[Pr. Ab. - Entrenamiento Haki] - Sentir lo que otros sienten
#1
Isla Momoiro
Día 77 - Invierno - Año 12
7:23 AM

Un nuevo día amanecía en esta playa rosada. La salida del sol comenzaba a iluminar todo a su paso, y juntándose con aquellos colores tan vivos que la isla poseía, se reflejaba incluso en el agua cristalina del mar, que, a su vez, impactaba de lleno en las ventanas de nuestro barco. Realmente era un despertar muy agradable, calmaba completamente mi cabeza y mi alma, agradeciéndolo cada día tras abrir los ojos.

Hoy era un día bastante especial para mí. Creo, que por primera vez, iba a ejercer de maestro a mis compañeros, enseñarles un poco de lo que sé, las dudas nublaban mi mente, preguntándome si estaba a la altura y si sería capaz de que pudieran aprender lo mismo que aprendí yo. Iba a enseñarles a usar Kenbunshoku, Haki, lo mismo que hizo conmigo la joven Jalindra en la isla del cielo. Era importante que supieran usarlo para poder actuar en caso necesario, y más en esta isla, donde el peligro nos rodeaba constantemente.

Quizás, ese ha sido mi error hasta ahora, pretender yo solo salvarlos a todos.
Y a estas alturas me ha quedado bastante clara la lección; no puedo salvarlos a todos.

Pero quizás sí está en mi mano el ayudarles a ser más fuertes, y a su vez, que ellos me enseñen a mí a serlo. Era lo que hoy íbamos a comprobar. Cada paso que damos es un peligro nuevo para la División 21, y había que estar preparados. Procedí a levantarme de la cama sin pensármelo mucho, acercarme al armario y vestirme. Hoy iba a ser un día intenso, así que opté por algo cómodo: Una camiseta de tirantes completamente blanca, y unos pantalones cortos negros, con dos líneas azul marino verticales, para finalizar, unas sandalias, que solo me servirán para bajar a la playa, pues una vez allí, tenía pensado quitármelas por mayor comodidad. Salí de mi camarote y fui a la cocina directo, ya había allí dos aprendices preparando el desayuno de todos, pero yo no tenía tiempo. Me acerqué al mostrador y solo cogí una manzana, mientras daba los buenos días a los dos chiquillos, los cuales me devolvieron el saludo con entusiasmo, y yo solo pude responderles con una sonrisa.

Salí a la cubierta, de nuevo, muchos ya estaban preparando el día. A pesar de ser invierno, hacía buena temperatura al ser tan pronto por la mañana, y aunque fuera mucho más baja, no hay mejor manera de entrenar el cuerpo y la mente que de esa manera, pasando frío, yo al menos estaba bien. Saludé a los que me crucé de camino a la pasarela para bajar a la playa mientras mordía y comía la manzana sin quitar la piel, mucho más rica así. Una vez puse el pie en la arena, avancé unos 5 metros más adelante, totalmente en mitad de la playa, alrededor mía había sitio libre, de sobra para los demás y pudieran posicionarse como más quisieran. Terminé de comer la manzana, entera, no se desperdicia nada de un alimento, y con un movimiento rápido con la pierna derecha, lancé hacia arriba la sandalia para agarrarla con mi mano derecha, y a continuación, lo mismo con la pierna y mano izquierda.

Me dejé caer en la arena, sentándome allí mismo, con la pierna derecha estirada, la izquierda flexionada con la rodilla quedando arriba, apoyando mi brazo en ella, y visualizando una vez más aquel bonito amanecer. Dejé las sandalias a mi lado para que no molestasen. Ahora solo tocaba esperar a que los demás bajasen aquí y poder comenzar el entrenamiento.

Creo que estoy preparado para enseñarles. Al menos, eso quiero pensar.

Off
#2
—Ahhh… —suspiré sonoramente en mi habitación de corazones en Momoiro.

Desde que Monsieur Okaliva me había enseñado a maquillarme mejor, todavía me era más fácil pasar desapercibida por allí. Todo marchaba genial, no parecían habernos descubierto, al menos a mí no, y el día no podía comenzar mejor. Me desperté a buena hora, debían ser las cinco y media de la mañana, algo antes de la salida del sol. La noche anterior me quedé hasta tarde despierta, leyendo un nuevo género de libros al que me había aficionado recientemente, y además uno que me parecía particularmente útil. Bostecé llevándome la mano ante la boca, aún a solas era importante mantener las buenas maneras. Me desperecé estirando brazos y piernas a lo alto y ancho de mi enorme cama de corazón y después me puse en pie lista para asearme. Al levantar, me fijé que en el suelo había caído el libro, no sabía muy bien cómo había sido, pero del suelo no pasaría. 

Habitación en la Posada

Tenía prisa, no quería llegar tarde al entrenamiento, así que me aseé rápidamente, me vestí con un bikini rosa a modo de ropa interior y por encima algo de ropa deportiva cómoda y una chaqueta blanca. Simple, eficiente, pero por encima de todo, fabulosa.

Outfit de Ikirami

Salí del vestíbulo despidiéndome de Beaufleur, aunque la pobre mujer ni se enteró, pues estaba roncando como una bestia marina en su silla con un libro sobre su cara. Pasé hasta la zona de desayuno, donde simplemente me hice una bola de arroz del día anterior rellena de un poco de salsa picante y algo de jalapeño. Delicioso. Así pues, habiendo desayunado, puse mi objetivo en la costa y fui hacia allí. Pero como siempre, el mundo no estaba de mi lado aquel día. Anduve durante más de una hora, terminando en el punto dónde había empezado. “¿Por qué el mundo siempre decide moverse cuando voy con prisas?” me pregunté exasperada. Golpeé el propio suelo con el pie, propinándole una buena patada esperando a ver si así escarmentaba. Resoplar enojada y volví a intentarlo. Una vez más, no sé como esa mujer era capaz de saberlo, pero nada más eché a andar, un portazo interrumpió mi caminata y me giré para ver a Beaufleur ahí, suspirando y negando con la cabeza. La saludé alegre levantando una mano, pero antes de darme cuenta me cogió por ella y comenzó a llevarme. Sonreí amablemente y le dije que iba a correr por la playa, como solía hacer por las mañanas, y aunque pude notar cierto tic nervioso en su ojo, me acompañó hasta la misma playa. Me despedí de ella, prometiéndole que le llevaría algunas conchas de corazón como presente. Inspiré profundamente, viendo el sol salir por el este. Era una visión hermosa la de aquella isla, no tanto como la de Skypiea, por muchas razones, pero bella sin lugar a dudas. A lo lejos, muy a lo lejos, pude discernir una figura sentada en la playa. Coloqué una mano sobre mis ojos y agudicé la vista. Era Joe, aunque parecía que se había dejado algo más de barba. Estaba tranquilamente viendo el amanecer. Sonriente y alegre comencé a andar hacia allí. A mitad de camino, sin embargo, mi sonrisa fue decayendo pensando en nuestra última interacción, hacía ya bastantes días de ello. Desde entonces había estado bastante aislada del resto de compañeros, apenas hablando por el Den Den Mushi para informar que nada nuevo había sucedido. Así pues, llegué frente a él cuando todavía nadie más lo había hecho.

—Buenos días, Com… Joe. —me retracté justo antes de decir su cargo. Mejor prevenir que curar, nunca se era lo suficientemente precavido. Llevé la vista al horizonte, hacia donde el sol salía. No había nubes a la vista y el viento parecía estable— Parece que hoy vamos a tener un buen día, no creo que llueva ni haya nada que pueda interferir. O eso espero, ¿sabes?

Lo miré de nuevo e intenté sonreír, a ver con que pie se había despertado aquel día. No sabía qué clase de entrenamiento se habría propuesto darnos, pero esperaba que fuera intenso. Al final, me había tenido que saltar el mío para acudir a esa hora tan temprana.

Karmas

Inventario
#3
¡Seis y media de la mañana! ¡Joder! Me había quedado dormido, hoy teníamos un entrenamiento especial con Joe, el cual iba a enseñarnos algo nuevo. Aún no sabía de qué se trataba, pero al parecer me iba a servir de mucho, sobre todo a mi, o eso me dijo cuando me contó que iba a impartir el entrenamiento. Eso me motivó, no sabía por qué algo me iba a ayudar tanto, pero la verdad es que hasta Karl me estaba pasando a pasos agigantados. Lo pude ver en su enfrentamiento contra Garnet y si de verdad esto me iba a ayudar, más ganas tenía de asistir. Estaba tan nervioso que apenas había podido pegar ojo intentando averiguar que era lo que nos tenía preparado. Me levanté de la cama y fui directo al baño, allí me miré en el espejo, el no dormir había hecho estragos en mi rostro, tenía los ojos hinchados y negros, parecía un panda. Abrí el grifo dejando que el agua fría corriese entre mis dedos, coloque mis manos a modo de cuenco y cogiendo el agua me lo lleve a la cara, no había descansado bien pero no iba a ir con la cara llena de legañas. Una vez terminé, me dirigí a la ducha. Estuve bastante tiempo debajo de la alcachofa, sintiendo el agua recorrer mi cuerpo, caía por la nuca, surcándome el pecho y torso hasta llegar a mis pies, estaba intentando relajarme. De nada servía preguntarme qué era aquello que Joe nos tenía preparado. Cuando salí empapado me enrollé la toalla alrededor de mi cintura y me dirigí hacia el armario. Eche un vistazo al reloj eran más de las siete de la mañana, no tenía tiempo para ir a desayunar. Tampoco me preocupaba estaba acostumbrado a entrenar en ayunas, pues el cuerpo lo notaba pesado si comía algo antes del ejercicio. Abrí el cajón donde guardaba las prendas interiores y cogí unos bóxers y unos calcetines, aunque estos finalmente los deseché. Habíamos quedado en una playa por lo que iría con un bañador beige y una sandalias . No necesitaba más, no quería llenarme de arena y luego tener que ir con ella incómodo por toda la ropa. 

Ya estaba listo para ir a donde habíamos quedado, con solo Masamune en mano, me dirigí a cubierta. La mañana estaba despejada, el tiempo nos acompañaba. Las tropas estaban limpiando la cubierta, mientras yo me dirigía a la borda. Salte directamente al agua, estaba helada, pero al sumergir sentí mi cuerpo mucho más activo. Cuando llegue a la orilla pude ver como Joe estaba sentado mirando al mar, frente a él estaba ya Ikirami, estabas de espalda. Anduve hasta colocarme a la derecha de Joe y a de frente a la pelirroja, que  con la luz del amanecer, se veía más hermosa que nunca, bajé mi mirada hacia Joe ¡Buenos días! ¿Qué tal habéis dormido? Yo con los nervios del entrenamiento apenas he podido pegar ojo.  Les dije mientras llevaba mi mano izquierda a la boca para tapar el bostezo que irremediablemente me dio. Apoyé mi espada en la arena y la utilice de apoyo para dejarme caer sobre la arena rosada, característica de la isla. Ya solo falta Karl, espero que sea puntual
|Hablo/"Pienso"/Narro|
#4
Después del encuentro con Clala no había dormido tranquila ninguna noche y para no llamar la atención, había dejado mi rutina de entrenamiento, ya que estaba "de vacaciones" y ya llamaba bastante la atención por el hecho de ser una semioni. Además, seguía preocupado por Joe y Sephirot, en aquella isla en la que solo habitaban mujeres. Todo esto hacía que diera vueltas y más vueltas en el hostal donde me alojaba y no durmiera nada bien. Aquella mañana volvería a ver a Joe y Sephirot y estaba muy nerviosa, por lo que cuando cerré los ojos por fin no los volví a abrir hasta tarde.

Me había dormido, mierda de la mierda, el sol ya había salido y yo aún no estaba en el punto acordado, al parecer Joe quería vernos para enseñarnos y entrenar algo nuevo que había aprendido, me pegue una ducha rápida y me cambie de ropa y salí corriendo hacia la playa, donde ya estaban todos esperando, Joe, sentado en la playa, Ikirami, tan guapa como siempre y Sephirot que seguro que se reía de mí por llegar la última. Jadeando les saludé a todos.

- Perdonad compañeros, últimamente no estoy durmiendo muy bien y me quede dormida. No es digno de alguien de mi rango ¿Que nos tienes preparado Joe?

Había entrenado con varios compañeros por separado, pero ahora que lo pensaba nunca todos juntos y tampoco nunca con Joe, que era quien más nos tenía que enseñar, expectante y recuperando el aliento, quede esperando a ver que nos tenía que decir. 

inventario


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#5
El viento soplaba por aquella playa. La brisa impactaba en mi rostro, siendo floja pero muy agradable. Era perfecta para el entrenamiento que hoy íbamos a tener aquí.

Me mantuve esperando unos minutos, mirando al mar calmado, con la respiración tranquila y continua. De repente, pude detectar un olor característico y familiar por mi espalda — Aquí está la primera — Pensé, aquel aroma a picante no podía ser otra que la capitana Ikirami. Y así fue, viniendo por mi espalda, se puso delante de mí, dándome los buenos días con dudas de como dirigirse a mí, si por mi cargo, el cual cortó abruptamente, pero acabando por mi nombre de pila. Desde que llegamos a Momoiro hasta ahora, se pasó completamente aislada de todos, sin dar de nuevo explicaciones de nada, simplemente que se hospedaría en la ciudad principal, informando alguna vez que otra de que todo iba bien y poco más. Desde luego, algo la pasaba, pero no iba a insistir, y menos hoy. Ella mismo fue quien pidió hace tiempo que no hubiera secretos entre la División, así que cuando se sintiera con ganas nos haría saber y así poder ayudarla, cada uno necesita su tiempo.

— Buenos días, Ikirami — contesté sin apartar la mirada del mar, y tras un par de segundos me puse de pie, sacudiéndome las piernas y brazos de la arena que el viento había arrastrado a mi piel, para acto seguido mirarla, mientras avanzaba hacia ella y poner mi mano izquierda en su espalda de manera suave — ¡Hace buen día para entrenar, no creo que nada se nos tuerza hoy, así que perfecto y a darlo todo! — Finalicé con una sonrisa para calmarla. Me llevé la mano derecha por encima de los ojos, tapando así la luz del sol que estaba frente a nosotros, y pude ver como alguien se tiró al agua directamente desde el barco — Aquí viene el segundo — Dije en un tono alto, viendo como del agua salía Sephi y se acercaba hasta nosotros para darnos los buenos días, añadiendo que estaba nervioso por el entrenamiento.

— Buenos días, Sephi ¡Y tranquilidad! — Grité alegre para acercarme ahora a él y ponerle mi mano derecha en su hombro izquierdo — El entrenamiento de hoy será muy bueno para todos, estoy seguro de ello — Sentencié para calmarle los nervios. Precisamente comentó que donde andaba Karl, y justo en ese momento vino corriendo por la pasarela, totalmente con prisas por llegar — Y aquí, la tercera — Karl se puso delante de nosotros, jadeando de agotamiento, diciendo que últimamente duerme bastante mal — Eso tiene fácil solución. Esta noche te prepararé una infusión para que puedas descansar bien — Comenté llevándome la mano derecha a la barbilla — !Aunque estoy seguro de que con el entrenamiento de hoy, acabarás agotada y dormirás como una marmota! — Sentencie la frase, alejándome de ellos un par de metros, situándome delante de los tres.

Me crucé de brazos. Fui uno a uno mirándolos, en mi izquierda, Ikirami, enfrente de mí, Karl, y a mi derecha, Sephi — Bien, creo que cuanto antes empecemos, mejor. No podemos perder ningún segundo, hoy el tiempo es muy valioso, y también nuestro mejor aliado — Comenté mientras hacía círculos con mi pie derecho — En la isla del cielo pasaron muchas cosas. Desde el torneo hasta la... mierda esa de que pasó una semana... — Suspiré — Uno de los días que estuve fuera pare recobrar información sobre lo que paso en la pelea de Sohem y Yojimbo, conocí a una chiquilla, Jalindra es su nombre. No vivía en la ciudad, sino en un poblado en las afueras de Shandora. Eran como si estuvieran apartados del resto, discriminación más bien, pero eso no es el caso — Me volví a cruzar de brazos — La cosa es que me estuvo comentando acerca de como poder volverse uno más fuerte, usando algo que se llama Haki. Me comentó que hay tres tipos. Uno de ellos, Bosushoku, me explicó que es como "ponerse" una armadura invisible con la que golpear de manera más fuerte a los rivales, o incluso poder defenderse mejor — Dije mientras me miraba tanto los brazos y las manos — Luego, el Kenbunshoku, que te permite poder sentir las presencias y auras de los seres vivos, incluso lo poderosos que son y las emociones — Sitúe el dedo índice en mi frente, mientras miraba a mis compañeros — Y luego un tercer tipo de Haki, el cual no sabía ni como se llamaba, ni como se usaba, ni siquiera como se entrenaba, pero, que parece ser, que Zarutsuki si podía usarlo, así que de ese poco os puedo contar — Me crují el cuello desplazando la cabeza hacia mi derecha — Jalindra estuvo todo el día conmigo enseñándome el Kenbunshoku, y la verdad... no fue mal. Según ella, tenía un talento innato para ello, aunque lo dudo mucho... — Dije llevando la mirada al suelo, mientras con mi mano derecha agarraba mi brazo izquierdo — Pero el caso es que pude controlarlo y dominarlo de alguna manera. Ese es el motivo por el que hoy estamos aquí. Os voy a enseñar a usar Kenbunshoku —

Dije con ánimo y confianza a mis compañeros — Venga, va, ¿Os hace? ¿Alguna duda? —
#6
El comodoro saludó con la vista todavía centrada en el mar y se incorporó, acercándose a mí para colocar su mano sobre mi espalda. Con energía, declaró que hacía buen día, sonriente. Asentí algo confusa, volvía a parecer el Joe amable de siempre, aunque sin duda agradecía el cambio. Escuché algo entrando en el agua y me giré para ver como Sephiroth venía hacia nosotros nadando. El pobre no había podido descansar bien, nervioso por el entrenamiento, bostezando tras decirlo y así corroborando ese hecho.

—Yo estoy fantásticamente, como siempre. Me quedé despierta hasta tarde leyendo algún que otro libro, pero con la cama tan cómoda que tengo en la posada me siento de maravilla, ¿sabes? —respondí risueña a su pregunta de qué tal habíamos dormido.

Joe afirmó que el entrenamiento de hoy sería muy bueno para todos, intentando calmar los nervios del pelirrojo. Por último, pero no menos importante, Karl llegó corriendo, agotada tras la carrera, disculpándose con nosotros. Al parecer, ella tampoco estaba durmiendo bien últimamente.

—¿Y eso, Karl? —pregunté alzando las cejas preocupada.

Siendo como era, no sé qué podría ser lo que la mantenía en vela por las noches y esperaba que no tuviese que ver conmigo. ¿Me echaría de menos desde que me estaba hospedando en otro sitio? ¿Habría enfermado Joseba y la tenía despierta por las noches cuidando de él? No sabía que sería, pero esperaba que no durase mucho. Me crucé de brazos y asentí al escuchar como Joe se ofrecía a prepararle una infusión para ayudarla a descansar. Me coloqué junto a Karl mientras Joe nos pasaba revista a cada uno de nosotros, aprovechando para hacerme un moño para estar lista para el entrenamiento. Comentó, entonces, que empezáramos ya y nos contó que en Skypiea habían pasado muchas cosas, algo confuso por los últimos sucesos del lapso de tiempo perdido.

—Ah… Lo de los Ñordikis… —murmuré cerrando los ojos y asintiendo.

Al parecer, él había estado buscando información sobre lo que sucedió en la pelea de Sohem contra el malvado lunarian usurpador. Así, conoció a una joven llamada Jalindra, en un poblado de gente que según él eran discriminados. “Birkanianos” pensé ipso facto. Lo que me pareció curioso fue que comentó que la chica le había hablado sobre el Haki y sus tipos. Esa charla ya la conocía, pero igualmente escuché sobre ello por si había algún detalle nuevo. Jalindra le había enseñado el Kenbunshoku a Joe, alegando que tenía un gran talento para él. Mis ojos se iluminaron como dos faros centelleantes cuando dijo que nos iba a enseñar precisamente el que yo no tuve tiempo de aprender y apreté con fuerza el puño derecho levantándolo al aire.

—¡Qué grande eres, Joe! —exclamé enérgicamente— Por cierto, Jalindra debía ser una birkaniana. En skypiea los repudian y los consideran poco más que esclavos, de ahí que el pueblo estuviese tan alejado. Yo también encontré a un maestro muy amable, llamado Kaelith, que me enseñó el Busoshoku. Apenas tardé unos minutos en aprenderlo, me pareció realmente sencillo. —aclaré, cruzando los brazos y levantándola barbilla orgullosa— Había quedado con él al día siguiente para aprender el Kenbunshoku, pero… —me ruboricé al instante al recordar lo que pasó ese día tan especial— Shshshshsh —reí algo nerviosa— Esto… me encontré un gatito perdido y me despisté. Pasas que cosan, ¿sabes? Digo, cosas que pasan.

Asentí afirmando a mí misma aquella idea en la cabeza. “Un gato perdido, sí. Eso fue lo que pasó” pensé convencida de ello.

—Bueno, ¿por dónde comenzamos? —pregunté mientras miraba alrededor y después a Joe— Guíanos, profesor. —terminé sonriendo y guiñándole un ojo, emocionada por dominar otro tipo de Haki.
#7
Iki me pregunto por qué no dormía bien y Joe que me haría una infusión para que durmiera bien. No contesta a Ikirami porque Joe se puso a hablar. Al parecer nos quería enseñar el tipo de Waki ese del que me hablo Kalise, al parecer se lo había enseñado una misteriosa chica en la isla del cielo. 

Ikirami también hablo, como siempre, dando datos interesantes, pero tan rápido que no me entere de mucho, de lo que si me entere es de que ella también había conocido a Kalise y al parecer también había entrenado como yo el Waki de armamento en un instante y que no le había dado tiempo a aprender el otro porque tenía que buscar a un gatito perdido, esta chica era impresionante desde luego:

- Hostia Ikirami, ¿entonces tú también conoces a Kalise? A mí también me enseño el Waki de armamento, pero Joe... también me dijo que el Waki ese de sentir presencias no era para mí...no sé yo si seré capaz de conseguirlo como tú, compañero.

Eso me puso algo triste, Ikirami aprendía, según ella, sin dificultad, algo que a mí casi me costó la vida y Kalise no había intentado enseñarme ese tipo de Waki tras examinar mis habilidades, no obstante, tenía que confiar en Joe:

- No obstante Joe, ¡si alguien me conoce y si con alguien puedo aprender es contigo! ¡Daré el cien por cien de mí para conseguir estar a vuestra altura! 

Estaba segura de que con esfuerzo, disciplina, trabajo y la ayuda de mis compañeros, podria superar cualquier reto


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#8
Cuando comenté que mi nerviosismo, no me permitió dormir, Joe posó su mano sobre mi hombro y me dijo que estuviese tranquilo, que este entrenamiento nos vendría bien a todos, algo que me relajo un poco, él como todos miraba por el bien común y si era algo tan bueno como decía tendría que dar mi mejor esfuerzo. Al rato apareció, Karl llegó la última, le miré a la vez que en mi cara se mostraba una mueca de satisfacción, como no ella era la que tenía que dar el cante, en el fondo adoraba a esta chica. Una vez esta última termino de colocarse a la izquierda del comodoro. Fue entonces como Joe tomo el peso de la conversación y comenzó a contarnos lo que íbamos a aprender hoy.

Estaba muy atento a todo lo que  estaba contando, al parecer había tres poderes ocultos en las personas llamados Hakis. El Bosushoku te permitía tener una armadura invisible que fortalecía tus ataques y defensa. Inconscientemente, cogí a Masamune con la mano izquierda, la elevé a la altura de mi pecho y con agarrando la empuñadura con la mano derecha, desenvaine, mostrando unos diez centímetros de su hoja, la miré con fuego en la mirada "¡Osea que podré cortarlo todo!" Pensé mientras en mi cara se reflejaba una sonrisa diabólica. Sin duda era un poder que quería, necesitaba poder ser la espada que cortase a todos o todo lo que nos encontrásemos, sin duda alguna ese era el Haki que quería, volví a envainar la espada y la baje sujetándola aún en mi mano izquierda a la altura de la cintura. El segundo que mencionó fue el Kenbunshoku permitía notar las presencia de los seres vivos y hasta de sus emociones e intenciones, para alguien que no prefería evitar el conflicto bélico si se podía, también me interesaba poder llegar a conocer las intenciones de los piratas y enemigos que nos encontrásemos. Joe estaba consiguiendo tener toda mi atención. A veces les envidiaba por tener frutas y poderes que pudiesen marcar la diferencia en combate, pero todo lo que nos estaba contando, erizaba hasta los más pequeños pelos de mi cuerpo. Estos poderes eran todo lo que necesitaba, los quería, estaba deseando comenzar, pero él seguía explicando cuál era el tercero de todos. El nombre de este no lo conocía, por lo que, no podía averiguar de momento de que se trataba, pero por alguna extraña razón, o por una corazonada, estaba convencido de que ese tercer Haki era mejor que los anteriores. Algún día averiguaría sobre él, lo mismo si le preguntaba a Ikiriami... Miré entonces a la pelirroja. "¡Sí, Tendré que preguntarla!" Iba a ser difícil, pues no estaba en el barco con los demás, pero en seguro que la oportunidad se daría. Joe acabó diciéndonos que nos enseñaría el Kenbunshoku y nos preguntó si teníamos alguna duda.

La primera en hablar fue nuestra hermosa compañera, nos contó que en Skypiea los birkanianos eran repudiados y que además ella también había encontrado un maestro del Haki el cual le enseñó el Bosushoku, no pude evitar sorprenderme y mirarla con sorpresa. Yo quería ese poder, lo necesitaba y además con ella apenas había tenido contacto desde que se unió al grupo, lo mismo era mi oportunidad. Iba a decirle que me enseñase, pero en ese momento habló Karl al parecer ella también había aprendido a usar el Bosushoku, otra vez era el último en aprender algo. Intente que eso no llenase mi rostro de dudas, y cuando esta terminó de hablar, tomé yo la palabra.

Ikirami Dije mirando al mar, para no ponerme nervioso, al verle los ojos. Carraspee y me atreví a preguntarle lo que quería decirle. ¿Me enseñarías a usar el Bosushoku? Cuando terminé de pronunciar mis palabras, fue cuando pude mostrar el valor suficiente y clavar mi mirada en sus ojos, en los míos se mostraba seguridad y decisión, necesitaba aprenderlo y quería estar a solas con ella y esta era la mejor oportunidad. Perdoname Joe, primero toca el Kenbunshoku Le dije mientras sonreía y me llevaba la mano derecha a la coronilla. Por mi parte podemos continuar, pienso darlo todo para dominar todos los Hakis. Quite mi mano de mi cabeza y la alce a la altura del pecho, apretándolo a modo de desafío y promesa.
|Hablo/"Pienso"/Narro|
#9
Todos estaban emocionados por el entrenamiento, me alegré por ello.

Las compañeras comentaron que conocieron a otra persona que les enseñó el otro tipo de Haki que me comentó Jalindra, el de la "armadura invisible". Suspiré aliviado y me alegré de que ellas supieran al menos sobre él — Eso es un punto positivo para nosotros. Más adelante nos enseñaréis a usarlo, ¿sí? — pregunté a ambas esperando una respuesta afirmativa por su parte.

Que todos podamos llegar a usar este poder, aunque sea de manera inicial, era algo estupendo — Más adelante enseñaremos a la pequeña Ryze, ella también tiene que saber sobre ello — Afirmé con la mano en la barbilla, pensativo.

Entre este tipo de revelaciones, parece ser que todos estaban preparados para empezar el entrenamiento.

— Bien, el Kenbunshoku, o Haki de observación, como me dijo Jalindra, cuenta con la capacidad de poder sentir las presencias o, auras de todos los seres vivos. Incluido también su nivel de poder, o hasta incluso las emociones — Dije mientras les miraba — Vamos a empezar por algo sencillo. Separaos, vamos a hacer con nuestros cuerpos un cuadrado imaginario, en el que cada uno de nosotros somos una punta de él, y tengamos todos visión de los demás delante de nosotros — Comenté mientras me colocaba y esperaba a que ellos lo hicieran.

— Al principio no será fácil. Lo primero es tener absoluta concentración. Cerrad los ojos para facilitarlo si es necesario. Tenéis que ser capaces de dejar la mente totalmente en blanco ¿A qué me refiero con esto? Debéis de ser capaces de, incluso, dejar de escuchar los sonidos ambientales que hay en este sitio, como por ejemplo, el ruido del mar, o el de la vegetación, moviéndose por el mismo viento que hay. Empecemos así, y luego vamos a otro paso más —

Comenté a mis compañeros de la mejor manera que pude, siendo claro y directo para facilitarlo. Aunque el kenbunshoku se puede llegar a usar sin necesidad de concentrarse tanto, llegando a cerrar los ojos y todo esto, es la mejor manera de empezar para que puedan empezar a sentir las auras, en este caso, de cada uno de nosotros, es por eso que les dije de ponernos en esta formación.
#10
Tras decir como había aprendido el Busoshoku, Karl dijo que ella también había conocido a “Kalise” y que lo había aprendido. Sonreí al escuchar como confundía el nombre del maestro y del Haki, era adorable cuando hacía eso. Sephiroth me sorprendió, con la vista en el mar mientras llamaba mi nombre.

—¿Sí? —respondí, esperando con curiosidad y cruzándome de brazos para ver que pasaba.

Me preguntó si podía enseñarle Busoshoku, al fin encontrando mi mirada. Alcé las cejas sorprendida en un inicio, por la determinación que llevaba su mirada, pero casi al instante sonreí ampliamente.

—¡Por supuesto! —exclamé emocionada— Soy una gran maestra, aunque no lo parezca, ¿sabes? Shshshsh. Cuando acabemos esto, llámame por Den Den Mushi cuando quieras y te doy unas clases privadas. —finalicé, levantando una mano con el pulgar extendido hacia arriba en señal de aprobación y con una radiante y hermosa sonrisa.


Joe, por su parte, se alegró de que ambas conociéramos ese Haki para que así pudiéramos enseñárselo a los demás. Supuse que podríamos dividirnos, ya que Karl también decía haberlo dominado. Pero ahora lo importante era aprender el Kenbunshoku. El comodoro comenzó a hacer una breve explicación sobre su utilidad, la cual ya conocía con anterioridad. Después indicó que comenzaríamos con una sencilla meditación. Me coloqué en una de las esquinas del cuadrado imaginario y me senté, con las piernas cruzadas. La tarea era sencilla, dejar la mente totalmente en blanco.

Cerré los ojos, apoyando las manos de forma relajada sobre las rodillas y me centré en la respiración. Apagué parte de los pensamientos que surcaban mi mente, pero el roce de la ropa no paraba de sacarme del trance. Sin decir nada, y con los ojos todavía cerrados, me desprendí de la chaqueta que llevaba, seguidamente haciendo lo mismo con la camiseta de tirantes negra, quedando tan solo en pantalones. Llevaba un hermoso bikini de color rosa salmón bajo la ropa, por lo que era bastante cómodo y tenía poca tela que pudiese molestarme. Volví a la posición anterior y repetí el ejercicio. Inspirar, expirar. Una y otra vez. Me centré en ignorar todos los sonidos que escuchaba a nuestro alrededor, dado mi buen oído. No fue difícil hacer aquello, pero por desgracia los sonidos ambientales ayudaban a contrarrestar algunos más molestos. Las voces en mi cabeza, que me susurraban desde el fondo de mi alma, comenzaban a emerger. Cuando tenía el foco en algo, desde hacía ya una temporada, parecía que estaban más bajo control que nunca, pero el obligarme a ignorar todos esos estímulos externos solo conseguía darles carta blanca para inundar mi mente. Arrugué la frente y apreté los ojos, perdiendo el ritmo de la respiración. Los rostros de los piratas, el olor del humo, de la inmundicia, el sonido de las ratas hurgando en los sacos, la salinidad en el aire, su humedad… Incluso los susurros de sus voces cobraban vida de nuevo en mi cabeza. Miedo, angustia, desesperación, ira, dolor, tristeza, añoro, duelo… Me mordí el labio y clavé las uñas en mis piernas, arrugando el pantalón bajo ellas. Hasta hacía unos segundos no imaginaba que fuera a ser tan difícil una tarea tan simple como aquella, pero desconocía que mi mente era el mayor demonio que poseía. La respiración se me entrecortaba y sentía que iba a perder el control en cualquier momento.

Por un momento, estuve al borde de las lágrimas y de desistir de todo aquello, de irme de la playa y volver a mi habitación y tumbarme en la cama. Pero conseguí centrarme en algo, algo nuevo que habitaba mi interior y que, uno a uno, fue sustituyendo cada uno de mis dolorosos recuerdos y de aquellas voces. La suave música que volvía a inundar mis oídos, un claro en mitad de un bosque de árboles inmensos, su risa tonta, las dulces palabras que me ofrecía, el confort de su abrazo, las hojas meciéndose con el viento. Después, el fresco aire nocturno, la luz de la luna y las estrellas, un colchón de nubes bajo mi cuerpo… Alivio, paz, alegría, confianza, seguridad, esperanza, amor… Uno por uno, cada uno de los demonios que me atormentaba se fueron retirando de nuevo, poco a poco y volviendo a tener el control de mi respiración. Cuando todos estuvieron encerrados en sus jaulas, finalmente, fui dejando a los nuevos volver a ese rincón de mi mente donde ahora los atesoraba, hasta que no quedó nada. Había desconectado por completo de mi cuerpo y mente, en ese momento ya no sentía ni percibía nada.

Todo aquello había sucedido en apenas un par de minutos, aunque se habían sentido como años de lucha en mi interior. Estaba lista para continuar.


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