[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (II)
#51
El músico también había advertido presencias remarcables en las proximidades, a Tobías le resultaba familiar una en concreto, pero era más bien un pálpito que una certeza. La tensión entre los benjamines se podía mascar, pero eran capaces de demostrar que algo de autocontrol tenían. El pobre Kenzo seguía inquieto por la ausencia del capitán, y eso hubiera desembocado en jaleo gratuito, por suerte para el resto, no solo su cuerpo estaba madurando, sin contar con las palabras de ánimo que le brindó Garnet, que también ayudaban. Sasha seguía serena junto a Triana, le sentaba muy bien la presencia de la espadachín, remarcaba la mejor versión de la joven semioni. Al joven barba naranja le emocionaba ver los lazos que estaban creando, seguirían apretándose por la eternidad de los tiempos y jamás se desanudarían. Le dio un sorbo a su infusión y una calada más a su cigarro, imaginando el paradero y situación de su capitán, llevaban ya varios meses sin saber nada de él. 

La calma de aquella mañana fue distorsionada por los graznidos de las gaviotas que portaban los periódicos. Tobías le daba otra calada a su cigarro mientras veía posarse en la barandilla a la única ave mensajera que se acercó hasta el nuevo barco de los Alas Negras. Garnet reaccionó veloz e interceptó la entrega, que iba dirigida a la capitana en funciones, un ágil movimiento que evitó la hoguera efímera en la que se habría convertido aquel conjunto de hojas de papel entintadas. Estaban las dos rubias junto al pelirrojo, el cual había comenzado a leer en voz alta las noticias, comenzando por la última hoja, tras repasar los carteles de "se busca" y remarcar el gran aumento en la recompensa de doña Tempesta. Ese detalle resultó en un dolor de dimensiones épicas para el pobre obseso del orden con sombrero de vaquero, el cual se hizo sangre al morderse el labio por no demostrar que era un puto loco, no hablo del aumento en la recompensa de Triana, obviamente. Así pues las primeras noticias que brotaron de la boca del músico, pasaron por alto en la mente de Tobías, pues seguía repitiéndose a si mismo, como un mantra, "acabarás escuchando todas las noticias igualmente, tranquilo" irónicamente. No volvió en si hasta que escuchó el primer grito de Garnet, fue entonces cuando se acercó más al grupo de tres que formaban las dos rubias y el pelirrojo, apagando el cigarro antes para no molestar a los no fumadores. 

- ¿Qué pasa? - Tobías se asomó a las hojas para ver un rostro femenino familiar, el resurgir de los demonios del músico. Sasha le espetó que la olvidara ya y Tobías coincidía con ella, pero podía entender que era fácil de decir y no tanto de materializar. - Sasha tiene razón, solo te seguirá causando dolor. Trata de aparcar ese tema por ahora, quién sabe lo que pasará en el futuro, igual vuelve a cruzarse en tu camino, y donde hubo llamas siempre quedan brasas. - "Un poco brasas ya eres, pobres chicas, jish jish jish" Tobías solo pensó lo último, no era momento para hundir más a Garnet. Al ver como éste pasaba la página en sentido contrario, un escalofrío recorrió la espalda del carpintero, el cual dio varios pasos hacia atrás instintivamente, con más ganas de llorar que otra cosa. La siguiente palabra volvió a atraer la atención del joven barba naranja. Tempesta. Como no sabía a que se refería con lo de cerrar ese "tinglao", volvió a acercarse para leer el mismo la noticia. Por lo visto la familia de Triana tenía bastante poder, no era barato levantar un edifico de grandes dimensiones para crear un coliseo de batalla. Tobías se limitó a esperar que otro le preguntara a la capitana en funciones sobre el tema de su familia, por respeto. Otra hoja en reverse clavándose en lo más profundo de la psique del vaquero, provocando que se desplomara de rodillas frente a sus compañeros. Al dirigirse Garnet hacia Triana afirmando que volvía a salir en las noticias, el vaquero se levantó para informarse bien. - Podrías ir leyendo en voz alta el periódico. - Ignorado por su compañero, echó la vista a la hoja en la que se encontraba. Lo primero que leyó, era que esa noticia referenciaba a la noticia de la página anterior. "Eso será en un mundo sin Garnets..." No podía evitar estar enfadado con su hermano y su natural desorden. Por lo visto, se sabía que Yojimbo no estaba actualmente con los Alas Negras y que Triana estaba al mando. Si había otra mención a su tripulación en la hoja previa natural, igual había información sobre el capitán. Eso deseaba Tobías. Esa premisa evitó que el vaquero se desmayara definitivamente con la siguiente hoja pasada a la inversa por Garnet. 

- ¡¿Capturado?! - Era la única razón plausible para que su capitán no estuviera con ellos. - ¿Por Joe? ¡Malditos marines! - Había compartido campo de batalla con él, y si, era fuerte, pero Yojimbo también lo era. No dejaban de aparecer preguntas en la mente del carpintero. Joe era un buen tipo para ser marine, pero al fin y al cabo eso era, un perro del gobierno, con un ascenso de la mano, a nada más que vicealmirante. De entrada, el titular hizo que pensara en lo peor, pero esa fugaz idea se desvaneció rauda, era imposible que el futuro rey de los piratas hubiera muerto. Esa noticia prendió la llama en todos los presentes, sobre todo en Triana (nunca mejor dicho), quien contestó la pregunta que todos se estaban haciendo rotundamente. Se posponía la partida de esa isla, lo siguiente que iban a hacer era ir al centro del archipiélago a montar una gorda en la dichosa subasta. 

- ¡A sus órdenes, capitana! -  Tobías no dudó ni un segundo, ya lo tenía todo preparado para enfrentar lo que fuera a venir. Y si no venía, ellos mismos irían a por ello. ¡Por los caídos! (Para que no cayera ninguno más.) 


Con esa melodía en su cabeza, Tobías vislumbro al variopinto grupo adentrándose en el corazón del archipiélago, con más convicción y actitud que nunca. 


información
[Imagen: l47Ucve.png]

❝

Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
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#52
La tranquilidad matutina se disipó cuando escuché dentro de la embarcación un Oe Oe, característico de Sohem, no necesite más para entender que nos moveríamos de aquel sitio. Desde mi posición en cubierta simplemente me limité a observar el muelle, sintiendo el peso de la mañana invernal, el aire era cortante y afilado. Cuando Sohem llego a mi lado, Lustig fue el primero en reaccionar a su gesto, moviendo levemente la cola al sentir la mano sobre su cabeza. Yo, en cambio, noté una tensión por mi cuerpo cuando me llamó "muchacho", era la primera vez que me llamaba de forma neutra sin confundirse en mi nombre - Algo raro le pasa... - Pensé, mientras me preguntaba sobre la deuda adquirida hace dos meses con el gremio.

Noté como el peso de la pregunta iba más allá de su curiosidad. En su forma de decirlo, había algo más, no era un simple recordatorio al azar. - ¿Me permites tu Kanabo y te lo demuestro? - Pregunté, con un tono sarcástico mientras extendía mi mano derecha con la palma de la mano hacia arriba. - Jefe, piensa cuanto puede valer llevar algo como tu kanabo en el bolsillo, o mejor, cuanto puede valer llevar este barco a cuestas. - Tras eso me preguntó si tenía frío. - Bueno... El frío es relativo... Más bien sería ausencia del calor... Y si me noto algo lento.

Una bandada de pájaros empezaron a llegar al puerto, dejando caer las noticias del OKNews en cada uno de los barcos que estaban a nuestro alrededor, en ese momento y sin que nos diera tiempo a reaccionar, vimos a Viktor como recogía alzando la mano y pillándolo al vuelo. - Oleeee, ¡qué novedades tenemos Vik, cuéntanos! - Ansiaba con mis ojos poder leer el periódico y saber qué grandes avances había podido sacar el gobierno. La primera noticia, la verdad que necesitaba de mi análisis, una isla que se había declarado en independencia. La segunda parecía ser algo más importante para el gremio, alguien reconocido de la marina que habían ascendido y era conocido de ellos, y es más, parece que casi matan al lunarian que decía la noticia. - ¿Un lunarian, curioso, sabéis que mi padre era Lunarian? - Comenté un dato aleatorio sobre mi vida, al final llevamos tiempo abordo y no se nada de ellos, uno por tímido y el otro por vivir en una jaula constante de metal. Así mismo, Vik había deducido que iba acompañado de alguien más gordo. - ¿Un almirante quieres decir?

Tras escuchar la conversación entre ambos, fui al barril y recogí el periódico para poderlo leerlo más calmadamente y me lo guardé en la gabardina, Sohem no estaba por la labor de ir al cuartel de la marina. Principalmente por la necesidad de ellos, si querían algo que nos buscaran. La verdad que era un argumento de peso. Prefería ir a hacer sus historias al banco, algo normal después de haber pagado la fruta y el barco. -
Estaremos escasos de dinero - Pensé, pero digamos que lo que hizo retornarme totalmente en dirección a ellos fue que quería que probáramos mis nuevas habilidades, no sé si allí o de camino allí. - Banco y mi habilidad suena a peligro, Jefe. - Comente en una voz algo dubitativa. Ahora bien, lo que me dejo algo ligeramente trastocado fue el rechazo de ir a la casa de subastas. Porque no quería que fuéramos allí, auguraba que algo se podía cocer y no iba a ser bueno. Tras ello me posicioné delante de ellos esperando órdenes. - Estoy listo. - Dije mientras recogía mi pequeña mochila con todo el equipamiento y recolocándome el pelo.


Inventario

Karmas
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#53

Zona Marine


La recepción de la tropa y sus compañeros de división fue variada y acalorada en casi su totalidad. Estaba observando todo desde la cubierta del barco, mi navío, el Pluma Silente, con cierta mezcla de nostalgia y de pena. Nunca había tenido amigos durante mi promoción. El logro de ser el Almirante más joven de la historia palidecía ante estas demostraciones de camaradería y compañerismo. Había sido uno de los reclutas más jóvenes de los registros de la Marina, y eso había imposibilitado que conectase con los demás, por la edad. Pero conforme ascendía y se fueron revelando mis orígenes, la discriminación se había hecho tan palpable que parecía algo tan normal como que por las mañanas tuviésemos luz solar. Me había acostumbrado a hacerlo todo sólo. A no tener un compañero, un camarada, un hermano de armas. Alguien que me acompañase a los entrenamientos. Alguien que me dijera que yo podía lograrlo. Que me animase cuando todo tenía la peor pinta posible. Me había acostumbrado a realizar las tareas de equipo en solitario, a no ser invitado a las reuniones o celebraciones, a verlos felicitarse o animarse entre sí. Siempre desde una esquina al fondo. Quizá por eso había sacado la fuerza y la determinación para llegar hasta mi lugar, y aunque ahora las divisiones a mi cargo me procesaban respeto y me trataban con amabilidad, nunca había tenido la sensación que estaba viendo con el Vicealmirante Joestar.

Dejé pasar los minutos antes de poder alzar la voz y hablar.
— ¡Atención!  — grité para poder comenzar — Soy el Almirante Yugu Dimípalo, estoy a cargo de esta operación y seré su superior directo durante toda la misión. El siguiente en la cadena de mando será el Vicealmirante Joestar  — dije con firmeza, con la mano apoyada en el pomo de mi katana y la otra firme junto a mi cuerpo — No me gusta el fracaso. Yo NO fracaso. De modo que les pido que den su mayor esfuerzo y seriedad para cumplir mis órdenes y poder completar nuestro cometido con éxito  — entonces introduje la mano libre en el bolsillo exterior de mi chaqueta — Traigo conmigo órdenes del Almirante de la Flota y modos de proceder que deberán ser acatados por todos ustedes — y saqué la mano sosteniendo unas cuantas cartas — Repito. Órdenes directas del Almirante de la Flota  — y mantuve el silencio unos segundos, alzando la mano con las cartas sobre mi cabeza. Tras los instantes oportunos de calma, bajé el brazo y caminé hacia la pasarela, con paso firme y lento haciendo sonar los ligeros tacones de las botas del uniforme contra la madera. Mientras, pensaba rápidamente en la cantidad de tropas disponibles.
Sólo noventa marines en el cuartel de forma estable. Doscientos cincuenta a cargo de la División Veintiuno, que ahora pasaba a ser la Diecisiete. Y los seiscientos noventa que había en cada uno de los barcos que venían conmigo, que eran dos, hacían otros mil trescientos ochenta más. En total teníamos mil setecientos diecinueve Marines, y conmigo, mil setecientos veinte.
— Voy a dividirles en escuadrones y vamos a rodear el archipiélago. Nuestros objetivos son absolutamente todos los piratas y criminales de la zona, esto es una redada general, y los quiero a todos vivos — sentencié con firmeza, pasando mi mirada sobre algunos de los presentes — Los reducirán por grupos, los trasladarán a las prisiones del Cuartel General de esta zona, y volverán a por los siguientes. Sólo voy a explicarlo una vez  — entonces con la mano que apoyaba sobre el pomo de la katana, señalé el frente — La División Diecisiete a cargo del Vicealmirante Joestar serán el grupo uno  — después señalé hacia mi izquierda en diagonal — Cuatrocientos de ustedes a cargo de la Contralmirante Serv, partirán hacia el este, y serán el grupo dos  — y entonces señalé hacia el lado derecho, también en diagonal — Y otros cuatrocientos de ustedes, a cargo del Contralmirante Erza, hacia el oeste, y serán el grupo tres  — eso repartía ochocientos marines de los más de mil setecientos, quedando otros novecientos — Y dos grupos más de cuatrocientos de ustedes cada uno, avanzarán hacia el frente y centro del archipiélago. Todos a cargo del Contralmirante Rikka, y ustedes serán el grupo cuatro. Una vez allí, el primer grupo se fragmentará en dos unidades de doscientos, y cada una se dirigirá hacia el este y el oeste, buscando encontrarse con las unidades anteriores y unirse a ellas. Los cuatrocientos del segundo grupo mantendrán la posición en la casa de subastas de la familia O'Heil y asegurarán el perímetro  — sentencié con firmeza y descansé el brazo de nuevo sobre la katana — Los ciento veinte Marines restantes estarán en el cuartel general. Servirán de apoyo en caso de bajas y mantendrán las instalaciones seguras, así como a los prisioneros  — y entonces comencé a caminar bajando la pasarela. Los Contralmirantes que había reseñado se dirigieron rápidamente hacia el Héroe de los Cabos Gemelos y se formaron a su lado, mirando hacia mi, presentando sus respetos y el saludo militar. Me detuve cuando estuve delante del Vicealmirante Joestar, entregándole una de las cartas a los tres contralmirantes con estas mismas órdenes y algunos datos más de interés y devolviéndoles el saludo, tras lo cual volvieron a sus puestos. Entonces entregué la última carta a Joe Joestar.

— Usted tiene órdenes directas del Almirante de la Flota para encargarse de un asunto particular. Sólo los altos rangos de su división lo acompañarán, y deberán mantener un perfil bajo. Sin circos, sin llamar la atención, y sin desacatos. Por favor, sea duro si es necesario — y le entregué la carta — Hay una persona en particular que debe ser arrestada por usted, y sólo usted. Me temo que el resto de sus compañeros no sobrevivirían a ese peligro — retrocedí un paso tras haberle entregado el sobre y realicé el saludo militar — Cuento con usted, Vicealmirante. No me decepcione  — y volví caminando hacia la parte superior de la rampa de nuevo, para volver a tener una vista general de todos ellos — Y una cosa más. Los grupos del uno al cuatro contarán con el apoyo especial de un nuevo arma de la división científica. Yo permaneceré en espera y atento a las comunicaciones, y si algún enemigo los supera, acudiré en su rescate. ¡Rompan filas!  — y con un estruendoso pisotón múltiple, los grupos comenzaron a prepararse diferenciándose unos de otros estableciendo cierto espacio físico entre si, a excepción de un par de docenas de ellos que subieron al barco en dirección a las bodegas para sacar aquellas armas nuevas, trayendo a cubierta unas grandes cajas de madera, de cuatro metros de largo.

La purga de Sabaody comenzaba.



Narrador


La lectura de las noticias no había dejado indiferente a nadie. El grupo de los Piratas de las Alas Negras, privados de dichas Alas, habían saboreado distintas novedades que les habían sacudido por completo. Tragos amargos en la desesperación del capricho del destino. Su capitán aun conservaba la vida, pero no la libertad, y liberarlo de aquel infierno era una tarea imposible, tanto geográfica como militarmente. Sólo quedaba esperar poder escapar de aquí, y ser capaces de sobrevivir al viaje hacia la Isla Gyojin, y dar paso al Nuevo Mundo. Sólo allí podrían tener una ligera esperanza sobre qué hacer con Yojimbo. Ahora, seguían el rencor de su nueva capitana en dirección a sacudir la base estructural y económica del Archipiélago.
Por su parte los Piratas de Mushoku sentían la sombra de pasar desapercibidos después de haber acaparado los focos del presente. Y su capitán veía su infame reputación igualada y superada en un eco de frustración. Sus maleantes, seguirían su demoníaca ira sin saber los conflictos que esto pudiera ocasionarles. Afrontarían un destino más enfocado a la destrucción que a la liberación, aunque conllevasen las dos cosas, y trastocarían el curso de la historia conocida hasta el momento. Rebuscando en las entrañas del monstruo de Sabaody.
Los Revolucionarios no pudieron contactar con ningún alto mando, ni tan siquiera un cargo intermedio. No había respuesta por parte del otro lado de la linea. Ellos deberían adentrarse y tratar de sobreponerse al conflicto y el caos. El espadachín que había obtenido un nuevo poder, había adquirido con él una mayor responsabilidad con un aumento de su recompensa. Una recompensa nada desdeñable y que llamaría la atención de los curiosos si eran demasiado indiscretos. Y aun con eso seguía siendo la más baja del resto de sus compañeros, lo que los convertía en un tesoro con patas a ojos de los codiciosos.
Finalmente, el gremio de cazadores Magna desembarcó camino a la sede económica de los astilleros, la filial de la sucursal bancaria Red Natnas que albergaba el crédito monetario más importante del archipiélago y que tenía, de alguna forma, aparentemente el objetivo del enmascarado líder del gremio en su interior. Fuera cual fuera su plan, parecía mantenerse alejado de donde todos los demás se estaban encaminando, aunque fuera por ahora.





Salto de turno

Resumen

Ubicación de los grupos

Contenido Oculto

Inventario

Orden de posteo
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#54
Las reacciones de todos los tripulantes de la banda, aunque variopintas, todas coincidían en la frustración, ira y cólera que sentían al ver como su capitán había sido apresado y arrestado por esos perros del gobierno. Aquel jarro de agua fría había hecho volver a la realidad al skypiean quien, dado al impacto de la noticia, aunque sentía la imperiosa necesidad de atizar a esos marines, también sentía un gran miedo de que, esa impulsividad que tanto caracterizaba al pelirrojo, les llevara a sufrir aún más bajas. Por un momento, hasta pudo observar como el propio Kenzo parecía que tenía la intención de irse por su propia cuenta, alarmando por completo al skypiean quién, iba a ir hacia él hasta que Triana gritó y maldijo a los marines, - incidiendo en el protagonista de la noticia junto a Yojimbo, Joe Joestar -. Con una capacidad de liderazgo digna de envidiar, la capitana en funciones, en un discurso que puso los pelos de punta a Garnet, propuso un cambio de planes aprovechando la información que venía en el periódico: reventar la casa de subastas de esclavos y captar la atención de la marina para darles una buena tunda.

La inspiración que trajeron las palabras de la rubia, alentaron tanto a Tobías como a Sasha quién, ante la previa duda del skypiean, soltó un argumento indiscutible para pasar al ataque, y es que los marines seguirían yendo tras ellos si se quedaban de brazos cruzados. Debían enseñarles que era lo que pasaba si se metían con uno de ellos. Todo este rato, el skypiean atendió en silencio, dejando que cada una de las palabras tanto de Triana como de Sasha calaran y se grabaran en su interior. Al mencionar la subasta de esclavos, encima, no pudo evitar pensar en la joven Emerald, la esclava a la que ayudaron hace un par de meses, y quién les informó sobre la identidad de los Dragones Celestiales.- ¿Qué cojones te hace dudar tanto, Garnet, huh? - Se dijo a sí mismo, observando como nadie cedía y como su hermanita, con una madurez increíble pasaba en devolver a la realidad a un alterado Kenzo.- Están todos a tope con el plan y darles una paliza a esos cerdos... - Siguió sumido en sus pensamientos, pasando a mirar con adulación a Triana.- Solo unas palabras han servido para encender las llamas de sus almas. - Se quedó cabizbajo en ese momento.- Como músico, motivarles debería haber sido cosa del gran Garnet Matlock, ¿es o no es? - Se sintió culpable de no haber podido cumplir bien su rol en la banda. Pero más allá de seguir enfurruñado en lo que no pudo hacer, pensó en lo que aún podía hacer. Si las llamas de su interior estaban ya encendidas, ahora era cosa suya hacer que no se extinguieran o, mejor aún, que se intensificaran. Si las palabras de Triana fueron la mecha que iniciaron el fuego, Garnet y su música serían el combustible que lo potenciarían. Ahora más que nunca, los Alas Negras necesitaban ir con agallas, con coraje.- Con valor. - Musitó el skypiean para, a continuación, darse una bofetada en ambas mejillas y seguidamente llevar su zurda hacia el mástil de su Sabertones - colgado en su espalda - para llevárselo al frente y adoptar una posición lista para tocar. Juntando las garras de su dedo pulgar e índice de su diestra, formó una especie de púa improvisada con la que tocó un primer acorde que reverberó en todo el barco. Aún le sorprendía la dureza y resiliencia que tenías las cuerdas de su guitarra, sin lugar a dudas, Tobías había hecho un más que magnífico trabajo construyendo aquella preciosidad. Ahora, era hora de avivar las llamas. 


Vienen los marines
Un pollo hay que montar
Por nuestro Yojimbo
Se van a enterar

A esos perros les vamos a enseñar
Nuestra furia interior
S’cagarán de terror, ya verán

Nuestros corazones
Y nuestros espíritus
Rugen en la batalla, al unísono

Juntos somos puto imparables
Esa subasta arderá
Y vendrá ese barbón, a cobrar

Frente la imponente Tempesta
Y la poderosa Sasha
Jolyne y su puntería son lo más
Kenzo y su osadía
El ingenio de Tobías
Con mi música marcando el compás

¡CON VALOR!
Arrasaremos con la subasta
¡CON VALOR!
Apalizaremos a esos marines
¡CON VALOR!
Cobraremos nuestra venganza
Y Yojimbo sabrá guiar nuestras almas

Mogollón de esclavos habrá que liberar
Y como Emerald, se podrán salvar
Marines y Tenryuubitos,
Sobran ya, que asco dan
Con ellos debemos arrasar

¡CON VALOR!
Arrasaremos con la subasta
¡CON VALOR!
Apalizaremos a esos marines
¡CON VALOR!
Cobraremos nuestra venganza
Y Yojimbo sabrá guiar nuestras almas

¡CON VALOR!
Arrasaremos con la subasta
¡CON VALOR!
Apalizaremos a esos marines
¡CON VALOR!
Cobraremos nuestra venganza
Y Yojimbo sabrá guiar nuestras almas

Sintiendo como su propio espíritu rugía con cada nota que tocaba y con cada fonema que salían de sus cuerdas vocales, Garnet tocó con soberana intensidad aquella canción que buscaría dotar de una fuerza interior a cada uno de sus compañeros y a él mismo, sintiendo en sus carnes como su cuerpo era capaz de sobrepasar unas fuerzas inimaginables. A pesar de que se quedó estático en el sitio mientras tocaba, fue mirando uno a uno a sus amigos - en el caso de Jolyne hacia la zona de camarotes, al sentir con su haki que debía estar en su habitación -, sobre todo en la estrofa dónde nombraba una de las muchas cualidades que tenían cada uno de ellos. Una vez acabado el espectáculo, el skypiean volvió a colocar a Sabertones en su espalda, cruzando miradas con cada uno de los integrantes de la banda.- Con esto estamos listos, ¿es o no es? - Dijo, esta vez, con determinación, mirando ahora hacia el joven Kenzo. Podía sentir con su haki como aún quedaba algo de locura y duda en su espíritu. Debía conseguir que se calmara. - ¡Eh! Y colegui, haz caso a Sasha. - Llamó la atención del querubín de la banda.- Yendo por tu cuenta sólo harás que te maten, ¿así salvarás a Yojimbo? - Dijo con absoluta seriedad, buscando que entrara en razón, mientras se aproximaba hacia él.- Todos estamos igual y te entendemos, pero nos tienes a todos nosotros, ¿es o no es? - Sonrió ampliamente con el ceño fruncido.- Además, no es como si Yoji estuviera muerto, ¡ya iremos a por él! Pero primero hay que darle una buena tunda a esos marines y, de paso, saber algo sobre el sitio en el que están, ¿es o no es? - Posó su diestra sobre su cabeza, acariciando su pelo como si de un perro se tratara.

Después de dialogar con Kenzo, y asegurarse de que estaba algo mejor, se alejó, dirigiéndose hacia la zona de camarotes, no sin antes pararse ante Tobías.- PUAJAJAJA suena de puta locura, ¿a que sí? - Compartió su regocijo junto al vaquero cambiando, a continuación, a un semblante más serio.- Respecto a lo de Iki, no te rayes... - Dirigió entonces su mirada hacia su compitruena, quién estaba a sus espaldas ahora.- Sasha tiene razón, el menda tiene que dejar de comerse el tarro por ella, ¿es o no es? - Volvió a posar sus ojos sobre el vaquero, a la par que apoyaba su mano derecha sobre su hombro izquierdo.- ¡Eso sí! En algún momento me plantaré dónde ella y le cantaré las cuarenta, ¿es o no es? - Sentenció, con una mirada y sonrisa pilla. Pensaba darle una buena sorpresa a la marine, una que la intimidaría, antes de transmitirle su última palabra.

Habiendo hablado ya con su hermano, volvió a encaminarse hacia la zona de camarotes, específicamente hacia el de Jolyne, quedándose frente a su puerta. Por un momento pensó en abrir la puerta, sin avisar, por si por algún casual la pillaba en paños menores.- Pueje pueje... - Rió, perversamente el pelirrojo ante su lujuriosa imaginación. Los cacareos de Jimba provenientes del interior le sacó de su estado de depravada ensoñación. Dio un par de toques a la puerta. - Colegui, vamos a salir a liarla parda, ¿vienes o te quedas? - Preguntó, esperando a la respuesta mientras sacaba de su zurrón su Den Den Mushi Blanco, dejándolo justo frente a la puerta.- Si te quedas, te he dejado un caracolófono de estos tocho en la puerta, por si pasara algo, ¿es o no es? - Comentó, mientras se daba la vuelta para volver a salir a cubierta.- Si vienes, ¡te esperamos para arrasar con todo! - Animó a la francotiradora de la banda a que uniera a la incursión que iban a hacer los Alas Negras. Sin duda, contar con su destreza, precisión y apoyo a larga distancia era una baza muy a tener en cuenta para la banda. Aunque, por otro lado, tener a alguien cuidando del barco - a pesar de que este aún no tenía su Jolly Roger incorporada, al haberse trasladado hace menos de un día - siempre podría prevenirles de que alguien les robara.

Tras avisar a la pelirrosa, el músico se volvió a unir al resto de la banda, aproximándose a babor y, tras asegurarse de que había una superficie donde aterrizar, Garnet saltó de la barandilla hasta caer en una plataforma de madera - que había junto al barco y hacía la función de muelle - y los llevaba hacia la zona más concurrida y comercial del islote.- Bueh, ahora la cosa es, ¿alguien sabe dónde queda la subasta? - Preguntó al aire, una vez que todos habían desembarcado. Dio por hecho que nadie conocía la respuesta.- ¡Ni os ralléis! El gran Garnet Matlock hará uso de su belleza para conseguir una respuesta, ¿es o no es? - Se señalaba a sí mismo para, seguidamente, correr hacia una pareja de mujeres jóvenes que había no muy lejos de ellos. Al sentirlas y, después, ver que estaban de buen ver, el pelirrojo se lamió la mano para después pasársela por su cabellera hacia atrás. Era hora de sacar sus dotes de seducción. Aunque, con lo que no contaba era que seguía transformado en su forma híbrida - y no lo dejaría de hacer porque si no la sensación térmica de frío aumentaría con creces -.

Alrededor de dos minutos pasaron y Garnet volvió cabizbajo y con una marca roja de una mano en su moflete izquierdo.- Ya uno no puede decirle a una pibita de tener un buen revolcón... - Comentaba apenado, mientras se frotaba en la zona en la que le habían abofeteado.- Me han soltado una hostia y que hay que ir para el Manglar 50. - Informó sobre el dato que había recabado, señalando hacia el interior del islote con su pulgar derecho, y pasando a dirigir su mirada hacia la semioni.- Lo dejamos en tus manos, compitruena. - Confió, como siempre, en la orientación de la chica rubia para dirigirlos hacia el lugar en el que se presuponía que era dónde estaba la casa de subastas. Los Alas Negras estaban más que preparados para poner el lugar patas arribas.

INFO
[Imagen: Tb4Z3O3.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 8388 + 0 = 8388
Energia: 4538 - 230 = 4308
Espiritu: 1929 + 0 = 1929
#55
Me paré en el sitio, esperando poder ver a mis compañeros, y no se hizo esperar mucho más el momento.

A quien mejor pude ver es a Karglass, era imposible no verla, destacando por encima del resto, y como siempre, con la pequeña Ryze en su hombro, pero debido a la fuerza de la semioni, la tontatta se cayó al suelo aunque sin problema pudo aterrizar. Mi compañera no pudo evitarlo, y se lanzo hacia mi, para así abrazarme y dado a su gran tamaño, levantarme mientras lloraba de emoción y dejándome caer que me había echado de menos - ¡Yo también os he echado de menos, no sabéis cuánto! - dije mientras no podía mover mi cuerpo y sentía el cálido abrazo de Karl - ¿Que tal habéis estado? Estoy seguro de que todo habrá ido bien - afirme con una sonrisa, mientras miraba a lo lejos a Ryze y Karl me dejaba de nuevo en el sitio. Pude observar como Fuguwu y James se acercaron, este último estrechándome la mano a modo de saludo - Es un placer poder verlos de nuevo, compañeros, siento la ausencia ... - Contesté mientras devolvía el saludo al mink león.

Y en la parte de atrás, pude observar a Apolo, el cual estaba totalmente indiferente a la situación. Activé mi Haki de observación. Estaba claro que no le agradaba todo esto, y podía entenderlo. Nuestro primer encuentro no fue precisamente bueno, y encima en la anterior isla estuve totalmente ausente - ... Prometo que no volveré a estar lejos de ustedes, ahora tenemos que trabajar todos juntos, ¿Vale? - Dije preguntando pero sin esperar una respuesta.

De repente, Gukuro interrumpió el momento para poner orden y seriedad a la situación. Mientras bajaba por la pasarela, y se acercaba hacia nosotros, dio unas órdenes claras y directas, haciendo especial énfasis a que todo esto era una orden directa del Almirante de Flota de la Marina, en resumen, el mayor cargo y autoridad de la Marina. Me limité a escuchar en posición recta y militar, esperando que mis compañeros hicieran lo mismo.

Una vez el almirante estaba ya delante de mi, me entregó una carta personal, donde daba instrucciones directas hacia mi persona y mi división, alegando que solo yo podía hacer tal tarea, y que por supuesto confiaba en mi y mi trabajo - Muchas gracias señor. La leeré ahora mismo y moveré a la División 17 para poder realizar el trabajo con la mayor eficiencia posible - dije, a la vez que cogía con la mano derecha la carta.

Una vez termino todo aquello, Gukuro volvió a dirigirse al buque para poder ver cómo todas los grupos comenzaban a moverse. Por mi parte, me di la vuelta para poder tener enfrente a mis compañeros y comenzaba a leer la carta con interés - ... Entiendo - dije levemente, terminando y levantar la mirada hacia mi división - Venga, va, acercaros todos. Tenemos una misión por delante, y tenemos que estar todos preparados - comenté mientras me guardaba la carta en mi bolsillo izquierdo del pantalón.

Elevé mi cabeza por encima del resto, mirando directamente al joven marine - Apolo, por favor, acércate. Ya habrá tiempo de echar las cosas en cara... Ahora tenemos que estar juntos para poder realizar la orden con la mayor precisión posible - Finalicé, esperando que se acercara con todos.

Resumen y técnica
off
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#56
Coraje inconmensurable.
 
Eso fue lo que sentí con mi Haki de Observación luego de que Apolo me alcanzara en el pasillo del cuartel mientras marchábamos rumbo al patio según lo había ordenado la megafonía. No obstante, este no provenía de mi camarada arenoso, a él le podía sentir de nuevo fastidiado por la incesante fanfarria y fiesta que le hacían a Joe desde que nos habíamos unido a la división, sino que provenía de otro de los presentes, otro miembro de la división, otro quien – al igual que Apolo y yo – se había unido recientemente y era aún un misterio en cuanto a personalidad, carácter, historia y objetivos se trataba. El mink león de la división, James Brando.
 
La emoción me había tomado por sorpresa pues era tan distinguible contra el resto de las emociones como lo era distinguir a dos hermanos gemelos si a uno de estos le faltara un brazo o tuviera una marca en la cara que el otro no tuviera. Esta reacción vino luego de que Apolo notara que la subasta que yo había pasado por alto asumiendo que era una subasta como cualquier otra de artículos variados, en realidad era una tapadera para comerciar con esclavos. Volteando a ver con desconcierto hacia donde se encontraba James le veo venir con el semblante serio para en el ultimo minuto parar su marcha la cual tenía la clara intensión de afrontar a Apolo. Maravilloso, simplemente maravilloso.
 
¿De que sirve formar una división si todos van a actuar por su cuenta de forma individual? Ninguno de los miembros de la división 21 actuaba en equipo, como parte de una maquinaria mayor y más importante – como lo es la marina – que no fuera estrictamente en línea con sus ideales y objetivos individuales. Yo el primero, si bien era el que mas respetaba las normas y los códigos, la única razón por la que me había unido era para encontrar más información de Fugowo. Sin un verdadero liderazgo que tomara las riendas de esta división de forma severa, todos seguiríamos tan unidos como granos de arroz que han perdido todo su almidón. Y no culpaba a la comodoro Karl por esto, ella ni quería ni había pedido el liderazgo de la división. El mayor responsable era Joe, quien con su llegada esperaba me demostrara que todo este amor, respeto y fanfarria que se le celebraba estuviera justificado. Tenía, de mi parte, el beneficio de la duda, al menos de momento, aunque probablemente seria la ultima oportunidad que le daría a este personaje llamado “el héroe” antes de dejar de ser el menos venenoso de la división.
 
“¿Que mantarraya le ha picado a James?” – le pregunté a Apolo mientras observaba como James pasaba de nosotros en dirección al patio – “¿y qué es eso de que la subasta incluye esclavos? No se puede ser tan descarado como para publicar un delito tan grave en el periódico como si un anuncio de venta de takoyakis se tratara, ¿será acaso una estrategia para atraer a la escoria del mar a un lugar común y ahí emboscarles?” – Quería pensar que este tipo de actos no podían ser gritados a los cuatro vientos sin que hubiese verdaderas represalias, una cosa era que existiera un negocio en el mercado negro donde la trata de esclavos fuera algo normal, y otra muy diferente que esto se volviera tan normal como quien vende un barco a plena luz del día y bajo las narices de la marina.
 
Aunque la temperatura ambiente en el archipiélago había pasado a ser fría debido a la inminente llegada del invierno, el ambiente a las afueras del cuartel de la marina era cálido. Se podía ver claramente como las tropas bien entrenadas mantenían el orden y terminaban de formar filas para recibir a los recién llegados tal cual como dictamina el protocolo, sin embargo, pude sentir igual de claro como la emoción, el respeto, y la anticipación se mezclaban unas con otras entre los diferentes miembros de la marina que estábamos formados. Sobre estas emociones, y de nuevo por un ligero instante, la misma sensación de coraje emanando de James me llego a mis espaldas, ¿qué demonios le había pasado al mink león esta mañana que se había molestado tanto con Apolo? Tendría que estar pendiente de como se desenvolvían estos acontecimientos en el futuro cercano, tenía la esperanza que fuera una simple riña o malentendido entre compañeros.
 
A la llegada de Joe, y tras su trillada frase, la comodoro Karl rompió filas tirando a Ryze de su hombro, manteniendo la formación esta segunda de forma bastante grácil. El segundo en romper formación fue James, quien saludo con un apretón de manos a Joe mismo que fue devuelto sin represalias. Por lo visto el héroe había dejado sus peores días atrás y estaba listo a reasumir el cargo de la división la cual ahora pasaba a ser la división 17, indiferente e ignorante a lo que este cambio significara. Joe llego con un discurso cual político falso en campaña se tratara, era tan marcado su cambio contra la primera vez que le conocí que, o bien algo increíble había provocado este cambio de actitud, o algo terrible y funesto nos esperaba y ya no le importábamos – no que nos hubiera demostrado lo contrario en realidad. Esperaba que fuera lo primero y, dado que mi Haki de Observación no me decía lo contrario, seguiría otorgándole el beneficio de la duda, por respeto a Karl principalmente. Si alguien como Karl le tenía semejante aprecio era suficiente razón de peso para mí, le debía bastante a Karl y había demostrado ser alguien que, a pesar de sus cambios de humor, se preocupaba realmente por sus compañeros.
 
A pesar de esto, todo lo anterior palidecía en importancia tras la llegada del almirante de la marina del cual pude sentir su inmensa presencia provenir de uno de los buques acorazados que habían anclado escasos minutos atrás. Era la presencia mas fuerte a la que me había expuesto en mi vida, sin necesidad de verle en acción pude entender que estaba en un nivel al que, de momento, solo podía soñar con llegar algún día. Igualmente, su energía me hacía entender que era alguien sereno, con un respeto absoluto por la institución que representaba y con cero dudas a la hora de lidiar con sus enemigos. El almirante alzo la voz tras unos minutos luego de que Joe bajara del acorazado, se presentó con el nombre de Yugu Dimípalo y confirmo que estaría a cargo de la operación que procederíamos a llevar a cabo en todo el archipiélago.
 
Al presentarse ante todos con semejante señorialidad y autoridad, lo primero que hice fue voltear a verle para seguidamente realizar el saludo formal de la marina y cuadrarme ante su imponente figura. Seguramente muchos de los marines presentes (si no es que todos) me seguirían en aquel saludo y encuadre tal cual como lo dictaminaba el protocolo, aunque motivados mas por la implacable presencia del almirante mas que por seguir la etiqueta que dicta la marina. Su llegada eran noticias increíbles, no solo estábamos en presencia de uno de los mas altos mandos de la marina, sino que además iba a tomar el mando de toda la operación, cosa que incluía a todos los marines del archipiélago, es decir incluso nosotros. Por fin contaríamos con instrucciones claras y precisas enfocadas en un objetivo común en lugar de ir de aquí para allá sin guía ni compás.
 
El porte del almirante Yugu Dimípalo era envidiable. Su físico era el de un “humano promedio”, sin embargo, estaba claro que no lo era, en absoluto. Su rostro, serio como ninguno otro, le otorgaban un semblante que parecía carente de emociones, enfocado exclusivamente en la misión que le incumbía en el archipiélago. Su uniforme, impecable, prístino y puro, estaba acompañado de diferentes condecoraciones que seguro había adquirido a lo largo de lo que parecía ser una nada despreciable carrera militar. Junto a él, reposaba una katana de guardia circular y mango de un cuero inmaculado con detalles dorados la cual era el complemento perfecto para aquel hombre el cual solo podría ser descrito con una palabra: perfección. El almirante Yugu Dimípalo era la encarnación del marine perfecto, aquel el cual todos soñábamos con encarnar al unirnos al cuerpo, pero que casi todos fallaríamos en lograr reencarnar.
 
Luego de presentarse, y confirmando que el segundo en la cadena de mando sería el recientemente nombrado vicealmirante Joe Joestar, nos pidió (exigió en realidad) llevar a cabo sus órdenes con seriedad y esfuerzo, pues era alguien quien no toleraba el fracaso, algo que estaba en clara resonancia con sus emociones. Sacando de su traje una serie de cartas empezó a dar instrucciones claras, las cuales venían directamente del almirante de la flota, cosa que personalmente agradecía nos lo dijera pero que era innecesario para alguien de su rango, algo que hablaba muy bien del tipo de persona que era y de cómo le importaba que todos supiéramos que esto no era un capricho individual sino un esfuerzo colectivo en el cual el también estaba implicado. “Por fin alguien con entereza y claridad va a guiar nuestros pasos” – pensé, alegre y entusiasmado por conocer cuales serían las ordenes que nos asignaron.
 
El almirante paso a dividirnos en diferentes grupos, pues éramos tropas suficientes como para abarcar toda la superficie del archipiélago. El objetivo, tan claro como el agua de un manantial, capturar con vida a absolutamente todos los piratas y criminales de la zona. A nosotros se nos asigno el primer grupo, a cargo del vicealmirante Joe, quienes partiríamos con rumbo de momento desconocido para la mayoría de los miembros excepto de Joe, puesto que sus instrucciones eran especiales y venían escritas en una carta de la cual solo el vicealmirante y el almirante conocían su contenido. El almirante formo tres grupos más, dirigidos por los contralmirantes Serv, Erza y Rikka, a quienes asigno cuatrocientas tropas a los primeros dos y ochocientas al último de los contralmirantes – “será un genio en la estrategia militar” – pensé mientras veía como los diferentes grupos se iban formando en el orden marcial esperado de un integrante de la marina y a la vez que una docena de ellos volvían al barco y traían consigo unas misteriosas cajas de madera las cuales, según el almirante Yugu, servirían de apoyo a los cuatro grupos formados y eran una nueva arma desarrollada por la división científica.
 
“¡Señor, sí, señor!” – me uní a coro de voces mientras permanecía mas firme que verga de galeón recién montado.
 
Luego, uniéndome a Joe bajo sus instrucciones espere las siguientes órdenes. Al parecer, por fin tendríamos oportunidad de hacer algo mas relevante que recibir patadas en una playa y estaba listo para demostrar que sería útil en esta redada organizada por el mas alto mando de la marina. Tras unirse el resto a nuestra posición, partimos con rumbo desconocido bajo el liderazgo del vicealmirante. Confirmando que estaba preparado – teniendo conmigo mis guantes de batalla y un numero basto de botiquines médicos – avance junto los demás con esperanzas incrementadas de que aquel anuncio de subasta de esclavos fuera parte del plan perfecto para juntar a todos los piratas y criminales presentes en la isla en un solo punto y así capturarles a todos de una buena vez.
 

 
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#57
Mi mirada permanecía clavada ante aquel festival de bienvenida al nuevo vicealmirante cuando mi Waki de observación me alertaba de que un aura familiar se iba acercando a mí por mi espalda. "Ten cuidado con quién te metes, chaval" oí con un susurro cercano para notar que se trataba de James, el cual siguió avanzando rápidamente para esconderse entre el resto de Marines. Ante tal gesto heroico sólo pude reír en alto pues anteriormente mi waki detectó como, mientras hablaba con Fuguwu sobre el Gobierno Mundial, de James emanaba un aura agresiva con intenciones de atacarme. Intenciones que no llegó a ejecutar, para su fortuna.

Traté de ponerme en camino para ir tras él cuando una voz autoritaria pero desganada, a la vez que firme llamó mi atención. La figura que se comunicó ante las tropas se trataba de un joven vestido de punta en blanco e impoluto, mi sorpresa era que pese a su poca edad, notaba como de él venía un aura extremadamente poderosa. Todo cobró sentido cuando se presentó ante nosotros como el Almirante Yugu Dimípalo con la intención de darnos órdenes a todos los Marines allí presentes, quizás siendo capaz de disipar mis dudas sobre por qué llevábamos allí dos meses esperando y qué querían de nosotros, puesto que la única información que yo manejé fue la de llevar el buque a las costas de Sabaody. Joe sería el segundo al mando por lo que eso me dio a entender que la División Veintiuno, ahora la División Diecisiete por cómo nos llamó al almirante, sería la principal división de aquella operación. Suposiciones que Yugu confirmó después al nombrarnos como grupo número uno. Mal momento para elegirnos, la verdad, puesto que no percibía que nosotros seis hubiésemos hecho progresos como equipo. Más bien todo lo contrario con la nueva actitud de James que desde que llegamos a la isla, quizás quiso morder más de lo que podía tragar.

La misión era bastante sencilla y es que sólo teníamos que recorrer la isla, arrestar a los criminales y encarcelarlos en el cuartel. El único problema que veía era que el almirante nos pidió que todos deberían permanecer con vida, cosa que yo no podía asegurar ya que no dependería de mí. Todo dependería de la actitud de aquellos que se topasen en nuestro camino y de cómo pudiese controlar mi Akuma no Mi. Justicia retributiva... bajo mi mano aquellos tendrán que cobrar con la misma moneda que han pagado, la balanza debería estar equilibrada y todo aquel que haya hecho el mal debería sufrir las mismas consecuencias que ha provocado. Esa es mi idea de justicia.

El segundo problema que veía era que no sabía cómo procedería nuestra división, si permaneceríamos los seis juntos o no, o cómo podría ser yo capaz de no pelear contenido puesto que sería muy sencillo y peligroso aplicar fuego amigo sin querer. Sea como fuere, Joe ya se encontraba reunido charlando con los otro cuatro miembros de la diecisiete. Yo no tenía nada que decirle. El almirante se acercó a ellos interrumpiendo la conversación y ofreciéndole a nuestro líder una especie de carta, imagino que sería alguna especie de orden ya que en el contexto en el que estábamos, no tenía sentido otra cosa. Fui a ponerme la gorra pero cuando abrí mi mano, vi que en ella sólo quedaba el rastro de un cacho de tela blanca en la que se podía leer "Mar" con letras azules. El diablo de la arena que llevo dentro, sin querer había consumido la gorra como si la arena se la hubiese comido — Vaya faena... — miraba el cacho de tela que quedaba, sosteniéndolo con mis dedos índice y pulgar para luego dejarlo caer al suelo pues ya no me servía de nada.

En ese momento la voz de Joe llamó mi atención, pues éste me pidió que me acercase al grupo para comenzar a preparar la operación. Comencé a caminar hacia ellos, recolocándome el pelo hacia atrás con la mano mientras llegaba, para mirar fijamente a James — Si vas a amenazarme, gatito, al menos ten el detalle de mirarme de frente y no de correr a esconderte — No podía permanecer callado pero saltó la sorpresa en Las Gaunas, en esta ocasión mis cuchillos no iban hacia Joe sino que se dirigieron hacia el Mink — ¿Qué cojones pasa contigo? Cuando llegamos quisiste apropiarte de las tropas cuando el mando pertenecía a Karl. Cuando hablaba con Fuguwu sobre su isla natal, noté tu agresividad y tus ganas de golpearme... cosa que sería un suicidio. Si no te hubieses quedado dormido durante los entrenamientos de Karl, habrías sabido que hay ciertas cosas que se pueden notar sin usar los cinco sentidos. Y como guinda del pastel me intentas intimidar con amenazas... no sé qué intentas o qué buscas, pero hay olas que es mejor no intentar surfear o el mar te atrapará... y creo que los gatos no os gusta el agua, ¿me sigues?. Aclara tus ideas y ubícate, no me gustaría tener que disecarte y convertirte en una alfombra para subastar en esta isla — A medida que hablaba de una forma totalmente serena y calmada abría más y más los ojos, ampliando mi sonrisa de forma irónica —. ¿Qué clase de imagen daría la Marina si un sargento — le apunté señalándole con ambas manos — fuese por ahí amenazando a un comandante? — me apunté a mí mismo de la misma forma, ironizando. A mí los rangos me daban igual pero todo servía para provocar a alguien que daba la sensación de que la imagen de la organización consideraba importante y vital.

Miré a mis compañeros para dirigirme a ellos — Había que dejar las cosas claras antes de la operación, ésto no es un juego al fin y al cabo — para finalmente extender los brazos hacia los laterales con las palmas de las manos hacia arriba, fijándome en Joe — Ahora sí... ¿cuáles son las órdenes y tu plan, Vicealmirante... Joe? — Pese a todo Joe al menos tuvo el detalle de haberme encarado con anterioridad de frente. No olvidaba lo sucedido, sin embargo fue un contraste con la actitud de James de acercarse por la espalda y salir corriendo. Como bien dijo Joe, ya habría tiempo para todo lo demás. Ahora mismo lo importante era sacar adelante la operación y yo tenía claro que no se iba a repetir lo sucedido en Momoiro. No iba a caer y no iba a permitir más traidores cerca. Hacer un buen papel ese día ayudaría a que se me empezase a tener en cuenta, pues el único respeto que siempre noté fue únicamente por parte de Fuguwu. Quizás podría dar el primer paso a poder hacer de la Marina una organización más respetable, justa y servicial hacia el pueblo. — Sin que sirva de precedente... puedes contar con mi espada. Aunque no soy espadachín... ni tengo una. Lo que sea ¡kakahaha! — Por primera vez mis intenciones hacia Joe no estaban siendo agresivas, ni irónicas, ni con ganas de vacilarle. Estaban siendo sinceras. Aunque seguía sin agradarme, si no había trabajo en equipo ni nadie ponía de su parte, sería imposible salir victorioso.


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#58
Ante las numerosas noticias con las que fuimos bombardeados en el periódico, pude notar que a todos nos había causado algún tipo de reacción, por mínima que fuera. Ciertamente el ejemplar llevaba de todo un poco para agitar el bote (nunca mejor dicho). En mi caso, la noticia del destino de Kenjo se me hizo muy alegre, en contraste con la de las dificultades que posiblemente enfrentaríamos nosotros al encontrarnos aquí ahora mismo.

Si he de premiar las reacciones, sin duda el primer puesto se lo llevó Ashura, quien me logró sorprender con un abanico de emociones, pasando primero por la furia al saberse igualado, o superado (no sé ni me importa) por alguno de los tipos de los carteles, para luego recibir con interés la noticia de la purga que llevaba a cabo la marina y luego con sorpresa la noticia de Kenjo y sus vacas. Ante mi comentario de cautela, el demonio estalló en una alharaca de gritos y manotazos al aire diciendo que no le tenía miedo a nada ni a nadie y que podían venir a por él, etc. Las mismas sandeces de capitán malote de siempre a las que ya estaba acostumbrado, más nunca aburrido. Mientras el demonio descargaba su veneno (sabía que seguía molesto más por la primera noticia que por las que le habían seguido), se giró hacia mí y me dijo que más que un caramelo, me daría como regalo adelantado de cumpleaños el día más importante en la historia de aquellos marines que osaban atentar con nuestra existencia. Fue entonces que de su boca salieron las palabras mágicas. Allí lo tenía de frente, mirándome con esa cara mitad furioso, mitad ansioso, con esa sonrida endemoniada que ya sabía yo a lo que iba, cuando dijo:

 así que, podemos empezar a llamar su atención por dónde tú quieras

Había dicho antes que si íbamos a salir a buscar algo, debíamos hacerlo pronto, y Ashura quería salir a buscar sangre. Entonces debíamos buscar a esa gente que quería purgarnos más temprano que tarde. Seguía pensando que la idea de cruzarnos con un almirante era algo muy por encima de nuestras capacidades, especialmente con los nuevos reclutas en nuestra banda. Sin embargo, si asestábamos un golpe bien apuntado en el lugar correcto, hasta la fortaleza más grande caería, y nuestro nombre resonaría en su frustrado plan de purga.

Respondí a su mirada ansiosa de sangre con unos ojos plateados que brillaban de determinación, y en mi rostro surgió una sonrisa de complicidad. Una sonrisa casi tan ansiosa de guerra como la suya: ¿Sabes, Demonio? Siempre he creído que el hombre adecuado en el sitio equivocado puede cambiar el rumbo del mundo-Gin - Dije mientras le extendía por completo mi brazo, mostrándole mi puño derecho- Cambiemos el mundo echando abajo esa maldita casa de subastas-Gin. Y luego buscamos un buen pastel.

Si el capitán había dudado en el pasado de mi apoyo a esta empresa, ahora le dejaba claro que no era el caso. Contaría conmigo allí a donde fuera a causar dolor a esos corruptos de la marina y sus amos. Al fin y al cabo, soy un depredador. Soy el maldito Destructor Plateado. Ya no soy la presa indefensa de la marina, ni el producto del capricho de algún noble hijo de puta. Si querían mi cabeza o la de mis compañeros, se enfrentarían al poder de destruirlo todo.

Me giré a los demás y dije con el permiso del capitán unas palabras en mi clásico todo de voz que aunque neutro, carecía de tranquilidad: No confundan mi llamado a la cautela con miedo-Gin. Vamos a buscar a esas escorias que se creen con derecho de "purgarnos"-Gin y a hacer mierda su casa de esclavistas. Aunque no será fácil - Miré a los 3 jóvenes piratas- Tenemos que cuidarnos en la lucha y evitar hacer alguna imprudencia que pueda costarnos la vida-Gin. Ahora, vamos a buscar mi regalo.

Empecé a andar y bajé del Niebla, con la misma determinación que había entrado al cuartel de Neur hacía unos meses. Sabía que enfrentaría un reto mucho mayor esta vez, pero ahora no éramos solo tres almas furibundas: Éramos 7 piratas dispuestos a dejar claro un punto a los perros sin criterio de la marina. El mensaje debía ser claro, y esta vez tenía la responsabilidad de abrir el camino para que los 3 novatos en nuestras filas alcanzaran su libertad.

Marchamos juntos hacia la casa de subastas. El regalo era para mí, pero la sorpresa sería para nuestros enemigos. Caminé con mis hermanos una vez más a la batalla. Estaban equivocados si creían que les temíamos. Yo no soy una gacela herida, sino un jodido león, y mis hermanos también lo son, porque marchamos juntos. Y los leones solo marchan con otros leones. No con hienas.


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Datos de interés



Rapax



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#59
Leyenda (Guía de color)


No me sorprendió lo más mínimo la reacción de Machete Ponzoñoso Ashura al nuevo cartel de Se Busca de su no tan amigo Kisuke Kageyama. Aun así, había una cosa que el tipo de cuernos y malos humos había pasado por algo. La recompensa del moreno era seis millones más alta que la suya. Aunque una parte de mí quería corregir al oni en su error, decidí hacer caso a mi parte más inteligente y limitarme a quedarme en silencio y ver cómo este parecía una tetera hirviendo - Tampoco soy yo aquí tan tonto como para ir pidiendo boletos para el machetazo que se sortea, la verdad - pensé, negando con la cabeza - Sin problema. La verdad es que yo tampoco es que tenga ganas de matarle. Quiero decir, nos sale más a cuenta hacer como con su amigo pelirrojo. De hecho, si le capturamos podemos pedirle a su amigo el cíclope que nos pague. Pero bueno, ya pasado el descuento de inauguración puedes pedir más dinero - expliqué lo cual a todas luces parecía un buen modelo de negocio - Porque viendo como terminó el cuartel de la marina de la última isla, seguramente sería bastante complicado eso de llevar a ese señor para que nos dieran una recompensa por él - asentí mientras el tipo de la mala hostia seguía hablando.

Por alguna razón que no llegaba a comprender, el resto de los que se encontraban en la cubierta, en vez de tomar la decisión lógica de coger y convencer entre todos al señor que vivía a base de impulsos para así irnos pitando de aquel sitio antes de que unos uniformados trataran de purgarnos junto a más personas que no simpatizaban en demasía con la legalidad vigente, fueran cuales fueran las razones, prefirieron hablar sobre lo poco que les gustaban los marines. A mí tampoco me gustan los marines. No es que tenga algo personal contra todos ellos. Bueno, la verdad es que sí, después de lo de mis niños, tengo algo personal contra ellos, ojalá se pudran todos. Pero eso no era lo que quería decir. La cuestión es que, si bien los marines no me gustan un pelo, hay algo que me gusta todavía menos, y eso es que me maten. O por lo menos que lo intenten. Por si aquello fuera poco, el tipo alto y enfadado parecía haberse tomado en lo personal el hecho de la purgación. No voy a ser yo el que diga que no me lo esperaba, ni mucho menos, pues con Ashura ese es el pan de cada día a decir verdad. Bueno, menos algún día suelto en el que parece incluso que está contento (supongo que porque ese día habrá estado manoseándose con su machete ponzoñoso o algo por el estilo, a juzgar por los extraños ruidos que se escuchan a veces desde su camarote. Aunque también podría ser que esté delirando o intentando matar a cocoman, como esta mañana). El tema era que para sorpresa de absolutamente nadie Ashura había decidido ir a liarla a la casa de subastas, y no solo eso si no que le había dicho a Rapax que llamara la atención como quisiera - Lo que nos faltaba. Que encima le diga al amigo que se ponga a montar una fiesta - pensé, suspirando. Si había alguien a quien le gustaba llamar la atención y parecía no conocer aquello que se llamaba discreción ese era el señor que hablaba con un comida de lujo, pero el otro feo del grupo parecía que tampoco llevaba demasiado bien eso de hacer las cosas con cabeza y precaución, como bien dejó ver al enseñarle sus poderes a la rana ninja (la cual perdió el brazo, pobrecita, aunque me de un sarpullido si le toco) y al tipo de la máscara y las alas (no, a Artur no, al otro al que no conocíamos de nada en aquel momento ¿Cuáles son las probabilidades de encontrar a dos señores con alas y que lleven máscara? Posiblemente más que las de tener una mano perfecta sin tener que hacer mulligan, pero aun así seguía siendo raro. Aunque en su defensa, había que destacar que eran bastante distintos el uno del otro, pues uno de ellos tendía a desnudarse en los momentos más aleatorios, por decir algo). Por suerte para nosotros (o por lo menos para mí, que trataba de pasar desapercibido de cierta forma), el tipo de pelo blanco y cara poco agradable parecía con menos ganas de lo normal de ser el centro de atención - Supongo que será cosa del frío. A mí también me da ganas de quedarme dentro con una mantita y chocolate echando unas partidas - pensé, relajándome. Craso error eso de relajarme, pues cuando pensaba que alguien había entrado en razón e iba a decirle que lo mejor era aprovechar aquella movilización tan masiva de tropas para ir a liarla a otra parte, fue y le dijo que quería echar abajo la casa de subastas. No pude evitar llevarme la mano derecha a la cara, mientras me sentaba en el hombro del que seguramente fuera el tipo más feo del lugar, con permiso del feo de Rapax, sin dejar de rascarme la cicatriz de mi mano izquierda - Madre de dios ¿Y no le valía con un pastel y un aplauso grupal como regalo de cumpleaños? ¿Qué pasa, que quiere fundar Demoliciones Rapax el Feo y no sabe cómo pedirle financiación a Ashura? - me pregunté, algo confuso. Habían pasado ya unos instantes desde que había dejado de pensar con la claridad con la que acostumbraba - Pues a mí que no me pida dinero, que estoy pelado, a decir verdad - murmuré. Dijo después algo de que teníamos que ir con precaución y que cualquier imprudencia podía costarnos la vida - Podría haber dicho solo eso, y omitir el tema de demoler un edificio que a todas luces parecía que iba a estar hasta arriba de gente - Me quedé un rato pensando, mientras veía al hombre bajar del barco - Casa de subastas, casa de subastas... juraría que he visto algo de eso en uno de mis paseos... - tenía que recordar rápido, pues lo último que nos faltaba era que encima nos perdiéramos de camino a la casa - Es verdad. Alguien me dijo que podía encontrar acero en la casa de subastas del manglar cincuenta, mientras buscaba las cosas para esta pequeñina - saqué mi brillante arma, sonriendo al ver el brillo del sol en sus dos hojas, antes de guardarla - ¿Cincuenta, has oído? - pregunté al tipo en el que me encontraba sentado. No tenía para nada ganas de ir a aquel lugar, pero entre quedarme yo solo en el barco a la espera de que estos decidieran volver después de su paseo o ir con ellos, prefería la opción que implicaba que hubiera seis personas que medían entre cinco y quince veces lo que yo y los cuales parecía que no sabían hacer otra cosa que llamar la atención, cosa que me ayudaría a pasar desapercibido, seguramente. Ahora tenía que limitarme a pasar desapercibido, no morirme, y aprovechar el caos y la confusión para ver si podía sacar algo de pasta o en su defecto encontrar alguna cartita brillante que nadie fuera a echar de menos. Si había algo que solía haber en las subastas eran cartas caras, y sacar alguna que otra sin tener que pagar un berrie sonaba de lo más tentador




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#60
La puntualización de Kisuke sobre el asunto dio que pensar al panda. En efecto, el vicealmirante Joestar venía en calidad de escolta. No veía error en el razonamiento de su compañero erudito, y por lo tanto podrían asumir como más que probable esa hipótesis. —Una situación peliaguda, si me preguntan... —Anexó el panda pensativo. Kisuke había tenido contacto con Kihira, la gran líder revolucionaria. Sin duda su amigo espadachín era un hombre afortunado. No sólo hablar, sino también ser entrenado por un alto cargo del ejército era un privilegio al alcance de muy pocos. Don Bambú se preguntaba si él también podría recibir algún entrenamiento como aquel algún día. Por lo pronto únicamente había experimentado la tutela de ancianos pero exigentes maestros de dojo. —Manglar 16 pues. —Le dio una palmadita en una sección del brazo a su porcino camarada. —En marcha soldado, vamos a ver si podemos encontrar a los nuestros. —Ordenó Don Bambú con una sonrisa surcándole el rostro. Guardó el periódico y encaminó la marcha hacia el manglar 16 con la esperanza de contactar con el Ejército a lo largo del camino gracias a su den den.

A lo largo del trayecto fue imposible establecer comunicación alguna con el ejército. Don Bambú sostenía en su mano el den den mushi blanco que le había comprado Zorak. El caracolófono estaba activado, buscando la señal de la revolución, pero no había respuesta alguna a ninguna cosa que el panda pudiera decir. —¿Hola? ¿Me recibe alguien? Mooooshi Moooshi. —El sonido de su propia voz era la única respuesta. —Nuestro Líder supremo me perdone, pero habría que invertir un poco más en telecomunicaciones. ¡Aquí no está nadie atento a los caracoles! —Con un chasquido de lengua, Don Bambú dejó descansar a su den den mushi blanco y volvió a abrir el periódico mientras hacían el camino. —No creo que estén allí ya. Están sucediendo demasiadas cosas como para que se queden en una sola posición. —El panda se detuvo de repente. La primera vez que había leído el periódico se había quedado enfrascado en Yojimbo, Triana y después Kovashi, pero entre ellos había una noticia interesante sobre Sabaody. —Se va a celebrar una subasta de esclavos, camaradas. —Comentó al aire, echando un vistazo a los lados para asegurarse de que no les estaban mirando. —Escuchadme atentamente. Si seguimos deambulando por los manglares sin un rumbo seguro vamos a acabar en medio de la purga de la que hablan en la segunda página del periódico. No le haría ascos a una batalla con los marines, pero no me parece la forma más eficiente de abordar esta situación teniendo en cuenta que estamos solos ahora mismo. —Cerró el periódico y lo volvió a guardar. —En cambio se va a celebrar esta subasta para escoria de la alta sociedad donde se va a traficar con personas. —Se cruzó de brazos. Según hablaba del tema iba sintiendo cómo la sangre le subía a la cabeza. —Quizás sea el momento de aprovechar la situación caótica en la que nos encontramos. Infiltrémonos allí, camaradas, y reventemos el lugar. Quizás podamos hacer pasar a nuestro gigantesco amigo por un esclavo en caso de necesidad... ¡Antes de que los aplastes de un manotazo, no te preocupes honhonhon! —Don Bambú apoyó su mano derecha sobre la rodilla izquierda del gigante y su izquierda (envuelta en haki armadura) sobre el hombro del espadachín. —Si el Ejército hace honor a su nombre, estará listo para actuar sobre ese evento con toda su furia. No podemos ser menos. ¿Qué me decís? —

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6272 + 0 = 6272
Energia: 3880 + 0 = 3880
Espiritu: 1449 - 8 = 1441


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