El incansable [parte II] - (Evento Local) [Presente Absoluto]
#1
Día 27 de Otoño del año 11.
Calm Belt - Impel Down.
15:40 a.m.

Durante vuestras conversaciones, donde algunos hablaban más y otros lo hacían menos, el gran barco de la Capitana Jenkins bufó como un animal herido haciendo retumbar el imponente sonido de su bocina, anunciando tierra a la vista. Y no cualquier tierra, si no más bien el mismísimo infierno: Impel Down.

Impel Down estaba ubicada en medio del Calm Belt, formando uno de los vértices de un curioso fenómeno marítimo conocido como la Corriente Tarai, una triangulación de tres emplazamientos clave de la marina cuyas aguas peculiares dificultaban el acceso y limitaban la direccionalidad del mismo de una forma concreta. Pero eso no era el tema ahora. Impel Down estaba en el Calm Belt y eso significaba que ningún barco de vela podría moverse por estas aguas al no haber viento ni corrientes. Además, como bien os había informado Daisen gracias a sus estudios y oficio, era el territorio de los Reyes Marinos, unas bestias de proporciones enormes y extremadamente territoriales que no dudarían en atacar a cualquier cosa que considerasen un intruso o una amenaza, siendo obviamente un barco, a sus ojos, las dos cosas. Los Marines habían conseguido mitigar este problema recubriendo los cascos de sus barcos con un material proveniente del mar, el Kairoseki, que en mayor o menor pureza aparte de otorgar más dureza y resistencia, hacía que los cascos de los barcos emitiesen una esencia similar a la que existe en el mar, haciendo que cuando los Reyes Marinos detectaban movimiento en la superficie y miraban para comprobar qué problema había, sólo "sintieran" una de esas piedras marinas - Kairoseki - y no lo tomasen como una amenaza o un intruso. De esta forma los Marines podían navegar en paz por estos lugares, lo cual les daba ciertos bonos pues otros barcos que entrasen aquí, tendrían que verselas contra los Reyes Marinos.

Ubicar la prisión más grande y más numerosa, y que albergaba también a los piratas más peligrosos del mundo y de la historia - capturados - en un lugar así tenía un sin fin de ventajas: No solo el mar no tenía corrientes y dificultaba la salida, si no que contaban con carceleros fortísimos extraoficialmente, los propios Reyes Marinos. Así que la única forma de salir era en un propio barco de la Marina. Pero además la construcción de la prisión, que era una torre submarina, estaba ideada por niveles y por profundidad. Sólo tenía un método de acceso en la superficie, una única puerta, y después irías descendiendo por fases y secciones, seis concretamente. A más profundo bajases más peligrosa sería la sección y piratas y criminales más sanguinarios habría allí. Esto hacía que se evitasen fugas por las paredes pues el mínimo agujero o problema podría inundar todo el piso y mataría a todos los presentes, y nadie  - por mas que no tuviese akuma no mi - a excepción quizá de los gyojins, serían capaces de aguantar la presión y nadar hasta la superficie, donde se encontrarían con los problemas ya mencionados. Era un bastión inexpugnable y nunca nadie en toda la historia había conseguido escapar de allí.

La puerta de vuestro camarote se abrió súbitamente y pudisteis contemplar el rostro amable de Gio, que os miraba sonriendo y con la respiración algo agitada: Había venido corriendo. — ¡Llegamos! — gritó con alegría, y entonces se dio cuenta de su intromisión, cuadrándose en posición de saludo marcial y serenando su rostro intentando parecer profesional — ¡Cadete Gio Rose a su servicio, señor! — dijo con energía — ¡En breves instantes desembarcaremos en Impel Down, señor! — añadió y dio un taconazo. Entonces relajó un poco su tensión en general, rostro y postura — Podrían pensar que tendrían otro guía en algún momento — y se llevó el pulgar derecho al rostro para autoseñalarse — ¡Pero era yo, Gio! — añadió a un tono aun más alto y entonces entró en la estancia dando un dos pasos rebuscando en su zurrón, que colgaba de su cadera derecha, sacando una cantimplora — Dicen que Impel Down es el mismísimo infierno, y en el infierno siempre he oído que debe de hacer muchísimo calor, así que les he preparado este odre de agua para que no tengan sed durante su estancia — dijo, extendiendo la cantimplora hacia Sephiroth con una enorme sonrisa y algo de rubor en sus mejillas — ¡Ánimo, héroes! — añadió el muchacho con admiración y tras entregar el odre de agua y cuadrarse de nuevo en saludo militar, salió corriendo de la estancia a mezclarse con el tumulto del resto del barco que se preparaban para desembarcar.

En la sala de comunicaciones daban reportes sobre un gran enfrentamiento en Toko relacionado con Finn Slingerland, pero sólo pudisteis escuchar su nombre y que había habido víctimas mortales. El tumulto y el bullicio os indicaban a todas luces que tendríais que ir a cubierta para desembarcar, y allí poder encaminaros por el puente de acceso hacia la entrada del lugar más terrorífico para cualquier criminal: Impel Down.
Por suerte, contabais con vuestra férrea confianza, vuestros lazos forjados con las vivencias, la fuerza de los sueños de otros y por supuesto, con el Agua di Gio.



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#2
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Ojalá aquel momento todos en la mesa no se hubiera acabado.

Pero por desgracia, acabó. Mientras todos hablábamos y pasábamos un buen momento, repentinamente la puerta del camarote de Daisen, que era donde estábamos comiendo, se abrió de golpe, dando paso al joven cadete Gio Rose, el cual estaba extenuado, pues parece ser que vino corriendo a toda prisa, pero se dio cuenta e hizo el saludo militar. En esta ocasión, me dejé llevar un poco por el momento, estaba relajado, y quise quitar un poco de mi profesionalidad para saludar de manera normal a Gio, sin hacer el saludo militar - ¡Que tal joven, relájate y respira! - Le dije en tono amable. Por fin, nos hizo saber que íbamos a desembarcar, pues habíamos llegado prácticamente a nuestro destino. Mientras se acercaba a Sephiroth, nos comentó que en aquel sitio hacía mucha calor, para acto seguido, darle una especie de cantimplora a mi compañero pelirrojo. No sé si era una metáfora, refiriéndose a que aquel lugar era un completo infierno, o es que, realmente, hacía calor - por alguna extraña manera - cosa que a mí, no me preocupó mucho, se me da bien aguantar las temperaturas altas, y además veníamos de Toko, una zona totalmente árida y con temperaturas cálidas. No pude evitar mirar preocupado a Ikirami, pues sabia que este tipo de climas no los llevaba especialmente bien.

Tras esto, Gio se dio media vuelta saliendo por la puerta para prepararse con los demás para bajar del barco. Miré a todos mis compañeros - Bueno, parece ser que se acabó la comida - Dije mientras colocaba ordenadamente los platos y cubiertos, para quien fuera a recogerlos, lo tuviera más cómodo - Sea lo que sea, si estamos juntos, estaremos bien - Dije con una sonrisa, invitando a todos a salir de allí juntos. Al abandonar el camarote del grandullón, y subir hacia cubierta, parece ser que, cerca de allí, había una sala de comunicaciones, en la que, ligeramente, se podía escuchar las conversaciones. Intenté agudizar el oído, y escuché claramente un nombre: Finn Slingerland. Solamente eso. Se me revolvió un poco el estómago, pues sabia que era un pirata peligroso, y para colmo, estaba en isla Toko de donde veníamos, pero quise pensar que todo estaba bien, que habían conseguido darle caza allí, pero no quise darle importancia ahora, no era el momento. Nosotros teníamos otra tarea.

Al llegar a cubierta, el tumulto y bullicio de los marines era notorio, pues se estaban preparando para desembarcar, por lo que no fue nada difícil seguir un camino para salir de aquel enorme barco. Me garanticé de que todos mis compañeros estaban cerca y podríamos bajar juntos, y, al comprobar esto, me fijo en la capitana Jenkins, la cual estaba donde el timón y apoyándose en su espada, nos estaba observando, no la vimos en estos dos días, y me chocó bastante. Me limité a hacerla un saludo militar sencillo y con calma para despedirme de ella mientras levemente afirmaba con la cabeza, para hacerla entender que agradecía la hospitalidad de su barco.

Una vez la pasarela del barco bajó, junto al puente de aquella prisión, completó el camino para ir a nuestro destino, Impel Down. Lo primero que se podía observar de aquel sitio era aquella gigantesca entrada del puente, parece ser que estaba bordeada en forma de círculo, grandes barcos de la Marina estaban anclados alrededor. Era algo impresionante, y para que mentir, imponía mucho respeto. Solamente nos dedicamos a seguir por el puente hasta llegar a la entrada de aquel sitio. A mitad de camino, llame a mi compañero - Oye, Sephi - le dije con calma - ¿Puedes prestarme un momento la cantimplora que te ha dado Gio? - Pregunté esperando su respuesta - Te la devolveré -

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#3
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Note a Tenshian tímido con mis preguntas, como que no esperaba que lo hablase, no obstante, antes de que pudiera indagar más en los gustos de mí compañeros. La agradable comida finalizó abruptamente con el petardo de Dio llamándonos y diciendo que habíamos llegado a nuestro destino, le dio una extraña cantimplora a Sephirot con agua.

-Uf, qué raro huele, está el ambiente como cargadísimo, ¿huele así la prisión submarina esta? 

Pasamos por delante de la sala de comunicaciones donde parecía que algo estaba pasando con un tal  Flin chosingergand, y que parece que a Joe le llamo la atención, ni idea de quien era ese tipo, pero no parecía que fuera de mi incumbencia ahora, lo que si era de mi incumbencia es lo que venía a continuación, llegamos a la puerta de entrada de la prisión, Daison se había quedado corto, el sitio era tan impresionante que no solo yo, sino también él parecía pequeño ante esa gran fortaleza, y por lo que había contado mi compañero lo gordo estaba hacia el fondo del mar el lugar parecía inexpugnable.

-Joe, ¿en serio te necesitan aquí, en la prisión está tan tocha solo para darnos un informe y decir que nos hemos portado mal? Este sitio da miedo y aún no hemos entrado en el. ¿que paso con los falton esos? 

Me di cuenta de que la Capitana petarda esa nos veía desde detrás, desde el timón de su barco, con un rostro serio. Aquí algo se cocía y no nos habían contado una mierda, además Joe me mantuve en guardia y tensa mientras nos daba acceso a  Pippin Now. Es cierto que he estado dos días encerrada y tuve la oportunidad de hablar con Joe sobre el tema de los Falton y por lo que le requerían allí, pero no le había preguntado hasta ahora y mi ignorancia por la situación me estaba poniendo nerviosa.


[Imagen: 9GdOzk1.png]
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#4
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Cuando ya casi todos en los aposentos de Daisen habíamos concluido con nuestro almuerzo, el sonido estruendoso de la bocina del barco resonó, anunciando nuestra llegada. Poco después, el siempre alegre Gio irrumpió en la habitación, abriendo la puerta con una energía contagiosa. Con una sonrisa en el rostro, nos informó de que habíamos alcanzado nuestro destino. No pude evitar reírme cuando Gio hizo un comentario jocoso, insinuando que tal vez esperábamos a otro guía y no a él. Luego, se acercó y entregó una cantimplora a Sephiroth, comentando con humor que, si aquel lugar era el infierno, seguramente estaría sofocante, y que era crucial mantenernos hidratados.

-Te lo agradezco, Gio. -respondí con una sonrisa- Eres muy considerado.

Aunque en el fondo esperaba que no fuera así. Detestaba el calor extremo y, para mi desgracia, no había traído ninguna camisa de manga corta. Levanté la mirada hacia el techo, soltando un suspiro largo, abrigando la esperanza de que las temperaturas no fueran tan elevadas. Ya había soportado suficiente calor en Toko. Karl, por su parte, comentó que percibía un olor peculiar. Incliné la cabeza, olisqueando el aire, pero no detecté nada fuera de lo común.

-¿A qué te refieres? Yo solo huelo la comida y el perfume de Sephiroth -pregunté, mirándola con una expresión de confusión.

Después de eso, Gio se despidió y se sumergió entre la multitud de marines que llenaban el barco. Tras unas palabras corteses de nuestro comandante, asentí en señal de acuerdo y nos dirigimos hacia la cubierta. Al pasar por la sala de comunicaciones, sin intención de entrometerme, capté fragmentos de una conversación sobre alguien llamado Finn Slingerland y menciones de muertes. Supuse que se trataba de un pirata y esperaba que recibiera su merecido castigo.

Finalmente, el grupo completo descendió del navío. Desde la zona del timón, la capitana Jenkins nos observaba con su característico semblante imperturbable. "¿Seguirá preocupada por su pequeño complejo?”, me pregunté. Con un gesto amistoso, levanté la mano y la moví en señal de despedida a la distancia, culminando con el saludo reglamentario de la Marina. "Espero que se recupere." pensé con una pizca de simpatía.

Continué mi camino, observando con detenimiento lo que nos aguardaba: una fortaleza rodeada por una muralla imponente, con una única entrada visible. La edificación era más pequeña de lo que había anticipado. Me resultaba difícil creer que pudiera albergar a tantos prisioneros en un espacio tan limitado, lo cual me dejó algo decepcionada. Esperaba algo más grandioso. No obstante, lo que realmente me sorprendió fue ver varios acorazados posicionados alrededor de la muralla, listos para defender la fortaleza de cualquier amenaza. Era la primera vez que presenciaba un despliegue tan impresionante de navíos de la Marina. Mis ojos se abrieron de par en par mientras los examinaba con atención. Aunque no pude contarlos con exactitud, parecía que la fortaleza estaba completamente rodeada por, al menos, una decena de ellos. Esa vista me provocó un ligero nudo en el estómago.

-Vale, creo que ahora sí que estoy un poco nerviosa. -murmuré entre risas nerviosas, pasando una mano por mi cabello mientras miraba a mis compañeros.

La atmosfera de aquel lugar era algo extraña, pues no sentía la habitual brisa del mar que debería darse en un sitio como aquel en mitad del océano. Sabía lo que era el Calm Belt y lo que sucedía en aquel lugar. Eché un vistazo hacia el agua un poco nerviosa pensando en que podía haber literalmente monstruos acechándonos desde las profundidades, pero no me amedrenté por ello.

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#5
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Mientras estábamos acabando la comida el ambiente estaba algo más calmado que al inicio de la misma. Se notaba que las cosas habían surgido de una manera precipitada pero no me cabe duda que mis compañeros de división son unos auténticos batalladores. Nunca es fácil perder a alguien, eso Daisen lo sabe bien. Sin embargo en la marina dudo que haya algún hueco para ponerse uno delante de los intereses de la misma. Probablemente Daisen había comido mucho, pero bueno comenzaban ahora el trabajo así no sabía cuando volvería a sentarse de nuevo a probar bocado, así que está contento por esa parte.

Sephirot estaba algo alicaído y Karglass aunque se la notaba algo mejor seguía preocupando al semigigante. En cuestión de muy poco tiempo tendrían que afrontar las tareas del día a día y aunque no quisieran es el deber de un marine.

De un momento a otro mientras la conversación sigue en mi camarote, la puerta se abre y entra el Cadete Gio con algo en la mano. El mismo se acerca después de saludar y comienza hablarnos sobre nuestra recién llegada a Impel Down. Le entrega a Sephirot una cantimplora. El cadete Gio asegura que hace mucho calor en Impel Down y Daisen se pone a pensar en todo lo que había averiguado pero también en lo que no había averiguado sobre Impel Down. En el archivo había también documentos clasificados y estaba seguro de que algunos de ellos nunca habían estado en el barco.

El ruido del barco más los indicadores de llegada eran suficientes como para despertar a cualquier persona con sueño profundo que estuviese dormida. El ruido de pisadas, campanas, gritos y gentío eran más que suficiente para anunciar a cualquiera que nuestro destino está a muy poca distancia.
Daisen está nervioso aunque intenta aparentar serenidad. La capitana Jenkings le había llamado Guardián y eso le había llenado de orgullo aunque sabía  lo que hasta el más novato de ellos era capaz de hacer. Daisen no piensa quedarse atrás y se promete así mismo no ser nunca una carga para nadie.
Por lo pronto Daisen coge sus  cuatro aperos y se dispone a salir de su camarote improvisado junto con el resto de sus compañeros. De camino hacia fuera se puede ver el ajetreo y el trabajo que supone arriar un barco a un puerto. Bajar las velas, recoger amarras, aproximarse, la cabuyería y demás parafernalia que eso conlleva es impresionante.

Mis compañeros salieron conmigo y por fin pudimos vislumbrar el infierno en la Tierra; Impel Down, que era como coloquialmente llamaban los piratas a aquella obra de arte. Después de un par de días de zozobra subidos a un barco por fin tocaban tierra firme, y Daisen no puede evitar decirlo:

¡Bueno bueno bueno, Bienvenidos a Impel Down Marines de la división treinta y cuatro, WAYAYAYAYA!


ACLARACIONES
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#6
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La puerta del camarote se abrió de golpe, por lo que me dispuse a mirar quién era el que interrumpía de aquella manera, era el cadete Gio. Estaba exaltado, la verdad no sabía qué pensar de él, estaba en el barco de una capitana y con nosotros se comportaba de tal manera que parecía idolatrarnos y dado en la situación que se encontraba me parecía, mínimo, algo raro.
Este agitado nos dio las nuevas de que habíamos llegado a nuestro destino, Impel Down estaba a solo unos pasos y en aquel lugar íbamos a ser evaluados, la sola idea de ser testado me sacó de todos los pensamientos que tuve con anterioridad, no podía anclarme en el pasado junto a Vulkan y Minato juré ser más fuerte y conseguir mi objetivo y esta era una oportunidad para dar un paso hacía el mismo. Tras Joe decirle que se relajase, Gio nos dijo que había oído el infierno, que era esa prisión y que sería porque haría mucho calor, me miró y extendió su mano para darme una bota llena de agua. La cogí y me la colgué junto a mis dos katanas - Gracias por el agua, Gio le dije con una tímida sonrisa, pues era de buen nacido ser agradecido.

Antes de llegar a salir del camarote, Karlglass mencionó que el ambiente estaba cargado y que olía raro, algo que sorprendió a Ikirami que le respondió que solo olía a mi perfume y a comida, sabía que Karl odiaba mi colonia, pero no creo que se refiriese a eso, pues ya estaba acostumbrada, empecé a pensar que era algo más relacionado con acercarnos a un lugar donde literalmente había gente en cautiverio y su pasado con esclavistas, por muy delincuentes que fuesen no dejaban de estar encerrados, aunque en este caso con razón por lo que no sabía si estaba en lo cierto al pensar en ello.
Seguimos a Joe, yo estaba posicionado a su derecha, a cubierta pasando por el centro de comunicaciones del barco, hasta abandonar el navío por la rampa de embarque. Desde el timón la capitana Jenkins nos observaba con su semblante serio "¿Qué es lo que pensará de nosotros?" Al bajar al muelle que llevaba a la entrada que tenía la prisión me di la vuelta para ver a lo lejos una gran puerta negra que sobresaltaba sobre el cielo y el mar azul. Al volver mi vista al frente no pude dejar de admirar la construcción que tenía frente a mis ojos, rodeado por buques de la marina, los cuales eran la primera línea de defensa, se encontraba una gran muralla que rodeaba el edificio principal que apenas asomaba por encima de la muralla y al fondo del muelle un gran rastrillo custodiaba e impedía que nadie entrase o saliese de aquel lugar sin autorización. Bienvenidos a Impel Down, dijo riéndose a Daisen.

No podía dejar de admirar la impresionante construcción de piedra que tenía frente a mis ojos, cuando Joe me preguntó sobre la bota. -Claro, toma Joe respondí mientras descolgaba el odre del cinturón y se lo entregaba. Aunque por mí, como si te lo quedas, no vaya a ser que lo rompa sin querer si me veo en la obligación de desenvainar Añadí con una sonrisa y dando unas pequeñas palmadas a las empuñaduras con mi mano izquierda. Ikirami dijo que estaba nerviosa por lo que me gire para darle mi apoyo, entonces vi como se pasaba la mano por el pelo y como de costumbre hizo que me sonrojase, al dirigir mi mirada hacía Ikirami pude fijarme en que Karl también se encontraba tensa por lo que intente tranquilizarlas. -Tranquila, nada malo nos pasará si podemos mantenernos juntos dije con tono tranquilizador y una sonrisa tímida, pues me costaba mirarla a esos ojos escarlatas Puedes preguntarle a Karl si estás en buenas manos, ¿Verdad? le pregunté a Karl intentando que esta recordase que no tenía nada que temer estando juntos.
|Hablo/"Pienso"/Narro|
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#7
El transcurso del viaje llegaba a su fin, habíamos llegado a nuestro destino. Aunque no me puedo quejar en absoluto. Sin duda, toda esta experiencia había servido para recapacitar sobre uno mismo y hacer un ejercicio general para integrarnos más y fortalecernos como equipo. Pero todo tenía un final, y nuestra misión tomaba forma en la prisión más importante del mundo. 

Aquello era jolgorio y buen rollo hasta que, entra a toda velocidad el guardia que nos hizo de guía en nuestro primer encuentro, el soldado Gio. Con su llegada, nos da el aviso de la inminente llegada a la prisión y nos suelta un par de pequeños datos sobre Impel Down. Tras ello, nos obsequia con un recipiente de agua que va a parar a manos de Sephi y unos elogios de ánimo. Se hicieron un par de comentarios sobre el olor del agua regalada, nada que fuera conmigo. Sin embargo, me deja pensativo. Con todo dicho y avisado, desaparece entre la multitud que se prepara para abandonar el barco al igual que nosotros.
Abandonamos el camarote de Daisen todos juntos, ya con todo listo y preparado para partir. El ajetreo era generalizado, con soldados de un lado para otro cumpliendo tareas mientras que otros se proponían abandonar la embarcación. Por encima de todos ellos, me llama la atención poderosamente un pequeño gesto de Joe frente a una sala de comunicaciones. El detalle es fútil, pero desde la retaguardia se ve todo mejor. Más cuando Karl también parecía darse cuenta, aunque al igual que yo, no le da un valor relevante. 
Saliendo ya del recinto, se puede ver la majestuosidad terrorífica y arquitectónica del complejo que teníamos en frente. Un lugar donde nadie quiere entrar, ni héroes ni villanos. Un sitio conocido como el infierno en la tierra. Y a mí... A mí me llamaba más la atención la figura altiva y lejana que nos observaba desde una posición privilegiada en las alturas. La capitana Jenkins, apoyada en su espada, no nos quitaba el ojo de encima, como si de una halcón mirando a su presa se tratara. Yo nada más veo que nos acecha, me volteo rápido deseando no haberla visto. Y si todo esto de estar en un lugar terrible y ser observados todavía me sabía a poco, la teniente se dirige a Joe con las palabras más desacertadas para el momento, demostrando malestar con la situación y sin entender las razones de nuestra estancia.

Todo me suele importar bien poco. Confío en mis capacidades, y rara vez me cuestiono las cosas. Pero cuando en una mano caen 4 ases, el universo quiere que apuestes fuerte.
-¿Que leches está pasando aquí? Karl está empezando a dudar de todo esto... Joe parece estar al tanto de algo que el resto no... Y la persona que nos ha mandado aquí parece más en nuestra contra que con nosotros, y eso que quería hablar con ella...- pienso mientras avanzamos, rascándome la perilla desde la retaguardia de la división. Puedo ver cómo Joe le pide el agua a Sephi, y este no duda en entregárselo. Yo aprovecho, armándome de valor, para colocarme a su izquierda y con seriedad comentarle. -Comandante, ¿tiene un segundo...?- entonces aflojo la voz y agacho la cabeza, suficiente como para que con suerte, solo me escuche él y la persona colindante si cabe.- Comandante... ¿Galardones, reuniones o burocracia aquí dentro? Este lugar solo es de castigo. Puede confiar su vida y la del resto en mis manos, pero, por favor, esté alerta en todo momento aquí dentro...- termino de declarar, con profunda preocupación y seriedad.
Impel Down no era una ciudad de vacaciones ni de turismo. Y que una división entera, gigante incluido, entrara de cabeza, me hacía cuestionarme muchas cosas. Algo no me olía bien, y esta vez, no era el perfume de Sephiroth...

Aclaraciones
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#8
Día 27 de Otoño del año 11.
Impel Down.
15:50 a.m.

[Imagen: B9bIEsK.png]

Estabais en Impel Down.
El coloso arquitectónico y una de las construcciones más arriesgadas, emblemáticas e impresionantes de la marina. Una torre de cuatro kilómetros de alto - si, habéis leído bien - cuya base estaba anclada en el fondo marino. A la vista tan sólo dos pares de cientos de metros, mostraban unas puertas de dimensiones enormes, por las cuales podría pasar un ser monstruoso de poco más de cien metros tranquilamente. Estaban custodiadas por dos torreones magníficos más altos que estas incluso, en cuyas copas había dos pelotones de la marina - en cada uno - apostados en las almenaras controlando tanto el exterior, como el puente, el estado de los barcos que sitiaban la prisión, y parte de la zona interior más inmediata. De hecho, si prestábais la suficiente atención, podríais descubrir que la plataforma en realidad era un octógono y tenía una torre como esas en cada vértice, sumando además un buque de guerra de la marina en cada lado del octógono. Las defensas sin duda no escatimaban gastos. Los grandes muros que componían los lados de dicho polígono pasaban con facilidad los cuatrocientos metros de alto y obviamente os impedían ver todo lo que había detrás.

Aun estabais en el puente de acceso que daba lugar a la puerta, y pareciera que el viento arrastraba el eco de gritos, lamentos y quejidos aleatoriamente, mezclados con el ruido de las olas del mar rompiendo contras las rocas de la fortaleza. El barco de la capitana Jenkins - quien ya se había vuelto a meter dentro del camarote - anclaba y aunque mantenía el revuelo que de costumbre en cubierta, daba toda la impresión de que iban a parar un tiempo allí, bien fuera para reponer fuerzas, víveres o por otras misiones y necesidades como había mencionado Jenkins en vuestra conversación.
El puente era lo suficientemente amplio como para que Daisen pudiera bailar. Podría decirse que harían falta cinco Daisens uno al lado del otro para ocuparlo por completo, lo cual, sumado al tamaño de la puerta, daban a entender que las instalaciones tenían proporciones colosales, y tenía mucho sentido si se pensaba que los gigantes también podían ser criminales y alguno habría de pasar el resto de su vida tras estas paredes.

Pero conforme avanzabais por el puente y os acercabais a la puerta, más detalles podíais ver. Y es que la puerta pareciera estar formada por más puertas de menor tamaño cada vez, como si fueran rectángulos concéntricos. Se podía distinguir un marco en cada una de las puertas, albergando una medida de cincuenta metros, otra de veinte, otra de diez y otra de cinco. Esto era una medida de seguridad para abrir sólo lo suficiente para dejar pasar al criminal en cuestión y a sus custodios y no darle más margen de maniobra del necesario. Y ahí, cuando llevabais recorrido casi todo el puente y habíais observado que dos guardias del tamaño de Daisen custodiaban la puerta con un uniforme que incluía una tela que cubría sus caras, como una capucha pero enteriza, con dos agujeros para los ojos, la puerta más pequeña se abrió de golpe haciendo que dichos guardias se cuadrasen en posición dándose un golpe en el pecho.

— La división treinta y cuatro, supongo — dijo una voz aguda y rápida, locuaz y viva, que pareciera provenir de la puerta que acababa de abrirse pues se escuchaba con cierto eco — Bienvenidos a Impel Down — dijo mientras la escuchábais más cerca perdiendo ya el efecto del eco — Soy Nicholas Vangeance, el vicealcaide de Impel Down. Es un placer recibirlos-ton — sentenció finalmente la voz, que podíais escuchar perfectamente entre los dos guardias colosales, y justo cuando terminó de hablar pudisteis oír el chocar de unos aceros en el interior de la estancia, cruzando las puertas, así como unos gritos de improperios e insultos entre dos personas.




Resumen

Valoración

Narrador
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#9
Atributos Personaje


Seguía completamente inquieta y a la defensiva y no era para menos la verdad. Además, parecía no ser la única en esa situación. Joe parecía el único tranquilo aunque aún no respondió a mi pregunta, Sephirot intento calmar a Kii con voz temblorosa e interpelándome a mi.

-cla.. Claro compañero, mientras estemos juntos, ¿qué puede pasarnos? Además, no estamos solos, mirad aquellas almenaras, y esos buques, todos llenos de compañeros. Este lugar... da miedo. 

Realmente no estaba nada segura de mis palabras, pero al menos es cierto que estábamos todos juntos.  Mientras más avanzábamos por ese puente, más a la defensiva estaba, éramos invitados a la mayor cárcel del mundo, si, para dar un informe sobre unos piratas, no era un cuartel de la marina, era una cárcel, no íbamos a interrogar a nadie, no había posibilidad de escapar de allí y yo no me fiaba nada más que de mis compañeros de división y a la mitad prácticamente ni los conocía. No era la primera vez que me vendían sin venir a cuento y la capitana Perkins no había sido nada amable con nosotros, al menos no según mi manera de ver las cosas, según mi manera de verlo, no éramos más que unos ratonzuelos camino a una trampa de ratones. Todo esto me olía muy mal y tenía bastantes motivos para ello. cálmate Karl, eres una marine, eres de las buenas, aquí están los buenos, seguro que todo esto tiene una explicación, simplemente ten paciencia , sin embargo, los gritos agonicos que se escuchaban ya fuera de la prision no eran muy tranquilizadores, aunque fueran de los piratas alli encerrados y que sin duda debian estar a buen recaudo bajo esa gran fortaleza, era algo que me ponia los pelos de punta.

Quise volver a preguntar a Joe sobre los falton, pero Tenshian le estaba preguntando un poco con las mismas inquietudes que yo avanzando desde la retaguardia para posicionarse al lado de Joe, yo cogí su lugar en la retaguardia junto a Daison, cerrando el grupo.

Poco a poco nos íbamos acercando a la puerta de la prisión y pudiendo ver más detalles de la misma, al llegar al final de la misma, observe la extraña puerta que la guardaba y sus dos guardias, que debían de ser gigantes como Daison aunque no dejaban mostrar su rostro debido a que tenían una capucha que parecía de ejecutor y tapaba sus rostros dejando solo mostrar sus ojos.

De repente de la puerta, que costaba de varios niveles, empezó a abrirse por el que parecía su último nivel, uno en el que creo que Daison no entraría y yo seguramente tampoco y empezamos a oír una desagradable y aguda voz que nos daba la bienvenida, aunque aún no lograba ver a la figura que se presentaba sabiendo que éramos la división 34. Era el vicealcaide.  La voz y la imponente puerta hicieron de nuevo que tensara mis músculos, entendiendo que solo había una persona por encima del poder de ese hombre en la prisión. ¿Por qué éramos tan importantes? Joe era solo comandante de la marina y estábamos atrayendo muchísima atención, nos conocían a todos y nos estaban esperando y nosotros no teníamos casi ninguna información sobre lo que acontecía.

Cuando termino de hablar, pude escuchar unos ruidos metálicos desde detrás de la puerta por la que ya había salido el vicealcalde, antes de poner mi mirada en él susurre a Daison al que tenía al lado.

-Daison, me ha parecido escuchar ruidos extraños detrás de la puerta. Mantente en guardia por lo que pueda pasar, esto no me gusta nada.


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[Imagen: 9GdOzk1.png]
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#10
Por fin estamos en nuestro destino. La llegada se ha hecho esperar pero por fin nos encontramos en este lugar majestuoso. Cierto es que el ambiente le hiela la sangre a cualquiera y en la opinión de Daisen una vida en la cárcel debe despertar en uno los deseos de hacer el bien para siempre. Nadie debería ser malo en este mundo pero este sitio terrenal está lleno de injusticias y por eso se ha creado un lugar como este.

Impel Down impone más que lo que Daisen ha leído sobre el. La majestuosa cárcel tiene una entrada Titánica con dos torreones a los lados que hacen que el semigigante se sienta pequeño. Nuestra división avanza por un puente para nada estrecho donde Daisen podría bailar si quisiera. El barco de la capitana Jenkins se queda pequeño en comparación a Impel Down a quien se le ve parado con la intención de hacer un alto en el camino. Probablemente repondrán suministros y puede que tengan que hacer otro encargo.

Nuestro destino está por ver y puede ser que nos quedemos en Impel Down durante largo tiempo. Daisen estaba acostumbrado a la mendicidad por lo que la idea no le aterra. Además tiene a su división con los que poco a poco va cogiendo más confianza y estar con ellos le hace sentirse más confortable, por mucho que el ambiente que genere la cárcel más grande del mundo no sea el más confortable de todos.

El grupo avanza  en el puente, conmigo a la retaguardia, pero esta vez junto a Karglass. A ella se la ve un tanto intranquila, tanto es así que en cierto momento y en susurros me comunica que algo no le gusta y que debo mantenerme en guardia por lo que pueda pasar.


"Es cierto que el lugar es un tanto atípico pero tenemos que seguir nuestras ordenes Karglass, aunque no sepamos muy bien a donde estamos yendo. Estaré atento a cualquier cosa no te preocupes, WAYAYAYAYA".- Le contesta Daisen en un susurro.



La marcha continúa hasta que nos encontramos con un par de guardias custodiando una curiosa puerta. Los guardias tienen mi mismo tamaño visten uniformes de la marina aunque llevan una curiosa prenda para taparles la cara.No hacía frio pero supongo que será por medidas de seguridad de la cárcel. Le contesta Daisen en un susurro.

Me pregunto que clase de pececitos y monstruos marinos estarán metidos en estas celdas. Siento mucha curiosidad, aunque también me aterra los peligros de estar aquí, como dice Karglass no puedo bajar la guardia.Piensa Daisen mientras siguen andando.


De dentro de la puerta sale una voz de un tipo que se presenta como "Nicholas Vangeance Vice-alcaide de Impel Down"  La voz suena aguada y mordaz, como viva, aunque estamos mirando hacia el interior el foco de la misma no se ve.  Lo que también escuchamos es unos sonidos metálicos y a dos personas discutiendo en el interior de la estancia de Impel Down.

Los dos guardias se cuadran por lo que Daisen se detiene y hace lo mismo efectuando el saludo militar esperando que esa persona se haga visible, dado que ya los ha interpelado y su deber como marine es cuadrarse ante un superior. Esto no quita que Daisen esté atento a todo lo que ven sus ojos de semigigante.


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