[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (II)
#41
Saludé a Artur con un leve movimiento de mentón, mientras observaba otra vez como iba completamente desnudo... Aquel chico tenía una peculiaridad para perder la ropa, casi un habilidad innata diría, observé su cuerpo, libre de cicatrices... Una vez saliéramos de aquella isla ponzoñosa Gaeru y él se convertirían en mis alumnos, y aprenderían el arte de la espada como se debe, llenándose de cicatrices y sangre y aprendiendo el dolor que pueden generar los nobles y preciosos artefactos que portaban como armas. Nadie bajo mi mando, visión o mano podría fallarle al letal y hermosos arte de la espada, además si querían ser tripulantes de mi navegación deberían estar a la altura de lo que esperaba de un espadachín, si con los demás era exigente, con ellos lo sería más, pues para mi el arte de matar con una katana es sagrado, una ciencia, algo a lo que he dedicado toda mi vida, si querían pelear con el mismo arma que yo, deberían de ganarse el respeto pertinente para hacerlo. Ben apareció desde la puerta de su camarote y le hice una señal para que se acercara, ahora sí, estábamos el grupo al completo. 

Rapax me insistió en que debería saberme su cumpleaños. Pestañeé dos veces mientras le observaba atónito. Luego empecé a silbar mirando a los lados ignorando el tema. No pasaron ni unos segundos cuando el aire empezó a cargarse y en los astilleros un pequeño zumbido que fue de menos a más empezó a generarse. Se sentía en el aire, como una leve molestia del mundo. Una bandada de ratas voladoras empezó a sobrevolar nuestras cabezas, había miles, mejor dicho, millares de aquellos especímenes que se perdían en la totalidad de la isla, algunos bajaban sobre nuestras cabezas otras se internaban más allá de las altas copas de los árboles que cimentaban con sus raíces el archipiélago.

- ¿Qué coño pasará? - Mascullé entre dientes. Tamborileé con los dedos sobre la espada que tenía envainada en el cinturón. En aquel astillero, de un momento para otro, lo que parecía una mañana normal y corriente se sentía tensa y pesada. Como si las cuerdas del destino nos estuvieran atando a todos los allí presentes una soga al cuello. Mi pecho redoblaba, sentía una leve ansiedad por estar allí parado, sin pelear, sin enfrentar a nada... Este no era mi estilo. Pero ahora era el capitán de una banda pirata casi consagrada. Eras demasiado extraño que no nos hubiera pasado nada allí aunque hubiéramos pasado la estancia con un "perfil bajo" o eso decía Nicolás. Si por perfil bajo se refería a que me hubieran apalizado casi hasta morir por aquel hijo de puta con un brazo robótico. Por un momento lo vi, el árbol combarse, la consecución de sus golpes, una mano de humo parando aquel golpe letal y... El recuerdo del viejo, y no me refería al del brazo biónico, si no a un viejo muy viejo, de la edad de las montañas, alguien directamente de mi pasado que había vuelto desde los recuerdos encerrados, sepultados y quemados de mi tormentosa cabeza. Todo aquello seguía nublado por el humo, pero aquella experiencia me había recordado su cara y sentía todo lo demás arremolinarse alrededor de ese recuerdo como fauces y dentelladas listas para probar mi debilidad. El graznido estridente de uno de esos endiablados bichos voladores me devolvió al mundo. Por un acto reflejo gruñí y le tiré un mordisco mientras el animal escapaba de mi soltando un periódico a Korg - ¿Otra vez? - Dije en voz alta. Aunque en realidad me gustaban los periódicos a veces tenían información relevante entre la basura de letras que se amontonaba en ellos. 

- Puta chismosa - Dijo Nicolás increpándome por necesidad de información

Pero empecé a ignorarlo, pues, una vez más y como si pareciera que le hubieran dado carrete, Korg empezó a hablar, rápido sin pausas, como un vendedor de isotónicos anti caída de pelo. Empezó a enumerar cifras y carteles de se busca, poco interesantes, hasta que pronunció la recompensa de una tal Triana, igual que la mía, acto seguido me entregó uno dado la vuelta. Lo puso tan cerca de mi cara que miré el papel un poco bizco debido a la proximidad mientras lo agarraba con la mano que escasos segundos atrás tamborileaba nerviosa sobre el mango de la katana enfundada. Apartir de ese momento todas las cifras me superaban. 

Mi sangre empezó a bullir, me sentía avergonzado ¿Quién eran ellos? Zangiri, teodoro y uratora. ¿QUÉ HABÍAN HECHO PARA SUPERARME? Apreté con fuerza mientras el humo salía como una olla a presión por mi sienes. 

- Esos nombres - Dije apretando la mandíbula - ¿Valen más que yo? - Las venas de mi frente empezaron a hincharse, mi respiración se sentía pesada - ¿YO HE SIDO SUPERADO? - Pronuncié presa de un ataque de ira y apretaba hasta estrujar el papel que Korg me había entregado en mi palma. Una vez más me habían adelantado. Me habían pasado por la derecha mientras yo perdía el tiempo en aquel archipiélago. Si no fuera porque todos los que se encontraban en cubierta eran miembros de mi tripulación, hubiera matado a alguien en aquel mismo instante. Resoplé y por mis cavidades nasales salieron dos columnas de humo enormes. Hasta que sin quererlo ni hacerlo por intención, Korg me sacó de mi ira. 

Misión especial en el Archipiélago Sabaody... purga de la zona criminal


Respiré el humo que acababa de soltar con una bocanada, volvió a mi como una cascada serpenteando por mi boca. 

- Archipiélago Sabaody - Repetí interiorizándolo y en voz baja para no frenar al pequeño navegante - Aquí estamos - Dije atando cabos mientras ignoraba el resto de las noticias - Purga de la zona criminal - Repetí después - Eso somos - 2 + 3 son 4 + 1 de toda la vida - HAr - Sonreí mientras toda la furia de interior se disipaba - HArHAr - Reí con más fuerza. Entonces pronunció un nombre familiar - ¿KENJO? - Pregunté asombrado - Sigue vivo... - Me sorprendí. No lo había vuelto haber después del entrenamiento, ni a él ni a Kazuya. En fin, ellos decidieron huir, podrían estar aquí con nosotros, mientras pensaba en eso Korg insinuó que ahora Nicolás valía un millón de Berries. 

- ¿Has oído churrita? ¡YO TAMBIÉN VALGO DINERO! - 

- Ni tan mal -  le contesté - ahora podré venderte y sacar algo - 

- NI SE TE OCURRA PEDAZO DE MONO - Entonces empezó a llamar el humo para volver a generar un cuerpo con el que enfrentarme, pero, Korg nos salvó de la disputa, me instó a ver la hoja que me había entregado. 

- Cierto - En el ataque de ira anterior al verme superado se me había olvidado, y ahora ese papel se encontraba estrujado y apretado contra mi palma y preso en mi puño libre. Abrí la mano y el papel se desdobló mientras que a su vez agarraba uno de los perfiles del folio y con una diestro movimiento de muñeca lo desdobla y giraba para que me permitiera ver la información del mismo. 


- ¿KISUKE? - Pronuncié con fuerza e ira. Cuatrocientos treinta millones. Agarré el papel atravesando su cara con mis dedos por la fuerza imprimida. Mi cara se desconfiguro mientras miraba al suelo, mis ojos se perdieron entre el blanco de los tablones de la embarcación - ¿LA MISMA QUE YO? ¿ESE MIERDAS SE CREE A MI ALTURA? - Mis dientes rechinaban con cada palabra - Voy a masacrarlo. Voy a destruirlo. No dejaré ni sus huesos. Primero le arrancaré la cabeza del cuerpo y luego las espadas de las manos - Dije sin descanso entre oraciones, entrando en un bucle de ira y odio. El recuerdo de aquel pequeño hombre mirándome a los ojos, desafiándome mientras recogía a su compañero moribundo se grabó con fuego en mi interior. Sentí a mis poderes odiarlo también, como si fuera algo natural para ellos. Por un acto reflejo busqué y toqué el caracol tiliquipitinetico para llamarlo. Iba a acabar con él en ese mismo instante. Pero... Los chicos se habían dado cuenta al igual que yo, teníamos otras prioridades - Mirad - Dije mientras mis dedos atravesaban la cara del antiguo pescador y llamaba la atención de todos los presente - Si veis a este hombre. No lo toquéis, no habléis con él, solo decidme dónde esta. ES MI PRESA -  Terminé observando a todos y cada uno de los presentes a los ojos. Esperaba que ninguno tuviera la osadía de cuestionarme, ni de negarme la información llegado el momento de que se encontraran con Kisuke. Apreté con fuerza el papel y cerró los dedos en un puño, arrancando su cara por completo del wanted y después la solté, dejando que el viento se la llevara o la agarrara cualquiera de los presentes. 

Me di la vuelta y les di la espalda. Con la mano ahora libre, pues ya no sostenía el papel, peiné mi larga melena con los dedos y eché la cabeza hacia atrás mirando el cielo mientras intentaba serenarme. Pero era imposible. Mi recompensa tenía que subir, todos esos hijos de puta me habían superado y yo soy el ser más peligroso sobre el mundo. 

- ¡¿ALMIRANTES!? ¡¿VICEALMIRANTES?! - Contesté a Rapax a gritos. Que unos desconocidos de mierda me superaban me irritaba, pero que Kisuke me alcanzara había herido mi orgullo, eso había tocado hueso. Sus espadas y las mías estaban enfrentadas, aunque solo valiera un berrie más que yo se sentiría que estaba perdiendo la batalla - Pueden venir todos juntos y aún así les faltarían manos para pelármela, Rapax - Grité aún con más fuerza dándoles todavía la espalda a la tripulación. Había intentando serenarme pero era imposible. Kisuke era la gota que había colmado el vaso - ¿QUÉ VAN A PURGARNOS? - Pude decir algo más calmado llevando la mano libre a la cara mientras me la tapaba completamente con ella. Una sonrisa voraz asomaba desde las partes visible que mi palma no podía tapar - Eso quiero verlo yo - Aquella isla se acababa de convertir en un campo de minas y un hervidero de combates. Los marines acababan de declararnos la guerra. Desde luego que ahora no quería salir no corriendo, desde luego que no dejaría que dijeran que los Mushoku corríamos despavoridos ante las amenazas - ¿Un caramelo? Te voy a regalar algo mucho mejor - Dije mientras me giraba y dejaba de darles la espalda. Observando a cada uno de mis tripulantes -  El día más importante de la vida de todos los marines que quieren purgarnos, así que, podemos empezar a llamar su atención por dónde tú quieras - Y clavé mis ojos en Rapax. 

Si quería destruir a Kisuke, primero tenía que costar más que él, después arrancarle el corazón.

Era hora de ver como responderían el resto de tripulaciones piratas, pues supongo que no seríamos ni una, ni dos la únicas presentes en aquella isla. Si ese lugar merecía semejante atención, era porque allí no estábamos solos y habría más tripulaciones por doquier, con suerte, algunas de ellas decidirían pelear como nosotros, las que huyeran las pillaría más tarde. 

En mi vida y en todas las anteriores solo he conocido una manera de huir: hacía delante. 

Aclaraciones



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#42
Finalmente llegué a ponerme a la altura de mis compañeros, que me habían esperado tras juntarse, nada más llegar afiancé el nudo de la cuerda que usaba para mantener mi kimono cerrado y, de este modo, guarecerme del invernal ambiente mañanero del archipiélago, en respuesta a mi interrogativa sobre cuál sería nuestro siguiente movimiento Panda estuvo a dos palabras de decírmelo, pero interrumpió su discurso el graznido de un ave que tanto él como Kisuke parecieron reconocer a la perfección, — ¿Pasa algoink..? — lo cierto es que no me dio tiempo ni a articular la duda que se había formado en mi mente, pues, rápido como el rayo, Panda exclamó que iría a por el periódico mientras nos dejaba atrás y se marchaba en dirección al barco. En ese momento Kisuke me miró con una sonrisa como no le había visto hasta la fecha al pescador, apostando conmigo diez mil berries a que un tal “Intha” había puesto, como mínimo, dos noticias ensalzando la figura del Gobierno Mundial, aunque Kisuke usó una expresión más vulgar, — ¿A eso se dedica el periódico? ¿A decir que todo está bien con el gobierno aunque no sea así, oink? — no lo entendía, ¿Cuál era el punto de mentir a los lectores del periódico? — Parece que Panda ya vuelve, deben ser muy interesantes las noticias, ni se ha esperado a llegar. ¡Wiiwiiwii! — mi risa me provocó un sonoro y profundo ronquido nasal, incluso arrugando mi hocico al hacerlo, por primera vez en estos meses me sentí lo suficientemente seguro como para reír de forma sonora, en mi aldea se mofaban de mi risa porque era extraña, pero no sentía que fuera a ser algo recriminado por mi nuevo grupo.

Nada más llegar Panda me pidió que me sentase, y obedecí al momento, cruzando mis jamones de tal modo que mis pezuñas reposaban sobre mis rodillas, también enarqué la espalda para estar más cerca aún de mis compañeros, Panda me entregó las tres primeras páginas del periódico y las puso en mi mano para que Kisuke pudiera leerlas sin que se le desvanecieran las manos al contacto, yo, por mi parte, tenía que entrecerrar los ojos para poder leer bien las noticias, que estaban escritas con letra muy pequeña para mi. Los titulares era fácil leerlos, “Independencia”, “Cae Yojimbo”... Pero el cuerpo de la noticia resultaba mucho más complicado, — La letra es muy pequeña… — protesté, esperando que mis compañeros me hicieran un resumen, al menos de lo más importante que viniera en las páginas del noticiario caído del cielo. Sin embargo toda la atención del momento se dirigió a Kisuke cuando, entre risas y bromas Panda le mostró su nuevo cartel de “Se busca”, que incluso al propio Kisuke le pareció sorprendente, pues del trío revolucionario solo a él le había aumentado la recompensa, acabó diciéndome que ahora que soy parte del grupo más pronto que tarde mi cara aparecerá en uno de esos carteles, eso mi ilusionó, pues era una prueba más de que me veían ya como parte del grupo. Sin embargo también había malas noticias, y Panda fue el primero en hablar de ello, por una de las noticias había deducido que pronto el archipiélago entero se convertiría en una gran zona de guerra abierta, algo con lo que Kisuke estaba de acuerdo, ya que al parecer la primera noticia del periódico, la que hablaba de independencia, hablaba precisamente de como uno de los reinos se había desligado del gobierno y afiliado con el Ejército Revolucionario, y la única manera de acceder a dicho reino era, según lo que decían mis compañeros, a través de la “isla” en la que estábamos nosotros, este reino era a su vez una entrada al Nuevo Mundo y la salida del extraño archipiélago, Panda le preguntó a Kisuke si conocía la ubicación de más miembros del ejército, a lo que Kisuke respondió con una afirmación a medias, ya que solo se había encontrado con una camarada, pero se trataba de una gran líder, y sugirió que fuéramos a dónde se había encontrado con ella para buscarla. — Vamos allá, tengo muchas ganas de conocer a la Gran Líder para poder presentarme como un nuevo miembro. —

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#43
Al fin había llegado el gran día. El viento frío del invierno me golpeaba la cara y mis antenitas se erizaban con cada ráfaga, pero ni siquiera eso podía distraerme de la adrenalina que recorría mi cuerpo. Me subiría rapido al hombro de Karl, como de costumbre, intentando mantener el equilibrio entre sus saltitos de impaciencia. Por dentro, yo sentía la misma emoción: ¡Joe Joestar volvía! Y no con un rango cualquiera, sino como Vicealmirante.

A nuestro alrededor, los soldados  se habían acercado unos tras otros. Había un ambiente raro, una mezcla de euforia contenida y tensión, como si estuviéramos a punto de entrar en una gran fiesta… o en una guerra. Y, sinceramente, con todo lo que ocurría en Sabaody últimamente, tampoco me extrañaría que fuera las dos cosas a la vez.

Fuguwu andaba con un periódico entre las manos, recitando en voz baja noticias que me pusieron la piel de gallina: el Reino Ryugu se había independizado del Gobierno Mundial (que puedo decir, nunca podiamos fiarnos de los Gyojin) y resulta que había nuevos WANTED que hacían temblar hasta al más valiente, pero como a mi los wantes la verdad es que me importaban menos que mas, simplemente los ignoré, total, ni podiamos reclamarlos. Apolo y James se unieron también, cada uno con su talante habitual: Apolo parecía medio aburrido de tanto ajetreo y James marchaba con solemnidad, echando un vistazo a su alrededor como si no quisiera perder detalle.

Mientras tanto, Karl no paraba de morderse el labio y de apretar los puños. Se moría de ganas de ver a Joe. En realidad, todos lo hacíamos. Y no tardamos en escuchar la voz por megafonía que ordenaba formarnos en el patio para recibir a los recién llegados. Me aferré con fuerza al cuello de Karl, que salió corriendo (literalmente) como una centella, con todos nosotros detrás. Desearía haberme sujetado un poco mejor porque casi salgo volando en el proceso.

El patio estaba abarrotado. Las tropas se cuadraban y dejaban un pasillo en medio, mientras dos buques acorazados enormes, casi irreales anclaban. Soldados con uniformes impecables bajaban por la rampa, hasta el punto en que me pregunté dónde metían a tanta gente, por que esa gente no eran tan pequeñitas como yo. Por un momento, no veía ningún rostro conocido, y me mordí el interior de la mejilla con impaciencia. “¿Dónde diablos estás, Joe, estoy segura de que aparecerás en el mejor momento…?”

De pronto, como si alguien hubiera esperado al clímax de la canción, apareció él. Alto, con la capa ondeando al viento y esa sonrisa confiada que parecía decir “Tranquilos, ya estoy aquí”. Joe Joestar, Vicealmirante. Estaba igual que siempre y, sin embargo, daba la sensación de haber crecido, de irradiar una presencia aún más imponente. Su capa… vaya, esa capa le sentaba como un guante. Karl no se lo pensó dos veces. Saltó de la formación y corrió hacia él con lágrimas en los ojos. Yo intenté sujetarme fuerte frente a la fuerza de la carrera de Karl pero acabé cayendo al suelo, (con mucho estilo, eso si.) quedando de nuevo en la formación por si acaso, la verdad es que ya la había liado y no me apetecía
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#44
Un par de golpes secos me sacaron del trance bajo las páginas de mi libro.
La cruda voz del jefe del gremio, con una simple muletilla característica, hacía las veces de reclamo para mi presencia. Era capaz de entenderle a estas alturas sin problema… aunque últimamente no le comprendía. Sabía que ocultaba algo y no sabía si prefería tenerlo en secreto o si llegaría a abrirse conmigo como un igual. Cosa que, sinceramente, no me importaba nada a estas alturas. Tiempo había habido para las intimidades y nunca se dieron. Ni a él le interesó quién era, ni a mí quién era él. En mi mente, pese a haber visto su semblante en numerosas ocasiones, la imagen del rostro de Sohem es blanca y con agujeros. Quien exista detrás del casco me da igual. Ni quien sea, ni quien fuera. Y a veces ni quien… quizás desvariaba. Me levanté con resignación. Hacía meses que no soñaba y, lejos de lo que podía esperarse, casi me frustraba. Estaba comenzando a acostumbrarme a la presencia de Selene en mis sueños y su ausencia era casi… dolorosa. Me senté sobre la cama, sin quitar el libro de mi cara y este cayó al suelo, quedando boca abajo y abierto. Suspiré profundamente y alargué mi diestra hacia él para recuperarlo, no sin antes revisar la página por la que había quedado abierto. “El camino no elegido”. — ”Aunque tal y como un paso aventura el siguiente, dudé si alguna vez volvería a aquel lugar. — Gruñí mientras cerraba el libro y lo lanzaba al escritorio, junto a las tres katanas. Crují mi cuello a derecha e izquierda sonoramente y me levanté apoyando las manos sobre las rodillas. Era momento de ponerse en marcha.

Enfundé mis botas en mis pies y las até con firmeza, dejando el pantalón por el interior para evitar que el frío invernal entrara por cualquier hueco. Hice lo mismo con la camisa y me puse mi chaleco después, abrochándolo hasta arriba. Tras esto me coloqué los guantes que, aunque mitones, hacían las veces de algo de protección. Ajusté mi cinturón y me acerqué al escritorio, donde las armas y mis herramientas reposaban. A su lado, mi icónico abrigo celeste, el cual me atavié con un gesto circular, rápido y ensayado por encima de mi cabeza. Agarré el Den Den Mushi Blanco y lo coloqué en el bolsillo interior derecho del abrigo para hacer lo mismo con el libro en el lado izquierdo. Acto seguido agarré las dos jeringas de antídoto que le afané al revolucionario que capturamos y las introduje en el bolsillo lateral del pantalón, en mi pernera derecha. Por último, introduje a Saba y Shimei Kaeru en mi cinturón, a mi siniestra y a Yamigiri a mi diestra, ajustando los sageos de todas ellas para evitar que las sayas se fueran volando en un salto. Caminé hacia la puerta y miré atrás con un sentimiento de nostalgia e impotencia que no comprendía. Apagué la única vela que permanecía encendida desde anoche con un soplido y salí cerrando finalmente la puerta, para dirigirme a cubierta.

Allí estaban Sohem, Shoto y Lustig, que curiosamente estaban interactuando como personas normales. El frío en cubierta era mucho más notorio que en los camarotes. Este barco estaba bien aislado en cuanto a elementos se refiere, pero aun así era patente el frío invernal y en cubierta era palpable. Antes de poder siquiera dar cuenta de mi presencia en la escena, una bandada de gaviotas se abalanzó sobre el muelle, dejando caer en cada barco un nuevo ejemplar del periódico OKNews con sus correspondientes nuevos carteles de se busca. Alcé la mano esperando que el emplumado animal dejara caer el ejemplar sobre ella y cuando lo recibí, lo abrí de par en par mientras me acercaba al grupo y comenzaba a leerlo. No acostumbraba a leerlo en voz alta porque la mitad de la noticia eran basura propagandística que solo servía como relleno para editores que no sabían qué incluir buscando una repercusión mayor de la merecida en cada número, así que me limité a leerlo en silencio y resumir las noticias más importantes.

La primera noticia rezaba sobre una independencia en el reino Ryugu, siendo que los Gyojins se habían negado a estar al servicio del Gobierno Mundial. No les culpo. — Movida política en la isla Gyojin. — enuncié mientras continuaba leyendo que ahora era territorio hostil para el Gobierno Mundial y que se desconocía si se contemplaban medidas para otros habitantes fuera de la isla. Después, la que fue la mayor noticia para mí: El capitán de los Alas Negras Yojimbo, el lunarian que derrotó Sohem en Skypiea, había sido capturado y encerrado en Impel Down por nada más y nada menos que el héroe de los cabos gemelos Joe Joestar y esto había dado un ascenso en su carrera hasta el cargo de Vicealmirante. — ¿Estás de broma? — pensaba. — Nuestro viejo amigo marine ascendió. Encerró al lunarian que casi te cargas en Skypiea. — dije alzando la voz pues me alejaba un poco del grupo hacia los barriles y me sentaba apoyando la cadera sobre uno. También mencionaba que Joe había sido desplazado a Sabaody como escolta para una misión de erradicación de criminales. — Y creo que estará aquí. Y con un pez gordo. — dije. — Si Joe era el escolta, su compañía sería alguien importante. Y no se manda a una misión de guerra, a un político, se manda a un soldado. — razoné para mis adentros mientras continuaba las líneas con los ojos de lado a lado.

La siguiente cara en el periódico era la de Triana Tempesta que, presumiblemente, había comenzado a capitanear a los Alas Negras tras la captura del lunarian. — Se recomienda mantener la distancia... — pensé con desagrado. Después una noticia de una don nadie en Matsuri, nada importante, y finalmente algo sobre una subasta con grandes criminales y sin normas. Podría ser una opción interesante para conseguir armas o suministros exóticos si nuestro poder adquisitivo nos lo permite. La siguiente noticia relataba sobre un revolucionario que se creía desaparecido o muerto. Sinceramente, me daba bastante igual, además, pese a no conocerlo, tenía cara de ser subnormal. Si era dinero fácil, un revolucionario menos. — Algo sobre una obra en Padokia. La familia de Tempesta ha abierto un coliseo y se asume que Marines, gente del gobierno o cazadores podrán conseguir premios. — relaté, casi llegando al final, mirando por encima las noticias que parecían no tener ninguna importancia ni relevancia para nuestros fines económicos ni mis planes propios.

Tras esto revisé los carteles de se busca uno a uno y los doblé para meterlos entre el periódico y doblarlo también, lanzándolo a un barril y cruzarme de brazos mirando a ambos lados del Kaiser Panzer, observando diversas embarcaciones con banderas reconocibles mientras activaba mi Haki a máximo rango esperando buscar presencias y descubriendo que, pese a desconocerlas, eran diversas fuentes de emisión. Tras esto, carraspeé dos veces y aclaré mi voz, buscando a Sohem con la mirada. — Creo que podríamos pasarnos por la base de la Marina. — propuse al jefe del gremio — Si han venido a pelear contra criminales, habrá pelea, y si hay gente fuerte, espadas y kanabos nunca sobran. Y a nosotros nunca nos sobra una paga. — sostuve, esperando que mi jefe viera la posibilidad de negocio tan clara como yo. Aunque fuera solo una de las razones por las que querría ir a la base Marina.


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Haki

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#45
Miraba desde el quicio de la puerta mientras Ashura les daba una charla a los demás, el cual, pese a mi agudo oído, no pude oír por estar a veinte metros de ellos. Solo alguna palabra suelta que me hizo intuir que era un discurso más de Ashura sin demasiado impacto en los demás. Di un paso y respiré el aire helado que se podía sentir en la cubierta cuando Ashura me hizo una señal para unirme al resto, quedándome de pie a cincuenta centímetros de la misma. Me encanta esa sensación, quizá por mi condición de "polar" o por mi pelaje cubierto por el abrigo marrón. De repente, un ruido ensordecedor. Una bandada de gaviotas con periódicos habían aparecido. Vi a Korg saltando y agarrando el de uno de los animales emplumados que se había acercado al barco y corrí corriendo los dieciocho metros que me dejaban a una distancia de un metro y medio del grupo que conformaba el resto de la tripulación. Me mantenía al margen (al contrario que Rapax, que se había pegado  a Ashura para poder leer él mismo el periódico), escuchando al tontatta mientras leía los wanteds. Realmente sólo me importaba el mío por si me tocaba cambiar el cartel de la habitación. Parecía que al pequeñín le habían interesado un par de ellos, los cuales se guardó y uno más que le dio al capitán. A partir de ese momento, la cara del capitán se empezó a transformar, mostrando cada vez más la ira que yacía en su interior. Realmente le importaba no ser el ser más buscado por los Soldados a los que tanto detestaba. Debía acordarme de esta necesidad de llamar la atención de la marina para un futuro perfil psicológico del demonio. Habló de una noticia sobre el capitán de los Alas Negras, - Yojombo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero -Corregí al lector del periódico. Ese malnacido que había absorbido a los Shogun Gari hace algún tiempo. - Que se caiga a lo más profundo del infierno.- Sentenció mi profunda voz. De repente, las palabras de Korg se quedaron clavadas en mi cabeza: purga de la zona criminal. Eso significa que esos indeseables perros del gobierno nos intentarán dar caza sin importar la recompensa. Empezaba a ponerse divertido. Si esto era una zona criminal, podría empezar a matar gente por diversión en cualquier momento - Bahaha - Reí contento por la noticia. Parecía que Quezalli Jr. no había entendido lo de los criminales. - Con criminales se refiere a todos los que no vayan a corriente de las ideas y dictados del gobierno mundial. El que quiere ser libre, se considera criminal en este mundo. - Dejé de reír mientras decía esto, mirando con cara seria al enmascarado. La rana de tres extremidades se acercó al birkaniano y dijo que él aceptaba las palabras del luchador para ir a dar un paseo y matar a los marines que se quisieran acercar. A uno le habían dado una paliza y el otro había perdido un brazo por acercarse a un hombre sin esperanzas, pero ambos parecía que tenían el mismo objetivo que el capitán: Morir en batalla. Rapax dijo entonces que no debíamos morir a lo imbécil y que debíamos actuar con cautela. Por mi cabeza pasaron un montón de imágenes del peliblanco (y azul) siendo casi la persona más impulsiva que había conocido nunca y metiéndose en líos por ello y me quedé mirándolo con cara de que él no tenía derecho a decir esas cosas en voz alta. 

El capitán entonces se incendió de ira, explotando verbalmente una vez más, y ordenándonos que si veíamos por algún casual al hombre de la recompensa que Korg le había puesto delante de la nariz, ni siquiera interactuáramos con él, que era SU presa. Debía buscar alguna forma de canalizar esa ira, pero matar gente no me parecía un mal ejercicio. Además respetaba a la tripulación, así que estamos fuera de peligro. Las palabras de Rapax lo empeoraron, pese a su gesto para intentar recobrar la calma. Ahí sí estaba el discurso motivador del capitán, pese a tener las palabras escasas y no las más precisas, era salido del corazón. Sentimiento puro. Aún con la cara hacia fuera del grupo que habíamos conformado, contestó a Gin que no sentía en lo más mínimo deseo de salir de la isla. La orden ahora directa y a la cara de la tripulación era clara: Llamar la atención, por lo que yo entendía que tenía, no el permiso, si no el deber, de matar todo lo que se interpusiera en el camino de los Mushoku. 

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#46
Sasha se tomó como una victoria personal hacer reír a Triana, pero no dijo nada sobre la revelación de la siguiente isla ni de qué hacer para llegar a ella. Garnet, por el contrario, se acercó muerto de frío. Si llevara algo puesto le daría un poco de pena y hasta se platearía dejarle su nuevo abrigo de pelo negro, pero por guarro no lo iba a tener, era de pura lógica que en invierno hay que ir bien tapado, por no hablar que siempre debería llevar más ropa que solo un tanga — Salud — contestó ante el estornudo tan raro mientras se acomodaba la cabeza acercando sus dedos a la barbilla, pensando en el siguiente paso. Era fácil irse – como había dicho el skypiean – pero sin saber cómo llegar a la isla Gyojin solo iban a dar vueltas sin rumbo. El siguiente comentario del músico y cocinero de los Alas Negras la hizo separar la mano de su mentón mientras lo miraba con el ceño fruncido ¿Cómo qué había gente con auras bastante potentes? ¿Quién más podía estar por aquí? Entonces un pequeño recuerdo llegó a su mente, Emerald les dijo que buscaban la fruta que se comió Triana así que habría gente por el archipiélago de Sabaody intentando encontrar a la persona que se quedó con la akuma no mi. Tal vez no era mala idea de hacer como su compitrueno y activar el haki de observación, así que lo hizo notando la presencia de toda la tripulación además de las mascotas. Pero fuera del nuevo galeón de los Alas Negras se podía notar – como bien había dicho el pelirrojo – muchas presencias fuertes. — Bah, no creo que nadie sea tan gilipollas como para acercarse a nosotros ¡Somos híperfuertes! — por el bien del buen rollo dentro de la tripulación de los Alas Negras había decidido no lanzar una puya al niñato de Kenzo, había aprendido por la malas – nada más llegaron a la isla y que Triana los mandara comportarse a todos – así que simplemente se mantuvo atenta por si alguien más se acercaba de la nada con malas intenciones.
 
Hablando de malas intenciones, Garnet aprovechó el frío que hacía para acercarse a Triana y así entrar en calor gracias a la akuma no mi de la mujer, aunque la semioni no tenía todas consigo si era solo por la akuma no mi. A la doctora tampoco le pareció bien y se alejó de él mientras le preguntaba si se creía que era una estufa. — ji, ji, ji — no pudo evitar reír la joven mientras se llevaba ambas manos a la boca intentando controlarse, menos mal que ambas tenían claro como tratar a Garnet. La rubia quiso poner la mano en la frente del chico en tanga intentando alejar al skypiean de la humana, pero un graznido llamó su atención. Con una gran sonrisa Sasha miró al cielo esperando por el periódico, la gaviota descendió hasta ponerse al lado de Triana, la semioni abrió los ojos de golpe y quiso adelantarse a la espadachina poniendo la mano izquierda en el suelo y extendiendo la mano derecha buscando evitar el contacto del animal y del papel con la mujer que hacía arder todo lo que tocaba, pero por suerte, el músico se adelantó siendo este el que tuvo el periódico en sus manos y recordándole a la mujer con cicatrices que no lo podía tocar. La navegante bajó la mano y volvió a la posición que estaba antes del aterrizaje del animal a la vez que suspiraba de alivio porque iban a conocer las noticias. Garnet por su parte se agachó levemente para que todos vieran el periódico, cosa que Sasha agradeció para poder ver bien las noticias de abajo.
 
El grito seguido de la carcajada del skypiean llamó su atención ¿Triana tenía nuevo wanted? No pudo evitar mirar la recompensa y chasquear mal la lengua por ello, la mujer también la había pasado — ¿Dónde están los nuestros? ¡Asco de gilipollas del Gobierno Mundial! Si suben la recompensa que sea de toda la tripulación — dijo enfadada al ver que nadie contaba con un aumento de recompensa como la actual capitana, el imbécil del niñato no tardó en lanzar una puya hacia ella, consiguiendo aumentar esa furia y queriendo pisarle hasta que quedara una papilla de Kenzo. Respiró hondo, estaban en un barco nuevo y no lo podía romper como quería romperle la cabeza al crío. Solo había otro wanted conocido entre los que habían llegado, el del hermano de Triana — Será cosa de familia — pensó al ver que tal vez era eso ¿Si Triana la adoptaba podría tener más wanted? No era mala idea intentarlo. Garnet abrió el periódico por donde le dio la gana, era un skypiean en tanga en pleno invierno, se notaba que hacía todo al revés del mundo. Pero no terminó ahí pues con  la noticia de los cocos se puso a comentar una broma guarra de las suyas, consiguiendo que la semioni le diera una colleja para que se centrara. Haciendo que pasara todo lo contrario al ver el pelirrojo una noticia de Ikirami — ¡Hostia puta, Garnet! Quieres pasar de una vez de la pava esa, no vale la pena seguir atento a lo que hace o dice esa marine — se quejó principalmente por el susto que le había dado, tenían que tener una conversación seria para que dejara ir todo lo que le había pasado con Ikirami. Una vez se recompuso y volvió a estar de vuelta al sitio en el que estaba antes de la pequeña crisis, Sasha puso el dedo índice de su mano izquierda en la cabeza de Garnet dándole un par de golpecitos con intención de darle confort ante toda la bola de emociones que tenía cuando la marine estaba presente en la conversación o en sus recuerdos. Entonces retomó la lectura viendo una noticia sobre el coliseo de los Tempesta, añadiendo Garnet que molaría colarse y armar jaleo — Tenemos que colarnos, liarla parda y reventarle el palacete ese que se han montado — comentó la rubia estando de acuerdo con su hermano de otra madre a la vez que sonreía ante una buena travesura que la haría aumentar su wanted de manera inmediata. La mujer con cicatrices salió en la siguiente página, ahora entendía porque solo le habían subido la recompensa a ella. Pero la semioni no estuvo lista para la siguiente noticia del periódico: Cae Yojimbo.
 
Los ojos de Sasha se abrieron de golpe a la vez que sus pupilas se contraían. Estaba volviendo a pasar. De nuevo volvían a perder a alguien, los marines se habían metido de nuevo por medio de su aventura para molestarlos. La semioni bajó la mirada al suelo, otra vez perdían a alguien y estaba harta ¿De qué servía vivir una aventura si perdían a todos por el camino? El rugido de Garnet la hizo volver a la realidad, ellos lo estaban pasando mal por los recuerdos del pasado, pero para Triana y Joline era la primera vez que perdían a su capitán. El pelirrojo volvió con ellos preguntando por el siguiente paso y la reacción de la doctora de los Alas Negras no tardó en verse, insultando a Joe – quien lo había entregado – junto a su división. Sasha apretó los puños con fuerza mientras tensaba su mandíbula, recordando lo que había pasado en Skypiea — No le tenía que haber avisado de que se les coló un pirata en la marina. Espero que ahora mismo tengan a una tripulación entera metida ahí y que los revienten a todos — pronunció con furia levantando la mirada antes de recoger el periódico del suelo y mirar de nuevo la noticia. Joe iba a estar en el archipiélago de Sabaody, era una oportunidad perfecta para ir a buscarlo. Por suerte Yojimbo estaba vivo, así que ambas mujeres no tendrían que vivir la impotencia de encontrarse con la noticia de que su capitán estaba muerto, como les pasó a ellos. Había esperanza. La última noticia que les había faltado por ver era de la isla Gyojin precisamente, pero no decía nada de cómo ir a ella, no quitaba que era bueno saber que ahora eran parte del ejercito revolucionario. Aquella información era interesante.
 
Triana volvió a tomar la palabra anunciando que había cambio de planes y que después de esa noticia no podían huir ¡Era el momento de atacar! Sasha dejó de nuevo el periódico en el suelo y se levantó con una sonrisa de confianza inspirada por las palabras de la rubia — Cuenta con mi kanabo. Vamos a reventar esa putisima subasta y a ver si aprenden de una vez que nos tienen que dejar tranquilos estos gilipollas — apoyó a la capitana mientras empezaba a hacer estiramientos con sus brazos ante la anticipación de una futura pelea. Entonces se giró hacia Garnet por su preocupación de perder a alguien más — Van a perseguirnos siempre así que tenemos que ir a darles una paliza para que aprendan a dejarnos tranquilos. No habrá sueños que cumplir si se dedican a hacernos emboscadas por separado para mandarnos a la cárcel ¡Hay que destrozarlo todo! Así no se atreverán a tocarnos los ovarios nunca más — sentenció parando de los estiramientos y mirándolo de forma seria. Se había cansado de ser buena y evitar a la marina. Entonces recordó que le niñato estaba rondando por ahí. Seguía en cubierta como un muerto en vida, por lo que se acercó furiosa, y cuando lo tuvo a sus pies le dio una fuerte patada para que volviera en sí, tras el golpe se agachó para agarrarlo de la camisa y levantarlo — ¡¿QUÉ COJONES HACES?! Triana ha dicho que vayamos a reventar la subasta. Deja de llorar y ven a destrozar a esos gilipollas, si tocan a nuestro capitán nosotros quemaremos el mundo por él ¡TÚ EL PRIMERO!— le gritó a escasos centímetros de su cara antes de soltarle para que cayera en la cubierta — Nosotros nos vamos a la subasta. Elige cómo quieres volver a ver a Yojimbo: llorando por él o destrozando todo por él — sentenció antes de darse la vuelta y volver a donde estaba antes, junto a Triana y Garnet. Era la hora de los kanabazos.
 
 

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#47
Tumbado sobre mi improvisada tumbona de arena, esperaba distraído a que todos mis compañeros llegasen a la cita. Sorpresivamente no tardaron mucho y, estando todos reunidos, Karl comenzó a hablarnos como acostumbraba a hacer desde que Joe no estaba, es decir, desde siempre. Alcé mi cabeza enseñándole mi mirada por debajo de la visera de la gorra de Marine, clavando mis ojos sobre los suyos para contestarle una vez terminó de hablarme — Sí, sí, sí, sí... sé de sobra que Joe llega hoy. Y si tú sabes de sobra como bien dices, que efectivamente me la suda, no entiendo por qué me insistes tanto con él. Tus palabras son ecos vacíos defendiendo actos inexistentes, ¿me sigues? — Realmente no entendía por qué tanta cabezonería con el tema Joe conmigo, me recordaba a mi madre cuando yo era pequeño e intentaba hacer que me comiese las acelgas a la fuerza. Así lo único que conseguía era que acabase vomitando.

No contenta con volver a mencionármelo nos pedía que le diésemos un cálido recibimiento, todo apelando a un chantaje emocional barato, usando la carta de que ella nos aprecia... cosa que no me quedó muy clara precisamente cuando llegamos a esta isla. A medida que Karl hablaba yo me llevaba los dedos índice y pulgar de mi mano derecha al puente de mi dañada nariz, cerrando los ojos como si todo me estuviese pareciendo surrealista. ¿Que daría la vida por nosotros? Si precisamente estuve a punto de morir por culpa de una traidora que decía que era su mano derecha y él, en vez de asumir su cargo de líder, lo convirtió todo en una agresión cobarde junto a un discurso populista barato. Me puse en pie una vez terminó de hablar, me quité la gorra de marine con mi zurda para peinarme el pelo hacia atrás con mi diestra y volví a colocármela al revés. — Está bien Karl, le daremos un buen recibimiento al soberano Héroe, a nuestro padre el ausente que se fue a por tabaco — la acidez irónica en mis palabras comenzaba a aumentar de forma gradual — yo me ocupo de hacer lo mío, ¿vale? Le preparé un festival, montaremos un carnaval aquí en el cuartel... o no, espera, recordaba que tampoco querías que animase a la gente, ¿de qué me ocupo pues, compañeros? — extendí mis brazos a los lados buscando a los presentes con la mirada — ¿qué ideas tenéis? Yo me adapto, ¡celebremos! — Empezaba a ser una de esas situaciones en las que mi exceso de labia y lengua indomable podía meterme en problemas, pero a esas alturas ya me daba igual. Empezaba a sentir que me estaban tomando el pelo, como si fuese un completo idiota y estaba comprobado que allí yo no podía ser yo mismo, por lo que no tenía sentido mostrar mi lado festivo y amigable.

Estaba tan metido en lo mío que no me estaba dando cuenta de lo que sucedía a mi alrededor. Volví en mí una vez escuché a Fuguwu a mi lado empezar a tartamudear. Le miré de reojo y pude ver como estaba leyendo un periódico, el cual no sé de dónde pudo sacarlo, como si se le hubiese caído el alma al cielo. Me esperaba una noticia trágica viendo su reacción pero el asunto era que el reino de su isla natal se había desligado al Gobierno, cosa que no me parece un drama ni mucho menos. Continuó con una retahíla de noticias llenas de nombres que yo no conocía por lo que no pude darles mayor importancia más allá de intentar recordar esa información por lo que pudiese pasar.

Nos ofreció el periódico el cual agarré para echar un vistazo a la vez que mencionaba noticias más banales como el aumento del precio del coco o que nuestra querida Ikirami se había teñido el pelo — Vaya por dios... entonces se acaba de caer mi plan de comprar un coco para metérselo por el culo a esa traidora cuando la volvamos a ver. Tendré que dejarle la cabeza hecha uno arrancándole sus nuevos pelos uno por uno como agradecimiento a aquella tarde, ¿me sigues, Fuguwu? ¡kakahaha! — A pesar del show anterior, con Fuguwu sí podía estar de buen humor. Parecía que era el único coherente con el que podía contar siempre

La megafonía del cuartel nos convocó a cuadrarnos en el patio, parecía que la mega super estrella del cuerpo había llegado por fin y eso provocó que Karl saliese corriendo emocionada. La idea de tener que ir se me hacía bola y eso sólo aumentaba mi desdén habitual por lo que, con toda la pereza y calma del mundo, agarré mi mochila con mi skate del suelo y comencé a hundirlos en mi pecho. Guardándolos como si unas arenas movedizas en el desierto se las hubiesen tragado. Abrí el periódico y comencé a seguir el paso de Karl, yendo al lado de Fuguwu. — Ahora tengo más ganas de visitar tu isla natal, Fugu. No me parece tan mala idea desligarse del Gobierno Mundial... no se puede confiar en esa escoria corrupta — Mi adolescencia lo sabía de primera mano.

Leía por encima el periódico porque Fuguwu ya había comentado las noticias más importantes, hasta que una llamó mi atención, pillándome descolocado y sin entender nada. — Espera... ¿por qué nadie mencionó que en este archipiélago se va a celebrar una subasta de esclavos? — No tenía ni idea de que algo así podría llevarse a cabo y no entendía por qué podía publicitarse así, como si nada — ¿Qué clase de mierda es ésta y por qué la Marina lo permite? ¿Qué cojones hacemos aquí? — El día que estaba llevando me empezaba a parecer que estaba siendo una broma de cámara oculta. Un inmenso cuartel de la Marina vitoreaba la llegada de un supuesto Héroe y protegía una isla en la que a su vez se cometían barbaridades como vender personas. En el Reino de Samba nuestras costumbres eran celebrar todos juntos, no esclavizar a la gente y tratarlos como mercancía. No me estaba gustando nada cómo pintaba todo aquello.

Una vez llegados al patio, me quedé apartado en un lateral viendo toda aquella parafernalia. Ya se había empezado a formar un pasillo desde la rampa de desembarque del buque, con las tropas cuadrándose. Me quité la gorra sosteniéndola con mi mano izquierda y, cruzado de brazos, observé la escena apartado como si la cosa no fuese conmigo. Al rato una figura familiar comenzó a desembarcar desde el buque, familiar por decir algo porque sólo le había visto una vez. Joe había llegado a Sabaody como si de una celebrity de Ballywood se tratase, gritando los cuatro vientos que ya estaba aquí — Como si alguna vez hubieses estado — comenté para mí, apretando inconscientemente la gorra con mi mano izquierda, empezando a convertirla sin querer en polvo. Karl emocionada corrió hacia sus brazos. Yo desde luego que no haría lo mismo.



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Aclaraciones

Bélico

Gastos

Karmas aplicados

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#48
Leyenda


“Hoy parece que hace más frio de lo normal…” Pensé mientras saludaba a los demás, ya que notaba algo más de frio de lo normal aquellos días, en los cuales mi ropa habitual, junto a la capa negra con capucha, que había añadido a mi outfit había sido suficiente para apaliar la temperatura de aquellos días. Todos o casi todos me saludaron con normalidad, excepto el peliblanco con mechas azules Rapax Gin, que pese al principio saludarme con normalidad de repente cambio el gesto de su cara y con la mano empezó a señalar mi cuerpo de arriba abajo, lo que provoco que siguiese su mano y entonces, me diese cuenta que andaba en boxes.

“Mierda… otra vez me olvidé de vestirme… ahora entiendo porqué notaba algo de fresco…” Me dije después de observar mi cuerpo casi totalmente desnudo. Entonces igual que había aparecido, desaparecí de cubierta y volví hacía mi camarote, mientras a mi espalda escuchaba unos fuertes graznidos, los cuales me hicieron levantar la vista hacía el cielo y ver como pasaban una gran cantidad de aves mensajeras. “Vaya… ya llegaron las noticias de hoy… puntuales como siempre” Pensé divertido mientras seguía caminando con una sonrisa dibujada en mi cara. “Bueno espero que estos agarren el periódico, me gustaría leerlo después” Seguí pensando mientras llegaba a la puerta de mi camarote.

Cuando llegué al camarote inconscientemente me busqué la llave en los bolsillos del pantalón que no llevaba, lo que además de sentirme estúpido me dio un pequeño susto ya que de repente me di cuenta que no sabía donde estaba la llave. “Mierda… espero que dejase la puerta abierta… sino tendré que tirarla abajo” Me dije antes de agarrar la maneta de la puerta, no asustado, pero si algo preocupado de que esta no se abriese, y con un pequeño movimiento abrir la puerta. “Ufff… que suerte he tenido…” Pensé aliviado mientras pasaba a través de la puerta, entraba en mi camarote y cerraba la puerta detrás de mí.

Ya dentro del camarote me dirigí hacía el armario, donde estaba guardada toda mi ropa, lo abrí y empecé a sacar la ropa y ponérmela, primero la camiseta interior y los calcetines, después el pantalón y el jersey encima de la camiseta interior, seguidamente el cinturón y las protecciones superiores de hombro y pecho. Al colocármelo bien, me senté y me puse las botas atándomelas con cuidado, para finalmente levantarme coger la capa marrón oscuro, que me había comprado hacía una semana, y la máscara de ave colocármela las dos antes de salir del camarote.

Con mis ropajes ya puestos solo faltaba agarrar mi preciada katana, el den den mushi y el kit de medicina, ya que intuía que la reunión de la cubierta acabaría en una excursión por la isla. Así que agarré todo eso, colocando el den den mushi y el kit de medicina en los bolsillos del cinturón y atar la vaina de pluma sangrienta en este mismo. “Bueno creo que ya llevo todo puesto” Me dije mientras echaba un vistazo al camarote en busca de cualquier cosa que me olvidase, viendo encima de la mesa, la llave del camarote. “Ves, ya sabía que me faltaba algo” Pensé mientras me dirigía a la mesa agarraba la llave y salía del camarote, cerrando la puerta con llave detrás de mí. Por supuesto, me guardé la llave en otro de los bolsillos del cinturón antes de volver hacía cubierta.

Al llegar a cubierta, me encontré a todos en la misma posición que cuando me había ido, con la diferencia de que Korg portaba el periódico en las manos y Ashura portaba un papel, el cual parecía un wanted, en las manos y una cara de pocos amigos. El pequeño tirador estaba leyendo el periódico en voz alta. “Seguramente estará informando a los demás de las noticias” algo que no me importaba ya que prefería leerlas por mi mismo, mientras que el capitán estaba soltando todo tipo de quejas y blasfemas sobre algo o alguien, lo único que llegue a entender era algo sobre una purga. “¿Una purga de marines? ¿Dónde y cuándo?” Me dije mientras sonreía creyendo que había escuchado eso.

Mientras me acercaba al grupo el pequeño timonel había finalizado de leer el periódico y realizo un gesto con él, como ofreciéndolo a los demás, así que aproveché y alargando el brazo lo agarré, necesitaba leerlo y enterarme de las cosas por mi mismo. Así que, con el periódico en la mano, me acerqué a la barandilla de cubierta que daba hacía el agua y sentándome en esta me puse a leerlo detenidamente.

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#49
La reunión que se ha organizado la encabeza Karl. Todos estamos presentes y, como de costumbre, yo he llegado el último. Sorpresa para nadie, supongo. Pese a mi desorden horario y mi posible retraso, Fuguwu me confirma que estamos a inicios de un nuevo día. -Pues hace fresco para estar comenzando el día... Joder.- pienso para mí, que aún no bajo el saludo hasta que la Comodoro al mando me lo indica. Ella es quien nos ha hecho llamar y a todos los miembros. ¿La razón?
La razón es interrumpida por un McGuffin volador que nos entrega una gaviota mensajera. Mis compañeros se hacen con la entrega del periódico, mientras, por unos segundos, me quedo embobado viendo marchar al ave, que sigue trabajando. -Joder... Hasta las putas gaviotas tienen pala con el Gobierno Mundial. ¿Serán funcionarias?-

Fuguwu, periódico en mano, me devuelve a la conversación grupal mientras nos narra cada noticia relevante del panfleto. Todos parecen estar más o menos atentos a las noticias. Cada uno con su interés personal y su opinión propia. Yo, sin embargo, me ubico unos pasos más alejados, sin hacer mucho caso. He pasado la mañana y las semanas entre documentos, y me gustaría leerlo a conciencia más tarde, no narrado a prisas por un tercero. Además, mi atención estaba casi en su totalidad en la reacción de Apolo a ciertas noticias. El atrevido ignorante ha cruzado la linea de lo ético. Tenía la firme intención de acercarme a él, siendo la persona con la que más afinidad podría encontrar, pues es el primero que cuestiona el liderazgo de la División. ¿Pero insultar al Gobierno Mundial de "escoria corrupta"?
La sangre me hierve. Si ya le tengo ganas a más de uno, ahora solo falta esto. Doy un par de pasos hacia él, con la firme intención de partirle  la cara hasta que se tragara sus palabras... Pero, no. Decido calmarme antes de iniciar una batalla campal que solo me dejaría en mal lugar frente a todos. Tengo imágenes y pruebas de la corrupción que se destilan en la división. Pero no aquí, no de esa forma. Pero antes o después, este chico se dará cuenta de que el Gobierno Mundial merece un respeto.

Karl retoma el control de la conversación y, tras la lectura del gyojin, nos revela la verdadera razón de nuestra reunión. El jefe de la división 21 se dejaría caer, por fin, en el archipiélago. Volvería a retomar la capitanía del escuadrón y, probablemente, traería nuevas órdenes y misiones para todos. Así pues, la Comodoro nos pide que le diéramos un recibimiento a la altura, ya no como orden directa, sino como equipo orgulloso y unido. -Tiene cojones la cosa...-  pienso para mí mismo, mientras por otra parte sonrío y afirmo en un tono amable. -Vale, me parece buena idea.-  Todos acceden de mejor o peor manera a la petición de la semi-oni que, con diferencia, se la ve más emocionada que ninguno.
Tras unos minutos, anuncian la tan esperada llegada de los héroes y los altos cargos. Vamos avanzando hasta el patio de acceso, donde ya hay decenas y decenas de marines expectantes del desembarco. Yo, como de costumbre, estoy en la retaguardia de todos. No solo porque mi tamaño tapa la visión de cualquiera, sino porque es mi zona de confort. Atacando por la retaguardia. Desde ahí, veo como Karl, ansiosa, busca adelantarse a la multitud, que apenas deja un pasillo para que los Marines pudieran salir. Ryze sobre ella y Fuguwu también con ganas de ver a los mandamases. Por su parte, Apolo ha decidido replegarse en un lateral, apartándose del grupo. Esta era la mía. Atento pero frustrado, el comandante de arena parece reprimir sus emociones contra su gorra, como alguna vez he podido hacer yo. Sigiloso, me acerco por su espalda. No con intenciones de hacerle daño, pero si con las de no llamar la atención de nadie más. Sé que me detecta y, despacio, me inclino para alcanzar su oído y susurrar con sutileza -Ten cuidado con quien te metes, chaval...-  Mientras esto sucede, la realidad de la aparición de Joe provoca que Karl salga en carrera a reencontrarse con su hermano de armas. Veloz como una centella y sin dejar reaccionar a Apolo, avanzo rápidamente y le doy la espalda, aprovechando el barullo y colándome entre la multitud hasta alcanzar el puesto de La Comodoro.
Frente a todos, y tras tan esperado retorno, cuando los más veteranos del equipo terminan su efusivo saludo, ahí estoy yo, el siguiente, frente a frente con el Héroe. Aquel que traerá la nueva justicia y ha escalado como un meteorito. El estándar. El ejemplo a quien aspirar, el hombre a batir para escalar. De tú a tú, parece poca cosa en comparación, ya que mido el triple que él, más o menos. Pero su aura desprende liderazgo y tenacidad por igual, y eso que no tengo ni el más mínimo control sobre el Stands de observación. Sus méritos hablan por él. Y su actitud es de un total caballero. Pero su mirada parece indomable.
Frente a semejante criatura, yo solo me muestro sonriente y amable. Con la fachada de siempre. Ojos medio achinados con una sonrisa de oreja a oreja. El pelaje y la apariencia de un soldado ejemplar y amable, con la firme intención de presentarse frente a su capitán. Incluso más, frente a su ídolo. Sin embargo, por dentro, tengo toda la intención reprimida de comprobar la distancia de poder entre nosotros. Las ganas impulsivas de lanzar un ataque para ver si estoy tan lejos de la cima o si realmente la estoy alcanzando. Un instinto cazador que busca la batalla contra el que se presupone el depredador ápex del lugar... Pero tan solo hay un saludo. -Vice-almirante Joe, que gusto tenerlo de vuelta, señor.- extiendo mi mano hábil para estrechar las manos. Si su hospitalidad y amabilidad es la de siempre, de seguro lograría que me la estrechara  delante de todos los presentes. -Tengo muchas ganas de intercambiar... Palabras con usted.- termino con un tono más privado y mordaz. 
La élite está aquí. Tanto Joe como uno de los tres máximos responsables. Un Almirante de la Marina. Sea lo que sea que vaya a suceder durante estos días... He de dejar claro lo que valgo delante de esta peña. Es ahora o nunca, y no vale dar un solo paso atrás. 
-La gravedad está juntando a los más grandes en este lugar. Y mi destino es formar parte de esta historia.-


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#50
Estando en cubierta, fue el turno de Viktor de aparecer en escena, conjuntamente con la llegada de las ruidosas y apestosas aves que traían el periódico. Lo dejaban todo lleno de cagadas y de plumas, hacían muchísimo alboroto y normalmente lo único que traían eran páginas en las que perder a Viktor durante un rato. No estaba de más estar informado, pero prefería recoger el periódico en un lugar civilizado a recibir en el barco - y encima barco nuevo - aquella peste.

Mi mano derecha - metafórica, no física - recogió el periódico y se dispuso a leerlo dando sólo los reportes que consideraba oportunos, sin leer las noticias como tal, haciendo que frunciera el ceño y lo mirase girando la cabeza


— Oe — dije seriamente — Si lo vas a leer, leelo todo — añadí serio y extendí la mano hacia él con la palma hacia el cielo reclamándole el periódico, cuando le escuché hablar de Joe, su ascenso y que había capturado al hombre alado en llamas del torneo de la isla del cielo. Detuve mi gesto y bufé — Si pude vencerlo entonces ahora lo haría pollo asado — dije, y escuché a Viktor decir que Joe estaría en la isla acompañando a un pez gordo. Me crucé de brazos escuchando sus palabras y miré hacia la gente de los astilleros, nerviosa y alborotada, leyendo el periódico en si y haciendo lo que fuera que estaban haciendo. Mientras los observaba, Viktor habló de una torre, una especie de coliseo, aparentemente propiedad de la familia Tempesta — Triana... — pensé, y sonreí plenamente. Estaba deseando poder volver a verla para aplastarle la cabeza con Ein Hauch, o hervirla hasta que no pudiera moverse. Pero mi compañero de nuevo me sacó de mi estado estupefacto, diciéndome que según su interpretación de lo que estaba leyendo, creía que era una buena idea ir a la base de la marina, pues si habían venido a por criminales igual necesitaban una mano extra.

— No — dije serio y tajante — Si quieren nuestra ayuda tienen que pedírnosla, y entonces nosotros pondremos el precio — añadí, mientras continuaba mirando a todos los del astillero — Si vamos y nos ofrecemos a ayudarles, estamos demostrando una sumisión y una fidelidad que no merecen — entonces me giré hacia Viktor — Valórese, señor Evans — dije con diversión, apoyando la mano en su hombro — No por nada eres el mejor espadachín hasta esta parte del Grand Line, y a los mejores se los busca — y le di una palmada cómplice — Si para Joe ha sido un mérito derrotar a ese Lunarian que tan fácilmente vencí, seguramente no tenga el poder para encarar enemigos a nuestro alcance él sólo... así que tranquilo, si estás en lo cierto, él mismo nos llamará — y me separé de él, girándome para encarar el descenso del barco, poniendo un pie en el pasamanos y mirando en derredor hacia los barcos a nuestros lados, haciendo un gesto con la mano par que descendieran del Kaiser Panzer, chasqueando la lengua con desgana — Por ahora vamos a hacer una visita al banco — dije refiriéndome a la sede que había en los astilleros, hablando tanto para el muchacho como para el albino  — Vamos a probar las habilidades del chico — expliqué, hablando obviamente del skypieano de nuestras filas, y sonreí abiertamente tras mi máscara, mientras el viendo movía sutilmente la capa emplumada que ahora portaba — Mientras esquivemos la casa de subastas todo nos va a ir bien — finalicé, y salté del barco hacia el astillero, aterrizando flexionando las rodillas y haciendo que mi capa de bombease y alzase por el movimiento. Era el momento de empezar a aplastar a la competencia.





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