[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (II)
#11
Leyenda (Guía de color)



Invierno año 14
Manglar 0, Archipiélago Sabaody, Grand Line
Día 6, 10:30

Era un día realmente frío. Tanto que incluso estando dentro de mi camarote en el Niebla de Guerra podía sentir el fresco en el aire. Afilaba con suavidad y cariño las dos hojas de mi arma, tal y como Rapax me había dicho que hiciera. No podía dejar de mirarla. Era tal y como la quería. Tener aquella preciosidad en mis manos me hizo inevitablemente pensar en pedirle al amigo herrero que me hiciera un segundo arma, pero cada vez que recordaba la odisea que supuso conseguir los materiales necesarios para esta se me quitaban todas las ganas.

Tras terminar de afilarla la dejé sobre la mesa, dando después un pequeño sorbo a mi chocolate caliente para mantenerme en calor. Con gran cuidado de no manchar ninguna, coloqué las cartas que componían el mazo  de Ashura en la mesa, desplegándolas y ordenándolas para poder verlas mejor - Al final no pude conseguir todas las cartas que me hacían falta - miraba los dos huecos libres que había junto a las otras dos Místicas Fragua de Piedra - Si fuera otra carta podría pensar en llevar solo dos, pero contando que el mazo se llama Stoneblade porque lleva místicas y espadas, lo mismo sí que se nota llevar la mitad - Recogí las cartas con cuidado, a pesar del enfado. No haberme fijado bien y haber dado por hecho que tenía dos místicas cuando no tenía ninguna había sido un error enorme, sobre todo al recordar que el joven al que le compré las dos que ahora sí que tenía me iba a hacer una rebaja en el precio por llevarme todo el set de cuatro. Una vez guardé las cartas y coloqué aquel mazo incompleto junto a mi mazo en el segundo cajón, recogí mis dos armas de fuego y las coloqué sobre la mesa. Limpié con cuidado a whistle, sacando la bala que tenía en la recámara. La coloqué junto al resto de la munición - Tres, seis, nueve, doce, quince y quince treinta y aquí había diez, ¿no? - abrí el pack de munición que le había robado a aquel pelirrojo, pues no estaba acostumbrado a usar ese tipo de balas - Espera, falta una, qué raro... Ah claro, la que está aquí - descargué la pistola, dejando la bala que faltaba justo en su sitio. Con cuidado cargué ambas armas, antes de dejar un pack de munición explosiva y otro de munición lumínica en el cajón de la munición, o el de las "medicinas" (como seguramente Ben lo llamara en caso de que descubriera su existencia).
Contenido Oculto

- El tiempo está cambiando... - dije, mientras me colocaba el cinturón de las municiones a modo de bandolera y guardaba mis armas - Lo siento en el agua... - vi como pequeñas ondas se formaban en la superficie de mi chocolate calentito. Guardé la preciada chapa de Willow antes de coger el chocolate y bajar de la mesa - Lo siento en la tierra... Aunque, por como suena, seguro que es Ashura que está haciendo a saber qué en su camarote - al fin y al cabo se trataba del camarote contiguo, y el tipo del machete ponzoñoso no era lo que se llamaba una persona ni mínimamente silenciosa. Recogí mi log pose, así como mi denden mushi y salí de mi camarote mientras me ponía el mismo abrigo que llevaba siempre para que no me reconocieran tan fácilmente. Me paré frente a la puerta del camarote de Ashura. Pensé en llamar, pero conociéndole seguramente ni siquiera me escuchara. Me rasqué la cicatriz de mi mano izquierda antes de ponerme los guantes negros que me ayudarían contra el frío, con gran cuidado de que no se me cayera nada de mi chocolate. Abrí la puerta, dando un pequeño sorbo - Oh, vaya, parece que estás bastante animado IS IS IS IS - me reí ante la escena - Por cierto, creo que lo del barco ya está. Así que ya podemos ir a comprar lo que falta para tu mazo, que tengo ganas de un duelo en condiciones IS IS IS IS - esta vez me reía más por la emoción de la idea de una partida que por otra cosa. Salté a la mesa del hombre, quedando a dos metros de él, esperando a que este se preparara para salir - Ah, y coge algo que hace un frío de cojones. Puedes hacer como yo y cogerte un chocolatito, que creo que quedaba algo



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#12
- Hostias que frío que hace Churrita - 

- Tú no puedes tener frío, no tienes terminaciones nerviosas - Contesté a Nicolás, el cual estaba en la mesa de mi camarote y lo lanzaba de una mano a la otra aburrido rodándolo sobre la madera del mobiliario. 

- ¿Y tú que coño sabes que es un terminación nerviosa imbécil? ME ESTOY MAREANDO - 

- Pues supongo que algo que tenemos las personas, porque yo siempre que hablo contigo termino nervioso - Le lancé más fuerte de una mano a otra haciéndole rodar. 

- Eso no tiene ningún sentido ¡Qué pares coño! - 

- Tiene todo el sentido del puto mundo - Y terminé de moverlo en mi palma mientras lo ponía a la altura de mis ojos. 

- Gorila -

- Imbécil - 

- Ojalá hubiera conocido a la cornuda de tu madre y me hubiera introducido en la caverna que tenía por coño - 

- Algún día te meteré por el culo de alguien - pronuncié de la manera más despectiva que podía. 

- ¿Ah sí? - Entonces de la mano que sostenía a ese fruto irrespetuoso y al cual solo yo tenía la desafortunada capacidad de escuchar empezó a emerger una columna de humo. Alrededor del coco se creó un cuerpo en miniatura, de un metro de alto, era una copia exacta de todas mis características, incluso tenía cuernos, pero en vez de mi cara estaba Nicolás, en esencia era un mini yo de humo - ¡PELEA! - Dijo Miniyo-Humo-Nicolás mientras levantaba ambas manos humeantes y se ponía en una guardia cerrada de boxeo.

- ¿Desde cuando puedes hacer eso? - pregunté sorprendido, mientas mi mano recuperaba su forma y yo apoyaba esta junto la otra en la mesa para levantarme. 

- ª - entonces me impactó un jab en la cara. No hubo daño, el humo se esfumo, mi haki seguía sin funcionar aunque lo sintiera capaz de manifestarse en mi interior. Era una capacidad difícil de doblegar. Contesté con un puñetazo al pecho del humo pero le traspasé - RAh RAh -  río. Volví a lanzar otra combinación de golpes que le volvieron a traspasar, entonces Nicolás se giró, dándome la espalda y mirando hacia la puerta,  y me hizo un calvo enseñándome su humeante agujero del triunfo. 

La puerta de mi camarote se abrió. Korg entró entretenido y divertido por la escena. 

- Coño, el umpalumpa - Se sorprendió al ver a Korg. Y en ese momento aproveché para darle un manotazo al coco, arrancándolo de su cuerpo humeante y apresándolo en mi palma. El cuerpo se desvaneció y llamé al humo para que volviera a mi.

- No vuelvas a hacer eso sin mi permiso - dije mientras apretaba con fuerza y lo ataba en el lugar que lo llevaba en mi cintura - Genial, entonces podemos partir ya ¿no? Ya tengo la espada que te falta para el mazo de espadas - Le contesté a Korg, intentando airear la situación y que olvidásemos lo antes posible lo que acababa de suceder y moviéndome hacia el diván de armamento de mi camarote - No lo necesito, yo nunca me pongo malo - respondí ante su petición de que me abrigara mientras rebuscaba en el cofre - Palo de las enseñanzas - Enumeré mientras metía el boken en mi cuerpo traspasando el humo de mi ser - Kit de primeros auxilios de Ben - Dije mientras metía en los bolsillos del haori 2 botiquines grandes, un ungüento y un antídoto - Escudo anti zorros explosivos - medité mientras lo ataba en mi espalda - estas... cosas - y guardé también en el haori el dial de agua, y dos den den mushi, uno normal y uno blanco - Y... Aquí estáis - agarré las dos espadas, la Hoja del Luto y mi última adquisición una espada común pero poderosa, descrita así por el mismo vendedor que me la doy por una ridícula cantidad basándonos en su potencial - Esta es la que te digo, la espada para tu mazo. ¿Lo va hacer Rapax en la forja? Estoy expectante de tener un mazo de espadas. Mataré a muchísima gente con él te lo aseguro - Até la espada envainada al cinto y agarré la Hoja del Luto en mi mano como solía hacer - Pues creo que está todo - musité viendo el cofre vació - Si quieres podemos ir a comprar otra espada, nunca son suficientes - Me acerqué a Korg el cual me observaba desde mi mesa y le agarré como un gancho por el pescuezo del abrigo, subiéndolo a mi hombro - No he encontrado al tipo que casi me mata, supongo que se habrá ido - Dije mientras emprendíamos camino a la cubierta del barco y salíamos de mi camarote, de camino observé mi primer trofeo, la espada que le había arrebatado al difunto "héroe" después lo candé con llave - Así que podemos marcharnos ya... Cuando lo encuentre pienso arrancarle el cuello - 

Caminé por cubierta mientras observaba el astillero, había muchos barcos en los hangares. Tenoch también sabía navegar, así que quizás... Podríamos robar alguno. O robar algunos cañones nunca son suficiente cañones... Caminé hasta encontrar a Rapax, Tenoch y Gaeru. Que estaban cerca del mastil


- El día importante, no es el que naces, si no, el que mueres - Dije llamando la atención de los presentes - ¿Dónde están los demás? - miré buscando a Ben y Artur - Hoy vamos a salir a batir la isla, tenemos que saber como proseguir con el viaje - Cuando había preguntado a los lugareños todos me decían que era hacía abajo ¿Cómo coño se navega hacía abajo? - Aquí parece que no hay nada que hacer... Hay muchos marines, la base está infestada, no sería ni por asomo parecido a la última vez. Además, yo le debo un brazo a Gaeru y Tenoch me debe una fruta. Hay cuentas que saldar - Miré hacía la escalera de bajada - En cuanto estemos todos salimos - 


Aclaraciones


bélico


inventario
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#13
El tiempo había pasado más rápido de lo que esperaba. O tal vez, más bien, me había dejado llevar por la rutina del entrenamiento, tanto que apenas noté el transcurso de los días. Dos meses… Casi dos meses dedicados a mejorar, a fortalecerme, a empujar mi cuerpo al límite una y otra vez. Y, sin embargo, aún había algo en mi cabeza que no me dejaba en paz. Yamamura. No había dado señales de vida, y aunque intentaba no obsesionarme con su paradero, la preocupación se colaba entre mis pensamientos como un murmullo persistente.

Aunque por otro lado, tampoco había tenido mucho tiempo para detenerme en ello. Habíamos conseguido un nuevo barco. Y no un barco cualquiera, no. Era una monstruosidad colosal, una bestia de madera y acero que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Serían como... Siete kilómetros de largo, tres de ancho y unos palos gigantescos, que llegaban a las nubes. Sonreí al imaginarme corriendo por aquel gigantesco navío, desafiando a Yamamura a una carrera cuando regresara. 

Me sacudí esos pensamientos cuando salí de mi camarote. Había hecho un buen trabajo decorándolo. Las estanterías estaban repletas de tarros, cada uno conteniendo pequeños tesoros vivientes: insectos de todos los tipos, tamaños y colores. Me encantaba verlos moverse, observar sus hábitos, analizar sus patrones. Este sitio era mi santuario, un rincón solo para mí, donde podía dedicarme a mis cosas sin que nadie me molestara. Y lo mejor de todo, sin molestar a nadie.

El aire comenzaba a enfriarse, así que me vestí acorde a la ocasión. Unos pantalones anchos y cómodos, perfectos para moverse con soltura, una camiseta vieja y agujereada, que a decir verdad, no es que fuera muy elegante, pero era mía, y una chaqueta para combatir el frío. No podía olvidarme de mis guantes de pelea, claro está, ni de aquellas botas de batalla que conseguí en Momoiro. Las había elegido especialmente porque, según el vendedor, podían aguantar golpes brutales. Era justo lo que necesitaba.

Cuando salí al exterior, me encontré con una escena que me hizo sonreír. Garnet, en su forma de gato enorme, corría de un lado a otro mientras se quejaba del frío. Era un espectáculo curioso, ver a alguien de su tamaño y fuerza reaccionar de esa manera. No pude evitar soltar una risa y, sin perder la oportunidad, le lancé una broma. -¡Deja de quejarte! Si tienes frío, puedo calentarte a base de tortazos ¡Shajajajajajajajajaja!- Mi tono era claramente juguetón, sin intención de ofender, pero conociendo a Garnet, seguro que respondería con alguna de sus típicas ocurrencias. Caminé hasta donde estaba él y, sin decir nada más, me senté en el suelo, apoyando la espalda contra el palo mayor del barco. El viento frío me revolvía el cabello, pero me gustaba la sensación. Me quedé un momento en silencio, observando a Garnet, antes de finalmente soltar la pregunta que me carcomía por dentro. -Oye Garnet ¿Donde crees que puede estar Yamamura? Le echo de menos y tengo ganas de jugar con él.- Mi voz sonó más seria de lo que esperaba. Bajé un poco la mirada y luego solté un suspiro, frotándome la nuca.-No sé, me preocupa un poco y no soy mucho de preocuparme por gente tan fuerte como él, pero como que me da cosa.-

Era difícil admitirlo, pero la verdad era esa. Podía fingir que todo estaba bien, podía distraerme con el entrenamiento, con el barco, con mis compañeros… pero en el fondo, la incertidumbre seguía allí, aferrada a mi mente como un ancla imposible de soltar.

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Alas Negras
- Narro - Hablo -"Pienso" -
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#14
Me temblaban un poco las manos mientras cruzaba el patio del cuartel. El frío del invierno se metía por cada rendija de mi abrigo, pero la verdad es que apenas lo sentía: la emoción de saber que Joe regresaba era mucho más fuerte que cualquier ráfaga helada que pudiera venir contra mi, era casi increíble pensar que habían pasado dos meses desde nuestra llegada al archipiélago, y aun así, me parecía una eternidad sin él.

Karl había solicitado que fuéramos todos al campo de entrenamiento, y por Den Den Mushi lo había dejado bastante claro: “Reuniros conmigo ahora”. No había dado explicaciones, pero la sola idea de que Joe volvía me bastó para entender por qué tenía tantas prisas, ella lo echaba de menos... y yo tambien, era dificil controlar la situacion sin el, la verdad. Mientras avanzaba hacia el lugar indicado, me fijé en los rastros de escarcha que quedaban en la hierba. El patio estaba semivacío. Algunos marines caminaban con prisa, amontonados en grupos pequeños, posiblemente por el frio.

No podía evitar sonreír internamente. Joe no era solo un Vicealmirante famoso, ni el héroe admirado por muchos. Para mí, era alguien que encarnaba lo que la marina podía llegar a ser en su mejor versión: protector, cálido, siempre dispuesto a arriesgarse por los demás… Y, en lo personal, era una especie de ancla, el amigo y pilar de Karl que, a su vez, me había aceptado como parte de la División 21. Aun recordaba las veces que nos había sacado de apuros o que nos había aconsejado con paciencia infinita. Nadie más tenía ese tacto.

Llegué al campo de entrenamiento, abrazado a mi abrigo, observando un gran espacio abierto de arena. Reconocí enseguida la figura imponente de Karlglass en el centro, esperando, irguiéndose como una estatua viviente. Se notaba que estaba nerviosa; aunque intentaba disimularlo, ese leve balanceo de su cola y la forma en que apretaba los puños eran señales más que claras.

-Comodora Ryze Tengen presentandose a la llamada de la comodoro Karl, presente. De hecho-la llamé, cuando me encontré a escasos centrimetros de ella. Me detuve a unos pasos de ella, pasándome la mano por la nuca.
-Llegué tan rápido como pude… que tengo las piernas pequeñas, de hecho. Hola a vosotros tambien Fuguwu y Apolo.
La recordaba las últimas semanas, lidiando con informes, repasando estrategias… y, sobre todo, reprimida, como si algo la estuviera carcomiendo por dentro. Ahora, la veía a punto de estallar, pero de ilusión, no de rabia. A Apolo y a Uguwufu no los había visto demasiado, pero bueno, la gente no tenía por que verse todo el rato.

-Vaya día, ¿eh?, se me hace raro ver tanta gente moviendose, ¿que tal vuestros dias?, yo no he salido mucho, la nieve me hubiera tragado... De hecho.-
Guardé silencio un momento despues de hablar con mi robotica voz. dejando que el runrún de fondo del cuartel se mezclara con mi pensamiento. 

-¿Qué planes teneis para recibirlo? ¿Alguna instrucción especial? supongo que no le gustará que hagamos algo así-

Aunque, en el fondo, yo solo quería verlo, acercarme y decirle que lo habíamos echado de menos, que las cosas no habían sido fáciles, pero que habíamos seguido adelante. Tenía claro que, en cuanto lo viera, le iba a contar un resumen de todos mis líos (tal vez no con lujo de detalles, por no escandalizarlo y tal, tampoco hace falta que se molestara, que el pobre ya estaba mayor) y también cómo habíamos capeado el caos en Sabaody. Pero primero lo primero: Karl era la Comodoro; a ella le correspondía tomar la palabra. Miré en torno, vigilando la explanada. De vez en cuando, algún marine nos lanzaba una mirada curiosa, pero enseguida proseguía su camino. Me crucé de brazos, intentando no caer yo misma en un arranque de impaciencia. Me parecía casi ver la silueta de Joe acercándose entre la multitud, con su porte inconfundible. “Un poco más”, me repetía. “Solo un poco más…” Y, mientras tanto, aquí estaba yo, con la brisa invernal agitándome el pelo, sintiendo esa calidez extraña que brota solo cuando vas a reencontrarte con alguien imprescindible... agarra con fuerza la figura de la serpiente de madera que llevaba siempre dentro de mis chaquetas o abrigos.

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#15
El tiempo pasaba lento. Parece ser que el archipiélago Sabaody estaba bastante lejos, tanto como para estar dos meses a bordo del Pluma Siliente. A pesar de ello, aproveche bien aquel tiempo muerto viajando por los mares. Conseguí dominar mi nueva fruta del diablo, al menos, de una manera básica y normal. Ya no me costaba tanto el poder usarla medianamente eficiente, me quedaba aún muchísimo para poder ser una con ella, pero ya era un avance. Por otra parte, los cualificados marines que me acompañaban en este viaje, supieron instruirme bien algunos nuevos movimientos para poder usarlos cuando fuera necesario contra mis enemigos. Notaba bastante mi evolución, no solo como marine, si no también como persona.

Nunca he estado tanto tiempo separado de mis compañeros más fieles de División, los cuales echaba bastante de menos. He tenido tiempo de sobra para recapacitar y pensar sobre mi condición y responsabilidad dentro del grupo. Hasta ahora, he intentado siempre hacer lo que más podía dar de mi, normalizando que eso estaba bien, pero ya no será así. A partir de ahora tengo que dar el 200% de mi, en poder conducir a toda la división a un sitio mejor, convertirlos en heroes de verdad, no como yo, al cual nombraron sin ningún tipo de merito para hacerlo. Quizás el atrapar al capitán de los Alas Negras, Yojimbo, pudiera ser un motivo, pero no, no lo era. Solo hacia mi trabajo. A partir de ahora, haré que el apodo que se me ha dado sea merecido, y si tengo que morir en el terreno para que eso pueda cumplirse, así será.

Voy a Sabaody con un propósito, tanto yo como mis compañeros. No me han dado mucha más información detallada que esa, pero era más que suficiente para mí. En la proa del barco, mientras fumaba un cigarrillo, observaba el horizonte, intentando divisar mi destino con mis propios ojos. Sentía este viaje como mi destino. Está vez de verdad.

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#16
Las semanas van pasando por aquí, en Sabaody. Al contrario de lo que puede parecer, el desánimo no ha caído sobre todos los presentes, en absoluto. Las tropas, a medida que han ido pasando los días, han avanzado en su nivel de producción y eficacia, y no dejas de ver a marines correr de un lado para otro, cumpliendo sus labores de saneamiento, mantenimiento o gestión. Parecen pequeñas hormigas trabajadoras preparándose para la batalla. Algo gordo se aproxima, y lo sabemos todos. Lo sentimos en el aire y en el alma. 
Por suerte, nosotros no hemos formado parte de "esas hormiguitas". Bajo la supervisión directa de Karl, hemos tenido total libertad para prepararnos tanto como pudiéramos para... No lo sabemos. Al menos yo no lo sé. Si que es cierto que detesto la idea de ser un insecto trabajador al servicio de capataces incapaces de hacerse su propia cama, pero también estoy hasta las narices de no ser quien se sienta en la mesa de los adultos para tomar decisiones. Tarde o temprano, con astucia y fuerza, prometo por mi nombre y apellidos que entraré en la habitación donde las cosas suceden. 

Apenas he tenido contacto con la División 21. En un primer momento tuve ese acercamiento breve... Pero apenas soy capaz de mantener contacto con esta gente. No soy capaz de confiar. No estoy conforme con sus métodos de justicia blandos e insulsos. Siento que discutiría con ellos sin llegar a un punto medio. Sin embargo, si que he estado viendo que ninguno ha cedido en su preparación. Eso me gusta. Tal vez no coincidamos a nivel política o social, pero nadie olvida que somos soldados para esta guerra incansable contra el crimen. Al menos, eso espero...
Mientras que algunos han entrenado el músculo y otros el espíritu, yo, siendo incapaz de encontrar un hueco sólido para perfeccionar mi dominio del Stand básico de observación por la pala,, he optado desde hace varios días trabajar un poco la mente. Informarme. Encontrar información entre los libros, archivos y documentos.

Justo ahora, por la falta de sueño que llevo prolongando por culpa de ciertos pensamientos intrusivos que no me dejan descansar, estoy repasando los últimos periódicos y recortes en el Archivo del cuartel del Manglar 70. A la luz de una tenue vela, repaso con firmeza cada noticia sobre estos últimos meses y años. Las muertes, los avances y... Las diferentes recompensas que suben y bajan en función de las actividades criminales.
-Vergonzoso... Seguro que esta gente se siente orgullosa de tener una cifra por su cabeza...- suelto rabioso, en un tono iracundo. Solo la soledad del archivo es testigo de mis palabras, y la llama de la vela, que baila con mi enojo. -Si tuviera el más mínimo ápice de poder... ¡¡¡No dejaría títere con cabeza!!!- termino gritando frustrado, golpeando la mesa con un puñetazo leve.
Sin embargo, la vela cae, víctima de la sacudida. Esta rueda por la mesa y cae de la misma, partiendo su cera en dos trozos aunque sin llegar a apagarse. -Mierda, James...- me agacho entonces a recoger el pedazo de vela iluminada que se ha filtrado bajo el mueble. Bajo la mesa, cuando voy a recoger la cera sin quemarme, veo que la llama ilumina una serie de wanteds que se habrían dejado caer en mi ajetreo con los documentos. Todos del tablón de anuncios actual. Entonces mi cabeza, empieza a ver patrones, coincidencias, algo me llama la atención y...
Una voz suena por el Den Den Mushi. Es una voz más que conocida, que ordena asistencia inmediata de la División 21. Me distraigo de mis quehaceres y descubrimientos por un segundo, perdiendo ese momento de epifanía ridículo que hubiera podido tener. Rápido me levanto de debajo de la mesa, no sin antes recoger y apagar la vela y, por ir con las prisas, golpearme al levantarme la nuca con el pico del mueble. -Mieda, James...-

Salgo tan rápido como puedo al lugar de la reunión. Voy ya vestido y arreglado para la ocasión, sea lo que tuviéramos que hacer. El uniforme impecable, como siempre. Pero el último, también. Todos están ahí, formando. A la espera de algo. Tal vez de que llegara de una vez. -Buenos días a todos... O buenas tardes, ya no sé ni cuando ni donde vivo, jeje...yare yare daze...- digo en tono jocoso,intentando ser amable. Entonces, tras la presentación me ajusto la gorra y miro a Karl, determinado y listo para la acción. -James Brando presente, capitana.-




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#17
El invierno había llegado a las islas de los árboles y las burbujas, y con ello un cambio en la temperatura del lugar, bajando considerablemente, en especial por las noches, algo que Comilón sabía bien, pues dormía fuera del barco, a su lado, y abrigado únicamente por su kimono, que usaba como una manta, el frío nunca lo molestó, pero en este lugar el frío no era como en su isla natal, era mucho más húmedo, y, por ello, más difícil de soportar. Los días desde que llegó a la isla se habían sucedido con una pasmosa velocidad, sentía que no habían pasado tantas cosas a pesar de haber estado varias semanas, pero lo cierto era que si habían aprovechado bien el tiempo, habían rescatado a Zorak del secuestro perpetrado por los malvados piratas capitaneados por el, aún más malvado, Ashura, el grupo conocido por Mushoku, debía estar alerta, estábamos en la misma isla, si ellos no habían decidido partir ya, y eso me preocupaba un poco por si decidían capturarme a mi y eso implicaba que Kisuke tenía que volver a meterse en las líneas enemigas, esta vez para salvarme a mi, al fin y al cabo, ahora éramos camaradas del ejército revolucionario, desde que Zorak me invitó a unirme formalmente. Repasando el resto de cosas que han pasado estos días, Kisuke ha mejorado en el control de su forma de hollín, como él lo llama, y tuvo su encuentro y entrenamiento con la Gran Líder Kihira, del mismo modo que yo, y Panda, aunque había preferido no dejar el barco salvo por un día, también había aprovechado el tiempo arreglando el barco.
 
Pensando, de hecho, en este último su voz llegó hasta los oídos del cerdo, asegurando que se iba adelantando, — Adelantando… ¿Adelantando para qué…? — pensó el gran mink, acomodándose en el resbaladizo suelo del manglar antes de abrir los ojos de par en par, — ¡Es verdad!, ¡Hoink habíamos dicho que íbamos los tres juntos a explorar los manglares cercanos! — con dificultad por el sobresalto que yo mismo me había provocado me incorporé, escuchando entonces la voz de Kisuke, avisando de que era hora de marchar, — Voy. Ya voy. — froté mis ojos y me desperecé mientras me levantaba, agarrando mi kimono y dejándolo en el barco, como si este fuera una percha, para agacharme cerca de la orilla y coger agua con las manos en forma de cuenco para lanzarla a mi cara y lavarla. Tras eso estiré mis brazos y cuerpo, emitiendo también un sonoro bostezo que acabó arrugando mi nariz en un, aún más sonoro, ronquido; llevé las manos a mi boca tras eso, como si fuera a mitigar el ruido ya emitido, y me asomé al camarote de Zorak para comprobar si mi despreocupada rutina matinal lo había despertado, por suerte dormía como un lechón en el lodo. Suspiré y me volví hacia Kisuke que ya había bajado del barco por la pasarela, — Buenos días, Kisuke. — me acerqué hacia él, pero a medio camino me di cuenta de que no llevaba más que mi mawashi, y eso sería problemático de cara a mantener el calor, las mañanas y las noches eran las más frías, entrada la tarde la temperatura era más agradable, pero aún faltaba para eso, así que mejor ir vestido. — Ahora vuelvoink. — dijo a Kisuke cuando ya estaba a medio camino entre Panda y el barco, volví rápidamente a por mi kimono, me lo puse y até concienzudamente y volví trotando hasta donde Panda y Kisuke estaban reunidos, a 500 metros del barco. — Vale, ya estoy listo para mi primera misión, ¿Cuál es el plan, oink? —

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#18
Cuando llegamos a aquella isla no teníamos nada, tan solo la incertidumbre y un largo y confuso viaje por delante sin la presencia de nuestro capitán y sin un barco en el que navegar. Estábamos bastante perdidos, aunque todos tratábamos de reponernos. Este tiempo en Sabaody nos había venido muy bien. Habíamos podido pensar, descansar, entrenar para mejorar nuestras habilidades y fortalecernos, conocer gente... Pero, sobre todo, habíamos hecho todo lo posible para poder continuar con nuestro camino. Ahora teníamos un nuevo barco, era un buen comienzo, una manera de renacer. Seguíamos sin saber nada de Yamamura y, aunque hablábamos menos de él, continuábamos igual de preocupados. Ahora que ya teníamos una manera de avanzar, no dejaríamos pasar el tema. Pensaba seguir buscándole y preguntando por donde hiciese falta. Era un tipo demasiado llamativo, encima con recompensa y capitán de una banda pirata, no podía desaparecer de la faz de la tierra como si nada.

Terminé de limpiar mis katanas en mi nuevo camarote mientras pensaba en cuáles serían nuestros siguientes pasos. Aquel barco era increíble, mucho más grande y resistente. Habían hecho todos un trabajo increíble. Envainé las katanas, cogí mi chaqueta para ponérmela por encima de los hombros y me aseguré de llevar conmigo mi caja de puros. Oía bastante jaleo arriba, así que consideré que ya era el momento de hablar las cosas y preguntar a los demás qué les parecería partir cuanto antes. Especialmente tenía que hablar con Sasha, ya que había tenido un problema con su log pose. No sabía si había conseguido resolverlo o si todavía estaba atascada con ello. Sin aquel aparato no podríamos continuar, así que, ahora que teníamos un medio de transporte, era nuestra prioridad. Estábamos en un astillero de una isla con un tamaño considerable que no habíamos recorrido en profundidad por precaución, así que estaba bastante convencida de que alguien habría que pudiese solucionar nuestras dudas y nuestro problema. Tras colocarme la chaqueta, cogí mi bolso, donde llevaba los objetos más básicos, y salí del camarote para dirigirme a la cubierta con los demás. Era bastante probable que tuviésemos que hacer una última visita al pueblo por el asunto de Sasha, si es que no había sido capaz de resolverlo en este tiempo. Me constaba que todos habíamos estado bastante ocupados, por lo que era normal que le hubiese faltado algo de tiempo.

Cuando subí, me sorprendí una vez más del tamaño de aquel barco. No estaba acostumbrada a disponer de un espacio tan grande solo para nosotros. Yamamura estaría muy contento. Ya nos encargaríamos de encontrarle para enseñarle nuestro nuevo barco. Al primero que vi fue a Garnet. Para no verle convertido en aquel gato peludo gigante. No quería que llamáramos la atención, pero en todo este tiempo nadie nos había hecho ni puñetero caso, lo cual me había hecho adoptar una actitud un poco más flexible. Kenzo estaba cerca de él preguntándole algo. No quise molestarles, así que me dirigí a la barandilla del barco para apoyarme en ella, en la zona más cercana a los dos, justo frente a ambos. Me coloqué de espaldas, posando mis codos para mirar hacia ellos, pero sin prestar especial atención a su conversación. Me había parecido escuchar algo sobre Yamamura, pero sería lo mismo de siempre. La incertidumbre de no saber dónde se encontraba o por qué se había ido. Por el momento me centraría en nuestros planes más cercanos para ir cumpliendo objetivos poco a poco. Esperaría a localizar a todos en la cubierta para reunirles y que charlásemos.

Había estado bastante ocupada pensando y ordenando mis pertenencias, tanto que no me había percatado de que el frío ya había llegado. En momentos como estos agradecía mi chaqueta, pero no tanto mi falda. A pesar de llevar medias, eran demasiado finas como para suponer una diferencia entre llevarla y no llevarlas. Viendo a Garnet y su pelaje sedoso de gato, daban ganas de apoyarse en él y quedarse durmiendo, pero no olvidaba ni un solo momento que no podía tocar a ninguno de mis compañeros por su propio bien. Había intentado ocultar lo mejor posible mi nueva habilidad y creía haberlo conseguido, aunque no sabía cuánto tiempo me duraría la buena racha. También había intentado controlarla, pero parecía una misión imposible. Ahora que íbamos a pasar un tiempo a solas en el barco, esperaba poder aprender algo de los demás.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#19
Dos meses después... y ha llegado el maldito frío a esta isla.

Me desperté de un sobresalto, envuelto en múltiples mantas y edredones, que, honestamente, no estaban haciendo su trabajo dándome calor. Tras incorporarme, mi aliento formaba pequeñas nubes de vapor frente a mi rostro, lo cual me recordaba la mierda de clima y la forma en la que me estaba haciendo la vida imposible. Al levantarme me froté con fuerza los brazos como si estos fueran a generar fuego, como si con esto hiciera que el invierno fuera menos hostil hacia mí.


Vestía unas botas gruesas y resistentes, unos pantalones cargo blancos nieve con múltiples bolsillos - Nunca sabes cuando te va a hacer falta espacio extra, en esta vida. - Pensé, y por supuesto, mi gabardina especial de científico azulada. No era cualquier bata, sino mi versión especial y revisada para clima invernal: con un forro grueso y relleno térmico que en teoría estaba diseñada para soportar temperaturas extremas... - En teoría... - La realidad es que en el nuevo y glamuroso barco seguía teniendo frío.

Tanto Vik como Sohem, se habían convertido en espectros, desapareciendo de la vista de todos. Por un lado, nuestro líder apenas se había movido del barco y se le notaba algo más paranoico que de costumbre. El resto nos dedicamos a entrenar sin hacer ruido, evitando cualquier tipo de contacto con el resto de habitantes de la isla. - Bajo Perfil... Pero hemos perdido oportunidades mantener contactos en esta isla. No aguantaba más en el barco soportando horas y horas en silencio, escuchando últimamente el castañeo de mis propios dientes, no era mi idea de diversión, precisamente.

Al menos había algo de lo que no me podía quejar, el barco. Nuestra nueva nave, el Kaiser Panzer la joya de la corona. Más grande, más resistente y con todo tipo de mejoras náuticas que facilitaban la navegación y la vida a bordo. Era más que bienvenido, considerando que nuestro anterior barco, se nos estaba quedando pequeño - Necesito montar un taller quirófano, va a ser mi próximo objetivo dentro del barco. Me permití hacer una pequeña sonrisa mientras observaba la impecable cubierta.

Además, estos dos meses no habían sido en vano para mí, a mi pesar de este frío y la rutina de encierro que hemos tenido, había aprovechado en este tiempo para entrenar mi nueva habilidad. Aquel comerciante no estaba mintiendo y la fruta prometió lo que daba. Al principio era un desastre total, pero como cualquier experimento científico, cada prueba da un resultado diferente y esto no era menos. Poco a poco empecé a comprender su funcionamiento, descubrí que si concentraba mi energía y foco en visualizar la forma antes de intentar reducirla, el proceso era bastante más estable. Claro, pero eso no evito que explotara más de algún objeto en las pruebas. Todo esto para poder manifestar una mínima parte del poder que vendría más adelante.

Me dirigí con pasos pesados hacia la cocina del barco, y tras realizar mi pequeño ritual matutino, volví a la cubierta con una taza de café solo, bien cargadito y ardiente entre mis manos. Me senté en uno de los barriles disfrutando de las vistas, dejando que el calor del café fluyera por mi cuerpo. Era un pequeño placer en mitad de este gélido invierno, un respiro entre los entrenamientos y la incertidumbre de cuando esto va a cambiar.

- Espero que esta espera haya servido de algo. - dije en voz baja, mientras esperaba como mis dos compañeros se dejaban ver por cubierta. *FIUUU* - Silbé para que Lustig al menos me hiciera algo de compañía. Al menos él no se quedaba encerrado todo el día…

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Karmas

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#20
Días lentos y sin demasiado que hacer.
El nuevo navío, el Kaiser Panzer era una embarcación formidable. Provista de todo lo que el gremio necesitaba para operar en el Nuevo Mundo. Una forja y un archivo que me serían de amplia utilidad en mis creaciones para armar y proteger al equipo en cualquier situación. Además, estaba terriblemente bien equipada en cuanto a armamento se refería, por lo que en caso de peleas en el mar, la victoria con las manos de Sohem en el timón estaban casi aseguradas.

Era pronto, pero no había salido de la cama. Estaba perezoso y, últimamente, cansado. El tiempo se había pasado lento en Sabaody donde nuestro único pasatiempo había sido acondicionar el barco. Las paranoias de Sohem junto con la obsesión de Shoto con los inventos dejó poco a la imaginación de cara a pasatiempos. Desde que entrené con el viejo maestro de artes marciales para aumentar mi capacidad de haki de observación no había practicado más. Sentía que aún no estaba totalmente bajo control, pero, sinceramente, no tenía ni las energías ni el tiempo suficiente para ponerme a practicar. Además, sentía que cualquier movimiento o petición era recibida como una ofensa, pues el ambiente estaba terriblemente crispado. Algo se avecinaba en el archipiélago, pero, al menos ahora, tenía cero unidades de preocupación más allá de cómo iba a matar las horas. Tumbado en la cama, boca arriba y con los brazos cruzados tras mi nuca, mantenía los dedos entrelazados, inmóvil. Mi libro reposaba en mi cara, abierto por la última página leída y tapaba los rayos del sol que entraban por la ventana, permitiéndome descansar la vista de la lectura. Mi pierna derecha yacía rotada y apoyada sobre la rodilla izquierda que estaba flexionada y con el pie en la cama. Hacía tiempo que no estaba tan relajado. — Si quieren algo, que me busquen. — pensaba mientras suspiraba lentamente, intentando dormir, sin éxito.


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