqué mi maquillaje y salí al exterior. El sol atacó cruelmente mis ojos, obligándome a cerrarlos con fuerza hasta que me hubiese acostumbrado a la iluminación del mundo exterior. Cuando los objetos dejaron de ser motas difusas en el aire, reconocí a la extraña gallina que nos llevaba acompañando hace ya un par de días. A su lado, Yojimbo parecía hablar con alguien apostado junto al barco, un asunto extraño sobre compartir un caballo.

- Yojimbo, más animales aquí no, ¿eh? ¡Más animales aquí no!


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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



#4
Atributos Personaje


Me encontraba tirada en la cubierta del barco, tapándome la cara con el brazo para impedir que la luz me molestara. Para variar, mis recuerdos después de algunos excesos estaban algo difusos, pero por suerte, todavía recordaba algún fragmento. Me hizo pensar en aquella vez que nos encontramos con la gallina en circunstancias parecidas. Quién sabía si ahora nos encontraríamos una vaca o un caimán en uno de los camarotes. -De ser así, me pido ponerles el nombre.

Habíamos vuelto a estar en una de esas noches en las que me descontrolaba y engullía hasta reventar cualquier cosa que me ofrecieran. Recordaba un ambiente tan pesado que te dejaba con una sensación fuerte de embriaguez mientras manteníamos una conversación aburrida con alguien. Lo que más llamó mi atención fue que ese alguien nos soltó que había un diamante del tamaño de la cabeza de un caballo. Daba gusto encontrarme con gente que trataba con unidades de medida conocidas para mí, pero me quedé con las ganas de preguntar si se refería a la cabeza de un poni o más bien de un caballo de monta. La diferencia podía ser abismal hablando de un pedrusco.

No solía fiarme de trileros ni embaucadores, y menos de la gente rica de este resort cuyo mayor mérito era gastar y presumir como si fuesen pavos reales cortejando. Pero al parecer, según me habían contado, si queríamos ganar la competición del Rey de los Piratas, íbamos a necesitar la ayuda de su dinero. Mientras ponía mis preferencias en orden, vi cómo el capitán se asomaba para hablar con una persona que estaba gritando fuera del barco y queriendo subir. No sabía si sería el de anoche o si sería la única con pérdidas de memoria sobre todo este asunto, pero Yojimbo parecía confiado. Yo, por olvido, no recordaba ni el careto de ese tipo.

Antes de levantarme para recibir al supuesto conocido, extendí el brazo hacia la gallina, que iba directa al camarote y no me dejó acariciar sus blancas y suaves plumas. -Ojalá fuera un caballo de verdad – contesté a Aspros con resignación. Una vez de pie, me puse mi ramita en la boca. – Lo que hay que hacer para ganar una competición.

INVENTARIO

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

#5
Atributos Personaje


La diferencia entre esta isla y de la que habíamos zarpado era abismal. Habíamos pasado de dormir entre paja y estiércol a estar rodeados de lujo y belleza, o al menos eso me parecía después de tanto tiempo sin ver una ducha y una cama decentes. No parecía un lugar hostil, lejos de lo que imaginaba, se trataba de un lugar de descanso en el que las personas aprovechaban para disfrutar. Eso sí, por un buen pico de dinero. Creía que ahora que era una pirata no tendría que preocuparme por el dinero ni el valor de las cosas, si quería algo solo tendría que tomarlo, pero el ambiente sofisticado y ameno que ahora nos rodeaba no invitaba a ello. Por el momento tenía la intención de pasar desapercibida y disfrutar de todo lo que aquella isla pudiese ofrecerme. Para empezar, fuimos a tomar algo a uno de los locales, aunque la situación se torció rápidamente y de forma inesperada cuando comenzamos a beber más de la cuenta. El alcohol no solía afectarme con facilidad, pero hacía tiempo que no estaba tan tranquila y me dejé llevar.

Abrí los ojos bruscamente cuando escuché la leve voz de Yamamura y lo primero que vi fueron los destellos de los rayos del sol reflejados en el mar. Me encontraba tumbada boca abajo en los tablones de madera del barco. No me lo podía creer, había vuelto a ocurrir. Me incorporé para ponerme en pie y tratar de recordar lo que había ocurrido. Al menos esta vez me hacía una idea, no tenía la mente completamente en blanco. Yamamura seguía haciendo amigos de lo más extraños allá donde iba, habíamos pasado la noche con un tipo de nombre ridículo que decía que pensaba robar un diamante enorme. En aquel momento recuerdo que no me pareció mala idea, pero ahora dudaba de que ese hombre estuviese en sus cabales. Seguramente estuviese borracho y quisiera tomarnos el pelo, pero una voz acabó de un plumazo con esta teoría. No me podía creer que aquel tipo fuese en serio y hubiese venido a buscarnos. Para colmo, Yamamura no se había enterado de nada, como siempre, y estaba confundiendo a Aspros, que acababa de aparecer con peor pinta que de normal, aunque siempre divino. Jolyne tampoco parecía enterarse del todo, lo cual tampoco me sorprendió.

No quise prestar atención a la nueva mascota del barco. No sabía si había dejado caer la escalera de forma accidental o alguno de mis compañeros, probablemente Yamamura o Jolyne, se había tirado días enteros entrenándola para ejecutar ese truco, pero no me importaba lo más mínimo. Ahora mismo intentaba recordar toda la información posible de anoche para hacer frente a esta nueva situación, que podía convertirse en un gran problema o una gran oportunidad. —A ver, ¿es que no os enterasteis de nada? Este tipo quería robar un diamante. Si le ayudamos nos paga, así de simple, pero no sé si es de fiar —les dije a todos para que me escuchasen y sin importarme que también me oyese el desconocido. Realmente si quisiera entregarnos podría haberlo hecho ya, pero podría querer utilizarnos de muchas más maneras. De momento no nos quedaba otra que escucharle porque a Yamamura parecía que le había caído bien, si lo que decía era coherente puede que nos prestásemos a ayudarle, aunque la idea de quedarnos todo el botín no dejaba de rondarme la mente.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

#6
Kosax intentó llamar varias veces a la tripulación de los “Alas Negras” hasta que, por azar o entrenamiento disciplinado, la gallina de los piratas soltó la escalera de madera que permitió al afamado ladrón subir a bordo, mientras los demás miembros de la tripulación aún salían de su trance etílico. Cuando el hombre, que llevaba una mochila de tela enorme con rollos de papel que sobresalían por la abertura principal de esta llegó arriba, observasteis de nuevo a vuestro compañero de borrachera de la noche anterior y, si toda iba bien, vuestro aliado en el robo del hotel. Se trataba de un hombre fornido y bastante musculoso, de casi dos metros de alto y cerca de los cien kilos de peso. Vestía unos pantalones militares y botas marrones con una camiseta sin mangas de tejido sintético de color camuflaje. Su mandíbula era prominente y cuadrada, adornada por una frondosa y meticulosamente cuidada barba de candado que comenzaba a vestir canas. Canas que se extendían y acentuaban poco a poco hacia su cabellera, que era totalmente blanca, y portaba un peinado tipo mohicano con coleta detrás. En todo momento cubría sus ojos con unas gafas de sol negras como el cielo nocturno, haciendo imposible ver a través de ellas.

— Bueno, ¿empezamos o que pasa? — dijo Kosax, apresurándose hacia un barril y extendiendo un primer rollo de papel sobre este, mostrando así el botín — Esto buscamos: El diamante de Icar. El putísimo diamante de los diamantes. Respetad los rangos, esto no es juego, nada es un juego. — dijo con mucho ánimo y su peculiar acento norteño mientras miraba a todos los presentes. — ¿Lo malo? Tiene más seguridad que la puta princesa de Arabasta… Pero princesa era y también me la zumbé, así que os diré como lo hacemos. — continuaba casi sin respirar mientras rebuscaba en la mochila y sacaba unos planos que extendía en el barril — Estará aquí: La sala de seguridad de hotel. Está llena de “no names” de mierda y vigilada por Den Den Mushi de vídeo. Además, para entrar necesitamos una llave que tiene un gordo basura que estará en la sala de juegos. — paró en seco y cogió aire, sacando una serie de fotos del gerente del hotel — Lo bueno, le pirran las rubias, al puto baboso de mierda. — exclamó, casi como si fuera algo personal.

— Así que necesitamos robársela, infiltrarnos en la zona de seguridad para apagar la vigilancia y cargarnos a los guardias. Si tenéis dos cojones, nos sacamos un millón… por cabeza. — dijo tras una pausa con sorna. — ¿Estamos o qué? Lo hacemos hoy mismo, estará hasta arriba, más fácil. — concluyó, esperando una organización por parte de los piratas. — Yo os guiaré desde aquí con el Den Den Mushi, no puedo entrar porque los hijos de puta me tienen fichado. —

Y ahora, estaba en las manos de los piratas Alas Negras si hacerse con el botín o pasar de tan suculenta aunque arriesgada oferta del ladrón de pelo blanco.

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#7
Aspros no parecía entusiasmado con la idea de tener más animales en el barco, creo que no nos estábamos entendiendo.

-No, a ver, lo que yo quiero decir es… -comencé a explicarle, hasta que Jolyne habló al mismo tiempo e interrumpió mi frase diciendo que ojalá fuera un caballo de verdad. -Claro, lo que intento deciros es que el caballo… -comencé de nuevo, intentando retomar la explicación hasta que volví a ser interrumpido, pero esta vez por Triana.

Ella decía algo de robar un diamante, cosa que tenía mucho más sentido que robar un caballo y partirlo por la mitad y, aunque pudiera ser que tuviera razón, me molestó el hecho de que me estuvieran interrumpiendo tanto. Así que me crucé de brazos, hinché las mejillas cabreado y susurré: -Nadie escucha al capitán…

Pero el berrinche duró poco ya que nuestro invitado llegó a la cubierta y en un abrir y cerrar de ojos, como si estuviera en su casa, se puso a colocar mapas y a hablarnos. Era cierto que buscaba un diamante, el diamante de Icar.

-Así que el diamante le pertenece a Icar, ¿eh…? -dije en voz baja, comprendiendo el plan en su totalidad. -No es un juego, oído. -le contesté, de forma casi inconsciente.

Parecía ser que el diamante de estaba custodiado por una seguridad tremenda, nos enseñó la sala de seguridad del hotel y dijo que había un tío al que le gustaban las rubias y que tenía una llave que nos iba a hacer falta.

-Fácil. -contesté al plan con total seguridad. -Vale, vamos a organizarnos. Aspros, tu serás nuestra rubia… se que fuiste actor y desde luego tienes más habilidades sociales que Triana. Jolyne, eres escurridiza como una serpiente, tu tendrás que infiltrarte en la sala de seguridad y apagar las cámaras, seguro que para ti es pan chupado. Por cierto Kosax, Jolyne no tiene Den Den Mushi, no se si traes de sobra pero nos haría falta… En cuanto a ti Triana, tu esperarás fuera a que te avisen por Den Den Mushi de que las cámaras ya no funcionan y en cuanto estén desactivadas entrarás al hotel y no dejarás que nadie entre, ni salga, ni llamen refuerzos. Yo estaré fuera sobrevolando la zona, y en cuanto entre Triana entraré yo a robar el diamante. Si alguien tiene que añadir algo al plan que lo diga. ¡Dinero fácil! -grité animado.

-A las horas-

Ahí me encontraba yo, frente al hotel a una distancia prudencial y junto a mis compañeros, a punto de robar el diamante de Icar.

-Como ha dicho nuestro contacto. Esto no es un juego. -dije, antes de ponerme a volar.


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#8
Apenas recordaba a aquel hombre, solo sabía que su voz sonaba realmente molesta. Cuando lo vi aparecer trepando al barco me sorprendió su aspecto. Por algún motivo esperaba que se asomase un joven zarrapastroso, pero se trataba de un hombre adulto con una pinta bastante decente. Con la imagen que tenía de él en mi cabeza no era complicado que esta primera impresión superase ligeramente mis expectativas. Aún así, parecía un tipo acelerado, hablaba demasiado. Lo único bueno de aquello era que nos dio bastante información, daba la impresión de que sabía lo que decía y que iba completamente en serio. Cada vez me convencía más de que no quería entregarnos, aunque su plan era bastante arriesgado y podíamos acabar igual de mal. Cuando acabó de hablar me limité a mirar hacia Yamamura. Estaba en su mano decidir qué hacer. La idea no me parecía mal del todo, así que no iba a oponerme, pero tampoco podía tomar esa decisión.

Yamamura no tardó en aceptar la oferta, estaba decidido. Al conocer la resolución sentí la adrenalina por todo mi cuerpo. Por fin comenzaríamos a labrarnos un nombre y conseguiríamos dinero suficiente para cubrir todas nuestras necesidades y, por su puesto, nuestros caprichos. Y si a aquel hombre se le ocurría jugárnosla de alguna forma no pensaba tener piedad. Conseguiría ese dinero como fuese, ya sea vendiendo el diamante o sus propios órganos. Ahora quedaba lo más importante, pensar en un plan. A pesar de que Yamamura no parecía enterarse de nada, fue capaz de elaborar uno factible en poco tiempo. No sabía como tomarme que pensase en Aspros antes que en mí como rubia seductora, pero tenía razón. No podría mantener demasiado el engaño fingiendo que me agradaba la compañía del guardia y tampoco era muy sutil. Jolyne era la idónea para infiltrarse en cualquier lado, el único problema era que si la descubrían no sería muy silenciosa con sus ataques, así que más le valía saber esconderse bien. Yamamura vigilaría fuera, también un trabajo muy adecuado gracias a su capacidad de volar y de pode aparecer rápidamente dentro si necesitábamos ayuda. Yo tendría que intentar que ninguno de los que estuviesen presentes interfiriesen y luego, según como fuese plan, podríamos entrar a ayudar con los guardias que custodiaban el diamante. Parecía sencillo, pero estaba convencida de que no lo sería. El plan podría irse a la mierda en cualquier momento y teníamos que estar listos para ser capaces de improvisar si era necesario. —Cuidado con confiarnos —fue lo único que les advertí a todos. No sería la primera vez que perdíamos a alguien delante de nuestras narices.

Cuando llegó la hora acordada nos dirigimos al lugar que nos había indicado. Odiaba escuchar las palabras del tipo en boca de nuestro capitán, que parecía que ahora trataba de imitar su forma de hablar. Tenía algo que me sacaba de mis casillas, pero no pensaba permitir que eso me desconcentrase. Yamamura comenzó a volar, dispuesto a comenzar con el plan cuanto antes. No sabía si el tal Koscas o como se llamase querría darnos alguna indicación más, así que decidí esperar un poco más delante del hotel para ultimar los detalles finales. —Seguro que a Aspros no le cuesta quitarle las llaves a ese cerdo que las tiene, creo que es la parte más sencilla del plan. Jolyne, si te pillan huye, cárgatelos de un tiro o avísanos como puedas, entraremos a ayudarte —le dije preocupada por su parte del plan y por ella. Sabía que era buena tiradora, pero no conocía cómo de hábil podría ser ocultándose, aunque seguro que se le daría mejor que a cualquiera de nosotros.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

#9
- Entiendo, entiendo -comenté arrastrando las palabras ante la escueta pero eficaz explicación de Triana sobre el asunto del caballo. Me alegraba que el barco no fuese a convertirse en un establo flotante, por mucho que fuese el eden perfecto para Jolyne, pero el tema de robar un diamante me parecía un cliché de película mala de domingo en TeleMushi.

Me aproximé al barril en el que mis compañeros se habían amontonado para observar la joya de la corona, el motivo por el cual los Alas Negras iban a poner en juego el pescuezo y, más importante aún, la excusa por la cual iba a poder embutirme en un precioso vestido rojo pasión. Tal vez nuestras motivaciones fuesen distintas, pero todos teníamos claro que queríamos ese diamante. Observé al tipo peliblanco de arriba abajo: no sabía si era de fiar, hablaba demasiado y alardeaba de sus dotes en la cama, lo cual lo convertía en un soberano idiota- Y eso es de gustar muchísimo- pensé mientras trataba de imaginar el motivo por el cual una princesa se acostaría con aquel personaje.

Tras las formalidades, me retiré para empezar a dar rienda suelta a mi imaginación. Aquella mañana, los mapas y los botes de tinta iban a ser testigos del nacimiento de afrodita, de la creación de una estrella- Preparaos para perder el aliento, habitantes de Elíseo.

Llegó la noche y me sentía totalmente preparada para llevar a cabo mi parte del plan. Tras horas de trabajo (y que decir, un hermoso lienzo sobre el que dibujar), conseguí aumentar mi belleza a la décima potencia. Al salir del camarote, el mundo comenzó a temblar ante tal visión. Enfundada en un bonito vestido rojo de tirantes y un escote más bajo que el IQ de Jolyne, lucía un esculpido cuerpo tallado por los dioses. Las curvas se sucedían sin cesar y largos mechones rubios caían como cascadas doradas sobre mis hombros hasta morir a la altura de mi estrecha cintura. Aquel día había decidido lucir una mirada afilada y azul como el cielo, que contrastaba con unos jugosos labios rojo putón. Los elegantes tacones de aguja me conferían una altura considerable- Está mal que yo lo diga, pero parezco una princesa, jujujujuju -reí al compás de dos enormes pechos que amenazaban con escapar de su escueta jaula. Con un gesto elegante, me cubrí los desnudos hombros con una larga chaqueta de plumas y me encaminé junto a mis compañeros hacia el punto de reunión. Sentía como las miradas se clavaban en mí, siendo consciente de que aquellos hombres (y alguna mujer) buscaban clavarme otra cosa. - Que difícil es ser deseada, ¿no creéis?

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



#10
En el barco apareció un tipo con pinta de viejo y con la voz más repelente que había escuchado nunca. Aunque no compartía sus formas, no pude evitar contagiarme de su espíritu competitivo y de su ambición, cosa que me preocupaba profundamente. ¿Estaría intentando colarnos esta historia para que le hiciéramos el trabajo sucio? Probablemente, pero tampoco teníamos otra opción para conseguir tanto dinero en tan poco tiempo. Solo podía asentir y tratar de recordar todo lo que nos decía mientras nos enseñaba los planos del lugar.

Nuestro objetivo era el diamante de Icar. ¿Ahora se ponían nombres a los pedruscos? Si fuera un caballo lo entendería, pero esto ya me parecía demasiado. Y por si fuera poco, Yojimbo, que era el que menos parecía enterarse del tema, fue el que nos dio el rol a cada uno de nosotros. Me halagaba que confiara en mi para infiltrarme, pero tenía razón en que me faltaría un Den Den Mushi para avisar al resto si algo sucediera. -Sí… Me pregunto por qué yo no tengo uno de esos - dije mirando a Triana, sabiendo que ella fue quien impidió que lo tuviera. Como si yo fuera una paleta de pueblo que no sabía ni hablar por caracol. -Pues sí, Triana. Las señales de humo quedaron anticuadas desde hace un par de años – pensé para mis adentros. Después de escuchar todo el plan de Yojimbo y las advertencias de Triana, acepté sin objeciones. No podía hacer mucho más en aquella situación. El plan parecía relativamente sencillo y a Kosax se le veía bastante convencido, pero como dijo Triana, más valía no confiarse y subestimar a gente tan codiciosa que hasta le ponía nombre a una piedra brillante.

Esa noche, antes de comenzar con nuestra misión, Triana repasó nuestros papeles. Me indicó que, si me pillaban, escapara y, de ser necesario, me dio la orden de disparar. – ¡Listo Calisto! Yo me encargo - respondí animada y con el pulgar levantado. La idea principal no era entrar dando tiros; llamaría la atención y eso no nos convenía. Debía intentar ceñirme por todos los medios al plan de apagar las cámaras sin armar ningún alboroto. Aspros, que había salido del camarote como una auténtica belleza de concurso, ya había adoptado su papel a la perfección, lo que me hizo darme cuenta de que el plan ya estaba en marcha y que no podría quedarme atrás. – ¡Hala! Tienes más color en la cara que un lechón – dije con admiración.

Acto seguido cerré los ojos, exhalé profundamente e intenté calmarme. -Yo también estoy lista. No me convenía lo más mínimo dudar o ponerme tensa en una situación como aquella. Aunque sabía que no sería tarea fácil pasar desapercibida por completo, tenía que intentarlo. O más que intentarlo, tenía que hacerlo. Porque como bien decían Kosax y Yojimbo, esto no era un juego. Esperaba que mi pequeño as en la manga funcionara sin problemas, pero debía estar preparada por si surgía algún inconveniente.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli



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