[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (II)
#61
Kisuke iba caminando al lado de Panda, intentando con su propio den den mushi blanco contactar con el Ejército Revolucionario, pero con el mismo resultado que su peludo amigo. Aquello empezaba a tocarle las narices a Kisuke, habían estado meses varados en una isla intentando contactar a sus camaradas sin obtener respuesta, hasta que habían sido ayudados por el hippie aquel, y ahora que las cosas se estaban poniendo complicadas en aquel punto tan importante a escala global, tampoco daban señales de vida; ser revolucionario en ocasiones era muy frustrante.

-Sin duda es algo que tiene que mejorar el Ejército. La organización y el sistema de mandos está bastante descuidado. Tiene sus ventajas, obviamente, pero también inconvenientes como estos.

Se paró al ver que Panda había detenido su marcha y empezaba a hablar de la noticia que había revuelto el estómago de Kisuke un rato antes, la subasta de esclavos. Aquella subasta estaba organizada, según el periódico de Intha, por una reputada familia noble del Gobierno Mundial, lo que implicaba que habría férreas medidas de seguridad.

"¿Por qué tengo la sensación de que vamos a meternos en la boca del lobo?"

Lo que si tenía claro era que al no responder nadie a sus llamadas, era prácticamente seguro que no iban a encontrar a Kihira en el manglar 16 por lo que ir hasta allí carecía de sentido, era mejor tratar de hacer algo productivo en vez de andar deambulando sin tener un objetivo claro, yendo a aquel lugar, al menos, podrían enterarse de algo interesante y quizá, si la suerte les sonreía, lo cual no era nada habitual desde que había entrado a formar parte del Ejército Revolucionario, podrían boicotear la subasta y liberar a gente que iban a convertirse en los juguetes y esclavos de los putos nobles mundiales. Una de las cosas que más detestaba Kisuke del sistema actual era la facilidad en mercadear y traficar con las vidas de otras personas. En especial le dolía el asunto de las mujeres, porque si algo había hecho hincapié la difunta madre de Kisuke era en que su hijo respetase y tratase bien a las mujeres, y sabía muy bien lo que pasaba cuando algún rico hijo de puta "compraba" mujeres; las convertían en esclavas sexuales, y eso era algo que repugnaba hasta el extremo al antiguo pescador.

-Comprendo, no obstante, somos pocos efectivos, y el Panceta no está instruido debidamente aún, así que somos tu y yo. Ese sitio debe estar infestado de agentes del gobierno y marines, por lo que, iremos pero a observar la situación, si se presenta la ocasión de liberar a alguien lo haremos, por supuesto.

Reflexionó unos momentos mirando al gran marrano, mientras sacaba un cigarro más; estaba muy nervioso y la situación estaba desbocándose hacia un punto que le daba mala espina al capitán revolucionario. Siempre podían aprovechar que Comilón no era alguien buscado, y ellos actuar pasando un poco más desapercibidos, puesto que era probable que todas las miradas se centrasen en el cochino gigante.

-Bueno, pues, decidido. Aunque no sabemos donde se celebra la puta subasta así que tendremos que preguntar.

Quizá la mejor opción es que fuese él mismo el que preguntara por la "Gran Subasta" puesto que, visto el racismo que se palpaba en aquel lugar despreciable, no sería raro que tanto Panda como Comi, se pusiesen en peligro al preguntar por ese lugar. Iba a actuar como líder de escuadrón aunque ni mucho menos se sentía como tal. Exhaló una voluta de humo tras dar una calada más a su cigarro, mientras con la mano izquierda se apoyaba en el pomo de la empuñadura de sus katanas.

-Bien, pediré indicaciones a alguien para localizar el sitio, Panda, mantén activo el kenbunshoku en un radio de 100 metros, necesitamos tratar de evitar emboscadas. Comi, tú irás por detrás de nosotros a una distancia prudencial, como si no estuviésemos juntos. Cuando lleguemos, antes de hacer ningún movimiento, observaremos la situación y luego ya veremos si podemos intervenir de algún modo o no, ¿queda claro?

No las tenía todas consigo, pero tampoco podía hacer otra cosa. Por lo que se puso en marcha buscando la maldita Casa de Subastas.

resumen de turno

karma

akuma no mi

inventario
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#62
La decisión había sido tomada, no había lugar a dudas, el que quisiera se podría quedar en el barco, cuidando su pellejo mientras yo me encargaba de llevar a la tripulación al eslabón más alto de la cadena de la piratería, dando así, el primer paso para dominar el mundo. Iríamos a esa puta subasta y montaríamos el jaleo padre hasta que los marines llegaran en tromba. Por mis putos muertos humeantes y endemoniados que iba a ser así me cago en dios. 

Aún así, todavía, con toda esa decisión en el pecho y con toda esa ira primigenia y básica que me impulsaba a seguir avanzando, a seguir masacrando... No tenía suficiente, necesitaba que fuera ya. Atacar ya. Que la puta subasta estuviera ya a mi alcance. Y no os engañéis, por que yo no engaño, quizá pueda ser traicionero, vil, apático, abusón, hostil y puede que un poco mezquino, pero nunca sería un jodido mentiroso. Así que sinceramente, aquellos esclavos, aquellas personas que iban a ser subastadas me la sudaban. Por mi como si los vendían y les destinaban a pasarse toda una vida a ser violados por un toro que a su vez era violado por un buitre, me daban completamente igual. De echo, me asqueaban, si habían sido esclavizados, era porque eran débiles. Cosa que a mi no me pasaría, creo. Bueno y en caso de que me pasara lo tendría bien merecido, pero ahora, como me soltara de las putas cadenas, sería yo quien esclavizaría a mi esclavizador y quien le obligaría a ser violado por un toro que a su vez era violado por un buitre, he dicho.  

Rapax aceptó mi propuesta. 

- Solo hay que saber donde apuntar los cuchillos churrita - 

Levantó el puño hacia mi. Por un momento pensé que quería pelear, pero yo nunca pelearía en el barco a no ser que fuera extrema necesidad. Quería a aquel trozo de madera más que al 100% de las personas. Era una señal, quería que se lo chocara. Sonreí. y lo hice con una sonrisa siniestra dejando que mi largo cabello sombreara mi ojos. Levanté el puño a la distancia y le ordené al humo que lo conformaba para que lo lanzara con un leve estallido, mi puño se convirtió en humo y avanzó hacia el puño de Rapax, haciendo que mi muñeca se deshiciera en hileras de humo que se perdían hacia el cielo. Cuando mi puño de humo llego hasta el suyo impactó en él para acto seguido estallar en una pequeña explosión, que poco a poco fue formando una palabra de un metro de largo y 80 centímetros de alto.

MUERTE. 

La palabra levitó frente a todos los presentes durante unos segundos y luego reclamé el humo que la formaba, uniéndose en mi mano por hilos que conectaban la palabra a mi muñeca y poco a poco la iban absorbiendo para devolverme la esencia que había enviado en ella y devolviéndome mi mano izquierda.  

El pequeño navegante, el cual seguía en mi hombro y he de decir que no me incomodaba en absoluto, de echo, me daba seguridad, pues podría empezar el combate desde la amplia distancia que cubría con su armas a fuego, me doy el número del manglar al que deberíamos ir. Manglar 50.

- Entendido - Le asentí - Si veis a la hija de zorro... - Le dije al grupo seriamente antes de emprender el camino - Ni se os ocurra liberarla - Dije de la manera más rencorosa y despectiva que pude, pues gran parte de la culpa de que siguiéramos en esa isla era de culpa del puto zorro explosivo - Es la única que me niego a que liberéis. Los demás como si queréis matarlos a todos y liberarlos de este vida de mierda, pero si veis a la hija del zorro, no la liberéis. Llamad a Gaeru y que decida si matarla o no. Pero. No. La. Liberéis - Repetí pausadamente para que quedara claro - Es una orden. Y desobedecerla conllevará el riesgo de enfrentarme con todas sus consecuencias - Sentencié dándoles a entender que la rebeldía de ignorarla les supondría un problema directo conmigo y con mi espada - CABRONES - Dije con fuerza - Recordad lo que es navegar bajo esta bandera, lo que significa formar parte de este grupo - Di unos pasos mientras avanzaba para acercarme a la escalera del barco - Somos los enemigos del mundo y ahí fuera todos nos quieren muertos. Somos perdedores, parias, la lacra que las altas esferas quiere purgar... Una enfermedad. Por eso ganaremos, conquistaremos el planeta entero, unificaremos todo bajo mi bandera y solo vosotros podréis decidir como gobernar las tierras que os ceda - Era la única manera de que el mundo tuviera esperanza, asumiendo mi mando y cambiando levemente la mano dura y férrea con la que lo gobernaría - Y ahora... - Hundí un poco a Korg en mi hombro, después lo apresé entre mi piel para que no se cayera. Salté hacía el puerto del astillero. Las tablas rechinaron bajo mi peso, casi no fui capaz de saltar todas las escaleras por mis putas rodillas, era un leve inconveniente que tenía desde crio, me había costado saltar más de lo normal desde que era un infante. Liberé a Korg de la presa que le había echo con mi carne y volví a darle toda la libertad de la que disponía segundos antes - Es hora de que sus sueños se conviertan en pesadillas - Finalicé. 

Después guíe a los piratas Mushoku hacia el manglar 50, seguido por 6 cabrones sedientos de sangre y listos para dar un golpe al mundo. Iba a subir mi recompensa hasta que nadie en este mundo pudiera igualarla, me iba a convertir, junto con ellos, en el ser más peligroso que había camino por esta tierra y después... La conquistaría en su totalidad. 

- Por cierto - Dije mientras caminábamos al manglar 50, lugar en el que se emplazaba la subasta, nuestra misión y que en un futuro no muy lejano se convertiría en un campo de batalla - Al que más marines mate, le daré un obsequio. Podrá elegir una de las salas vacías del barco y convertirla en lo que quiera -

- Así me gusta churrita, hay que incentivar la moral de los activos - 


Aclaraciones


Quest secundaria para los Mushoku


bélico


inventario
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#63
Nuestra marcha comenzó, nos dirigíamos al manglar 16 a buscar a la Gran Líder Kihira, tanto Kisuke como Panda estaban hablando con sus caracoles blancos mientras andaban, intentando obtener alguna respuesta de parte de nuestros aliados y camaradas que Kisuke sabía que estaban en este extraño conglomerado de árboles isla, pero, aunque los caracoles parecían despiertos y listo para atender nuestro llamamiento no había respuesta de su parte en lo absoluto, a cada intento de mis compañeros por establecer contacto un profundo silencio le seguía, solo interrumpido por la intervención del otro, hasta que llegado cierto momento ambos se rindieron en su afán de encontrar a los aliados, — ¿No había una noticia sobre que un reino se había unido al Ejército Revolucionario y se había separado del Gobierno Mundial? — cuestioné en voz alta. aunque en realidad fue más un pensamiento que no pude retener en mi cabeza y acabó saliendo por mi boca, — Tal vez cuando Kisuke se encontró a la Gran Líder ella estaba por marcharse, ¿No? — de nuevo lancé la pregunta al aire mientras Panda sacaba de nuevo el periódico, supuse que iba a comprobarlo.

Tanto Kisuke como Bambú se notaba que habían decidido no seguir con la búsqueda, estaba resultando del todo infructuosa y estaba haciendo que perdieran el tiempo, más que aprovecharlo, con el noticiero en las manos Panda habló de una subasta de esclavo, esto me hizo fruncir el ceño al momento, si bien nunca había sufrido la esclavitud en mis carnes ni conocía a nadie que le hubiera hecho si que en mi aldea se hablaba de eso como uno de los principales motivos para tener una sociedad tan hermética como la teníamos, temían que si los humanos, principalmente, descubrían que había una tribu de minks en la isla vendrían para secuestrarlos a todos y usarlos como esclavos, mi pelaje se erizó al recordar que su final fue peor que ese, y fue por mi culpa. — Vamos a reventar esa subasta. — me dije, esta vez sí, a mí mismo. Panda dijo algo interesante, y es que si nos quedábamos yendo de un lado a otro sin un destino fijo es probable que acabáramos siendo víctimas de la gran purga marine, y eso no sonaba nada bien, mi nariz roncó como si intentase decirme que no quería morir, y yo tampoco quería; pero la cosa cambió cuando a Bambú se le ocurrió usarme como gancho en su plan de infiltración, si me usaban como “entrada” para la subasta yo iría con los esclavos y ellos se podrían mezclar con la multitud, si no había guardias con los demás esclavos podría liberarlos con mi fuerza, destrozando las celdas que los contenían o los grilletes que los apresaban, y para el momento en el que fueran a sospechar de mis revolucionarios camaradas el caos ya estaría dominando la subasta, me pareció un buen plan, pero cuando iba a comentarlo con mis compañeros Kisuke habló.

El plan de Kisuke consistía en llegar a la subasta, una vez allí les podría explicar mi plan para ver qué pensaban, pero de momento ceñirnos a sus ordenes era lo único que podíamos hacer. Panda mantendría su kenbunshoku para evitar ataques por sorpresa, mientras él preguntaría a la gente dónde era exactamente la subasta. Para cuando nos pusiéramos en marcha me mantendría alejado de ellos para no parecer que estamos aliados o vinculados de ninguna manera, si la gente se fijaba en mí y solo en mí nadie prestaría atención a dos hombretones con capuchas, y una vez estemos cerca de la subasta nos reagruparemos, será el momento de observar, debatir, y actuar si es necesario y confían en mi plan.

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#64
El plan era claro, por alguna razón la ira del capitán me gustaba, se notaba su resentimiento, y en sus ojos se podía ver ira, intensidad y fuego. No sabía que le había tenido que ocurrir para que su carácter fuera aquel. La figura de aquel oni me fascinaba por alguna razón, infundía miedo y respeto a partes iguales, y si el decía de sembrar en kaos en aquella isla, ¿Quién era yo para negarme a dichas órdenes?

El plan de salir de aquí había cambiado drásticamente, a una competición de caza de marines y pese a tener ganas de construir una cocina en el barco, mi objetivo principal era otro, según tenía entendido íbamos a una subasta llena debí solo esclavos, también objetos extraños eran vendidos en aquel lugar y debido a esto piratas de todo el mundo asistían a ella, si jugaba bien mis cartas, tal vez podía “tomar prestado” algunos objetos de valor, si aprovechaba todo el lío que íbamos a armar. A lo mejor con ellos podría pagar una prótesis para mi brazo izquierdo.

Y hablando de este… el capitán había ordenado que si nos encontrábamos con la hija de aquel zorro, yo iba a ser la persona que decidiera su destino. La idea no me disgustaba, después de todo yo fui el más afectado por las decisiones de su padre. ¿Acaso debía matarle? ¿Acaso esa chica debía pagar por los actos de su progenitor? ¿Lo de perder mi brazo había sido culpa suya? No podía evitar sentirme frustrado, no me consideraba un asesino, si había matado gente antes había sido para proteger a aquellos que quería, me daba igual acabar con la vida de alguien si se interponía en mi camino o en el de alguien que me importe… Pero esa chica… ¿Debia pagar en precio? Yo no iba a recuperar el brazo si le mataba.

Maldita sea, realmente esperaba no tener que encontrármela y tener que tomar esa decisión, porque pese a no querer terminar con su vida ahora, quién sabe cómo podría reaccionar si la viera de cara.

Con todo esto en mente, me dispuse a salir del barco bajando por la pasarela hasta llegar al puerto, manglar 50… Ni de coña iba a poder llegar a allí solo, espere delante del barco a que Quetzalli bajara, después de todo era aquel con el que tenía más confianza y el ya conocía mi problemas de orientación. -Manita~gero. -Le dije nada más bajó extendiéndole la mano derecha, para que la tomara y no perderme de camino.

Pese a lo extrema que era la situación no tenía miedo, me sentía lleno de energía y de entusiasmo, íbamos a darle una paliza a todos esos marines, estaba seguro de ello, nada iba a privarnos de nuestra libertad, nada iba a acabar con nosotros, al parecer el resto del mundo nos veía como unos maniáticos. Pero por mi parte, unos maniáticos no me hubiesen atendido ni preocupado por mi estado después de la explosión.

Iba a ser el samurai más fuerte, se lo debía, a todas aquellas personas que me estaban ayudando. “Ashura, gracias, gracias por preocuparte por mí, gracias por querer que sea yo quien decida el destino de aquella mini, y gracias por aceptarme en la tripulación, sobretodo después de haber perdido el brazo izquierdo. Mi espada estará a tu disposición, si querías ver el mundo arder te ayudaría a ello.” Iba pensando mientras caminaba detrás de aquella imponente figura. Tal vez tentando al destino, ya que era incierto si le estaba siguiendo hacia nuestra victoria o tal vez a una muerte segura.

Apreté fuerte la mano de Tenoch, mientras no apartaba la mirada del demonio, muerte o gloria, si le seguía, no había más que una de esas dos opciones, pero no tenía miedo, no estaba asustado, había aceptado que fuese cual fuese mi destino, iba a ser junto a esta banda de maleantes, iba a ser junto a los Mushoku. -Vamos a esa subasta de una maldita vez… tengo que intentar conseguir una cocina para el barco~gero. Hagamos que arda todo este lugar. -Dije con determinación, más que para alguno de ellos, lo dije para mi mismo, así como una forma para darme ánimos.

Resumen

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Karmas involucrados
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#65
Joe, pese a ser un líder mitificado al extremo y galardonado por sus méritos propios, no parece ostentar un carisma fuerte e imponente. Al menos no por el momento. Tal vez anda cansado de tanto viaje o aún no se ha recuperado al 100% de su última contienda. Sea como fuere, yo quiero dar buena imagen, pese a que estoy muy en descontento con su actuación frente al grupo y, más aún, con el grupo en general. A quien le tenía que dejar las cosas claras, ya está bajo aviso. Toca socializar y ponerse manos a la obra.
Sin embargo y para mí total sorpresa, la situación da un giro total de 180 grados. Apolo, fulminante, en vez de tomarse la advertencia como algo real o simplemente tratarlo en privado, decide que conmigo es el momento de encararse. En público, frente a todos. El chico que ha aguantado humillaciones por parte de sus superiores de forma casi constante, ha decidido que no va a tolerar amenazas de cargos más bajos. Tiene lógica. Tiene lógica siempre que no tengas presente que has estado traicionando a la Marina o insultando al Gobierno Mundial.
Yo miro atento, fijo en cada palabra. Sin una mueca. Me trago el rapapolvo y el cinismo sin tener presente la reacción de nadie. Por un segundo, la visión de túnel se activa y me planteo la idea de cerrarle el pico de un soplamocos bien dado. Pero no. Esas no son mis formas. Él quiere jugar a las humillaciones públicas. Así que me toca hacer pública, la verdad. Cuando acaba, antes de dejar intervenir a nadie, cojo el turno de palabra:
-Je...- sonrío con sarna. Jamás me habría imaginado que mi pequeño aviso escalara a tanta velocidad. Que tendría Apolo el valor de encararse frente a todos. -... Que curioso, yare yare daze...- digo mientras me ajusto la gorra de frente, firme. No sería yo quien empezara un conflicto público de semejante magnitud. Pero tampoco me pienso quedar callado. -¿Amenazas y cargos de responsabilidad, Apolo?- cuestiono con dureza, alzando la voz y dando un paso al frente, desafiándolo con la mirada desde arriba. -No tengo pruebas de cómo has insultado al Gobierno Mundial de forma pública, mientras el resto de la División no te decían nada.- Entonces el tono se pone más crudo, generado por la frustración de haberme callado tanto tiempo. -Pero si tengo pruebas físicas y visuales de cómo todos vosotros...- doy un paso más al frente y señalo con descaro al rubio- ... habéis estado de juerga y festejos junto a piratas. ¡¡¡JUNTO A PIRATAS!!!- sentencio. Doy unos pasos atrás y, sin perder de vista a Apolo, señalo a Joe, que a saber cómo debe de estar frente a semejante bochorno que estamos causando. Entonces prosigo, volviendo a un tono más calmado pero tenso y seco. -Y no uno cualquiera... Sino que tengo imágenes vuestras riendo junto a GARNET MATLOCK en ausencia de Joe, el asesino de uno de los Zodiacool...- entonces alzo la voz al máximo y río cínico. -Que contrastes... Mientras el líder acaba con el cabecilla, los demás festejan con los subordinados, Jajaja...-
Ya está todo el pescado vendido. Este día se recordará como el de mayor gloria para la Marina o como la que generó un conflicto interno inmenso. Pero yo estoy tranquilo. No hay ni un ápice de nerviosismo o mentira en mis palabras. Todos lo pueden ver. Todos lo pueden sentir. Poso destensado, obstinado y, aunque con la guardia baja, con los puños cerrados. Entonces un aura chiporroteante empieza a bailar por mi cuerpo. No suelo hacer visible mi Hamon, pero en esta ocasión voy con todo.
-¡Tus rangos no tienen valor aquí! Y mi lealtad al Gobierno Mundial pasará por encima de cualquiera que se atreva a menospreciar su honor.-
No hay marchas gloriosas de soldados desfilando. No aún. No tiraré la primera piedra, pero no pasaré por alto ninguna ofensa a nuestras instalaciones. Estoy dispuesto a morir por ellas. A servir. A escalar. A gobernar por ellas. Y el primer paso es hacerlas respetar. Pase lo que pase ahora, lucharé orgulloso defendiendo mis ideales y la verdad.


Aclaraciones
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6298 + 0 = 6298
Energia: 3611 - 230 = 3381
Espiritu: 1284 + 0 = 1284
#66
El jefe luego de ver uno de los carteles de Wanted que el bueno de Ñorgo le habia pasado se puso como loco, dijo que iba a matar al mal nacido que aparecía alli, que le iba arrancar la cabeza y los huesos y luego se iba a quedar con sus espadas, luego nos mostró el Wanted a nosotros, alcance a leer que se llamar Kusike, pero yo lo iba a llamar el mal nacido , porque sinceramente no me iba a acordar de su cara ni de su estúpido nombre, lo que si iba a hacer era hacerle caso a Mashuka de que ese tipo era su presa, asi que volvi a subir los dos pulgares en señal de aprobación y acercándome a Gaeru le dije. – Te pido por el amor de la Santa Muerte, que te acuerdes de la cara del mal nacido ese, porque a mí ya se me olvido y la verdad no tengo ganas de meterme entre el imbecil ese y el jefe, gracias.


El jefe siguió hablando diciendo que nos iban a purgar los perros sin cerebro de la marina pero que les iban a faltar manos para pelarle el machete ponzoñoso, yo lo mire de abajo arriba y entendi que en caso de que quisieran pelársela, tenían que ser dos manos enormes, porque el hijo de ogra es simplemente enorme.

En eso escucho al senpai decirle al capitan una especie de refran y termino esa frase diciendo que cambiemos el mundo tirando abajo la puta subasta de mierda y que de alli le buscáramos un pastel, sonreí debajo de mi mascara, este loco, pero me cae muy bien, lastima que sea tan feo, en ese momento el extendió la mano a nuestro capitan quien le devolvió el saludo y convirtió su mano en humo y escribio la palabra “MUERTE”, ademas de capitan era showman me encanta, pense.
 El senpai aprovecho el momento para decirnos que no confundiéramos su llamado a la cautela con cobardía, yo sabia que no era un cobarde y que sus intensiones para con nosotros era cuidarnos e hizo un enfasis en cuidarnos en la lucha y evitar imprudencias que nos costaran la vida, en ese instante miré el brazo faltante de Gaeru y supe a que se refería.

Luego quien tomo la palabra fue nuestro capitan, que nos dijo que en caso de que llegaremos a ver a la hija del zorro bomba el único que tenia derecho a decidir sobre ella era Gaeru y que no debíamos liberarla y que las demas personas que estuvieran en la subasta para ser vendidas, podíamos liberarlas o matarlas, yo no mato inocentes y menos pobres diablos que no tienen el poder para defenderse, asi que liberare a cuanto de esos bastardos pueda para enseñarle a los perros de la marina como se hace su maldito trabajo, inútiles de mierda.

El capitan volvio a llamar nuestra atención y nos explico lo que significaba navegar bajo su bandera y yo solo escuche verdades por parte de él, nos describió a la perfección y sentencio diciendo que era hora de convertir los sueños en pesadillas, Asentí enérgicamente con la cabeza y pude ver como Gaeru bajaba del barco tras el senpai y el capitan, yo hice lo propio y estando abajo me extendió su mano derecha, ya sabía yo que el pobre no tenía idea de cómo llegar al manglar 50 donde teníamos una cita con el destino, asi que sin problemas le di mi mano izquierda y empezamos a caminar.

Mientras lo hacíamos el capitan dijo que para el que matara más marines le dejaría escoger una sala vacia del barco y hacer con ella lo que quisiéramos, yo inspirado por esta misión y por las palabras del Senpai y el capitan les dije a los muchachos. – Bueno, les voy a contar algo para que el camino sea mas ameno, yo tenía conocimientos sobre navegación, pero ni de cerca estoy al nivel del Tontatta, asi que decidi volverme cantante. Hice una pausa y proseguí. Para hablar de la maldita banda de los Mushoku, que no solo nuestros actos y recompensan hablen por nosotros, sino tambien nuestras canciones, que el mundo sepa quienes somos antes de llegar, que se caguen encima cuando nos vean a alguno de nosotros, eso es lo que hare y pretendo contarle al mundo la historia de todos nosotros.

Carraspee y empece a cantar una de las letras que tenías anotadas en mi libreta, con el tono adecuado para que solo ellos me escucharan.
Salieron del Niebla de Guerra con intenciones muy malas.
Querían ir a la casa de Subastas y matar a todo el que de atravesará
Eran los mushoku …Piratas de alta fama
 Que comandados por Ashura al peligro de lanzabaaaannn
 
Era hora de ver el mundo arder y ser parte de esa llama me llenaba de motivación, ademas si ganaba la mision de matar a los marines, podría hacer un cuadrilátero para entrenar con los chicos.



Resumen


Belico


Datos Importantes
[Imagen: d4qfcoi.png]
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#67
Yo…- No dije más. El capitán había dado una orden. No podía desobedecer, aunque mi deseo más ferviente era seguir investigando cómo recuperar o anclarle un nuevo brazo a Gaeru. Pero, por otra parte, no podía negar que la tentación de ir a por la marina y hacer sufrir a esos bastardos hasta que rogaran clemencia y suplicaran su muerte me llamaba casi tanto como darles aquello que merecían. Sin darme cuenta, había avanzado unos pasos y me había situado entre dos de mis compañeros. Ashura le dio total libertad al peliblanco (y azul) para armar todo el escándalo que quisiese y mi compañero era experto en la materia. Suspiré y vi cómo Rapax le tendía el puño al demonio, que lo chocó convirtiéndolo en humo y formando un enorme letrero con la leyenda “MUERTE”. Esto podía salir muy mal o ser muy divertido, y yo no me lo quería perder.
El hombre de humo que nos lideraba con mano de… ¿humo? Nos dijo que en la casa de subastas, si nos encontrábamos con la zorra hija de pu- pobre mink zorro que se inmoló haciendo estragos en el barco y en el paciente más grave de mi carrera como doctor, no la liberásemos, si no que le diésemos la elección a la rana, supongo que para ofrecerle venganza por lo sucedido. Aunque en mi opinión, si no se hubiese preocupado por un extraño medio muerto, no le hubiera pasado nada. Aún así, creo que era su deber como capitán darle la opción al herido de hacer lo que quisiera con la hija del zorro.
El frío seguía entrando en mis pulmones que me provocaban una sensación de confort y activaba mis sentidos. Rapax fue el primero en saltar del barco, seguido del capitán, con Korg en el hombro como si fuese un pequeño cañón que lo protegía al mínimo movimiento. Vi a la rana a los ojos cuando el capitán dijo esas palabras y, quizá por mi buena vista o por intuición, presentí algo de duda en mi nuevo compañero. Me acerqué a su oído, o lo que creo que era su oído e intenté susurrarle - No te preocupes, rana. Cuando llegue el momento sabrás que debes matar a esa zorra. Es lo correcto, Bahaha. - El plan, como digo, era susurrarle, pero de mi boca salió la misma voz de siempre, tranquila, profunda y a un volumen adecuado para cualquier conversación que pudiera tener con una cerveza en la mano. De pronto me di cuenta de un detalle del cual no me había percatado hasta ese momento. Gaeru le daba la mano que aún conservaba a Quezalli Jr. Como si fuesen pareja. Quizá lo fueran. Homosexualidad, vale, pero ¿Inter-especie? Eso sí me echaba para atrás. Ellos sabrían. No iba a curar enfermedades de transmisión sexual. Por lo menos que usen protección. Bajé por la escalera detrás del Gyojin, el cual no pareció percatarse tras soltar a su novio. Al llegar abajo, a dos metros de donde terminaba la escalera que nos dejaba en tierra firma, lejos de la protección del barco, vi cómo extendía la mano derecha y pedía “manito-gero”. Me paré un paso detrás un instante mirando la mano extendida y avancé decidido intentando ignorar todas las escenas que mi cabeza no quería que se reprodujeran, apretando el paso y siguiendo a Rapax y a Asura de cerca. Al estar aproximadamente a un metro de ambos, relajé el paso y seguí a su ritmo, manteniendo esa distancia detrás del último de los dos. Mientras caminábamos hacia la casa de subastas, Ashura declaró que el que más marines matase, se llevaría una habitación extra en el barco de las que quedaban libres. La idea me hizo sonreír, pero yo no la necesitaba. Tenía todo lo que necesitaba en mi propio camarote. Por un momento me percaté de que no me había asegurado de llevarlo todo conmigo al bajar del barco y me registré rápidamente, tocando cada uno de los objetos importantes que llevaba conmigo mientras avanzábamos. Allí estaba todo.
 
Información del turno
[Imagen: 6BbPnnH.png]
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#68
Poco tiempo me faltó para al ver lo que estaba sucendiendo, James se acercó a Apolo y a Fuguwu de manera extraña, por lo que yo misma decidiría acercame para comprobar la situación, James siempre me había parecido una persona distante, la cual descenjaba bastante con la actitud de la division, los cuales, si es cierto que soliamos pelear a menudo, por lo menos lo haciamos en compañía, el. Normalmente no se encontraba nisiquiera en esas situaciones, como si se sintiera superior al resto, era algo... que no me gustaba, por lo que pensé que estaría bien que como su superior, me acercara a el a ver que le decía al resto.... Y por alguna razón, no me sorprendió para nada lo que escuché. Pero en el momento en el que dijo que habiamos estado de juerga con piratas y especificamente con Garnet. salté directamente a su hombro y le agarré de su oreja de león.

-Basta ya, Sargento james, ¿Que se supone que estas haciendo? - Alzo mi voz directamente en su oido, no dejandole tiempo para continuar, le jalaría lo mas que podía directamente sus orejas. aunque mi tamaño haga que tardara en ubicarme-. ¿De verdad crees que este es el momento para un espectáculo como este?

Mi corazón me late con fuerza, pero no puedo permitir que se monte esta bronca pública justo cuando acabamos de volver a reunirnos con Joe, en mitad de las operaciones del señor Gokuro. Todo lo que se supone que debemos ser una división unida, profesional se iba a esfuma si permitía que esto continúe.

-Dices que tienes pruebas, lo respeto, me parece ideal. Si. De hecho. -lo desafío, alzando la mirada para encontrarme con sus ojos-. Perfecto. Enséñalas a Joe, a Karl o a quien corresponda. Haz los malditos informes y procede como un marine responsable en lugar de montar un circo que no beneficia a nadie.

Puedo ver la rabia en su rostro, su tensión, y esa energía que lo rodea, el Hamon, como un aura que chisporrotea y lo delata todo: está listo para un choque frontal. Un vistazo rápido a mi alrededor me dice que Apolo, Karl y el resto andan entre la sorpresa y la indignación. Joe… no sé cómo está Joe; tal vez enfadado, tal vez preocupado. No es lo que él querría de nosotros, seguro.

-¿Crees que los rangos no valen nada? - repito, con una mueca de incredulidad-. Y a la vez te atreves a acusar a tus propios compañeros sin buscar la vía adecuada. ¿Vas a ponerte a pelear y derramar sangre en este mismo instante, a ver si el Gobierno Mundial “se siente honrado”?

No puedo evitar un deje de ironía en mi tono, porque su actitud me quema por dentro. Me crujo los nudillos, consciente de que, aunque sea una tonttata, no pienso retroceder ni un paso.

-Todos hemos metido la pata a veces. Yo la he liado con mis disparos, Karl se ha puesto histérica, Apolo ha cantado hasta desgañitarse con medio archipiélago… y tú has ido por ahí, James, actuando a veces como si quisieras mandar más que Joe y pasando por encima de cualquier orden. No vengas ahora con tus discursos cuando el único lugar para presentarlos es el despacho de un superior, no en mitad de un patio con todo el cuartel observándonos.

Digo esto último con los dientes apretados, y mi voz, aunque aguda, retumba con la mayor autoridad que puedo reunir. Sí, he cometido errores. Pero he aprendido. Y no me voy a callar cuando alguien intenta reventar la poca estabilidad que nos queda.

-Lo que has dicho es grave. Si tienes razones, adelante, plantéalas. Pero no ensucies el nombre de la División 21 o, perdón, División 17 con un espectáculo de bravatas.

Doy un paso más en su hombro, quedándome a escasos centímetros de su oreja (donde ya estaba agarrandome). Lo miro con desafío:

-Si de verdad quieres cumplir con tu deber, te aconsejo que dejes las rabietas y lleves tus acusaciones a quien deba juzgarlas. ¿Crees que Joe te va a ignorar? ¿Crees que Karl, a quien tanto fastidiaste con tus órdenes, no va a tomar cartas en el asunto? -me encojo de hombros, sin intención de endulzar mis palabras-. El almirante está a pocos metros; ve y hazlo oficial. De hecho

Dejo que mi respiración se serene, pero mantengo la postura. De reojo, noto cómo algunos marines observan la escena, con la tensión al límite. Sé que un paso en falso puede hacer que esto explote y no pienso permitirlo.

resoplo, soltando el aire que retenía-, decide tú, James: o echas un pulso contra quienes deberíamos ser tu familia en la Marina, o lo gestionas con la seriedad de un soldado. Nosotros no somos perfectos, pero tampoco somos tontos, ni cobardes, ni traidores. Y no voy a dejar que nos pintes como tales.

No lo desafío a un combate, ni mucho menos. Pero sí le dejo en claro que, si quiere que lo tomen en serio, hay cauces para hacerlo, y si insiste en montar un follón aquí y ahora, me va a encontrar plantada enfrente. Pequeña, sí, pero dispuesta a frenar esta locura.

-Ahora, te recomiendo detener tu tecnica, o me veré obligada a pararte con una paralisis. De hecho. -finalizo con un movimiento breve de la mano, señalando el aura de su Hamon-. No te hagas el valiente con tu propia gente. Las batallas de verdad están esperándonos fuera, contra los piratas y criminales que amenazan la paz de Sabaody. Como sigas molestando a tus compañeros tendré que mandar un informe para recomendar un descenso de tu posición, seguro que te dolería mucho mas que cualquiero otro tipo de castigo, de hecho.

Lo miro un segundo más, firme, luego retrocedo levemente para no estorbarle mas en la oreja por si, efectivamente, queria hacerlo bien. Por mi parte, ya he dejado claro que no toleraré más su espectáculo, por lo que me dí la vuelta y dí un golpe a mi cabello de forma agresiva para marcar dominancia, saltando hacía donde estaría Joe.

Aclaraciones
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#69
Tobías se había acercado para ver el periódico con todos, lo único que parecía que su infusión no le estaba sentado del todo bien, Garnet debía empezar a vigilar lo que compraba porque tenía pinta que estaban en mal estado. Sasha dejó al vaquero llevar de mejor manera los retortijones o lo que fuera que tuviera. Aunque cuando hablaba parecía estar bien, no sabía si el hombre estaría bien para liarla parda en la subasta, pero tenían que ir a liarla parda sí o sí para que les dejaran tranquilos ¡Ni estando enfermos podían descansar! La vida pirata era muy dura a veces. La música de Garnet llamó su atención, al skypiean le había faltado tiempo por la emoción de la batalla para empezar a cantar mientras tocaba con su nueva guitarra. Con cada palabra que salía de la boca del pelirrojo, notaba como la animaban a ser dar comienzo a la batalla, una corriente que atravesaba todo su cuerpo y que la hacía más fuerte, ahora sí que tenía ganas de empezar a pegar kanabazos con el primer enemigo que se le cruzara por el camino. Había dos palabras que no paraba de decir Garnet en su canción y ante la emoción del momento no pudo evitar corear con él — ¡CON VALOR! — iba cantando también junto su hermano mayor cuando él lo decía hacia el final de la canción. Una vez finalizó no pudo evitar ponerle el dedo en la cabeza para despeinarlo de forma cómplice ante tal espectáculo — ¡Ha molado mucho Garnet! Con esa canción no vamos a dejar ni las paredes de la casa esa de mierda ji, ji, ji — sonrió por el concierto improvisado que había hecho y por fin lista para partir hacia su nuevo destino.
 
Asintió con una gran sonrisa ladeada cuando Garnet dijo que ya estaban listos, pero nada más habló a Kenzo no pudo evitar rodar los iris de sus ojos consiguiendo que se pusieran en blanco durante escasos segundos. Volvió a prestar atención cuando escuchó su nombre por parte del músico de los Alas Negras para decir que le daba la razón, eso ánimo mucho a la rubia para que el skypiean pasara página respecto a la marine, cuando el pelirrojo acabó se metió en la parte de los camarotes durante un momento. La joven miró hacia los astilleros de forma pensativa, ahora el problema era encontrar la ubicación de la casa de subastas, de un salto cayó en una plataforma de madera que había al lado del barco. Al poco tiempo Garnet cayó a su derecha preguntando por el destino, a Sasha no le dio tiempo a contestar pues este se encargó de ir a preguntar.
 
La semioni no pudo evitar darse en la frente con la mano derecha abierta, tenían que empezar a considerar llevar a Garnet atado con una correa. Por suerte, parecía que hoy en día las mujeres no estaban dispuestas a escuchar ciertos comentarios – como debía ser – pues el músico volvió con la marca roja de una bofetada en la mejilla consiguiendo que la rubia riera a pleno pulmón — Ji, ji, ji. Te lo has ganado por guarro — le dijo antes de escuchar que tenían que ir al manglar cincuenta y que se lo dejaba en sus manos — No te preocupes compitrueno, está chupado moverse por aquí — contestó con plena confianza antes de empezar a caminar en dirección a la casa de subastas — ¡El caos nos espera! — añadió emocionada mientras empezaba a guiar a la tripulación.
 
 

información
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#70
Parece que Sohem tenía más interés en el periódico que de costumbre, pues parecía molesto por no leer todas las noticias. Hasta donde recuerdo, y recuerdo bien, no hemos dado uso a prácticamente ninguna información importante que haya salido en estas páginas en el pasado. Por lo que no entiendo su repentino interés cuando además yo, que estaba versado en cómo el mundo funcionaba mejor que nadie en el barco, no daba ninguna importancia a ciertas noticias. Sohem alardeó sobre que podría hacer picadillo al capitán capturado de los Alas Negras, afirmación con la que estaba plenamente de acuerdo, pues ya lo derrotó una vez y desde entonces su control y dominio sobre sus habilidades de la Netsu Netsu habían crecido, además de su poder en el Haki del Conquistador. Desconocía si Yojimbo lo poseía, pero, aun de ser así, dudaba que fuera tan fuerte como el del enmascarado.

Cuando propuse desplazarnos a la base Marina en busca de algún posible trabajo o encargo, el enmascarado mostró su negativa con su lógica aplastante: “No, porque yo digo que no.” Estábamos acostumbrados. Pero esta vez acompañó la negativa con una explicación que poco satisfizo. En su cabeza, si nos presentábamos a prestar ayuda o buscar trabajo en un momento como este, estaríamos mostrando una sublevación ante ellos. Errónea deducción por su parte era pensar que yo ayudo sin que se me pague. — Tocaría a la puerta de la base, ofrecería mis tarifas y si me necesitan lo pagarán, si no, me volveré al barco  a leer. Pero si nadie sabe que estamos aquí, en este puto archipiélago, en este puto momento, nadie va a buscarnos para una puta mierda, aunque se estén muriendo frente a los piratas. — pensaba. Tras esto, el del kanabo remató la explicación diciendo que me valorara como el mejor espadachín hasta este punto. Mascullé una media sonrisa que distaba de ser por gracia o agradecimiento, mas era de ironía. Quizá fuera el mejor espadachín desde los Blues hasta aquí. Quizá nadie pudiera hacerme frente con una espada en la mano. Pero hasta donde recuerdo nadie, y digo absolutamente nadie, había acudido a nosotros para cazar una presa desde que Magna se formó. Habíamos vagado desde Toko en las manos que tejían los hilos del mundo de problema en problema y si habíamos entregado a alguien era por la mera casualidad de que nos los cruzamos en un bosque. Nadie me había valorado. Nadie me había buscado. Así que si quería que Magna sonara tan grande en reputación como en su significado, teníamos que cazar. Tenía que cazar.

El enmascarado refirió que Joe nos llamaría si estaba en problemas y que con toda probabilidad lo estaría. Fruncí el ceño. Tras esto dijo que haríamos una visita al banco para probar las habilidades de Shoto, que permanecía en silencio mientras Sohem me hablaba. El jefe del gremio se acercó al borde del Panzer Kaiser y tras espetar que todo iría bien si evitábamos la casa de subastas se marchó de cubierta. No entendía por qué. Yo mismo había pensado que era buena idea ir a ese lugar para buscar objetos, información o material de primera. — ¿Desde cuándo tienes tú miedo a algo? — pensé con el gesto serio mientras veía como el jefe desaparecía de escena saltando del barco. Resoplé lentamente con resignación. No estaba de acuerdo, pero acataría. Shoto había recogido el periódico, lo miré a los ojos y me levanté para crujir de lado a lado mi cuello con un sonoro crepitar. — Llévate el periódico. Nos vamos. — dije seco mirando hacia la zona por la que Sohem saltó. El muchacho no tenía culpa de mi mal humor y trataba de no mostrarlo, pero me era difícil. — A ver qué pretendes hacer en el banco. — pensaba mientras saltaba desde cubierta y me posaba en el suelo sin mucho impacto, comenzando a andar tras el jefe con rumbo hacia el banco.


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