[Aventura T5 - Presente Absoluto] - En busca de la leyenda
#31
La luminosa mano del panda impactó de lleno en el costado izquierdo del enmascarado, cortando en el proceso lo que sin duda sería una invitación a la pelea. Aquel muchacho parecía estar demente. Se reía como un desquiciado incluso después del hercúleo puñetazo eléctrico que el mink le había propinado. Mentiría si dijera que no lo entendía. Don Bambú se emocionaba con las peleas al punto de perder la razón. Una vez empezaba a golpear no era capaz de frenarse si no tenía un aliciente muy poderoso para ello. Quizás aquel cazador era similar a él en ese aspecto, sin embargo le daba malas sensaciones, como si fuese la otra cara de su hipotética moneda. El panda peleaba por el renacer y bienestar de una sociedad oprimida por el gobierno. Él luchaba por lucrarse manteniendo su supremacía. De algún modo detestaba al cabrón.

Parecía ansioso por continuar la pelea. Quizás hasta por saber hasta dónde podía llegar el mink en su forma final. Le preguntaba si podía hacer algo más fuerte o si ya era su turno, intentando moverse tras la terrible descarga eléctrica a la que el oso le había sometido. Un rápido vistazo a la pelea de ambos espadachines le indicó que estaban chocando con sus espadas. Kisuke parecía ser capaz de mantener al hombre lobo ocupado, pero Zorak permanecía inmóvil en el suelo ya que el ataque del panda no había sido lo suficientemente fuerte como para hacer perder al enmascarado la concentración en su Haoshoku. Don Bambú tenía que actuar rápido. El suelo bajo sus pies comenzó a ondularse de forma antinatural, como si hubiese cedido de repente ante el incrementado peso de la criatura. Acababa de activar el poder de su fruta del diablo. Su voz gutural dio la señal de que las hostilidades iban a comenzar de nuevo. —Bear... —Los puños del panda se cerraron con fuerza justo antes de que, de nuevo a una velocidad sobrehumana, comenzasen a golpear el suelo a toda velocidad una y otra vez. —...¡QUAKE! —Alrededor del panda, en un área de 10 metros a la redonda, el suelo comenzó a sacudirse violentamente y a golpear verticalmente hacia arriba como si estuviera compuesto de centenares de martillos hidráulicos. Muy probablemente Sohem terminaría en el suelo al sufrir los efectos de aquella técnica tan devastadora. Por desgracia no podía posicionarse mejor para afectar al otro cazador, ya que impactaría irremediablemente contra sus camaradas. Una vez realizado aquel ataque, el Panda mantuvo ambas manos apoyadas en el suelo, listo para su siguiente maniobra. Se iba a arriesgar mucho, pero sabía que su Bearquake no sería suficiente para detener la presión espiritual del cazador si el Maximum Luna había fallado. De este modo, aprovechó el suelo para impulsarse hacia el enmascarado a toda velocidad y, situándose a tres metros del mismo, aprovechar su inmenso tamaño para lanzar dos zarpazos en diagonal descendente, uno con cada mano, hacia su torso. Los movimientos del panda iban acompañados de un bamboleo constante de la tierra bajo sus pies, como si el material del que estuviera compuesta hubiera cambiado drásticamente. Tenía que seguir atacando hasta que dejase de moverse. No podía darle ni un respiro, porque el cabrón respiraba fuego.

Toda la info
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3361 - 100 = 3261
Energia: 2795 - 820 = 1975
Espiritu: 941 + 22 = 963
#32
El choque de espadas me devolvió a la realidad y al volver a esta el beso de la quemadura en mi rostro me daba la bienvenida, la zona estaba totalmente iluminada por lo que parecía luz eléctrica, mis compañeros estaban peleando, pero por alguna razón yo no era capaz de mover un solo músculo del cuerpo lo que me provocaba una gran frustración, para colmo la sensación de ahogo seguía presente y apenas podía respirar, la vista volvía a ser borrosa y lo único que me mantenía cuerdo a en la realidad era el doloroso punzón en mi rostro, pues cada vez que respiraba y expiraba como buenamente podía notaba un dolor inhumano, frente a mí se alzaba el monstruo que había conseguido domar hacía ya un largo año en Bálgito, mofándose del estado en el que me encontraba con una risa por lo bajo. "Me necesitas... siempre lo has hecho..." decía entre lo que ahora habian escalado hasta carcajadas, ¿tenía razón? Quizas este año de entrenamiento en el arte del ryosuken no había valido para nada, una vez más volvía a no poder hacer nada mientras los que más quiero están en peligro. "MUÉVETE MALDITA SEA ZORAK, MUÉVETE" repetía una y otra vez en mi mente, intentando sacar fuerzas de flaqueza.

"GRHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA"

Gritaba de rabia por no poder moverme, mientras mi mirada quedaba fija en Kisuke enfrentando al hombre lobo y de fondo escuchaba el estruendo de los golpes electrificados de Don Bambú, ellos estaban peleando. "LEVÁNTATE IDEALE LEVÁNTATE" volví a gritarme mentalmente intentando moverme con negativos resultados. La frustración lentamente se estaba transformando en rabia, una rabia primigenia que se representaba en mi tocada psique con el monstruo que se reía de mí mientras lentamente soltaba sus cadenas una a una, no quería, no debía dejarle tomar el control, pero la idea de la sangre cubriendo mis manos me seducía en demasía, quizás esa era la respuesta, dejarme llevar y permitir que mi monstruo interior tome las riendas una vez más, solo la última vez. "Hazme sentir orgulloso, Ideale." Las palabras de Nilats golpearon mi consciencia como un boxeador la mandíbula de su rival, le juré a Nilats que no volvería a perder el control pasara lo que pasara, esas fueron sus condiciones para enseñarme a usar el glorioso estilo de Ryosuken, solo necesitaba calmarme y tomar aire, conocía a mis compañeros, estaba seguro de que podrían dar batalla hasta que me calmase y pudiera volver a moverme.

Resumen

Inventario

Error post anterior

Bélico
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2479 - 650 = 1829
Energia: 2822 + 450 = 3272
Espiritu: 609 + 0 = 609
#33
Sin quitarle ojo de encima al úrsido gigantesco frente a mi, ignoraba por completo qué era lo que estaba haciendo Viktor a mis espaldas con sus amigos, pero había decidido que eso no era problema mío.  Ahora que nos adentrábamos en los compases finales del Paraíso, tenía que demostrarme su capacidad y que no sólo era mi mano derecha porque el resto del grupo no valía ni para limpiar bien a Lustig. Si quería ser de verdad mi mano derecha, tenía que ser temible, y su poder tenía que ser suficiente como para acabar con esos dos medias hostias sin necesidad de ir al cien por cien, porque no lo merecían.
En cambio el panda... con ese si que tenía que tener cuidado. El golpe no había sido demoledor, pero si lo bastante fuerte como para saber que tres o cuatro más de esos iban a suponerme un problema. Chasqueé la lengua. Esperaba que no tuviera mucho más repertorio preparado para usar contra mi, pues con esa endiablada velocidad iba a ser imposible para mi hacer nada más que resistir y emitir calor constantemente. Y había mejorado mi resistencia física y mi aguante para ello, no cansarme tan rápido, no consumir mis llamas tan intensamente... pero aun no sabía la verdadera capacidad de mis propias facultades. Era un buen momento para ponerlas a prueba, pero si por algún motivo bajaba la guardia como con Triana Tempesta... si el panda conseguía dejarme en un estado tan vulnerable, Viktor tendría que enfrentarse a estos tres enemigos mientras cuidaba de mi, y dudaba que pudiera conseguirlo. Además, me negaba a que tuviera que repetirse lo de la costa de Skypiea. Nunca más nadie de Magna me vería de rodillas tras vencer a un enemigo. No me verían perder, y sabrían el terror que infundo y sustentarían en él el respeto que me merezco y la lealtad que espero de ellos.

En ese instante, el suelo bajo las grandes zarpas traseras del panda se hundió. La distancia de seis metros que nos separaba y la luz de las brasas y el fuego de la vegetación quemándose por mis envites caloríficos eran suficiente para verlo con claridad: el suelo hondeaba. No necesité mucho más para dictaminar que ya había visto suficiente, y que sumado a su transformación monstruosa, el Mink ya había revelado suficientes trucos como para dejar de estar a la defensiva y esperando la recepción de su siguiente ataque, así que comencé a caminar en su dirección mientras pronunciaba dos escuetas palabras
— Hot Spot —
Entonces, de nuevo, de mi emanó una oleada más de calor, idéntica a las dos anteriores que habían danzado al unísono, y al mismo tiempo hacía que el calor que conducía mi mano hacia el kanabo, prendiese este en llamas mientras lo descolgaba de mi espalda. La ola de calor impactó en cuarenta metros a la redonda, partiendo desde donde yo estaba, terminando por sacudir la vegetación que se resistía a ser quemada y empezando a propiciar un moderado incendio por el bosque, acompañado de las llamas que brotaban con furia del metal incandescente de mi Ein Hauch, mientras recorría los apenas seis o siete pasos que me separaban del Mink, que debía permanecer en estado de shock por el nuevo impacto de mi calor.

Sonreía mostrando los dientes tras el anonimato de mi casco y mis ojos centelleaban ante la visión de aquel gigantesco oso níveo y eléctrico de ocho metros rendido ante mi. Pero en Skypiea había aprendido a no recrearme en los compases finales y sabía que debía poner fin a esto aprovechando las oportunidades disponibles, así que mientras me desplazaba hacia él y el calor hacía su efecto, iba tensando todos los músculos de mis brazos, hombros y espalda, para cuando estuve finalmente frente a él, sujetar a Ein Hauch con ambas manos y alzarlo sobre mi cabeza, ejecutando un golpe descendente hacia la masa central de su tren superior, el plexo solar, con toda la potencia que podía ejercer buscando ejecutar en el acto a aquel imbécil.

— ¡ ¡ ¡ HELL'S BELLS ! ! ! —

El sonido del tañido de una campana siguió el eco de mis palabras retumbando por todo el bosque, y el impacto de mi arma envuelta en llamas contra el pecho de aquel oso humanoide dictaminaba el final de nuestro encuentro, a excepción de haber alguna sorpresa esperándome. La velocidad a la que había movido el kanabo era por mucho, muy superior a la que había mostrado el mink antes. Tanta que ni yo mismo era capaz de ver el movimiento de mis manos cuando se ejercía e imposibilitaba una reacción por parte de la víctima que en este caso, habría probado aquí una antesala del infierno al que iba a enviarle.
Chasqueé la lengua de nuevo tras el impacto.





Bélico

Akuma no mi

Gastos

Daños

Inventario
—
[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 7515 + 0 = 7515
Energia: 3871 - 1461 = 2410
Espiritu: 415 - 235 = 180
#34
El espadachín estaba motivado.
Al contrario que a mí, que solo me movía finalizar el combate relativamente a la par del jefe, Kageyama sí que parecía totalmente confiado de que su compañero podría ganar. De alguna manera esto me convenció de que no era un puto loco ingenuo. La confianza en su compañero era plena, pero, su previsión estaba mal. En su hoja de cálculo no había contado con el terremoto arrollador que supone Sohem cuando quiere que alguien caiga muerto. Y eso yo lo sabía. Pero me gustaba esa actitud en el espadachín revolucionario que, incluso, se permitió el lujo de bromear conmigo sobre lo romántico que era decir el nombre de sus técnicas. Tenía parte de razón. Además, quiso apostar conmigo unos míseros berries a que Sohem perdería. — ¿De qué me valen diez mil berries si puedo cobrar seiscientos millones? — cuestioné con sorna al espadachín que, tras su apuesta, saltó atrás a la vez que enfundaba su arma de nuevo. Casi por instinto, visto que era de mi escuela de Iai, hice lo mismo, pero esta vez mantuve el negro filo de Shimei Kaeru en su funda, sostenida en mi siniestra, mientras que materialicé el filo gélido Hitsurugi en la diestra. Con un chasqueo de dedos mi mano se llenó de un denso hielo que tomo la forma de una espada de doble filo de algo más de un metro de largo, con una característica guardia en forma de W. Su forma más alejada de una katana y más parecida a una espada tradicional, rodeada de un vaho gélido casi parecía brillar en la oscuridad con los reflejos en el hielo. Cuando el espadachín se lanzó a por mí, mi semblante cambió totalmente.  — Lo siento, compañero. — pensé mientras se acercaba su hoja de manera inexorable saliendo de su saya.  — Pero tengo prisa. — desvié su hoja con la Hitsurugi hacia el cielo con un movimiento de brazo vertical, golpeando el lomo de Yamigiri con ella y haciendo que su golpe se dirigiera arriba mientras usaba el movimiento para alinearme con Zorak y él.  


— Ikkyo, primer principio. — 

Anuncié mientras impactaba, aunque solo fuera para deleite de Kisuke, mientras usaba a Shimei Kaeru enfundada para golpear a la corva de Kisuke mientras que Hitsurugi cortaba pecho de lado a lado dejando una marca de hielo en él, haciendo caer de espaldas al revolucionario con la columna en el barro. Fue entonces cuando, tras un estruendo de calor, recibí una nueva bocanada del arrollador poder de fuego del enmascarado.  — Que lo use tantas veces… no debe quedar mucho. — pensé mientras me resentía del daño que no podía evitar. Era demasiado pronto para usar cualquiera de mis técnicas de escudo y además, no tenía manera de saber que esto pasaría. Desde luego Sohem no tenía miramientos en quién había a su lado cuando peleaba. Pero a mí no me importaba. Si el precio a pagar por luchar al lado del hombre más fuerte del mundo era soportar el calor, iba a congelar el infierno si era necesario. De hecho, no me pareció mala idea, para bajar la temperatura y rematar el combo, aprovechando la perfecta alineación de Kisuke y Zorak, exhalé el aliento de hielo desde mis lupinas fauces.

Una enorme masa de aire congelado se propagó largo y ancho a la vez que el tañido de una campana resonó en el bosque, pasando por los dos revolucionarios tendidos en el suelo, dañando y congelando a su paso parte de la flora que, segundos después se derretía de nuevo por el calor de Sohem. Percibí que Kisuke no se movía y, a su lado, lo golpeé con la bota a la altura del pie, que se movió sin resistencia y volvió a su posición, indicativo de que estaba fuera de combate. Viré mi mirada a Sohem que parecía haber dejado al Mink en el mismo estado deplorable que yo al espadachín.  — Deberías haberte dedicado a otra cosa. — le dije al espadachín con cierto desánimo, aunque no pudiera oírme.  — A hacer pan. O churros. No sé. — tras esto avancé hacia Zorak, esperando la reacción de Sohem que no tenía claro qué haría.  — Y tú, ¿te vas a levantar? ¿O te va el rollo voyeaur? — cuestioné al revolucionario paralizado, inclinándome hacia él, a dos metros de distancia.


Toda la info
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6476 - 987 = 5489
Energia: 2810 - 1706 = 1104
Espiritu: 1710 + 0 = 1710
#35
Demasiado lento. Una vez más había quedado patente su falta de velocidad, ya no con su espada, sino al moverse él mismo. No había sido una cuestión de potencia, quizá él podría superarlo en algún momento al espadachín albino en aquello, era la velocidad a la que se movía y a la que atacaba, no exento, por supuesto de una potencia prodigiosa. Ante la habilidad de su rival, Kisuke quedó completamente a su merced, y recibió el ataque con la espada helada sin posibilidad de defenderse.

"Estoy en las últimas, será un todo o nada."

Cayó de espaldas en el suelo, con una fea herida que cruzaba su pecho, con una capa de hielo cubriendo la herida. Miró fijamente al cazarrecompensas, mientras trataba de reincorporarse; era increíble que Kisuke estuviese a merced de aquel tipo, pero no cabía duda de que le superaba ampliamente como espadachín, y tendría que jugárselo todo a una última carta. Era algo temerario lo que estaba pensando en hacer. Se llevó la mano a la empuñadura de su otra katana, Sode no Shirayuki, pero cuando sus dedos se cerraron en torno a la empuñadura, otro torrente de calor abrasador le golpeó en la espalda, haciéndolo caer de rodillas, reavivando los quejidos de dolor que salían de las quemaduras de su espalda, dificultando aún más su respiración. Soltó la empuñadura de Sode no shirayuki, más no la de Yamigiri y alzó la vista para decir algo más a Viktor. Había perdido, no había más opción, el espadachín lobuno se acercaba a él para dar el golpe final y apenas le quedaban fuerzas.

-Me debes tu nombre, y una revancha.

En ese momento el espadachín albino exhaló un hielo que quemaba casi tanto como el poder del tipo enmascarado, y la negrura que envuelve la mente al perder la consciencia, lo abrazó como habría hecho su madre, cayendo definitivamente, con una sonrisa sarcástica en los labios. Había perdido el combate, pero, ¿quién sabe? era posible que hubiese ganado un rival, si el cazarrecompensas lo veía así, o, al menos, un objetivo concreto a batir.

resumen de turno

karma

info bélica

inventario

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3550 - 3685 = -135
Energia: 2992 + 0 = 2992
Espiritu: 948 + 0 = 948
#36
Una nueva dolorosa ola de calor seguida de un sonido parecido al de las campanas aparecieron desde mi punto ciego junto al de un gran peso cayendo al suelo, sumado a que no reconocía ese sonido de ningún ataque de mi compañero hizo que mi corazón se frenase en seco por un segundo, justo cuando el frío se abrió paso en mi paralizado cuerpo mientras el oxígeno se negaba a entrar en mis pulmones, ¿era acaso este frío el abrazo de la muerte? ¿Era este sentimiento de desesperación lo que había llevado a la vida de tanta gente a lo largo de mis oscuros años de asesino sin miramientos? Cuantos había perdido ya por mis malas decisiones, Vander, Powder, Oxxy, Ridel, Papá... y ahora una vez más me veía indefenso ante el destino cruel, Kisuke caía frente a mí como un peso muerto, mi corazón se debutó de nuevo ante la simple idea de perder a mi Shin'yū, ahora el destino volvía a reclamar la vida de mis amigos y una vez más me negaba el ser útil de cualquier manera para poder ayudarles, lágrimas de rabia asomaron por el rasero de mis ojos, "eres un inútil Zorak, no has cambiado nada." Me reprendía a mí mismo mientras desesperadamente trataba de mover un cuerpo abrasado por el infernal calor que producía el hombre enmascarado, un calor que sin saberlo había cambiado mi morfología, pues desde la altura de la comisura de la boca hasta las orejas y llegando hasta el nacimiento del pecho, la carne de mi cuerpo se había ennegrecido a causar de la quemadura en la dermis, así como las bolsas de las ojeras bajo mis ojos que obtuvieron el mismo color carbonizado, cuando las lágrimas comenzaron a caer el dolor que producían al deslizarse sobre la piel calcinada empequeñecía frente a la simple idea de volver a verme solo en el mundo, aunque solo fuera por un segundo antes de acompañarles, soledad que ahora debería de cargar también Maeve a quien debería pedir perdón por lo que estoy a punto de hacer. El peliblanco llegó junto a mí, decidí tragarme mi orgullo e intentar por lo menos minimizar los daños a mi tan amado ejército revolucionario.

"Por favor... Llevadme a mí... pero dejadles a ellos..."

Escupí un poco de sangre porque tenía la garganta totalmente seca y cada palabra que intentaba pronunciar me punzaba con un cuchillo al rojo vivo. Lleve mis ojos aun con las lágrimas cayendo hacia los ojos del mismo color que poseía el albino, llenos de determinación.

"ELLOS DOS SON EL FUTURO DE LA REVOLUCIÓN."

Dije manteniendo la mirada al hombre mientras sufría por el dolor de las heridas que anidaban en mi cuerpo, con la pequeña esperanza de poder hacer algo por ellos, al fin y al cabo yo era su líder y ellos mi responsabilidad. 

Resumen

Inventario
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1829 - 1429 = 400
Energia: 3272 + 0 = 3272
Espiritu: 609 + 0 = 609
#37
En el preciso instante en el que el suelo empezó a ondear bajo los pies de la monstruosa criatura en la que se había convertido el panda, una intensísima ola de calor le golpeó de frente. En el instante en el que recibió aquel nuevo golpe de calor, sus brazos se detuvieron debido al intenso dolor ardiente que le azotó. El suelo dejó de ondear al momento, regresando a su rigidez habitual como si ésta nunca hubiese cambiado de naturaleza. Su cuerpo, actualmente de un blanco impoluto, comenzó a presentar ennegrecimientos propios del cuero cabelludo chamuscado. Intentó por todos los medios continuar el ataque, sin embargo su cuerpo no quería responder. Con una suerte de filtro borroso, pudo ver a la minúscula figura del cazador acercarse hacia él a una velocidad relativamente lenta, pero cuando quiso darse cuenta y moverse, el enmascarado ya estaba levantando su ardiente arma con ambas manos, listo para ponerle punto final a aquella pelea. —Lo siento, camaradas. Creí poder plantarle cara durante un rato más. —Una sonrisa cruzó su rostro justo antes de recibir aquel llameante golpetazo en el centro de su torso. La nota más alta del tañido de una campana perduró infinitamente en la negrura que envolvió a Don Bambú al instante. Sus piernas, en aquel momento ligeramente flexionadas, no lograron mantener aquella inerte mole de carne en pie tras aquel impacto, de modo que su cuerpo cayó retumbando estruendosamente hacia atrás, volviendo su tamaño a la normalidad incluso antes de llegar a tocar un suelo completamente seco y chamuscado. Sus brazos cayeron completamente extendidos hacia los laterales mientras que sus piernas mantuvieron cierta flexión al caer, quedando ambas escoradas hacia el lateral izquierdo del oso. Un valle rojizo se había formado tras el impacto en su pecho, pero la herida no sangraba debido a que se había cauterizado al instante. Sus ojos se habían cerrado al perder el oso la inconsciencia, motivo por el cual el sulong se había desactivado al momento de recibir aquel golpe. Su boca, no obstante, a pesar de la sangre que de ella emanaba tras los daños en su torso, mantenía una sonrisa serena, dándole un cierto aire de tranquilidad aún en lo que bien pudiera ser su lecho de muerte.

Toda la info
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3261 - 3647 = -386
Energia: 1975 + 0 = 1975
Espiritu: 963 + 0 = 963
#38
Tras el impacto y el sonoro replicar del metal imitando a una campana y produciendo un espaciado eco por el bosque, el estruendo del cuerpo del mink cayendo al suelo fue la nota final de la serenata que estábamos componiendo. Cayó a plomo, con los brazos extendidos y las rodillas semiflexionadas hacia un lado, mientras se encogía de tamaño y perdía tanto la blancura en el pelaje como el manto eléctrico. Un solo golpe. Cuadré de nuevo mi postura erguida y mire a Ein Hauch sostenido con mi siniestra, mientras las llamas crepitaban brotando de él dada la ingente temperatura a la que lo sometía. Un sólo golpe y había tumbado a aquel enorme monstruo. Di una patada leve con la punta del pie hacia la zarpa trasera derecha del mink, viendo como esta cedía ante la presión y se estiraba sin tono ni respuesta. Estaba completamente inconsciente. Chasqueé la lengua ladeando ligeramente la cabeza y apreté el puño con fuerza unos segundos antes de aflojar el agarre, y con él, desaparecer progresivamente las llamas del mismo y el color incandescente del metal. Había ganado.
Sí que era verdad que el poder de mi akuma no mi lo había ido debilitando con las oleadas de calor - que por el momento habían sido tres - y eso sin duda era un daño a tener en cuenta, pero tenía que aprender a controlarme si quería que las batallas me durasen mas. Así no iba a encontrar rivales como Triana Tempesta, pero si me confiaba tanto como con ella, podrían volver a llevarme a ese extremo, o quizá hacerme cruzar el río con el barquero... Esa dicotomía era difícil de solucionar: ¿Disfrutar más de los combates y correr el riesgo de perder, o morir, o acabar con mis enemigos rápido y con un poder aplastante? No podía decirme en este momento, y el sentimiento de satisfacción de volver a vencer, se mezclaba con la amargura del placer que dura poco, y la impotencia de la perdida del autocontrol.

Suspiré y guardé mi arma de nuevo en su soporte en mi espalda, mientras daba un par de pasos hacia el úrsido abatido y acuclillarme mientras agarraba su muñeca para comprobar su pulso. Sonreí tímidamente a los pocos segundos: aun tenía pulso. Y echándole un ojo por encima, no parecía tener ninguna herida grave. Los huesos parecían en su sitio, su pecho aun se movía con sus respiraciones y yo no producía cortes, aunque sí que estaba lleno de quemaduras. Nada que el agua del río cercano y unas cuantas semanas de ungüentos no solucionasen. Me erguí de nuevo escuchando las palabras y uno de los presentes, haciendo que girase mi cabeza para mirar por encima del hombro, sin voltear mi postura. Era el pelirrojo, que aun seguía consciente pero estaba tirado en el suelo calcinado y húmedo, embarrado - posiblemente por los poderes de Viktor derretidos por mi calor, humedeciendo y ablandando la tierra - decía que sus dos compañeros eran el futuro de la Revolución. Miré al otro tipo en el suelo, un único tajo en el pecho, muerto. Pero unos segundos de observación me permitieron ver su pecho moverse también, como el panda, así que no estaba muerto y también estaba inconsciente. Negué con la cabeza nuevamente y dejé de mirar en esa dirección, girando el rostro para mirar hacia el panda y con un par de movimientos subirme sobre su panza y quedar sentado en ella, con las piernas colgando.

— El futuro de la revolución... — pensé mientras me acomodaba y alzaba la vista para observar a Viktor entre los dos cuerpos en el suelo. Suspiré de nuevo y la presión espiritual que ejercía desapareció, junto con la agonía respiratoria de Breath Death... Ya no tenía sentido seguir humillando a esta gente. El panda había sido interesante, desde luego, esa habilidad para transformarse en algo enorme y centelleante, y lo que parecía que iba a hacer de convertir el suelo en la inestabilidad del mar parecían habilidades que me habría gustado ver más en acción. Y aunque por algún motivo detestaba a este hijo de la gran puta, no quería matarlo. Quería ver si en otras condiciones, sin tener que preocuparnos por nadie mas, podría darme una pelea más extensa y más limitante. Quería ver hasta donde podía llegar este "futuro de la revolución". Pero el resto era otro cantar. No me habían parecido lo suficientemente interesantes como para siquiera enfrentarlos, y mucho menos como para dejarles vivir para poder enfrentarlos el día de mañana... Además, Viktor no parecía haber recibido ningún ataque por su parte y no parecía estar herido en lo absoluto, así que suponía que contra mi habrían tenido peores resultados que los obtenidos por su amigo el mink.

— ¿Esto es el futuro de la revolución? — pregunté retóricamente — ¿Y se supone que vosotros vais a acabar con el régimen establecido?  — añadí, con sorna — Con suerte el oso sería un buen esclavo-montura — dije dando pequeños respingos sentado sobre el panda, y llevé la mano izquierda hacia su rostro, agarrando su morro como si de un perrito se tratase, mientras miraba fijamente al pelirrojo — Pero aquí no hay futuro — en adición a esto, solté la cara del mink y di dos bofetones de forma sonora y despectiva con el reverso de la mano — Sólo un sillón — sentencié, y llevé la mano al interior de mi chaqueta buscando el Den Den Mushi que usaba para comunicarme normalmente. Si Viktor tenía sus wanteds, en ellos estaban sus nombres, y si estaban sus nombres es que estaban fichados por la Marina, así que era momento de ver qué tal le iba a cierto amigo barbudo y de averiguar cómo de importantes eran este trío de libertadores de medio pelo.

Alcé la mirada hacia Viktor, quien permanecía frente al cuerpo del que aun estaba consciente — Deja al panda vivo, quiero cazarlo más adelante. Con el resto haz lo que quieras — ordené, y terminé de sacar el caracol del bolsillo, quedándome mirándolo fijamente el animal dormido mientras pensaba en uno de los conflictos más complicados a los que me había enfrentado en los últimos meses. Una situación que vulneraba los límites de mis capacidades y mi poder y que me llevaba a extremos en los que las decisiones se tornaban más complejas que la respuesta a la vida misma. Un muro que, aun con todo mi poder, no podía escalar: ¿Cual era el número de Joe?





Resumen

Akuma no mi

Gastos

Daños

Inventario
—
[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 7515 + 0 = 7515
Energia: 2410 + 29 = 2439
Espiritu: 180 + 25 = 205
#39
La pelea había terminado.
El gélido soplido sumado al impacto de la Hitsurugi habían hecho mella en el espadachín revolucionario que perdía lentamente la consciencia mientras me alejaba de él. Pidió mi nombre y una revancha. Entendía su pesar por la derrota, lamentablemente mi atención estaba en el jefe y el último de los revolucionarios por lo que Kageyama se quedaría sin saber el nombre de su verdugo. ¿Quién sabe si sobreviva a esto y podamos cruzar nuestros aceros de nuevo? Había material para pelear, eso está claro, pero aún tenía que crecer, asentar su poder.

El jefe, por su parte, había dejado fuera de combate al tremendo Mink que a todas luces había hecho uso de todo su poder, pues aunque no fuera demasiado, había logrado aguantar con Sohem durante algunos instantes. Este, tras mirar hacia mi posición, junto al último del trio revolucionario, se sentó sobre el Mink, apagando toda emisión de calor y dejando de proyectar el haki del conquistador hacia sus alrededores, aligerando así la presión en el aire y espíritu de los presentes. El dentado pedía que nos lo lleváramos a él y que dejáramos a sus compañeros y mi jefe, en su línea, me instó a terminar el trabajo. Lo miré serio y tras esto miré al revolucionario, a un par de metros de mí. Parecía estar mucho más libre y por fin capacitado para moverse, sin embargo, no sabía cuanta fuerza podía quedar en él después de sufrir tan devastadores ataques en área.

Suspiré profundamente y con visible resignación mientras retiraba la transformación en el lobo blanco, volviendo a mi tamaño original y perdiendo cualquier rastro lupino en mi cuerpo. Guardé a Shimei Kaeru mientras daba un par de pasos hacia atrás y crujía mi cuello de lado a lado.  — Vamos. — dije al revolucionario, aún tendido en el suelo.  — Levanta. — ordené si es que quería pelear por su vida. En aquel momento no podía evitar recordar la escena de la bibliotecaria en Skypiea. Ya había roto mis valores una vez y no era plato de buen gusto, por lo que intentaría preservar el poco honor que al revolucionario le pudiera quedar. — No tengo todo el día para bailar contigo. — anuncié mientras giraba la Hitsurugi, agarrándola de manera inversa con la diestra y me giraba, ofreciendo al revolucionario mi costado izquierdo, con las rodillas ligeramente flexionadas y listo para un último asalto.


Toda la info
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5489 + 87 = 5576
Energia: 1104 + 116 = 1220
Espiritu: 1710 + 0 = 1710
#40
Por fin esa apabullante presión se desvanecía, llevándose con ella la asfixia producida por el calor produciendo varios tosidos por mi parte, pues el propio aire que se colaba dentro de mi nariz y garganta quemaba como si estuviera bebiendo lava, el enmascarado hablo y gire mi cabeza hacia el mientras le veía faltarle el respeto a mi compañero, comparándolo con un esclavo. Mi mandíbula se tensó en rabia, no por sus palabras, pues me importaban bien poco, puesto que no existía persona en este mundo que conociera mejor a las dos personas que estaban estiradas inconscientes, instó al hombre lobo a acabar el trabajo y este último a levantarme mientras se giraba y perdía su forma de semi can, con gran esfuerzo apoye mi mano derecha en el suelo y comencé a levantarme lentamente, mis piernas apenas respondían, pero debía hacerlo, debía ponerme de pie. Llevé mi mano izquierda hacia el bolsillo una vez estando de pie y del saque una venda blanca, comencé a colocármela sobre la abrasada piel de mi cuello mientras hablaba, casi más para mí que para ellos, intentando buscar el valor para plantar cara a los dos monstruos que tenía frente a mí.

"Puedes reírte todo lo que quieras... ahh... pero alguien tiene que mancharse las manos para que el mundo cambie... ahh... y ellos pese a ser personas extremadamente amables harán lo que sea necesario para lograr ese cambio"

Kisuke me había salvado la vida en Akarui, por lo que había dicho el enmascarado quería a Panda vivo así que era un peso menos sobre mis hombros, pero los dioses saben que daría mi vida si es preciso con tal de proteger a mi hermano de otra madre, mientras respiraba lentamente notando la punzada de la carne abrasada fije la mirada en el espadachín que ya estaba en pose de pelea, parecía que era un tipo honorable por lo menos. Esta podía bien ser mi última pelea y si eso pasaba necesitaba a Kisuke vivo para que le contase a Maeve lo que había pasado, mentalmente le quitaba las cadenas a mi monstruo interior mientras acababa de vender mi chamuscado rostro, notando como mi voluntad se imponía frente al dolor de mi cuerpo, una gran presencia comenzaba a emanar de mí mientras levantaba mis manos, la derecha junto a la cintura con los dedos separados en tres secciones: pulgar, índice y corazón, anular y meñique. Mientras la que la otra la levantaba cerrada con fuerza unos centímetros adelantada a mi barbilla, tenía que acabar con el tipo que tenía frente a mí de un solo golpe demoledor, mi tren inferior se tensó por completo haciendo acopio de toda la fuerza que le quedaba a mi maltrecho cuerpo, saliendo disparado hacia el hombre de pelo plateado a la máxima velocidad a la cual era capaz de moverme, descargando el brazo derecho con los dedos de la mano separados en tres secciones buscando el cuello del tipo. Separándome hacia atrás seis metros tras el impacto y cayendo frente a el con la guardia en alto.

Resumen

Karmas

Bélico

Inventario
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 400 + 550 = 950
Energia: 3272 - 595 = 2677
Espiritu: 609 + 0 = 609


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)