[Aventura T5 - Presente Absoluto] - En busca de la leyenda
#11
Al parecer, algo de lo que hizo Kisuke alteró visiblemente a aquel desconocido que tenían delante los revolucionarios. El panda se giró levemente para ver qué era lo que había hecho su compañero y lo ciertoe s que no logró verlo a primera vista, aunque sí pudo fijarse en el movimiento de su pie que se retiraba después de haber pisado los restos humeantes de su cigarrillo. Le pareció curioso, quizás hasta ofensivo, que el excéntrico botánico sacase una libretita de la nada y comenzase a escribir o dibujar en ella mientras miraba a Kisuke fijamente. Decidió dejarlo pasar por esta vez y aunque no le estaban haciendo gracia las pequeñas puyas que estaba lanzándole a su superior en el Ejército Revolucionario, decidió dejarlo estar por el momento en beneficio de la misión que llevarían a cabo en un futuro no muy lejano. Además, se lo estaba ganando haciendo las preguntas adecuadas, lo cual facilitaría el trato con el estrafalario individuo. Al parecer la Asociación Centaurea se movía por múltiples ecosistemas al mismo tiempo y debían de tener un alcance relativamente grande, ya que habían llegado, por lo menos, hasta el Grand Line. Quién sabe si más lejos todavía. Se interesó mucho por la búsqueda que estaba describiendo Peony. A tal punto le llamó la antención, que obvió por completo el gesto tan sospechoso que estaba haciendo con su mano dado que, en principio, no sentía hostilidad alguna por su parte. —La Panacea... —Conocía ese término. Algunos investigadores hablaban de un remedio legendario capaz de sanar todos los males, incluso enfermedades incurables. Generalmente se trataba de teorías no respaldadas por ningún organismo científico de prestigio, pero la Asociación Centaurea parecía ser la excepción en este asunto. La historia del botánico encajaba más o menos. Había llegado a la isla con la misión de estudiar su flora y se había quedado admirándola. Podía llegar hasta creérselo. —Comprendo, me pasaría exactamente lo mismo, honestamente. Si hubiera tenido la oportunidad de visitar la legendaria Ohara de la que habla mi buen amigo me temo que terminaría viviendo allí gran parte de mi vida honhonhon. —Notaba cómo su compañero, naturalmente, se estaba encendiendo un poco con los ataques verbales del botánico, de modo que le dio una amistosa palmada en el hombro.

Aunque no daban el pego como forasteros y era evidente que Peony sospechaba de ellos, no tardó en llegar la propuesta de una misión. Una pequeña aventura alternativa al Ejército. Ayudar a un desconocido a encontrar la legendaria Panacea. ¿Por qué no? El tema le interesaba y tenían que esperar a que el log pose se recargase. Además, si la Asociación pagaba bien... Tenían que reparar el barco, después de todo. Kisuke dio una respuesta extremadamente brusca. Esperando no desatar la ira de Peony, Don Bambú adoptó un tono más cordial. —Sin duda no hemos empezado de la mejor forma esta conversación. Sin embargo estaría encantado de participar en esta empresa que nos propone, Peony de la Asociación Centaurea. —

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#12
El hombre no parecía una amenaza realmente, aunque parecía algo borde con Kisuke por alguna razón y apuntó algo en su libreta para después guardarla en su bolsillo derecho, el chico comento que su asociación no buscaba el lucro, por el contrario, se centraba en la investigación de la naturaleza, no voy a mentir diciendo que esa parte no llamo mi atención y si el tipo realmente investigaba sobre plantas puede que esa libreta tenga información bastante jugosa mis dudas sobre que información contendría esa libreta se acrecentaron cuando escuche que lo que andaban buscando aquí era la panacea, había leído vagamente sobre el concepto en los libros de medicina de Báltigo, pero dudaba que pudiera existir algo como eso. Luego el tipo llevó lentamente su dedo en dirección a sus gafas, mis labios se tensaron frente la idea de verle subirse las gafas con el puto dedito, como si fuera un puto sabelotodo, pero fue una falta alarma y acabó rascándose la frente, por lo que parecía podríamos sacar un buen pellizco de todo esto, no confiaba en el tipo, pero confió en el dinero. Así que me deje caer a la espalda de Peony, cayendo con sumo sigilo a menos de un metro de el y con un rápido movimiento con la mano derecha la introduje en su bolsillo derecho y extraje su libreta con un juego de muñeca para que no se diera cuenta de que algo le era arrebatado y la guarde en mi bolsillo derecho, tras lo que desde su espalda hable.

"Primero, las preguntas son ¿Cuánto? Y ¿Cuándo?. Segundo, en caso de encontrar la panacea se repartirá en partes iguales."

Mi voz extremadamente calmada se abría paso desde la espalda del explorador centaureo, si algo había aprendido desde temprana edad es que cuando haces el trabajo sucio de alguien es mejor dejar todo zanjado desde el comienzo para evitar posibles cambios en las tarifas, aunque eso no te exime de que te traicionen, pero él sabría si quería cabrear a tres tipos en medio de una jungla perdida de la mano de dios.

"Y Tercero. desde ahora, te dirigirás a mi compañero con sumo respeto, entendido?"

Dije mientras pasaba mi brazo derecho por encima del hombro derecho de Peony y señalaba a Kisuke.

"Esas son todas las condiciones."

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#13
Invasión






Una vez anclamos en la isla Chisi era tarea de Chloe, Caspilla y Sordo el preparar el barco y terminar de hacer las pequeñas reparaciones oportunas y pertinentes. Era una isla selvática y salvaje, que me recordaba vagamente - gracias a mi maravillosa memoria - el lugar en el que obtuve los poderes de mi akuma no mi. Ahí peleé contra horrores inimaginables... o quizá eran parodias de criaturas más feroces, pero como fuera, me transmitía una sensación familiar y estaba relativamente cómodo. Lustig se había quedado en el barco aun recuperándose de las pocas y pequeñas heridas que le quedaban, y descansando antes de iniciar una exploración que podría darnos problemas. Era mejor que Viktor y yo nos moviéramos por aquí, ya que si el problema era lo suficientemente grande que ni nosotros lo podíamos manejar, la huida sí era una opción. Pero si teníamos que cargar con los Chloes, no. O no de una manera efectiva, ya que alguno podría morir en el proceso.

El espadachín caminaba en paralelo a mis propios pasos, adentrándonos en la noche y en el bosque, sin soltar aquel maldito y repelente libro que leía a todas horas y que citaba en voz alta. O leía muy despacio o el libro tenía páginas mágicas que se reproducían y se multiplicaban por las noches, porque no entendía como en todo el tiempo que le conocía no se lo había acabado, ni porqué - en caso de haberlo hecho - lo seguía leyendo. Era una cosa que me exasperaba, pero quién era yo para señalar los gustos y los pasatiempos de nadie, siempre y cuando se mantuvieran efectivos a mi lado, como si quería emplear su tiempo libre en lamer el casco del barco para limpiarlo. El problema es que mientras leía, o comentaba alguna cosa que estaba leyendo - creyendo que me iba a interesar, erróneamente, claro - o se mantenía en silencio. O quizá estaba en blanco y se inventaba lo que decía, lo cual sería aun más perturbador. Y el silencio explorando una jungla desconocida no es un problema, ya que ayudaba a focalizar el sentido del oído - el cual de por si, ya tenía muy bien desarrollado - y en esta situación me permitía guiarme al carecer de una fuente de luz que ejerciera de hilo en la oscuridad. Sólo caminaba siguiendo el sonido de un arroyo en la lejanía, pues si hay agua hay vida, y es más común que las civilizaciones se establecieran cerca de esas fuentes de hidratación. Pero aun con todo eso, me aburría. Por algún motivo estaba charlatán y no tenía quien me diera esa retroalimentación.

Aun así, buscando la parte positiva de la situación, tenía la evidencia de poder estar concentrado en el entorno. Sería difícil que una criatura del bosque me tendiese una trampa si emitía el más mínimo sonido, pues habiendo aislado y asimilado el sonido de nuestros propios pasos, la quietud y la relativa calma de la naturaleza era ahora un ruido blanco en mis oídos y todo lo que rompiese esa cotidianeidad sería motivo para estar alerta. La noche parecía refrescar - aunque me mantuviese inmune a esa inclemencia - y la humedad del propio bosque en la estación y hora del día en la que estábamos invitaba a tomarse las cosas con calma. La quietud aplacaba cualquier espíritu combativo si te parabas a disfrutar de ella. Chasqueé la lengua con desagrado... ojalá hubiera podido disfrutar más de mis días.





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#D86700
#14
Ni siquiera sabía donde coño estábamos yendo.
Nuestra llegada a la isla Chisi había sido todo lo tranquila que podría esperarse con un timonel como Sohem y todo lo escabrosa que podría esperarse de un jefe como Sohem. El barco, que había llegado prácticamente ileso a pesar de los desvelos del personal a bordo por casi quemar y reventar la estructura, quedó anclado en la orilla, donde Chloe, Carmilla y Shoto aguardaban mientras Sohem y yo nos aventurábamos en la isla. Aquel lugar parecía lo suficientemente seguro como para que los tres miembros menos experimentados en combate pudieran entrenar y prepararse para los casi seguros peligros que nos encontraríamos de aquí en adelante. Al menos, esa era la idea original, pero como siempre, todo se tuerce.

Salimos a media tarde, con el sol prácticamente cayendo, y aunque el plan era hacer un reconocimiento de la zona. Yo en cabeza y Sohem detrás de mí. Tendríamos que pasar tiempo en la isla hasta que el artefacto de navegación, llamado Logpose, que Sohem portaba para orientar el barco, se cargara completamente hasta poder ir a la siguiente isla. Mientras tanto, esta isla que a priori parecía mucho más llena de vida que la anterior, al menos podría proveernos de víveres, plantas, agua y provisiones varias para el viaje. Quién sabe si habría algún poblado o aldea donde poder investigar, o quizás animales lo suficientemente grandes como para que Sohem calcinara y comiéramos una temporada. Desde luego, después de Báltigo, cualquier hallazgo iba a ser un premio en comparación a la absoluta nada que nos ofreció nuestra anterior ubicación.

Conforme nos fuimos adentrando por el bosque, la maleza cubrió el cielo y perdimos prácticamente la noción del tiempo. Las horas que esperábamos pasar de avanzadilla se alargaron y alargaron, haciendo que cada vez hubiera menos luz. Con el paso del tiempo, lo que al principio eran tímidos rayos de luz que se filtraban por el espeso follaje de los árboles pasaron a ser tenues destellos anaranjados y finalmente la oscuridad absoluta. Las tinieblas se apoderaron del camino, pero para nuestra sorpresa, cerca del camino que seguíamos, se comenzó a llenar de luciérnagas que iluminaban débilmente junto a una serie de plantas bioluminiscentes. Eso permitió que, forzando ligeramente la vista, pudiera andar sin problemas por el sendero que transitábamos, pero que me obligó finalmente a dejar la lectura. — El camino es largo y hay que andarlo… — musitaba mientras escudriñaba las sombras y luces de lado a lado. Conforme avanzábamos, decidí que quizá era una buena idea darle uso a las habilidades de Skypiea: el kenbunshoku haki. Ampliando mi vista exterior, proyecté mi Haki a máximo recorrido para analizar el entorno y poder encontrar cualquier cosa que pudiera haber.

Fue pasado un tiempo, ya totalmente entrada la noche, descubrí a una serie de personas a larga distancia. En cuanto entraron en el radio de acción de mi Kenbunshoku, que debía abarcar casi cuatrocientos metros, frené en seco. — Jefe, hay gente. — dije dirigiéndome a Sohem — Cuatro individuos, cuatrocientos metros a las doce en punto. Tres de ellos fuertes. — continué mientras giraba hacia él — Quizá podríamos… — cuestioné con tono interrogante y asumí que el jefe estaba tan aburrido como yo y que podría ser interesante acercarse a los sujetos. Según nos acercamos, ya apenas a unos quince metros, descubrí que se trataba de tres humanos y un Mink. Uno de los humanos parecía cercado por los otros tres individuos. Estos parecían estar hablando con él en tono molesto, ya que uno de ellos exigía un “respeto” a su compañero. El Mink, que estaba completamente seguro de que era el mismo que había estado en Skypiea junto a los Alas negras, estaba allí, junto a los tres hombres. Aunque no hablé con él, era difícil no reconocerlo.  — ¿Reunión de pastores? — dije, saludando al grupo de hombres y minks advirtiendo claramente de nuestra llegada.

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#15
La actitud del espadachín comenzaba a sacarle de quicio al inofensivo botánico, quien no paraba de escuchar toda clase de improperios hacia su persona. Para colmo, intentaba restarle importancia al atentado contra la naturaleza que ha estado a punto de hacer, llegando a decir que había estudiado hasta en la conocida Biblioteca de Ohara, haciendo que Peony arqueara un ceja - incrédulo - ante la afirmación de Kisuke. Lo peor de todo es que no parecía estar mintiendo.- Ya admiten a cualquiera por lo que veo- Se burló, mentalmente, mientras negaba con la cabeza en señal de rechazo. Por su parte, el mink, comprendió y empatizó con la admiración que sentía el miembro de la Asociación Centaurea por la biodiversidad de aquella isla. Si Peony no mandaba a la mierda a esa pareja, se lo debería todo al oso de 4 metros.

Sin embargo, cuando el excéntrico explorador propuso la misión Kisuke, aunque aceptó darle su ayuda a Peony, lo hizo de tan mala manera y tajante que empezaba a arrepentirse de haberles hecho tal suculenta oferta.- Les invito a investigar la famosa Panacea, además de recompensarles si tenemos éxito, ¿y me habla así? ¡Debería estarme agradecido de brindarle una oportunidad única!- Se dijo a sí mismo, cruzado de dedos, mientras bajaba - reiteradamente y sin separar el tacón de su zapatilla del suelo - la punta de su pie derecho. La paciencia se le estaba agotando. Menos mal que estaba "Panda" allí para relajar la situación, expresando él sí su deseo de participar en aquella pequeña expedición.- Tranquilo, Peony, hazlo por la ciencia y por la botánica...- Suspiraba, autoconvenciéndose para no mandarlos a la mierda.- Estupendo, si accedéis pues a ayudarme en esta incursión, ¿qué os parece si vamos a mi pequeña tienda de campaña y montamos allí un buen...- Proponía el explorador, al mismo tiempo que se ajustaba su guante derecho hasta que, desde su espalda, emergió un voz que hizo que su corazón dara 10 vuelcos.- ¡PERO!- Exclamó, dándose la vuelta rápidamente y observando lo que parecía ser un hombre pelirrojo de 1,80 metros de altura.

Sin siquiera presentarse ni nada, comenzó a exigir respuestas - con una voz extremadamente calmada - de varias preguntas que, por su ambigüedad y por el susto del momento, a Peony costó hilar a que se refería.- ¿Perdona?- Preguntó mientras daba un paso hacia atrás y adoptaba una pose defensiva bastante improvisada. Cuando quiso darse cuenta, aquel pelirrojo tenía puesto su brazo sobre su hombro, imponiendo que se dirigiera a su compañero con respeto, señalando al espadachín.- Ah... Cómo no, es su compañero...- Se tranquilizó, en cierta medida, mientras rodaba sus ojos, ocultos tras aquellas lentes moradas.- Florara... ¿No te han dicho que es de mala educación ir pidiendo información sin haberte presentado anteriormente?- Preguntó con un tono lleno de molestia. Sólo habían intercambiado dos frases pero, por su actitud, le daba por pensar que podía ser igual o peor que aquel gorila de músculos hercúleos. Desde luego que Peony estaba a punto de perder la cabeza, y aquello era palpable en su manera en la que empezaba a agarrar su guante derecho, tirando de él y aflojándolo continuamente.

Y ya, si no había suficiente jaleo, otras dos caras - o mejor dicho, una cara nueva, pues la otra iba tapada - a aparecieron. Cuando una voz, perteneciente a un hombre, invadió la escena, Peony miró ipso facto hacia el lugar de origen, encontrándose - gracias a su visión desarrollada y adaptada a la oscuridad - con dos transeúntes. Mientras que uno de ellos tenía al descubierto su rostro, mostrando sus afiladas facciones, su pelo blanco y unos ojos de un azul apagado - de los cuáles uno le recorría una cicatriz vertical -, el otro dejaba su apariencia más a la imaginación pues, al llevar un casco puesto, impedía por completo vislumbrar su rostro. El primero de ellos preguntó si estaban teniendo una reunión de pastores, cosa que no sabía si lo dijo a modo de burla o a cuento de qué. Lo que sí pensó inmediatamente Peony, a raíz del comentario y del timing en el que habían aparecido es que debían ser compañeros de aquellos dos energúmenos y "Panda". Con esta idea en mente, y a la vez que Peony seguía tirando de su guante, ante la posibilidad de que aquellos dos fueran igual que Kisuke y el hombre pelirrojo, ejerció tanta fuerza en la prende que acabó por romperlo, dejando su mano derecha desnuda.- Florara.... ¡FLORARARA!- Comenzó a reírse como un maniático. Había perdido la poca cordura que le restaba.-Se acabó, a tomar por culo la oferta, ¡hasta aquí llegué!- Comenzó a caminar hacia uno de los lindes del sendero - el de la derecha, tomando en cuenta la perspectiva de los dos nuevos forasteros -, teniendo sumo cuidado de no pisar los hongos, dándose la vuelta, por un momento, dirigiendo su mirada al oso.- Una pena, "Panda", si nos volvemos a encontrar y estás solo, me encantaría retomar esta conversación... Y que me dijeras tu nombre de verdad, ¿a que sí?...- Terminó la frase guiñando su ojo derecho, aunque nadie podría verlo, y poniendo sus dedos índice y corazón derechos sobre su sien, a modo de despedida, para volver a introducirse en las profundidades del bosque y perderse de las vistas ajenas. El excéntrico botánico Peony, se marchaba para seguir con su labor de investigación, sin ser verdaderamente consciente de que se avecinaría una tormenta que sacudiría el ecosistema de Chisi.

INFO
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#16
Sin variar un ápice su expresión ante la aparición de Zorak, Kisuke sonrió mentalmente ante el desconcierto de Peony, realmente le caía mal aquel tipo, pese a que su propuesta parecía interesante, pero no sentía gana alguna de hacerlo por ayudarle, evidentemente, sino por satisfacer su curiosidad sin más. Aquel tipo debía estar debatiéndose entre cual de los dos sería más peligroso, si Zorak o el propio Kisuke, sin saber que el Panda podría hacer que se cagase encima simplemente con aquel poder extraño que mostraba en ocasiones.

-Debe haber sido toda una sorpresa la irrupción de mi colega el boca-sierra... kuhahahaha.

Fue en ese momento cuando una voz sonó a sus espaldas, a quince metros de Kisuke, que era el que estaba más atrás aunque fuese un par de pasos. Kisuke se giró con una mano en la empuñadura de Yamigiri en la dirección que llegó aquella voz, y localizó a dos personas detrás de ellos. Uno de ellos bajito, con una máscara que ocultaba su rostro y llevaba un kanabo de un metro; su acompañante era algo más alto pero aún más bajo que Kisuke, de pelo blanco y ojos claros marcado uno de ellos por una cicatriz, portaba dos katanas al cinto. Ambos vestían con colores oscuros con lo que no era sencillo verlos. Kisuke seguía irritado así que les dijo:

-¿Y vosotros quiénes sois?¿Sois coleguitas del hippie este?

Hizo esa pregunta señalando con el pulgar izquierdo a Peony, que estaba terriblemente nervioso. Parecía no entender nada de la situación y perdió los nervios. Con indignación se marchó de ahí dejando vigente su oferta aunque solo con Don Bambú, evidentemente. Cuando se alejó lo suficiente el estrafalario botánico, fijo su vista en los tipos que acababan de llegar. El del casco le sonaba de algo, es posible que le hubiese visto en algún periódico, pero debía de haber sido hace mucho y no conseguía recordarlo; el otro no le sonaba de nada, pero sus espadas parecían de buena factura, habría que tener mucho cuidado.

-Esta claro que no sois amigotes. ¿Quiénes sois?¿Qué es lo que buscáis? Esta claro que no sois unos cualesquiera si os presentáis así.

Evidentemente, aquella situación era demasiado parecida a la de Akarui así que había que ser cautelosos, y aquellos tipos no eran como el botánico esperpéntico que acababa de marcharse, por lo que la prudencia era algo imprescindible, aunque quizá medirse contra otro espadachín, y, más aún, contra uno que parecía tan fuerte y con unas katanas tan buenas, podría ser productivo. Se quedó contemplando a los dos hombres con la mano derecha posada en la empuñadura de Yamigiri, no quería levantar hostilidades desenvainando de primeras pero mejor estar preparados.

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#17
La cara del tal Peony pareció perder su color cuando se dio cuenta de mi presencia tras de él, hice caso omiso a su comentario sobre presentarse antes de exigir algo, pues decirle mi nombre no cambiaria nada sobre los negocios que proponía y tampoco era alguien digno de conocerlo, pensé mientras sonreía frente el comentario de Kisuke. Quite mi brazo de encima de su hombro mientras el tipo parecía comenzar a ponerse nervioso y jugueteaba con su guante, por mi parte saque el paquete de tabaco - previamente robado de mi amigo Kisuke - y me encendí uno, dejando el cigarro posado en mis labios mientras con la misma mano que había usado para llevar el cigarro a la boca jugueteaba con el mechón de pelo que caía sobre mi frente. No podía culpar al chico por su visible nerviosismo, pues por la mirada que me dedico estaba claro que al igual que Kisuke no le caía bien, antes de poder seguir con las negociaciones un par de presencias se hicieron notar en el claro, sobre todo una preguntando si esto era una reunión de pastores, esto pareció ser la gota que colmo el baso para Peony, se marchó anulando la oferta - por lo menos para Kisuke y un servidor - llevábamos ya casi un mes en la isla y no habíamos encontrado a ningún ser vivo pensante y razonante, el que había hablado tenía el pelo de color blanco, cosa que hizo que inconscientemente metiera la mano derecha en el correspondiente bolsillo y acariciase el mechón de pelo plateado que guardaba celosamente en este, más allá de eso solo podía distinguir en el hombre unos ojos de un color bastante parecido a los míos. Por su parte su acompañante parecía más bajito que yo, cosa que me sorprendía, pues estaba acostumbrado a que todo el mundo me sobrepasase en altura, este no mostraba su rostro y lo ocultaba bajo una máscara llena de pequeños agujeros, no la veía muy práctica, pero no podía negar que el tipo tenía estilo, gire mi cabeza hacia mi compañero Don Bambú con intención de ver su reacción frente a los recién llegados, sabía que si este usaba su haki sabría si eran hostiles o no, pero al no ser yo capaz de poder usarlo prefería asegurarme por mi compañero.

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#18
Salto de turno



Las palabras de Viktor rompiendo el silencio que nos abrazó durante horas, respaldaban su fina capacidad de detección y ponían sobre la mesa un factor determinante: Al fin había encontrado a alguien. Cuatro personas, tres de ellas - según sus palabras - fuertes. Pero habría que ver qué es lo que determina Viktor como alguien fuerte. De hecho, pensándolo bien... nunca había puesto a prueba con mis propias manos cual era el límite de Viktor. Ni el suyo ni el de el resto de mis subordinados - que no compañeros - y simplemente me había fiado de su bolsillo. Con Viktor si que había sido una intuición personal y la capacidad de poder reconocer el potencial cuando lo veo, pero aunque tuviera una intuición afilada, podía fallar. Era una tarea que quedaría pendiente para más adelante: Medir el peso de mi kanabo contra el filo de sus espadas. Y sólo podía acabar de dos formas. O lo vencía con facilidad y me decepcionaba - pero sería otro más con el resto - o lo vencía con dificultad y me reafirmaba en mi sexto sentido. Porque la opción de perder no se podía contemplar. Si llegase a ser más fuerte que yo, tendría que matarlo cuando bajase la guardia.

Con su aviso y mis pensamientos nos empezamos a dirigir con tranquilidad en la dirección que él mismo marcaba ahora, hasta dar con un pequeño grupo de, exactamente como él había vaticinado, cuatro personas. El primero de ellos se marchó a toda prisa y entendí que no era asunto nuestro. Un humano alto y fuerte físicamente, rondaría la treintena, con un discreto mar de canas en el cabello y una incipiente barba descuidada, que me recordaba a etapas peores de mi mismo. Tras él, un pelirrojo algo más enclenque físicamente que el anterior y poco más alto que yo, con la faz semicubierta y dos grandes ojos azules. Y próximo a este, un gran oso panda que casi doblaba el tamaño al del pelo cano, y por algún motivo que no conseguía identificar en mi interior y sin que hubiese dicho ni una sola palabra, me parecía un completo subnormal. De esas personas que nada más verlas te caen mal sin tener un motivo. De nuevo, mi intuición haciendo de las suyas.

Viktor saludó a su manera, con una de sus frases que seguramente había sacado de su libro mientras yo estaba a su lado, con Ein Hauch a la espalda y las manos en los bolsillos, en actitud relajada y con seguridad. Por mayor desagrado que sintiera al ver al panda, no sabía si nos estábamos topando con civiles o gente mundana, y no era un psicópata que mataba a todo lo que se encontraba y no le gustaba... o eso pensaba hasta que el del peno cano habló respondiendo a mi compañero.
Lo hizo con un tono demasiado hostil e impertinente e hizo que las venas de mi sien comenzasen a bombear e hincharse al mismo tiempo que fruncía mi ceño y apretaba ligeramente el labio. ¿Con quién cojones se creía este folla cabras montero nocturno que estaba hablando? ¿Cómo que 'amigotes' y 'cualesquiera'? ¿Acaso estaba buscando que le hiciese hacer el ciempiés humano con sus dos compañeros? Lo miré de arriba a abajo cuando pronunciaba sus últimas palabras apreciando su mano en su katana y llegando a la conclusión de que no eran los pastores que Viktor - pobre, iluso de él - creía que eran.


— Breath Death — dije en un tono tranquilo y común emitiendo una inmensa y potente oleada de calor que sofocaba al propio oxígeno del bosque, simultáneamente que una explosión de energía salía de mi cuerpo, mezclándose ambas fuerzas invisibles y arrollando en un área de veinte metros con todo lo que había a su paso, incluyendo mi compañero. Había aprendido a usar - lo que mi compañero me había explicado que se llamaba - Haoshoku, el Haki del Conquistador, en el enfrentamiento con la única persona que hasta ahora realmente merecía la pena como rival, Triana Tempesta, y con el que aguanté el envite de Marukuchi el Shichibukai simiesco de la isla del cielo hará unas cuantas largas semanas atrás. Esta explosión de energía mezclada con la intensidad calorífica de mi técnica producía la sensación de estar en el mismo infierno; falta de aire, sudores, temblores... haciendo que los dos humanos se quedasen paralizados boqueando como peces fuera del agua.

— Oe oe... — dije mirando con asco al hombre cano caminando lentamente hacia él sin variar en absoluto el resto de mi postura — Mantén tu lengua bífida tras tus colmillos. No he vencido al fuego y a la muerte para intercambiar falacias con un gusano sarnoso — y pasé de largo a su lado, sin tocarle, prestando mi atención en el panda al final de la fila, observando que este aun con dificultades para respirar - no tan notorias como los demás - no había quedado paralizado con aquello, algo que contradecía la explicación de Viktor sobre tal poder y referenciaba que era una persona más fuerte que la media y por tanto, ganando sin discusión y por completo mi curiosidad — Buscamos la civilización más próxima — dije mirándole — Habla — y estuve a punto de acompañarlo de un por favor, pero esa puta cara de imbécil no merecía más modales que los que mostraba en este instante. Serían civiles, o aficionados a la esgrima, o pastores, o lo que fuera, pero a mi nadie me hablaba en ese tono. Un tirón de orejas y un recordatorio de que no todos merecemos el aire que respiramos de gratis no era - en esencia - una agresión física por mi parte, así que no estaba cometiendo ninguna ilegalidad. A mi que me registren.





Importante

Bélico

Akuma no mi

Gasto

Inventario
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#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 8697 + 0 = 8697
Energia: 4614 - 101 = 4513
Espiritu: 1260 - 375 = 885
#19
Parece ser que en esta isla había más que plantas y animales.
La sorpresa de encontrar civilización entre la maleza del bosque se vio extrañamente truncada por la curiosa estampa. Cuando aparecimos en escena, el hombre que más diferente era de los tres en cuanto atavío y poder se enfadó muchísimo. Vociferó que “el trato” se había terminado y que con eso finalizaban las negociaciones. Tras despedirse del que llamó “Panda” se giró y desapareció entre la cruda maleza del bosque para, poco a poco, alejarse de la escena hasta salir del radio de acción de mi Haki de la observación. Solo quedaban los tres individuos que más resaltaban en poder al sentir su aura. El Mink parecía no reaccionar, estando totalmente catatónico y sin emitir sonido alguno. No era capaz de recordar su nombre, si es que lo había escuchado alguna vez, pero cada vez estaba más seguro que habíamos coincidido en la isla del cielo y que su compañía eran piratas. — De hecho… — pensé mientras sacaba el libro, seguro de mí mismo, y comenzaba a ojearlo en busca de los Wanteds que siempre portaba conmigo.

Por otra parte, el individuo más alejado, que parecía haber sido el detonante de la rabieta del que abandonó, no pronunció una sola palabra, pero era perfectamente identificable por el círculo incandescente de lo que parecía ser un cigarro. Fue únicamente el tercero de estos se pronunció contra nosotros, primero cuestionando si éramos amigos del hombre que había marchado y, segundo, queriendo saber de manera instantánea quiénes éramos. Le parecía curioso que apareciéramos “así”. ¿Así cómo? Llevamos toda la tarde dando vueltas por el bosque y hemos llegado andando. Sin embargo, no fue lo estúpido de su razonamiento lo que llamó mi atención, sino su mano sobre lo que parecía ser una katana, detalle que pude advertir mientras alternaba la vista entre las hojas de los Wanteds y el grupo hasta dar con tres caras totalmente reconocibles. Casi parecía un comienzo de un chiste: "Tres miembros de la revolución en mitad del bosque se cruzan con dos cazarrecompensas..."

Estaba claro que eran combatientes y que, por alguna razón, el simple hecho de vernos llegar los había alertado, pese a no conocernos. Eso podía verse en su tono de voz que rozaba la ofensa y la agresividad. No es que me preocupara, Sohem era otro muy parecido, pero a él ya lo conocía. De hecho, parecía conocerlo tan bien que su respuesta no me extrañó en absoluto. No tuvo reparos en enunciar dos palabras que amenazaban desolación: la respiración de la muerte. Una ola de calor sofocante nos sacudió a todos, seguida de otra de energía de haki. Esto debía ser el haki del conquistador. El poder que ya utilizó el emperador Zarutsuki en la isla del cielo, pero que por alguna razón, esta vez no me dejó totalmente inconsciente.

Aquella sacudida de Haki, que si bien no me hizo besar el suelo del bosque, hizo temblar mis huesos. El simple hecho de pensar en ser enemigo de semejante monstruo rivalizaba con la tranquilidad de saber que mientras fuera de utilidad, no sería su presa. Sin embargo, esta ofensiva del enmascarado seguido de su tranquilo paseo hacia el grupo era una clara declaración de intenciones: habrá matanza. Lo que no sabía es que además podría ser rentable. — Premio gordo, jefe. — dije avanzando hacia el grupo justo detrás de él, guardando el libro y dirigiéndome directamente hacia Kisuke, quizá por algún tipo de afinidad por los espadachines — El panda vale doscientos cuarenta y ocho millones, el pelopincho ciento noventa y cinco y el espadachín ciento cincuenta y cinco. — anuncié subiendo la voz, aun sabiendo del buen oído de Sohem, que se había dirigido al Mink. — Hoy vamos a cobrar a lo grande. — dije sonriendo mientras me colocaba justo enfrente del espadachín, cogiendo gentilmente sus espadas con ambas manos y arrebatándoselas. Mientras las sostenía en posición horizontal a la altura de mi nariz, las observaba de lado a lado hasta que finalmente, con una mueca de desaprobación, las dejé caer al suelo sin dejar de mirarle. Tras un segundo de espera totalmente serio, sonreí ampliamente para darle dos ligeras cachetadas en la mejilla izquierda al espadachín. — Eso te pasa por espabilado. — dije con tono burlón para acto seguido pasar la mirada al pelirrojo, que estaba en el mismo estado catatónico que el espadachín, quizá incluso más. — Y tú… ¿Estás bien? — pregunté inclinándome hacia él arqueando una ceja — ¿Necesitas una silla o algo? — dije dando dos pasos hacia atrás en diagonal, dejando en mi margen de visión a la dupla paralizada y al enorme Mink que todavía no había articulado palabra, ahora confrontado por Sohem.

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#20
En el fondo era algo que, tarde o temprano, tenía que pasar. Esa manera de hablar con los desconocidos al final le estaba pasando factura y, evidentemente, le estaba metiendo en un problema que podría ser bastante gordo, porque, sin lugar a dudas, aquellos dos tipos eran gente con la que no se podía bromear y eran terriblemente poderosos, y su cuerpo empezó a sentirlo. Aquella vez su labia y su humor no iban a sacarle de buscarse problemas al ser brusco o descortés; había dado con la horma de su zapato.

El tipo de la máscara dijo unas palabras y, de pronto, la temperatura se disparó haciéndose insoportable y haciendo que Kisuke sintiese la piel como si le estuviesen desollando, y, a la vez, su mente se vio abrumada de una manera similar a como lo hacía Don Bambú cuando usaba ese extraño poder que poseía, pero de una manera mucho más potente. La presencia del enmascarado envolvía todo su ser y lo oprimía de una manera brutal y sin ningún tipo de piedad. Sin lugar a dudas, ese sujeto no se andaba con mamadas y ante la impertinencia natural de Kisuke había reaccionado como correspondía.

"Tenía que pasar que un día me llevase un buen correctivo por subnormal."

Mientras hacía aquel ejercicio de superioridad masiva, Kisuke vio que se empezaban a acercar ambos hombres y el segundo enumeró las recompensas que ofrecía el Gobierno Mundial y la Marina por las cabezas de los tres revolucionarios. Sin ninguna duda, y teniendo en cuenta lo que dijo el del pelo blanco, eran dos cazarrecompensas, y, a tenor de la situación, muy poderosos.

Al pasar a su lado, el de la máscara dijo una frase un tanto extraña para una persona normal, le recordaba a una novela antigua que había leído en su adolescencia, pero no lograba ubicarla. Mientras el tipo del pelo blanco le sacó las katanas del cinto y las miró con cara de culo tras lo que las arrojó al suelo. Kisuke estaba hirviendo de ira, no había nada más deshonroso para un espadachín que lo que había hecho aquel sujeto de ojos de hielo, pero su mente estaba completamente bloqueada entre el sofocante calor y el poder abrumador del enmascarado; su impotencia era máxima, no podía mover ni un músculo. Además el espadachín albino le hizo un mayor disrespect aún golpeándole en la mejilla con una sonrisa burlona que acompañó de unas palabras.

Por el rabillo del ojo, pudo ver a duras penas que el  enmascarado siguió avanzando hasta llegar a la altura del mink, que no había dicho nada en todo ese rato, pero tampoco era capaz de girarse para ver bien que ocurría. Solo escuchó que le preguntaba por alguna civilización en un tono bastante imperativo. Aquel tipo estaba acostumbrado a mandar y a ser obedecido, eso era indiscutible. También escuchó al del pelo blanco preguntar sarcásticamente a Zorak si estaba bien y le ofreció una silla en alguna clase de chiste que solo el entendió. Aunque el enmascarado habló directamente al panda, Kisuke respondió:

-Llevamos aquí varias semanas y no hemos visto a nadie, salvo al hippie de antes. Solo una jungla interminable.

Apenas era capaz de articular palabra debido a la fuerte presión que ejercía sobre ellos el tipo de la máscara, por lo que no estaba seguro de haber sido capaz de hacerle llegar su respuesta; era muy frustrante estar a merced de otras personas de aquella manera. Era una situación crítica, mucho peor que la de Akarui. Aquella vez no dudó en ningún momento de que podrían superar aquella crisis, ahora no las tenía consigo, puesto que estaban apabullándolos de una manera brutal y sin compasión antes de que hubiesen podido hacer ni medio movimiento. Estaban en un problema muy gordo y tendrían que dar todo de si mismos para salir de esa situación.

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