[Aventura T4] Cuatro océanos
#31

As sonrió de manera juguetona cuando el gordo Phat puso su pareja de cartas delante de su boca pidiendo suerte por su parte. Tras empujar con su obesa mano la ingente cantidad de fichas al tablero, que bien podrían sepultar a algunos tontattas sin problema, el gordo destapó su jugada tras el soplido de As, colocando en el tapete de forma lenta y prepotente las dos cartas con sumo cuidado. Éstas resultaron ser, precisamente, dos ases. Un As de Picas y un As de Tréboles que se unieron junto a las tres cartas de la mesa: un rey de diamantes, un rey de corazones y un As de corazones. — Trío de ases BUAHAHAHA — rió el gordo jefe de seguridad lanzando su enorme y sebosa mano hacia el gigantesco monto de fichas comunes a todas las apuestas de los jugadores, dando por hecho su victoria. Durante esta jugada, la culebra que Aspros había enviado hacia el bolsillo del jefe estaba de vuelta, arrastrando con ella lo que fuera que hubiera en el bolsillo, entrando directo al bolso de Aspros. El ávido intérprete del robo estaba seguro de su victoria mas tenía que salir de aquella situación sin llamar la atención. No obstante, todo se torció en un instante cuando uno de los jugadores, con voz temblorosa comenzó ha hablar llevando sus cartas tímidamente hacia el tapete, haciendo que el crupier detuviera la mano de Phat en el camino a recoger su premio. — Fu...fu....full. — balbuceó el hombre, mostrando con pavor sobre el tapete de juego un rey de diamantes y el As restante de la baraja, formando así un trío de reyes y una pareja de Ases, haciendo que Phat automáticamente perdiera la jugada y con ello, todo su dinero. 
 
La cara del gigante ruín cambió momentáneamente, quedándose viendo como el crupier arrastraba todas las fichas hacia el hombre y en ese instante, tal y como ya pasó antes, estalló en cólera. Tras un grito enrabietado e ininteligible, se levantó bruscamente y mostrando su enorme embergadura. Golpeó la mesa con sus puños y partió el área de juego para, acto seguido, golpearla desde abajo para volcarla en dirección al ganador de la jugada. Este movimiento catapultó a Aspros varios metros hacia la derecha del jefe de seguridad, que al ponerse de pie, impulsó su "frágil" cuerpo al enmoquetado suelo. Tras esto, Phat se lanzó hacia el hombre y comenzó a propinar una serie de desproporcionados golpes al rostro del ganador, desfigurándolo y matándolo, pero siguiendo la acción a pesar de esto. — ¡MUERE HIJO DE PUTA! ¡EN MI CASA NO! — gritaba el gordo mientras su subordinados trataban de detenerlo. Toda la atención estaba en la pelea y los golpes y gritos pudieron oírse en toda la sala.

Existen formas horribles de morir. Caer desde veinte pisos de altura puede ser, sin duda, un top cinco. Yojimbo, en pos de no tirar la misión a la basura optó por la acción más pragmática: acabar con el nuevo guardia que portaba un Den Den Mushi y, a todas luces, iba a avisar a todos sus compañeros. Eso dejaría a su suerte al pobre muchacho que, en su primer día de trabajo, iba a perecer de un terrible impacto en el asfalto. Durante su caída, este podría ensar en todo lo que debaja atrás y le quedaría por ver, sintiendo como el mundo se ralentizaba en su caída hacia el suelo, viendo como los pisos pasaban lentos y las luces y destellos nublaban su vista por la velocidad. Pero, ¿qué le importaba esto al capitán Lunarian? Ya había matado a otros dos guardias a sangre fría y, para acabar con la amenaza de aviso, este viajó por el aire a toda velocidad hacia el nuevo guardia que apenas había asomado el cuerpo por el ascensor, agarrándolo y propinándole un terrible rodillazo en el plexo solar. El golpe fue tal que sus costillas no resistieron la fuerza de presión y, como si de astillas se tratasen, se quebraron en mil pedazos dentro del torso del pobre hombre que estaba destinado desde ese instante a la muerte por una hemorragia interna. El plan estaba a salvo, pero...¿a qué precio? 
 
Todo parecía ir bien para el capitán hasta que, desde las escaleras laterales, comenzaron a aparecer hombres y más hombres armados buscando a Yojimbo. El capitán, hace unos instantes, había apagado los focos pero, en ningún momento se preocupó de vigilar si la azotea tenía o no cámaras que pudieran delatar su presencia y... así fue. Por lo que en el momento en que se acercó antes a apagar las luces fue descubierto y la seguridad comenzó a moverse. Cincuenta hombres y mujeres abordaron y rodeadon al Lunarian, armados con rifles y arpones. Hubieran sido muchos más si no hubiera sido por la infame Jolyne Jones que detuvo a varios en su odisea hacia la sala de vigilancia y de no ser también por Aspros, que de manera indirecta había ayudado a que los guardias restantes del hotel tuvieran que retener al jefe de seguridad. Ahora el capitán estaba delante de un verdadero reto, y estaba solo.

Triana había agotado su paciencia. Ante la negativa de los Marines de dejarla en paz y su intento de agresión, la rubia espadachina de los Alas Negras esquivó el ataque hábilmente al ebrio Marine que la atacó, agarrándolo y golpeándolo en la nariz, haciéndolo sangrar de manera profusa desde el tabique nasal, que seguramente a partir de ahora estuviera totalmente desviado. Intentó golpear los genitales del hombre pero este se alejó por el primer golpe, presa del dolor y del pánico por tan atroz ataque de la mujer que el consideraba inferior. La gente alrededor estaba absorta con la pelea y fascinada de la habilidad y precisión de los golpes de Triana, que había logrado zafarse de la pelea, advirtiendo a los Marines que se largaran. Sin embargo, poco duró su dicha pues, sin ella poder percibirlo, un nuevo golpe cayó sobre ella... literalmente. 
 
La espadachina pudo sentir un terrible impacto sobre sus hombros que la hizo perder el equilibro y las fuerza, cayendo de narices contra el suelo. El golpe sobre el asfalto fue tal que su cabeza se sentiría algo embotada. Seguramente se encontrara sorprendida y, las voces y chillidos de los presentes harían saltar las alarmas Tempesta que, tras ser ayudada a retirar el objeto que la golpeó y a levantarse por dos hombres que presenciaban la pelea, podría descubrir a su lado a un hombre joven, con un uniforme de vigilancia, muerto en el suelo a sus pies. El joven vigilante estaba irremediablemente muerto tras golpear contra los férreos hombros de Triana tras una caída de, ni más ni menos que, veinte pisos de altura. Ante esto, la gente se acercó a intentar reanimar al chaval que no dio signos vitales. Todo el mundo se acercaba a intentar ayudar y poco a poco la atención se fue retirando de Triana, que si buscaba al otro Marine, podría verle asistir a su binomio con el sangrado nasal. 

La tiradora había comenzado su ascenso por el último tramo de escaleras. Tras reportar a Kosax la situación y de comenzar el ascenso de nuevo, la pelirrosa no tardó apenas unos minutos en llegar al piso veinte. Durante el trascurso de los rellanos, pudo divisar varias cámaras de seguridad pero, aunque era muy factible que estuvieran al tanto de su presencia, por alguna razón que la muchacha desconocía nadie venía a buscarla. Esto seguramente agradaría a Kosax que, estaba esperando deseperadamente dar la noticia a todos de que las cámaras estaban apagadas. Tras unos instantes, la joven tiradora pudo alcanzar el objetivo y, frente a la sala de seguridad, que resultó estar tras una simple puerta de madera normal y corriente, un alertado hombre salió buscando a la tiradora. — ¡Sé que estás aquí! Da la cara... — dijo la última línea de defensa de la seguridad del hotel, un hombre uniformado como los de la azotea, que intentaba escudriñar el pasillo en busca de la tiradora, que permanecía invisible. Si lo flanqueaba, de la manera que fuera, esta podría observar una sala con un montón de ordenadores y máquinas complejas que debían ser desactivadas de alguna manera para apagar las cámaras.

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#32
Sentí como el mundo se sumergía en un incomodo y profundo silencio. Las máquinas seguían sonando, las copas chocando, la gente hablando, pero para mí, todo se detuvo en el momento en el que un tembloroso jugador se proclamaba el ganador de la partida. Path había perdido todo su dinero y orgullo, más temía que eso hiciese que perdiera la cordura. Los presentes habían sido testigos de la forma en la que acababa con la vida de un tipo momentos antes, ¿de qué sería capaz ahora? A pesar de estar prevenido de cualquier reacción, no pude esperar la envergadura de la brutal acometida que le propinó a la pesada mesa de roble. Sentí que mi cuerpo flotaba ante el empuje, que me rodeaban las fichas y los fragmentos de astilla.

Veía aproximarse el enmoquetado suelo del salón, mezclado con imágenes de caos, gente nerviosa y un tipo con la muerte dibujada en el rostro. Empleé mis manos para frenar mi caída e impulsarme para dar una pequeña voltereta y deslizarme por la moqueta hasta parar junto a otra de las mesas de juego, tras la cual me oculté. - Muere hijo de puta- era una sentencia firme a la que nadie podía negarse. Mientras intentaba controlar mi respiración y mantener vigilado al jefe de seguridad, introduje la mano en mi bolso para tantear su interior y extraer el objeto que le había hurtado del bolsillo interno de la chaqueta.

Teniéndolo en las manos, seguía observando como la gente, nerviosa ante tal espectáculo, se levantaba de las mesas, cuchicheaba. Personas bajo el mandato del gran Path acudieron a la escena para intentar frenar el irrefrenable impulso asesino de su jefe. Por mi parte, aproveché también para mezclarme con la gente y alejarme un poco de la escena, sin perder el foco en el que probablemente aun fuese mi objetivo.- Pobre diablo, te habría valido más perder la pasta que la vida - pensé al ver la sangre que salpicaba el traje de Path con cada puñetazo que le propinaba a aquel títere sin vida. Me ajusté el vestido, acomodé de nuevo mi pelo para que luciese hermoso y continué observando la escena.

Karmas

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



#33
Dudaba que aquellos idiotas tuviesen algún as bajo la manga y así era. No eran grandes contrincantes tratando de hacerse los débiles, realmente me dio la impresión de que podía tumbarles de una paliza fácilmente. Eran lentos, estúpidos y débiles. El gran inconveniente era que no dejaba de tener en cuenta nuestro plan de robo y que no debía llamar la atención. Además, como mis compañeros me llamasen en ese momento tendría que pensar también en cómo quitármelos de encima rápidamente. Tal vez fuese lo mejor. Podría arrastrarles hacia dentro del hotel y obligarles a quedarse ahí encerrados con los demás o usarles como advertencia cortándoles algún brazo. No me desagradaba la idea porque no creía que pudiese herir gravemente a una persona inocente, pero sí a estos tipos. De todas maneras, lo mejor sería esperar a que los demás actuasen con cautela y no tener que armar ninguna escena. Si nos desmadrábamos demasiado el plan podía irse al traste y no pensaba quedarme sin mi dinero.

Estaba dispuesta a dejarles marchar cuando sentí un fuerte dolor en mis hombros que me hizo caer al suelo. Estaba confundida, no sabía qué estaba ocurriendo y qué había causado ese dolor y mi caída hasta que unas personas me ayudaron a ponerme en pie. Me fijé entonces en el hombre que yacía inerte en el suelo. Por su uniforme, se trataba de un vigilante de seguridad. Miré hacia arriba de forma inmediata para asegurarme de que no fuesen a caer más, pero parecía que este era el único que había tenido la mala suerte. Ahí arriba solo una persona podía ser la culpable de esto. Más tarde preguntaría a Yamamura para asegurarme y como fuese cosa suya pensaba devolvérsela. No creía que se le hubiese escapado de forma accidental, tenía que haberlo dejado caer, así que nuestro plan podía estar en peligro. Tal vez con la muerte de aquel hombre había impedido que nos descubriesen, pero de todas formas aquel accidente empezaría a llamar la atención de más gente y miembros de seguridad del hotel. 

Miré hacia los dos marines para asegurarme de que no me iban a molestar más, parecía que estaban entretenidos gracias a mi anterior golpe. Tras realizar un lento movimiento de hombros hacia atrás para tratar de mitigar algo del dolor que sentía, me llevé la mano al bolsillo para coger el den den mushi y me alejé unos metros de la gente que se estaba reuniendo entorno al muerto. —Yamamura, ¿qué coño haces? Qué pasa ahí arriba —pregunté para saber cuál era la situación. Me daba que de un momento a otro tendríamos que entrar en acción y quería estar preparada y conocer toda la información posible.


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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

#34
Desde la azotea me pude imaginar el golpe seco que produciría el cuerpo de aquel pobre desgraciado, yo mismo había caído desde muy alto cuando aprendí a volar y conocía de sobra ese sonido, incluso el dolor. Si era lo suficientemente resistente estaría herido unos cuantos días y luego volvería a estar como nuevo, pero si no lo era… en fin, sería una pena. ¿Por qué algunas quimeras tenemos alas y un cuerpo duro como la roca y otras son pequeñas, sin alas y blanditas? El mundo estaba muy mal repartido, todo el mundo debería tener alas. Ojalá pudiera ponerle alas a mis nakamas, me haría ilusión verlos volar.

En ese instante me contactó Triana por el Den Den Mushi preguntándome si todo estaba bien: -Si, todo estupendo, la misión sigue, tened cuidado. -le contesté rápido, por si nos estaban escuchando.

Me mantenía en el aire, a un metro de altura sobre el suelo de la azotea y me quedé esperando por si subía alguien más, aunque no lo creía pues ya me había encargado de terminar con los de seguridad momentos atrás, no era consciente de lo mucho que podía estar equivocado. Comencé a escuchar pisadas, que se atropellaban unas a otras, en dirección a mi posición, en poco tiempo comenzaron a subir a la azotea más y más personas y me terminaron por rodear, apuntándome con sus armas. Eran muchísimos y estaba en una situación tan comprometida que no me podía parar a contarlas… Pensé en rendirme por el bien de la misión, que me llevaran a alguna sala de interrogatorio y desaparecer atravesando las paredes o el suelo, pero no parecían muy amistosos.

Me elevé cinco metros más y al instante, con una determinación férrea, me impulsé hacia el suelo de forma imparable. Mis pies, extendidos como lanzas en un pilar celestial, se abalanzaron con gracia y potencia. En un giro majestuoso, mi figura se convirtió en una espiral de fuerza y elegancia, dejando tras de mí una estela llameante. El contacto fue inevitable, y mi patada desató un torbellino de caos entre mis adversarios que provocó un efecto en cadena de destrucción. Giraba sobre mi mismo mientras recorría la azotea, propinándole un poco de Huracán Cian a todos los que allí se encontraban.

El impacto resonó como una sinfonía de liberación, derribando a los enemigos cercanos. La gracia del movimiento se fundió con la brutalidad del golpe, creando un instante efímero pero poderoso.  En ese momento, la azotea se convirtió en un cuadrilátero, donde el arte del combate y el estilo ninyeti se fusionaron. Mis movimientos, como pinceladas en un lienzo, pintaron una imagen de triunfo que desafiaba la adversidad. Listo para el siguiente acto de este drama en altura, me preparé para lo que la contienda aún tenía reservado para mí.

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#35
El ascenso resultó ser más lento de lo que había imaginado y ya comenzaba a sentir la fatiga tras la reciente escenita. A diferencia de lo que me encontré a mitad del trayecto, las escaleras hacia el piso veinte estaban nuevamente desiertas, con solo algunas cámaras dispersas. Me parecía inquietante teniendo en cuenta que la desaparición repentina de treinta vigilantes era un claro motivo de alarma, pero confiaba en mi camuflaje y no veía razones para preocuparme, al menos por ahora. Debía seguir con prudencia ya que sería un calamidad si por un error mío descubrían a los demás; la culpa me atormentaría y me quitaría el sueño por lo menos un par de días. Afortunadamente, unos minutos más tarde pude alcanzar la tan ansiada planta. Disminuí mi velocidad mientras me dirigía por el pasillo hacia la sala de seguridad y me dediqué a mirar a mi alrededor en busca de algún cartel o letrero que indicara su ubicación. Mientras me concentraba en esa tarea, un hombre uniformado salió a buscarme.

- ¿Que dé la cara? Sí hombre, qué conveniente. Prefiero mantener el misterio – reí en mi imaginación. Aquel hombre estaba avisado de mi presencia. ¿Tal vez porque ya habrían descubierto el pequeño desbarajuste de la décima planta? Si así fuera, me parecía extraño que solo quedara una persona protegiendo la sala de vigilancia, pero bueno, así era mejor para mí. A no ser que fuera un tipo excepcional que se bastara y se sobrara con él mismo, entonces eso sí que sería un problema. Aquel hombre caminaba por el pasillo como un perro guardián intentando localizarme, por lo que me dejaba cierta ventaja contra él. El problema era que apagar las cámaras con alguien merodeando de esa manera por ahí sería más difícil que atrapar una liebre con las manos vacías, así que también tenía que quitármelo de encima cuanto antes.

Mientras el tipo estaba atento mirando a la nada, retrocedí unos cuantos pasos por el pasillo para ganar distancia y desenfundé rápidamente mi rifle con la munición más fuerte que tenía, situándome a unos ocho metros de él por el pasillo. Una vez en posición y con la concentración que emplearía en el tiro al blanco de la feria de mi pueblo, volví a apretar el gatillo contra el vigilante. Con suerte caería y tendría vía libre para entrar a la sala y averiguar cómo apagar las cámaras. Si no, me tocaría involucrarme más y ya me estaba quedando muy rezagada. No era esta la idea de pasar desapercibida que tenía, pero tampoco podía hacer otra cosa teniendo en cuenta que ya sabían que estaba por aquí. 


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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

#36
Aspros, todavía bien metido en el papel de As, se alejó de la pelea, si es que a eso se le puede llamar pelea, mientras se acicalaba y se ajustaba las prendas. El enorme jefe de seguridad había propinado más puñetazos en la cara del ganador de los que cualquiera de los presentes tuviera estómago de contar y su cara, antes tersa y joven, ahora era una amalgama de sesos, carne, hueso y sangre que empapaba la moqueta. La impostora y ladrona, había logrado sacar del bolsillo interior del jefe el aúreo objeto gracias a su habilidad con su fruta del diablo y, sin que nadie se percatara ni sospechara, se alejó paso a paso para poder descubrir que era. Cuando introdujo la mano en su bolso, Aspros pudo encontrar una llave dorada y extremadamente reluciente. Casi tanto que cualquier tendría miedo que llamara la atención incluso entre tantos lujos. La llave era pequeña, de unos cinco centímetros de largo. Por el lado del asa, una serie de círculos concéntricos adornaban al entrada a un óvalo hueco que servía para agarrar la llave o colgarla en alguna cadena. En su extremo dentado, una lámina asomaba con dientes e incrustaciones que debían encajar, si todo era correcto, en la cerradura de la puerta de seguridad del hotel, donde el preciado Diamante de Icar se encontraba. Ante la huída de Aspros, el jefe Phat, que estaba siendo retenido por sus subordinados, que gritaban y lo apresaban en un vano intento de detener los incesantes y titánicos golpes sobre el triste hombre que tuvo la osadía de ganar la mano, se percató de esto. — ¡AS! ¡MI AS! ¡VUELVE, MI AS! — gritaba el gigante, alargando su mano hacia Aspros. Supongo que por algún azar del destino, y más teniendo en cuenta el juego en cuestión, ninguno de los guardias de seguridad reparó en que Phat se refería a Aspros, creyendo que este seguía enrabietado por los Ases que le arrebataron los miles y miles de berries. Lástima, gordo baboso, ahora “tu” As tenía vía libre para abandonar la escena sin hacer sospechar a nadie y con el botín en sus dulces manos.

La espadachina había recibido un duro golpe. Los casi noventa kilos de hombre habían caído sobre sus hombros y había generado un desconcierto terrible en los presentes. Aprovechando que todos los hombres y mujeres se prestaron al chisme y al morbo con el cuerpo que acababa de caer de los cielos sin motivo aparente, Triana abandonó la escena y contactó a su capitán. Cerca del cuerpo sin vida del vigilante de seguridad se amontonaron en menos de dos minutos una multitud que comenzaron a dilucidar qué hacer. Algunos creían que había que entrar a pedir ayuda, otros llamar a la marina. — ¡Dentro están peleando! — gritaba un hombre desde la puerta, observando a Phat golpear y gritar hacia su víctima. — Aquí hay dos marines, ¡pero están borrachos! — decía otro, mientras observaba a Yame y Jess, que intentaban abandonar la escena. — Vaya vergüenza, ¡os tendrían que degradar! — aseveraba una mujer con aires de grandeza. Sin embargo, tras la comunicación de Tempesta y la contestación del capitán, a la llamada se incorporó, casi de manera inmediata, Kosax, el norteño ladrón que les guiaba. — Si la colegiala ha apagado las cámaras y tenéis la llave, que el pajarraco entre y los demás pies en polvorosa. — sugería, con una voz agitada y casi jadeando.

Existen muchas maneras de acabar con rivales. El capitán Yojimbo LeMarcus Cornell Yamamura Tercero quizás no te agrade, pero no puedes negar que… tiene estilo. Un gran grupo de guardias armados habían aparecido y rodeado al alado capitán que, sin perder ningún tiempo tras animar a Tempesta vía Den Den Mushi, se lanzó al ataque. Sabía que tenía que cortar de raíz con la seguridad o seguiría llegando más y más y más… si los había. Yojimbo se propulsó con los pies por delante y, girando sobre su eje, derribó a todos los guardias con un grácil movimiento digno de un ninja con superpoderes. Los pobres desgraciados cayeron al suelo, rendidos e inconscientes, a excepción de todos aquellos más próximos al borde de la azotea. Aquellos estaban cayendo de manera irremediable al suelo, donde todos los presentes observaban al primer vigilante. — ¡CUIDADO! ¡ESTÁN LLOVIENDO HOMBRES! — advirtió una mujer mirando y señalando al cielo desde la entrada. Tras derribar a los cincuenta guardias, Yojimbo pudo escuchar, como todos sus nakamas, la orden del Kosax: Si Jolyne había terminado, debía coger la llave y entrar rápidamente. Pero… ¿Cómo le iría a Jolyne?

La tiradora había alcanzado su objetivo. Ante ella, solo un hombre vacilante que escudriñaba el pasillo de lado a lado intentando divisarla. Sin embargo, el vigilante no tenía la capacidad visual para hacerlo, impidiendo así ver como Jolyne se posicionaba con su rifle y, tras apuntar firmemente, tiró del gatillo del arma, provocando que el proyectil impactara contra la cabeza del vigilante. Esta estalló en mil pedazos, llenando toda la pared y la puerta de la sala de cámaras detrás de él de sangre y sesos. El cuerpo del hombre, ahora decapitado por el impacto, aguantó varios segundos de pie y cuando sus funciones vitales se apagaron por completo, cayó de espaldas, abriendo por completo la puerta, dejando ver la frágil maquinaria que permitía al sistema controlar las cámaras caracol. Era una sala pequeña, de tres metros por tres metros, con una silla, un escritorio con toda la maquinaria y un plano del lugar donde se detallaban todos los conductos de ventilación y las puertas de seguridad. Justo entonces fue que recibió la comunicación de Kosax, junto a los demás, casi como una llamada de atención para que corriese todo lo posible. Nada impedía a la pelirrosa apagar, fuera como fuera, la vigilancia y escapar para conseguir el diamante.

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#37
Quedé cautivado por el lujo que radiaba aquella pequeña, pero tan ansiada llave. Ante el peligro de que alguien la viese o intentase quitármela, la volví a esconder rápidamente dentro mi fiel compañero de marca, manteniéndola alejada de cualquier mirada curiosa. - Bien, espero que sea la llave correcta y haya valido la pena apoyarme en las rodillas de ese orangután. Ayyy, necesito una ducha- pensé mientras observaba cada detalle de mi alrededor, alerta, a la vez que recordaba mi esponja exfoliante de coral especial para pieles muertas.

Parecía no solo que dentro de la sala de juegos se hubiese producido un altercado, el del jefe de seguridad y su poco fructífera partida, sino que desde la zona de la entrada llegaba un fuerte barullo, algo de que llovían hombres. ¿Cómo le habría ido al resto de la banda? ¿Serían ellos los causantes del fuerte revuelo exterior? No me cabía duda de que sí. Alejándome aún más de la agitación masiva, acompañada de fondo por unos cada vez más ahogados gritos de Path- MI AS, MI AS- me escurrí hacia una de las enormes galerías que abandonaban el vestíbulo del gran complejo, el pasillo del ala este. Aquella era la zona en la que supuestamente se encontraba el gran diamante, el motivo por el cual nos encontrábamos allí y por el que me había embutido en un vestido dos tallas más pequeño de lo habitual. Eché mano a mi escote para activar el Den Den Mushi y llamar al capitán- Yojimbo… ¿Yojimbo? -le preguntaba sutilmente a mi enorme busto mientras me agazapaba elegantemente de la vista ajena- El pájaro está en el nido, he cazado a la liebre… vamos, que tengo la llave. Estoy por la zona este del complejo- guardé silencio, a la espera de que mis pechos me respondieran y supiese qué hacer. No podíamos tardar demasiado; tal vez ahora estuviesemos escoltados por el caos y la confusión, pero en cuanto las cosas se relajasen, alguien se daría cuenta de que algo no andaba bien.


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#38
Aquel hombre se desplomó delante de mí, dejando a plena vista la sala de vigilancia. Pasando por su lado, solo me separaba una simple puerta de madera del lugar que sería el cerebro de la seguridad en el hotel. -Veamos qué se cuece por aquí – murmuré mientras me volvía visible, guardaba el rifle y le echaba un vistazo rápido a la habitación. Era bastante pequeña, con tan solo una mesa, una silla y un montón de chatarra, pero que no hubiera un gran botón rojo que pusiera “desconexión de cámaras” tal y como me había imaginado, trastocaba mis planes. Encima del escritorio, también encontré un plano con las puertas de seguridad y los conductos de ventilación, o sea, mi billete de salida de este espantoso lugar. ¿La suerte me volvía a sonreír? Podía ser. Pero antes de cantar victoria, había que apagar las cámaras.

En ese momento, la voz nerviosa de Kosax sonó por el caracol, cómo no, para meternos prisa. Incluso parecía que estaba ahí, jadeando como un perro esperando su hueso. Y ¿cómo se le ocurría llamarme colegiala? Para su información, yo había sido instruida por la escuela de la vida. Estaba deseando terminar este trabajo. Me acerqué confusa a esos cachivaches como aquel que ve por primera vez una avutarda, tratando de desentrañar con la mirada su complejo funcionamiento sin éxito. - ¿Qué demonios es todo esto? No entiendo nada. Empecé a desesperarme y con razón, ya que era la primera vez en mis veinte primaveras que veía de cerca una tecnología tan avanzada como esa. Y lo más importante, ¿a quién se le ocurriría dejarme a cargo de algo así? Mis manos temblorosas se colocaron encima de aquella maquinaria desconocida para mí. ¿Debería tocar botones al azar? - Vamos, Jolyne, piensa. Son solo un puñado de cachivaches, ¿qué puede ser tan complicado?

Me negaba a pedir ayuda y que pensaran que solo era una pobre chica de campo. Tenía que valerme por mí misma como hacía en mi granja, y ahora, estaba sola contra la máquina. –Os creéis más listas que las personas, ¿eh? ¡Pues no me da la gana! Por mí os podéis ir al demonio – mascullé mientras alargaba mi cola y las golpeaba continuamente, rematando con un tiro. -Servirá, supongo – pensé mientras sacaba mi Den Den Mushi para informar. -¿Hola? ¿Se oye? Ya están apagadas – dije mientras volvía a ojear el plano de nuevo decidiendo mi huida. Me acercaría al conducto de ventilación más cercano y, deshaciendo mi forma híbrida, me dispondría a entrar.

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#39
Notaba como mis pies se hundían en los frágiles y diminutos cuerpos de mis rivales mientras rotaba sobre mi mismo ejerciendo una técnica a la que llamaba “Huracán Cián”. Si alguien me preguntaba obviamente le diría que es de invención propia y que me costó mucho perfeccionarla para hacer mucho daño y ser rápido, pero realmente no era así. En este ataque me inspiré “levemente” en el arte Sacacorchos Ninyeti, un estilo milenario practicado por los héroes ninja metamorfos de los famosos cuentos: “Super Guardabosques Poderosos”. Era muy fan de esas historias, y no podía evitar inspirarme, imitarlas, COPIARLAS. Era la primera vez que usaba el “Huracán Cián”, y aunque no era mi golpe más fuerte, sin duda era el más satisfactorio de usar.

Aterricé en la azotea cuando empezó a sonar de repente el Den Den Mushi, era el Kosax continuando con las indicaciones. Ya estaba todo en su sitio, pero quizá mi actuación aquí arriba había llamado la atención de la gente, y no tardaría en llamar la atención de la Marina. Me asomé por el borde de la azotea y desde mi posición se podía ver como la gente se amontonaba más y más para ver a las personas que habían caído. Mientras miraba por la azotea contesté al Den Den Mushi:

-No soy pajarraco, soy Capitán Plumaje. Respeta los rangos, Jefe K-Besón. -contesté, intentando mantener nuestros nombres en clave, tan importantes para la misión, y tras esta aclaración Aspros nos dijo que ya tenía la llave y que estaba listo, al igual que Jolyne. -Vale, cambio de planes… Bruja Espadachina ve con la Tetas que tiene la llave y llevaos el tesoro. Yo voy a pasearme. -finalicé, cortando la comunicación.

-Es hora de usar mis poderes… -susurré, no muy convencido de tener que hacer uso de mi habilidad más secreta. -Muy bien allévoy. -dije animándome mientras me hundía en el suelo, convirtiendo en líquido el suelo que tocaba mis pies.

En pocos segundos ya me encontraba atravesando planta por planta, como si hubiera cogido un ascensor, este poder me permitía nadar y bucear por superficies, y lo odiaba con todo mi corazón. Yo quería nadar en el mar como hacía en la Isla Ramirals, poder sobrevolar el mar y pescar lanzándome en picado, y ahora podía nada por cualquier sitio menos por el mar, era un asco. Me dirigía hacia el vestíbulo, y en mi camino descendente, como un parpadeo, me crucé con una chica pelirrosa que parecía estar atascada en uno de los conductos de ventilación… ¿Jolyne? Ni idea, esta chica era muy rarita.

Tardé relativamente poco en aparecer en medio del vestíbulo por el techo, y al salir de el acabé encima de una de las mesas donde apostaban dinero los ricachones que allí estaban, con mi peso la mesa cedió rompiéndose en mil pedazos.

-Perdón jeje. -dije mientras veía el caos que se estaba generando dentro. Viré mi cabeza hacia la izquierda y vi a un gordo asqueroso gritando a todo pulmón algo de un “As”. -Oye por qué gritas tanto, ¿estás tonto?

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#40
Todo parecía un completo caos y para nada daba la impresión de que la situación estaba bajo control. No lo estaba, pero de alguna forma el plan continuaba de la forma prevista, más o menos. Había habido varios contratiempos que, por el momento, habíamos podido sortear, aunque no sabía cuánto duraría nuestra racha de buena suerte. Fuera del hotel la gente comenzaba a congregarse entre asustada e indignada. Unos gritaban a los marines, otros intentaban pedir ayuda. No sabía si sería buena o mala idea que llamasen la atención a los de dentro del edificio. Podría servir como distracción, pero también podría alertar a más guardias. Me pegué a la pared para evitar más golpes como el que me acababa de llevar en caso de que siguiesen cayendo personas lanzadas por Yamamura. Todavía sentía el dolor en mi espalda.

En ese momento, la voz de Kosax resonó por el den den mushi. También Aspros y Jolyne nos informaron de que su parte del plan estaba completada. No dejaba de sorprenderme de la suerte que tenía Yamamura, parecía que había nacido con una flor en el culo. Si Jolyne ya había apagado las cámaras y Aspros había conseguido la llave solo quedaba entrar para robar el diamante. Imaginaba que Yamamura podría apañarse solo, aunque no sabía si era buena idea arriesgarnos a que entrase solo. Para eso nos podría servir la llave, él podía atravesar fácilmente las paredes, pero no estaba de más que los demás tuviésemos acceso a la sala. Como si me leyese la mente, el capitán habló también por den den mushi para pedir que entrase a la cámara del diamante. Imaginaba que se refería a mí con lo de “bruja espadachina” y a Aspros con “tetas”. Por fin un poco de acción, ya estaba empezando a aburrirme y me había hartado de no tener ningún tipo de control sobre lo que estaba ocurriendo.

Ahora que las cámaras estaban apagadas había menos probabilidades de que alguien se fijase en mí si entraba. Además, jaleo que se estaba armando fuera podría servir de distracción. —Voy a por la llave —dije escuetamente antes de guardarme el caracol en el bolsillo y cruzar la puerta del hotel. Aspros había dicho que se encontraba en la zona este, así que allí me dirigí intentando no cruzar miradas con nadie y llamar la atención lo menos posible. No me costaría encontrarlo, su aspecto era fácilmente reconocible. Al pasar por su lado tendí mi mano para que me diese la llave. Con todo el sistema de seguridad que tenían montado y la cantidad de guardias y vigilantes imaginaba que la sala podría estar completamente vacía. Ya estaban supuestamente bien cubiertos en el exterior. Ahora comprobaríamos si la suerte seguía de nuestro lado. Cogí la llave en un intercambio en el que me sentí como en una película de espías y me dirigí hacia la puerta para abrirla y entrar. Me esperaba cualquier cosa, pero si veía aquella valiosa joya sola y desprotegida pensaba agarrarla para no soltarla, guardarla bajo mi chaqueta que hacía de capa y salir de allí con el preciado tesoro.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.



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