[Pasado] Abordar la verdad
#1
La casa estaba en silencio, salvo por el crujido ocasional de la madera bajo mis pies. Mis compañeros reposaban en sus habitaciones, desmayados después del suceso con Zarutsuki. Paseaba de un lado a otro observándolos cada poco rato asegurándome de que estuviesen bien. Por las ventanas el sol iluminaba cada vez más tenuemente, estábamos cerca del atardecer y a través de las ventanas podía ver como el blanco níveo de las nubes se tornaba color crema poco a poco. El custodio que había transportado a todos los Marines, Navur, hacía guardia no muy lejos de la puerta principal. La casa constaba de 2 plantas, de altura considerable, siendo la parte inferior un área común dividida en varias salas como cocina, comedor, salón y algún aseo. La segunda planta estaba formada por seis habitaciones, con solo cuatro de ellas ocupadas por nuestra división, con dos aseos y un baño. El resto de marines descansaban en unos barracones anexos a la parte trasera del edificio, pues sería imposible de hacer caber a tantas tropas de otro modo. Me acerqué a una de las ventanas y pasé el dedo por el marco dejando una línea al recoger una fina capa de polvo que había en él. El edificio estaba en buenas condiciones y equipado para nuestra estancia, pero aquello dejaba claro que llevaba mucho tiempo en desuso.

Seguí mi ronda por las habitaciones y, primero, entré en la habitación de Karl. Estaba tumbada en la cama, una adecuada a su tamaño, su respiración era regular, pero todavía no despertaba. Me acerqué despacio y la miré un rato. Siempre era la más enérgica del grupo, una llama en sí misma. Ahora, verla tan calmada descansando se me hacía realmente extraño. Me senté durante un rato, esperando por si reaccionaba, pero no escuché más que algún gruñido de su estómago. Las heridas del combate se habían curado con una velocidad asombrosa. Era una capacidad común en las Zoan, pero en ella me parecía que superior a lo habitual.

Salí de su habitación y me dirigí a la siguiente. Allí estaba Joe, tendido boca arriba, con el brazo sobre los ojos. Su pecho subía y bajaba lentamente.  El tema de los piratas seguía rondando en mi cabeza. Había descubierto hace poco que algunos de mis compañeros tenían conexiones con ellos. Toda mi familia habia muerto por culpa de los piratas y ese odio era una parte de mí que no podía simplemente ignorar. ¿Cómo podía confiar en personas que podían estar ligadas a ese mundo? Joe me aseguró que no iba a darles tregua de ahora en adelante, pero todavía era algo que necesitaba abordar con el resto. De verdad esperaba que hubiese una razón de peso que explicase aquello. De otro modo, no sabía como actuar a continuación.

Me dirigí a la habitación de Sephiroth. Estaba tumbado de lado, con la espalda hacia la puerta. No hacía mucho ruido, pero se movía inquieto. Me preguntaba si estaba teniendo pesadillas, desde que llegamos a Skypiea no había estado en su mejor momento. Nada más llegamos, sufrió una lesión y esperaba que se recuperase pronto. Durante el torneo apenas le había visto, se mantuvo aislado la mayor parte de él.

Me apoyé en el marco de la puerta y suspiré. No sabía qué hacer. Habíamos pasado un largo tiempo juntos, pero este nuevo descubrimiento me hacía dudar de todo. ¿Podía estar segura de que no traicionarían a la Marina? Me senté en una silla en el pasillo y traté de ordenar mis pensamientos. El futuro era incierto. No sabíamos a dónde iríamos a continuación. Nuestras misiones estaban en peligro si no podíamos confiar unos en otros. Necesitaba hablar con ellos, necesitábamos aclarar todo, pero tenía miedo de enfrentar la verdad. ¿Qué pasaría si nuestra visión era distinta? Yo… no estaba segura de ello. Pero fuese lo que fuese, había que abordarlo con inmediatez. No me hacía ninguna gracia estar en un reino bajo el mando de un pirata, aunque fuese Shichibukai, el cual además pertenecía realmente a otro pirata en todo su nombre, Yojimbo.
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#2
- ¿Do... Donde estoy? - Murmuré. No sabía si tenía los ojos abiertos o no. Solo veía oscuridad, ni un solo ápice tenue de luz iluminaba donde fuera que estuviese - ¿Hola? - Pregunté - ¿Chicos? ¿Estáis ahí? - Volví a preguntar, buscando la respuesta de alguno de mis compañeros, pero no la recibí. Comencé a moverme, muy muy lentamente, pues no sabía bien por donde estaba pisando. A la vez, estiraba los brazos para buscar algún punto de apoyo o pared para poder orientarme mejor. A los pocos segundos, palpé con mi mano lo que parecía ser un muro, era sólido y consistente - Bien... - Expresé en un tono leve para coger algo de confianza en mí mismo - Ahora solo tengo que seguir esta pared, a ver donde me lleva - Proseguí el camino que estaba marcando aquel muro, era completamente recto, ni una sola curvatura pude encontrar en el trayecto, hasta que de repente, a lo lejos, empecé a ver luz. Parecía que más adelante aquella pared iba a cambiar su trayecto, acabando en lo que parecía ser una esquina con dirección a la derecha - Por fin... - Dije suspirando, quería salir de allí de una vez y saber qué estaba pasando. Avancé unos pocos metros, aproximándome a la luz, la cual, no iluminaba mi recorrido, tan solo salía de aquella esquina, pero solo tenía que doblarla y ver donde estaba. Por fin llegué allí, apoyando mi mano en el esquinazo y con algo de impulso giré con velocidad, esperando poder encontrarme, al menos, a alguno de mis compañeros, fue un acto reflejo - ¡Chicos, estoy aqu...! - Grité, pero fui completamente interrumpido por un fogonazo de luz que me dejó totalmente ciego - ¡Ahhh! ¡Joder! ¿Qué cojones está pasando? - Dije mientras me llevaba las manos a mis ojos cerrados. Estaba totalmente sin visión, indefenso, a merced de algún posible ataque que pudiera herirme. De repente, escuché una voz, una voz que conocía muy bien, aunque llevaba muchos años sin escuchar - ¡Joe! ¿Se puede saber donde te has metido? - Preguntó enfadada. Estaba totalmente confuso y desorientado, y la ceguera no ayudaba precisamente. Me froté los ojos rápidamente, intentando a la desesperada poder ver de donde procedía aquella voz que me hablaba - ¿Cam... Camila? ¿Eres tú? - Pregunté mientras poco a poco recuperaba la vista, pudiendo visualizar una silueta femenina, pero aún borrosa para mis ojos - ¡Claro que soy yo! ¡Me tenías preocupada, te fuiste así de repente sin decir nada! A Kofu esto no le hubiera gustado... - Aquella última frase me hirió por dentro, fue realmente dolorosa - Cállate... Que sabrás tú de él... - Dije con un tono agresivo y de enfado, reprimiendo todo lo que quería soltar en el pecho, haciéndose un nudo - Sé que estaría decepcionado al ver como su ojito derecho abandonó a todo el pueblo en una pataleta... Pero no me extraña nada... Al fin y al cabo, eres un perdedor - De nuevo, palabras hirientes que no entendía por qué las estaba diciendo - ¿... Qué? - Murmuré mientras levantaba la mirada, y la vista por fin se recuperó para poder ver todo bien, pero para mi desgracia, lo que presencié me dejó sin palabras, totalmente con los ojos abiertos de par en par, y sin poder reaccionar ni moverme.

Camila estaba frente a mí, con los brazos cruzados, acompañado de su clásico delantal rosa con estampado de flores, pero alrededor suya... Era Villa Syrup, totalmente devastada y destruida, con las casas de los vecinos en llamas, los huertos totalmente saqueados, algunos animales sin vida yacían en el suelo, y por desgracia, algunos cuerpos humanos hacían de broche de oro en un horrible escenario. Todo esto acompañado de lamentos, lloros, gritos ... - ¿¡QUE ESTÁ PASANDO!? - Grité totalmente desesperado, pero Camila me interrumpió de inmediato - ¡Te fuiste de la villa y esto es lo que pasó! ¡Otra vez, de nuevo, los piratas saquearon la villa, lo poco que quedaba de ella! Y todo... ¡Por tu culpa! - Finalizó señalándome con el dedo índice de la mano derecha, estirando así el brazo - ¿¡Mi culpa!? - Grité de nuevo sin entender nada, mirando a Camila, buscando una respuesta, cuando de repente, sin tiempo para reaccionar, de su vientre salió una espada, atravesándola completamente el cuerpo, corriendo la sangre lentamente por su delantal hacia abajo - Ca... Cam... - Estaba en shock, no me salían las palabras, ni siquiera podía moverme, tenía el cuerpo completamente paralizado. La sangre comenzó a salirle de la boca mientras me miraba fijamente, sin pestañear, aun señalándome con el dedo índice de la mano derecha. Poco a poco, la cuenca de sus ojos se volvía de color rojizo, apagando totalmente el blanco de estos mismos - Ɇ₴ ₮Ʉ ₵ɄⱠ₱₳, JØɆ - Dijo en un tono de voz totalmente aterrador, muy grave y distorsionado - ₦Ø₴ ĐɆJ₳₴₮Ɇ ₥ØⱤłⱤ ₳ ₮ØĐ₳ Ⱡ₳ VłⱠⱠ₳ - Me puse de rodillas en el suelo mientras me tapaba los oídos. No quería escuchar más, pero me resultaba imposible. De repente, una risa se incorporó al lugar, otra voz familiar - ¡SHAJAJAJAJAJAJA! - Aquella risa ... La conocía muy bien - ¿Qué es lo que pasa, Joe? - Otra voz diferente - ¿Acaso esta es la justicia que decías que harías? - Levanté la mirada una vez más, lentamente, completamente aterrado por lo que iba a ver, a sabiendas de que aquellas dos voces las conocía perfectamente. Ahí estaban, delante de mí. Minato, con la katana de aquel gyojin orca, atravesando su pulmón, totalmente lleno de sangre, pero estaba de pie, riéndose, como si nada. Y a su lado, Vulkan, agachado, mirándome con sus gafas de sol, pero en un estado totalmente demacrado; la piel casi verde, con la ropa destrozada, pudiendo apreciar en su brazo derecho una herida producida por un mordisco de algún animal. Me percaté de que Camila ya no estaba, solo ellos dos. Me los quedé mirando completamente paralizado - Chic ... Ch ... Chicos... - Murmuré - ¡Nada de chicos ni chicas, Joe! ¡Mírate, esto no es lo que me prometiste! - ¡Tiene razón, viejo, que es lo que te ha pasado! ¡Así no podrás salvar a nadie, das bastante pena, SHAJAJAJAJA! - Volví a mirar al suelo, dejándome caer, apoyando las manos en el suelo, me faltaban las fuerzas - Es una ... pesadilla ... - Murmuré, mientras no dejaba de escuchar los lamentos y gritos que había a mi alrededor. De Minato riéndose, de Vulkan despreciándome, hasta que a los pocos segundos, desaparecieron, dejándoles de escuchar. Levanté la mirada rápidamente, y otra vez, de vuelta a la oscuridad del principio, salvo por un detalle. A unos 5 metros delante de mí, podría apreciar unas siluetas. Eran mis compañeros de la División 21, los cuales estaban completamente quietos, mirándome, con rostro serio - ¡Estáis aquí! - Grité, recuperando algo de fuerzas, consiguiendo levantarme para ir con ellos, pero nada más ponerme de pie, de repente, aquella oscuridad comenzó a tornarse de color rojo, al igual que mis compañeros, desapareciendo delante de mí poco a poco - ¡NO! ¡NO POR FAVOR! ¡MÁS PERDIDAS NO! - Grité desesperado, corriendo hacia ellos sin éxito, ya que desaparecieron completamente - ¡NOOOOOOOOOOOO ...! -

- ¡... OOOOOOOOOOO! - Grité mientras abría los ojos, jadeada, sudaba por todo mi cuerpo, con los brazos estirados y en alto. Me quedé completamente inmóvil, quieto, mientras miraba lo que parecía ser el techo de una habitación. Notaba como mi cuerpo estaba tumbado en un colchón. Giré la cabeza lentamente hacia la derecha mientras me faltaba el aire para comprobar que estaba al menos a salvo y bien. Todo indicaba que sí, fue una pesadilla. Me llevé las manos a la cara mientras levantaba la espalda de la cama y quedarme sentado encima de esta misma - Que ha pasado ... - Murmuré mientras me frotaba el rostro, de arriba a abajo, acabando con la mano en la frente, levantándome el pelo. Me quedé unos segundos pensando, tranquilizándome, recordando que es lo que había pasado. Miré por la ventana de aquella habitación, y pude contemplar a lo lejos un gran palacio dorado - La isla del cielo... Seguimos aquí. ¿Cuánto tiempo ha pasado? - Me pregunté mientras ladeaba mi cuerpo para sacar los pies de la cama y apoyarlos en el suelo. Me percaté de que había un pequeño baño, así que fui directo hacia él, para mojarme la cara y despejarme. Apoyé las manos en el lavabo, mirándolo fijamente, completamente quieto, recordando la pesadilla que acababa de tener - Es mi culpa... Joder ... - Dije mientras fruncía el ceño y apretaba las manos al lavabo - Será mejor que busque al resto de compañeros - Sentencié, para acto seguido peinarme con mis propias manos y estirar el uniforme de Marine para que no estuviera muy arrugado, con el cual había estado durmiendo. Terminé de colocarme las mangas y procedí salir por la puerta de la habitación, la cual daba a lo que parecía ser un pasillo. Miré para ambos lados, hasta que me percaté de que Ikirami estaba sentada en una silla, pensativa. En un suspiro grande y largo me concentré para cambiar mi estado de ánimo - ¡Buenos días! O tardes, ahora mismo estoy completamente perdido - Dije mientras me acercaba y observaba que había 5 habitaciones más en aquel pasillo - ¿Karl y Sephi están aquí dentro? ¿Cómo te encuentras tú? - pregunté primero, pues lo más importante para mí era saber como se encontraban todos - Lo último que recuerdo es la pelea de Sohem y Yojimbo ... Aunque luego pasó algo más... Pero perdí el conocimiento - Dije confuso - ¿Qué es lo que ha pasado? -
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#3
Estaba en una habitación. Una habitación oscura y húmeda, barrotes y cadenas me aprisionaban. Sentía dolor, hambre, miedo e indefensión. Escuchaba una voz, la había olvidado, hacía años que no la escuchaba, pero seguía ahí: Nunca saldrás de aquí, nunca serás libre, verás lo que yo vea, harás lo que yo dicte, si yo te digo que tú saltas, saltas, si yo te digo que corras, corres, si te ordeno matar, matarás. Solo a mis órdenes, sin libre albedrío, sin posibilidad de negarte o decir que no. Tu vida ya no es tuya, me perteneces, monstruo Y haré contigo lo que quiera. Se acabó el jugar a ser una humana, desde ahora eres mi perra. Y nunca dañarás a tu amo, ¿entiendes? YO SOY TU AMO, TU DUEÑO Y SEÑOR. 

No, no podía ser ¿Qué hacía yo allí? ¿Dónde estaba? ¿Todo había sido un sueño? No, era real, Yo ya no estaba ahí, Yo era una persona, creo, tenía algo que hacer, buscaba a algo ¿Pero el qué? Yo ya era alguien, había recuperado mi vida, eso es.  Era Karlglass si, por Karlglass, yo soy una marine y acabaré contigo y con todos los de tu raza ¡Maldito pirata! ¡Soy Karlgass de la División 21 a cargo del gran Joe Joestar el próximo almirante de flota de la marina! ¡Soy Karglass Firebirth, la nacida del fuego, rival de Sephirot, el espadachín maleducado y con el pelo de mierda! ¡Soy Karlglass la amiga de Ikirami mogambos y juntas seriamos las marines con más ovarios de todos los mares conocidos! ¡¡¡Esto no está pasando,  esto no es real!!! 

Un fuego azul salió de mi pecho hacia el resto de mi cuerpo y mi cuerpo empezó a transformarse, las heridas, el cansancio, el hambre y el miedo se desvanecían, al igual que mis cadenas, mientras aquel hombre permanecía impasible en la oscuridad, me dispuse a lanzarme hacia aquella sombra, pero entonces todo desapareció.

Me desperté, sobresaltada en un lugar desconocido, con toda la frente sudando. Efectivamente, aquello no era real, tan solo un sueño. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba y cuanto había estado durmiendo? Estaba tumbada en una mullida cama en un lugar que no conocía, me asomé a la ventana para ver como estaba atardeciendo, ya recordaba, estaba en la isla en el cielo y aquel cabezacubo iba a matar al tipo grande con alas, corrí a impedirlo, pero llego el chichibukai ¿y luego? Luego no recordaba nada ¿Había vuelto a ser derrotada? ¿Había fallado a mis compañeros y a mi promesa? Joder, no entendía nada de lo que estaba pasando. Mis cosas estaban allí, aunque no veía a Joseba por ningún lado. Tal vez seguía en el barco, ¿tendría comida, estaría atendido? Decidí salir al pasillo, la casa en la que nos encontrábamos tenía dos plantas y me pareció escuchar la voz de Joe escaleras abajo. Bien. Por como estaban las cosas no parecía una prisionera, pero seguía sin tener ni idea de que hacíamos allí y de lo que estaba pasando. Había más habitaciones, pero las puertas estaban cerradas y no quería liarla, no sabía quién se alojaba allí conmigo, así que fui a lo seguro, baje las escaleras y me encontré a Ikirami y Joe hablando en lo que parecía ser un salón comedor.

-Joe, Iki ¿Qué... qué ha pasado? ¿Dónde estamos? ¿ Y Sephi? ¿Él está bien?

Trague saliva, las palabras salieron temblorosas de mi boca, pues no sabía si quería saber realmente las respuestas a ellas, aún tenía la pesadilla en mi mente y también mis palabras en la arena, además de temer por mi compañero. Mi inseguridad era tremenda, pero no quería montar la "típica escenita de Karl", debía aguantar y aclarar mis ideas, saber qué había pasado tras desmayarme: La situación parecía tranquila y controlada, aunque Joe parecía igual de confuso que yo y notaba algo extraño en Iki. Lo importante ahora no era tanto el cómo me sentía ahora, sino que es lo que estaba pasando y que hacíamos aquí.


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#4
Me desperté jadeando, en una cama de una habitación que no era capaz de reconocer. "¿Dónde estoy? ¿Quién me ha traído aquí?" Respiré hondo y me incorporé sin problemas, sosteniendo el peso de mi cuerpo con el brazo izquierdo, mientras las piernas seguían estiradas en la cama. "Parece que el masaje que me dio Aerith ha curado del todo mi dolor" Por lo menos no tenía que volver a preocuparme por ello, pero sí de donde estaba ahora. Miré por toda la estancia, era una habitación muy sencilla, tenía una cama, un armario y una mesa, donde se encontraban mis dos katanas enfundadas y una silla. Por la ventana se podía observar como el cielo se oscurecía. La Luna gobernaba un cielo estrellado "¿Cuánto tiempo habré estado en cama? ¿He sido otra vez el único de mis compañeros en caer inconsciente?" Me sentí un poco mareado y ofuscado conmigo mismo " Otra vez, como en los Cabos Gemelos, he acabado desmayado, ¿Acaso sirvo para algo más que besar la lona? ¿Realmente soy un buen marine?"lleve mi mano derecha a mi pecho y note como el uniforme estaba húmedo por el sudor. ¿Estarán todos bien? Retiré las sabanas y salí de la cama, tenía todos los músculos del cuerpo agarrotados, por lo que estiré un poco y me quité toda la parte superior del uniforme, dejándolo en el respaldo de la silla para que se secase un poco. Abrí la puerta del armario, pero en él no había nada de ropa, no al menos nada que me valiese, por lo que me iba a tocar estar un buen rato con el torso al aire.

Al acercarme a la puerta y poner mi diestra en el pomo, eche la vista atrás mirando a mis espadas. No creo que os necesite, de ser un enemigo el que me hubiese traído aquí no os habría dejado a la vista. Si mi razonamiento no fallaba, fuese quien fuese el que me había hospedado, no era enemigo. Lo mejor será salir y buscar a alguien que me explique lo que ha pasado. La verdad es que no recordaba nada, solo estar en las gradas, viendo como Sohem intentaba asestarle un golpe a un Yojimbo derrotado, gritar que parase mientras corría para intentar saltar a la arena. No tenía explicación alguna ¿Cómo pude caer inconsciente sin recibir daño alguno? Pero solo en la habitación no iba a encontrar respuestas, abrí la puerta y me quede en el umbral de esta, observe un lado del pasillo, en él había cinco habitaciones más y al girar la cabeza para el otro, allí estaban mis compañeros. Alguien con una larga melena carmesí estaba sentada en una silla, debía ser Ikirami, no podía verla bien, pues la espalda gigante de Karl apenas me dejaba verla con claridad, al lado de Ikirami estaba Joe."Parece que todos están bien" Un sentimiento de alivio y alegría recorrió mi cuerpo. ¡MENOS MAL QUE ESTÁIS TODOS BIEN! ¡SEPHEHEHEHE! Grité y reí de emoción mientras me llevaba las manos a la nuca, estaba contento y relajado por fin y eso se notaba en mi rostro el cual mostraba una sonrisa de despreocupación, anduve hacia ellos y me coloqué a la derecha de Karl.
|Hablo/"Pienso"/Narro|
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#5
Llevaba un rato sentada, ensimismada y abstraída en mi cabeza, hojeando de vez en cuando mi libreta y todos los datos que había conseguido. Me pareció escuchar una voz, pero estaba centrada en lo que había sacado del combate de Karl contra Garnet y sus frutas. Al cabo de poco, unas pisadas me alertaron y al levantar la vista vi a Joe salir de su habitación. Sentí alivio al ver que se encontraba bien, o al menos así me lo pareció, pues alzó la voz saludando.

—Tardes. —lo corregí y le devolví una sonrisa apagada.

Cerré mi libreta de golpe y la guardé en el bolso. Me abaniqué con la mano, hacía mucho calor para mi gusto, y suspiré mientras Joe preguntaba sobre Karl y Sephi, cómo me encontraba y lo que había pasado. No recordaba nada más desde la pelea de Sohem y Yojimbo, y no era de extrañar.

—Tranquilo, Comandante. Estamos todos bien y a salvo. —respondí con un tono amable y tranquilizador— Están ambos en las habitaciones, descansando como hasta hace un momento lo estabas tú. El resto de los Marines están en unos barracones, durmiendo todos. Les he dejado una nota para que vayan al barco a revisarlo cuando despierten.

Hice una pausa y me eché hacia adelante en la silla, apoyando los codos en las rodillas y cruzando los dedos de ambas manos, apoyando la barbilla en ellos y con la mirada clavada en el suelo.

—Yo estoy bien también, no me…

Karl interrumpió al salir de su habitación, preguntando al igual que Joe sobre la situación actual.

—Karl, está todo bien. Si me dejas un momento os explico a ambos…

Por segunda vez consecutiva, fui interrumpida a media frase cuando Sephiroth salió de su habitación gritando de alegría y riendo. Me eché atrás en la silla y llevé el pelo detrás de mi oreja, sonriendo con cariño y suspirando sonoramente con una mezcla de gran alivio y frustración por no poder terminar una sola frase. Me levanté de la silla sacudiendo los pantalones.

—Bueno, ahora que estamos todos reunidos… En la planta baja hay una cocina e ingredientes. —dije dirigiéndome a las escaleras y apoyando una mano en la barandilla— Seguro que todos estáis muertos de hambre de tantas horas sin comer. Joe. —llamé al comandante girando la cabeza hacia él— ¿Serías tan amable de preparar algo de cenar para todos? Hay una mesa en la cocina en la que podemos sentarnos mientras y así os cuento todo. La verdad, —continué diciendo y comenzando a bajar las escaleras— hay mucho de lo que debemos hablar.
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#6
Mis dudas fueron resueltas.

Según la teniente, todos estábamos bien, sanos y salvos. Incluso el resto de Marines que vinieron con nosotros estaban hospedados en unos barracones. Parece ser que Ikirami se encargó de todo mientras yo dormía en aquella cama — Siento haberte dejado al cargo de todo esto mientras me echaba la siesta — Dije disculpándome — Veo que te despertaste la primera y adelantaste cosas ¡Muchas gracias! — La agradecí con una leve sonrisa.

Continuó diciendo que se encontraba bien, pero de repente Karl interrumpió saliendo de su habitación, totalmente desorientada y confusa, pues se pensaba que estábamos en un piso bajo cuando realmente nos encontrábamos en el superior, lo supe al ver las escaleras — ¡Sí que estás perdida, Karl, Hmpfefefe! — Ikirami continuó tranquilizándola, alegando que nos explicaría algo a ambos, pero de nuevo fue interrumpida, esta vez por Sephi, el cual gritó alegremente de que todos estuviéramos bien, sanos y salvos. Me crucé de brazos y le respondí con una gran sonrisa, parece ser que se encontraba bien, y aquel mal estar que tuvo desde que llegó a esta isla desapareció por completo.

De repente, tras un suspiro, Ikirami se levantó de la silla intentando finalizar sus frases. Comentó que abajo había una cocina, pidiéndome que hiciera de comer a todos y que, según ella, había mucho que hablar — Venga, va. Os haré de comer y así podemos hablar tranquilamente — Dije mientras me dirigía a las escaleras para bajar.


Llegamos a la cocina. No faltaba nada, tenía todo lo necesario, o al menos lo básico, para poder preparar hasta el plato más normal y básico de comer. Eché un vistazo a los ingredientes que había por allí, y algo se podría hacer — Bien, tú dirás. — Dije en alto, refiriéndome a Ikirami, mientras llevaba y dejaba en la mesa una jarra grande de agua y cuatro vasos, para a continuación volver a la cocina, dando la espalda a mis compañeros, pero escuchando atentamente cualquier cosa que dijeran.
Sabía que a mis compañeras les gustaban los platos picantes. Utilicé una especie de fideos de pasta de trigo bastante finos, que según la bolsita eran procedentes de allí. Los herví mientras en una sartén hice un salteado de verduras autóctonas también de la isla, una especie de seta llamada 'Gus', bastante jugosa y blandita que al pasarla por la sartén y el calor aumentaba su sabor, y unos espárragos verdes muy muy finos, tanto como un palillo, si no estaba atento se chamuscaban enseguida al fuego, así que estuve atento para dejarlos en el punto bueno. Por último, en un botecito de cristal, una especia de color rojiza llamada "Entei", de nuevo, procedente de allí. A primera vista, muy picante, así que decidí añadirla al plato, siendo este algo muy parecido a un ramen de nuestros mares, pero con productos de aquí.
Para Sephi y yo, aproveché las mismas verduras salteadas, pero acompañándolas de una carne exquisita de ave, la cual no tenía mucha información de donde provenía en su envoltorio — Espero que no sea Ñordiki — Pensé mientras me mordía la lengua, finalizando con lo que parecía una salsa barbacoa pero mucho más suave. Una vez finalizado todos los platos, los llevé a la mesa y repartí — Espero que esté bueno, es la primera vez que cocino con productos e ingredientes totalmente desconocidos para mí — Dije algo cabizbajo mientras me sentaba en mi sitio — Pero lo hice con todo mi amor y cariño para vosotros — Tras esto, me limité a comer y seguir escuchando todo aquello que Ikirami quería hablar con nosotros.

Karmas a tener en cuenta en un social
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#7
ephirot llego tras de mí mientras aún estaba bastante empanada haciendo que diera un respingo y casi llevándose una hostia por el susto. Era la primera vez que no olía su presencia a kilómetros llena de colonia, de hecho era raro, porque olía un poco a chotuno y venía sin camiseta.- Sephi, normalmente hueles raruno, pero hoy hueles a chotuno cabrón. . Dicho esto yo también olía un poco mal, levante el brazo para comprobarlo y olisquee un poco hacia mi sobaco y efectivamente yo también olía avinagrado.

Iki propuso ir a la cocina a que Joe nos hiciera de comer, ya que nos quería contar algo, lo cual a mí me pareció genial, ya me ducharía luego, cuando supiera que había pasado, yo estaba además muerta de hambre y aún agilipollada por mi pesadilla la comida de Joe era algo digno de reyes para mí.

Fuimos a la cocina y efectivamente la comida de Joe, a pesar de que habia usado ingredientes que segun el no habia usado nunca, estaba buenísima, es cierto que no era un ramen como los que estaba acostumbrado y los que había hecho otras veces, los fideos eran muy finos y tenian un sabor distinto al del soba que normalmente se utilizaba para hacerlos y el sabor de las verduras y el picante no se impregnaba tanto en ellos, sin embargo tenian un sabor caracteristico que lo hacian delicioso, ademas el picante y las verduras tenian un sabor muy particular y muy rico, especialmente picante y la colonia de Sephirot no estropeaba el olor de aquel manjar.

Con mis fuerzas recuperadas y ya con la cabeza puesta en el mundo real, tocaba poner atencion a lo que nos tuviera que decir nuestra amiga:

- Por favor Iki, cuentanos que ha pasado y como hemos acabado aquí y dime que Joseba también está bien y puedo ir a verlo.

Solo podía esperar a ver lo que nuestra compañera tenía que decirnos, tenía la impresión de que el resto de nosotros nos habíamos perdido el resto del evento, pero que ella nos salvó a todos, aunque no tenía ni idea, la verdad.Iki parecía preocupada ¿Estaríamos en peligro a pesar de que ella había dicho que todo estaba bien? ¿Qué nos quería contar? ¿Se habría comprado un nuevo pareo y querría enseñárnoslo?. Me quede expectante ante lo que nos tuviera que decir, mientras le pedia a Joe otro plato.


[Imagen: 9GdOzk1.png]
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#8
Joe accedió a mi petición de hacer la cena para la división, cosa que agradecí. Bajamos por las escaleras y nos sentamos en una mesa mientras Joe comenzaba a preparar los, por supuesto, exquisitos platos que íbamos a tomar.

—A ver… —comencé a decir una vez sentada en la mesa, jugueteando con las manos algo nerviosa— Lleváis durmiendo desde que el combate de la final estaba a punto de terminar, ¿sabéis? —dije elevando la vista al techo y cruzándome de piernas y brazos.

A continuación, sin mover la cabeza, busqué con la mirada a cada uno de ellos.

—Yo no. Me mantuve despierta en todo momento. Jamás me echaría una siesta en mitad del trabajo. —continué, a la vez que con una goma de pelo me hacía un moño— Es broma, ya sé que no fue algo voluntario… —bromeé, intentando suavizar el tono de la conversación— Sea como sea, todos, absolutamente todos los presentes se desmayaron. Vosotros, el resto de equipos, los espectadores… Incluso los custodios cayeron como bebés al cantarles una nana. Nadie quedó en pie a excepción de mí, Zarustuki, su acompañante de piel verde y dos o tres de los participantes de los juegos.

Hice una pausa tamborileando los dedos sobre mi cabeza, intentando encontrar las palabras para describir el horrendo suceso que aconteció a aquello.

—Fue algo que hizo ese Shichibukai, de eso estoy segura. Por lo que sé de frutas, que no es poco, no tiene absolutamente nada que ver con ellas. Utilizó algún tipo de fuerza o tecnología desconocida para dejaros a todos inconscientes. A mí no me afectó para nada, solo sentí como si la presión cambiase de golpe pero ya está. No me intimida alguien de su calaña, por muy Shichibukai que sea. Tal vez sea por eso. Y bueno, supongo que el detonante fue la inminente ejecución del participante de la final, Yojimbo. No sé muy bien hasta dónde pudisteis observar el combate, pero el tal Sohem iba a pasarse por el forro las reglas para acabar con él en mitad de la arena. Lo que fuese que Zarutsuki utilizó, fue para evitarlo. Y la razón…

Joe comenzó a servir y Karl devoró su plato como si llevase semanas sin comer. ¿Tal vez su recuperación había gastado mucha energía? Lo tendría que apuntar en mi libreta. Me levanté y caminé hacia una de las ventanas, apoyando las manos en el marco e inclinándome sobre él con la mirada fija en el exterior. Entonces Karl pidió que siguiese con la explicación, preguntando por Joseba.

—Está bien, Karl, ha estado todo el rato contigo en la habitación, velando por ti desde que te desmayaste. Probablemente esté agotado durmiendo bajo la cama, agradécele sus cuidados con un buen trozo de salmón. —respondí con una ligera sonrisa sin apartar la vista de la noche que se cernía sobre aquella ciudad de los cielos— La razón de que Zarustuki interrumpiese, es que el Pirata Yojimbo es el heredero del trono del Reino de Skypiea.

Giré sobre mí misma y me senté en ese mismo alféizar, cruzando los brazos y suspirando a la vez que levantaba una mano y hacía un ligero aspaviento.

—A menudo sitio nos han enviado, la verdad. Un sitio gobernado por un pirata “legalizado”, que además pertenece realmente a un pirata en todo su nombre. De verdad, no entiendo como se permite algo así. Realeza pirata. Shshshshsh. —reí forzadamente— Lo que me faltaba por escuchar.

Cada una de las palabras estaban calculadas. Quería ver las reacciones de todos antes de abordar el tema que me preocupaba realmente. Joe había preparado unos platos que seguro que estaban exquisitos, pero tenía demasiado en mente anaquel momento como para ponerme a comer. Ya habría tiempo para ello, tampoco es que la comida fría fuese algo nuevo para mí.
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#9
Escuché atentamente todo lo que la compañera nos tenía que contar, que fueron bastantes cosas.

Parece ser, que todos y cada uno de los presentes en la arena, caímos en "un profundo sueño", como si de una siesta se tratase, aunque por sus palabras todo se asemejaba más a caer desmayados. Pero eso en ella parece ser que no surtió efecto, por lo que pudo presenciar todo y poder contarlo ahora.

Siguió explicando que podría tratarse de algún tipo de fuerza desconocida o incluso tecnología — ¿Tecnología? ¿En un sitio como este? No da la sensación de estar muy avanzados en ese campo... — Pensé mientras me llevaba el tenedor a la boca. Prosiguió diciendo que pasó en el momento en el que Sohem iba a saltarse las normas del torneo, con la intención de acabar con Yojimbo. Al comentarlo, lo recordé perfectamente, incluso recordé lo que pensé — "Menos trabajo" fue lo que pensé — Acompañó todo esto alegando que ella no se desmayó debido a que no le intimida alguien como él. Arqueé una ceja a modo de disgusto, pues estaba al menos dando a entender que los demás sí. Cogí una servilleta para lavarme la boca y proceder a beber un poco de agua, todo esto, mientras tranquilizó a Karl sobre Joseba, el cual no se separó en ningún momento de ella, y finalizando con una revelación, que el pirata Yojimbo era el heredero del trono de aquel sitio.

Finalizó demostrando su descontento con el sistema de que la Marina tenga a un pirata bajo el mando de un país, cosa en la que al menos estaba de acuerdo.

— Me da absolutamente igual que Yojimbo sea el heredero de aquí, me da igual su linaje y todas esas mierdas — Dije mientras dejaba de nuevo el vaso sobre la mesa — A mí tampoco me resulta agradable que la Marina tenga a piratas gobernando países. Por desgracia, nosotros como tal no podemos rechistar. Solo quejarnos en confianza y aguantar. Y para colmo, el "brillante y guay" de Tucrow se ha reído en nuestra puta cara. —  Coloqué los cubiertos de manera cruzados entre ellos encima del plato — Y aunque yo tampoco me dejo intimidar por alguien como Zarutsuki, la realidad es la que es. Nos sobrepasa por todos lados, y más si puede, sin saber como, hacer que sus enemigos queden totalmente inconscientes en el suelo — Apreté el puño — Me gustaría saber qué clase de poder o fuerza tiene y estar preparado a futuro —

Me levanté de la mesa cogiendo mi plato y cubiertos para llevarlos a la pila y fregarlos. Abrí el grifo — ¿Cuánto tiempo podemos estar aquí? Nos vamos a ir cuanto antes si es posible, pero antes me gustaría poder volver a visitar la ciudad y ver que información puedo sacar sobre Zarutsuki — Dije mientras fregaba con una esponja y lo que parecía ser, jabón casero — Esto está infestado de piratas, y por desgracia, no podemos hacer nada mientras estemos aquí, tanto Zarutsuki como los tíos con los bastones no nos dejarán — cerré el grifo — Venga, va. Hay que ponerse las pilas, y ver donde van a ir todos y cada uno de estos piratas — Dije mientras me secaba las manos.

Todo lo sucedido aquí me había tocado la moral: El engaño de Tucrow, un pirata "legalizado" por la Marina al control de una isla, el misterioso poder de Zarutsuki, piratas paseando a sus anchas sin poder hacer nada — Estar en este sitio cada minuto solo me produce náuseas y mal estar — Sentencié, apoyado en la pila de la cocina, dando la espalda a mis compañeros.

Karmas a tener en cuenta en un social
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#10
Ikirami nos explicó todo lo que había sucedido, al parecer todos nos desmayamos menos ella y un par de personas fuertes más, desde luego esta mujer era impresionante, pero el hecho de no haber podido aguantar lo que sea que hicieron para dejarnos KO  me puso muy de mala hostia, era una puta y jodida inútil. Algo dentro de mí se negaba a pensar que había vuelto a ser derrotada, que mi promesa hacia mis compañeros no había durado ni un día. Apreté los puños con rabia, pero nuestra peliroja hablo de Joseba y de como me había cuidado y me relajé un poco. 

La conversación se fue calentando y Joe acabo sulfurado con todo el tema de los chichibukais y el estar en una isla en la que al parecer estábamos rodeados de piratas, además de que el almirante rapero nos había llevado ahí para nada.

- ARRRRRRRRRG ESTOY HARTO DE ESTO, PUTOS PIRATAS DE MIERDA, PUTOS CHICHIBUKAIS, MIERDA DE LA MIERDA DE LA MIERDA DE LA MIERDA

No entendía una mierda, porque alguien tenía tanto poder, porque el malo parecía aquí un cazarrecompensas y quién era ese tal Yojimbro, que estaba bien y que estaba mal, cada día que pasaba el mundo se hacía más inabarcable y a pesar de que yo era grande y fuerte, me sentía como un grano de arena en una playa kilometrica. 

- Los piratas son una lacra para esta sociedad, cada minuto aquí pueden estar haciendo daño a alguien, no podemos perder más tiempo aquí, estoy de acuerdo contigo Joe, esa gente, esclaviza, mata, saquea sin remordimiento alguno, lo sé, lo he visto muchas veces,  ¡PERO ESE TIPO QUE PARO A SOHEM NO PARECÍA MALO! ¡Y NOS SALVARON EN LOS CABOS GEMELOS TAMBIÉN! ¡¡POR QUÉ JODER!!! PORQUE TENGO QUE SER SALVADA POR ESA ESCORIA DE MIERDA, PORQUE EL GOBIERNO PERMITE QUE SIGAN CAMPANDO A SUS ANCHAS, EXPLICÁRMELO PORQUE YO NO ENTIENDO NADA

Intente calmarme aunque todo en mi cabeza daba vueltas y además aún tenía el sueño algo presente:

- Gracias por traernos aquí y cuidarnos Ikirami, incluso alguien tan lista como tú, desconoce tantas cosas... yo no se nada y ni siquiera puedo vencer a un puto gato de mierda ¿Para qué se supone que estoy aquí? ¿Para que se supone que hemos venido todos aquí?

Quería ir a ver a Joseba y calmarme, despejar mi cabeza, pero no podía de la rabia e inquietud que sentía y de alguna manera, sentía que mis compañeros, aunque de forma más comedida, sentían algo parecido a lo que yo estaba experimentando. Todo esto me había quitado el hambre a pesar de la deliciosa comida de Joe.


[Imagen: 9GdOzk1.png]
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