[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Parad al Yonko
#11


Probablemente ninguno de los presentes fuera consciente del acontecimiento histórico que iban a vivir allí. Probablemente ninguno - ninguno de los mundanos claro - se imaginaba como iba a cambiar la historia el hecho de que un yonko conquistara el punto de paso al Nuevo Mundo, o que fuera repelido por la Marina.
La operación de purga de criminales por parte del brazo armado de la ley había sido un éxito casi en su totalidad. La gran mayoría de criminales menores, estafadores, rateros, violadores, prófugos y perseguidos por la justicia en general, engrosaban ahora los calabozos del cuartel, aunque los tres peces más gordos actualmente en el archipiélago se hubieran escapado de las garras de la justicia. Los alas negras, los toros negros y los Mushoku negociaban ahora sus condiciones de escape después de haber arrebatado la vida de dos jóvenes promesas de la Marina, y realmente sin saber cuan ajenos estaban de esto se disponían a abandonar el archipiélago. La división diecisiete, el gremio Magna y el Almirante Gukuro encaraban al mayor de los peligros habidos y por haber en estas aguas, y se habían convertido en la única línea que salvaba aquellos piratas que minutos atrás habían estado combatiendo.

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Odki Murray no era un cualquiera. Ya no por el evidente hecho de que era un emperador del mar, un Yonko, sino por el hecho de que era un combatiente excepcional y un guerrero con multitud de experiencias. Las leyendas hablaban de un gigante gordo y enorme capaz de tumbar fortalezas por sí solo. Un hombre con la habilidad de reducir el cuartel general de la Marina a polvo, o fragmentar una isla con sus propios poderes. Un poder que los rumores solo atribuían a la fruta del derrotado Rapax Gin, y que el, Odki, había conseguido simplemente con fuerza bruta y su sencilla habilidad de Akuma no mi.

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Iba acompañado de sus dos hombres de mayor confianza: Han Atakk, un mercenario del South Blue que pasó su vida vendiendo sus manos llenas de sangre al mejor postor, hasta que se topó con Barba Roja, en una batalla en la que solo él quedó en pie, y ofreciéndole más dinero y sangre de la que había conseguido en toda su vida multiplicada por diez, el emperador reclutó a su primera mano, hará ya veinte años. Un hombre definido como cambiante, mutable, y diferente cada vez. Un soldado perfecto adaptable y preparado para cualquier situación, que había encontrado la lealtad en Odki y había conseguido cerrar su saco de avaricia y excesos al tener un amo que le proveía de todo esto en abundancia.

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Y junto a él y siendo igual de peligroso y temido, estaba Gan Voltarot. Anteriormente el jefe de una caravana de trileros y mercaderes, proveniente de alguna isla del Grand Line, que perdió a toda su comitiva en el asalto de unos piratas. Se había hecho un nombre en el bajo mundo organizando y arreglando el juego ilegal hasta llegar a codearse con el dueño del distrito de las finanzas. Su influencia y habilidad obviamente llegaron a oídos del poderoso patriarca Murray, y el resto es historia. Forma parte de una de las bandas más peligrosas de la historia, y es uno de los hombres más famosos del Nuevo Mundo.

Realmente estos dos hombres eran más que suficiente para acabar con todos los que estaban en tierra, pero Odki no era ni de los que cometía errores ni de los que subestimaban a los enemigos. Odki era la clase de hombre que iba con todo desde el principio, como acabada de demostrar algunos segundos atrás.
La única posibilidad para los que aguardaban su llegada, era que nunca pusieran un pie en tierra firme





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#12
Frente a nosotros aquel barco no parecía aminorar su velocidad ni un poco, y aunque mis instrucciones estaban dadas no podía esperar a que todos empezasen a ponerse en movimiento para comenzar el mío — A todos los patriotas presentes, posición defensiva, formen una barrera tras de mi y cubran a todos los seres vivos presentes — espeté, asegurándome de que las órdenes eran claras para que no hirieran a los miembros de Magna que había venido a tratar de poner de su parte - no desinteresadamente, me figuraba - y ayudarnos en esta difícil contienda.
Respiré hondo y me preparé para comenzar con mi idea, pero un escalofrío sacudió mi columna: Odki Murray no venía sólo.
Definitivamente el Yonko venía con toda la intención de hacerse con el Archipiélago pues traía consigo, aunque camufladas por su propia abrumadora presencia, a las dos personas más peligrosas de su tripulación, sus comandantes, o como él los llamaba: Arsenal.

Han Atakk "El Cambiaformas", y Gan Voltarot "El Crupier". Los dos miembros de Arsenal y dos hombres con la capacidad de reducir todo esto a cenizas y polvo... En mis mejores condiciones serían dos oponentes complicados de enfrentar al mismo tiempo, pero podría manejarlo. Pero estando Odki, mi labor era encararlo a él... y dudaba que los presentes pudieran hacer algo contra aquellos dos monstruos. Mantendrían por el momento a los Patriotas en posición defensiva, y si el barco llegaba a cercarse a menos de cien metros, inmolaría a la mitad de ellos contra el casco tratando de ganar tiempo y hundir a la mayoría de ellos. Pero cien metros no son nada para el alcance de un Emperador. 
Era el momento de demostrar que la sangre de mi padre podía ser usada para el bien. Que hasta un hijo de la Revolución podía servir en la Marina y llegar a lo más alto, y proteger a los inocentes. Era mi momento de demostrar por qué era un Almirante y lo que estaba capacitado para hacer.


Lancé mis dos brazos hacia delante, con energía, brotando sangre de mi garganta, mis ojos, mi pecho, mi espalda y mi mano, con las palmas hacia el barco y los dedos encogidos como la zarpa de un tigre, y de mis manos y brazos se comenzó a preparar un vendaval circular que alcanzó los diez metros de ancho — ¡¡Zabaglione!! — rugí el nombre de mi técnica, motivado por una fuerza desconocida para mi, y de la vorágine circular frente a mi se emitió un poderoso torrente horizontal, paralelo al mar, como una columna derruida de viento que avanzaba con la fiereza más destructiva posible hacia "El Brazo", impactando de lleno en sus velas y frenando por completo su avance, lanzando por los aires a los más descuidados dentro del barco, desplazando el mobiliario y algunos utensilios y dejando claro que la Marina no iba a retroceder ante la amenaza de los criminales — ¡A mi espalda no se derramará sangre! — grité, enfocado en mi objetivo y en seguir emitiendo esa cantidad abrumadora de viento — ¡Lancen fuego a este torrente de viento! ¡Incendiemos las velas de su buque! — grité, mirando por encima del hombro a los presentes, esperando que alguno de ellos pudiera combinarse con mi habilidad para llevar a cabo mi plan, mientras el resto debía de seguir oculto tras la fila de los Patriotas.

Hoy no era el día en el que Sabaody caería.
Hoy era el día en el que pararíamos a un Yonko.





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#13
Viktor fue el primero en posicionarse a mi lado y en aguar la fiesta. ¡Yo quería demoler esas chatarras solo!. Pero visto lo visto, no iba a dejarme toda la diversión para mi. Mas aun para mi asombro parecía ignorarlos y mirar más allá, advirtiéndome de que ahí venía el premio gordo. Entorné una ceja y traté de mirar entre los cuerpos de los hojalatas de delante y pude ver un enorme navío acercándose, con una Jolly Roger claramente ondeando en su cofia, o al menos era un trapo negro con algún garabato, así que deduje que se trataba de una bandera pirata. Así que a mi modo de ver ahora teníamos dos cosas que hacer: Reventar estas chatarras y machacar a aquellos que venían a desembarcar. Seguro que entre Viktor y yo podíamos dar buena cuenta de ellos.

Antes de poder hacer nada, Joe Joestar llegó a escena. Parecía igual que siempre, pero con los pectorales aun más desarrollados. Apareció llamándonos por nuestros nombres y advirtiéndonos de que el barco que se acercaba era de un Yonko — ¡¡¿¿Un Emperador??!! — pregunté incrédulo relajando la postura pero sin apagar la candencia de mi puño al rojo vivo, alternando la mirada entre el Héroe y aquel buque, disociándome del resto de la conversación que empezaba a tener con Viktor. ¡Un maldito Emperador! ¡Eso sí que era un premio gordo! ¡Eso sí que era poder! ¡Eso...! ¡¡Eso no podría enfrentarlo ni en un millón de vidas!!.

La llegada de un hombre pez, una tormenta de arena que acabó en un rubiales guaperas, y un ave de llamas azules, todos refiriéndose a Joe. Chasqueé la lengua — ¡Oe oe! — dije con la voz temblando entre la emoción y la risa — Veo que sigues con tu grupo de Yokais ¿eh, Héroe? — pregunté jocosamente mientras el pájaro llameante se presentaba como Cangas, recibiendo sólo un movimiento con mi cabeza, asintiendo, volviendo a centrarme en el navío frente a nosotros viendo - otra vez - interrumpido mi análisis por otra voz cercana. Esta vez era Shoto, quien llegaba y se presentaba y soltaba la verborrea sabelotodo que los genios como él hacían frecuentemente. Pero yo tenía una habilidad especial para eso, y conectando mis dos canales auditivos entre sí toda la información que derrochó salió tal como entró, o a lo que a Viktor le gustaba llamar: "No te está escuchando".
Excepto cuando le volví a escuchar decir mi nombre advirtiendo a los presentes que guardasen distancias conmigo por mi habilidad — ¡¡Wryyy ha ha ha ha!! — reí guardando mi kanabo en mi espalda y comenzando a calentar la otra mano — Me temo que voy a darte trabajo, Vik — dije refiriéndome a mi compañero, mientras el puño se volvió tan incandescente como el otro que ya lo estaba.

En ese preciso instante, un joven de pelos grises y un uniforme lleno de sangre se presentó ante nosotros con un vendaval que agitó los cabellos de todos los presentes y las ropas de todos nosotros. Parecía fuerte. Y parecía que no estaba en su mejor momento. Se dirigió primero a Joe, luego a su pájaro, y luego a su pescado, dando órdenes y gestionándolos a todos ellos. Este debía de ser el Almirante que Viktor me había comentado que los periódicos ubicaban aquí... el hombre al que estaba escoltando Joe. Y a juzgar por las pintas que traía y por cómo de entero estaba Joe, había escoltado poco, la verdad.
Aquel tipo se presentó como Yogur de mi palo, un nombre la verdad bastante soez y ocurrente, añadiendo su sobrenombre, el Almirante Futuro, el búho gris. Agradecedió nuestra presencia de forma educada y se dirigió a Viktor en primer lugar, por su apellido, y después a mi por el acrónimo que usaba como nombre diciendo que ignoraba mi apellido — Burnedead — contesté sin miramientos. Era el apellido que había adoptado para acompañar a mi nuevo nombre, algo que creía que pegaba mucho conmigo mismo y mis habilidades. Sohem Burnedead.
Tras esto, saludó a Shoto también y nos explicó que el navío que se aproximaba era "El Rabo", el buque de guerra de un Yonko. Concretamente de Loki "Arapiles" Blueray, diciendo que si llegaba a desembarcar aquí acabaría por destruir o conquistar el archipiélado. Los nombres me querían sonar a que debía referirse a Barba Roja, el famoso Yonko, pero nunca había tenido claro cómo se llamaba o cómo se hacía llamar.
Finalmente, el Almirante nos ofreció que si le ayudábamos a pararlo, nosotros pondríamos el precio por nuestros servicios. Y un escalofrío recorrió mi espalda, sacudiéndome por completo y haciendo temblar visiblemente mi cuerpo. ¡Qué gustazo! — Almirante — dije mirándole — Ya contaba con mi curiosidad... — y choqué mis dos puños entre si — Ahora tiene mi atención — sentencié firmemente, girando mi rostro enmascarado para mirar hacia Joe, sonriendo de una forma exagerada aunque él no pudiera verlo. Eso si era un negociador. Esperaba que cuando llegase al cargo aprendiera un poco de aquel chiquillo.

Pero no hubo mucho que esperar, pues tras eso caminó hacia el frente de los hojalatas dándoles la orden de defendernos a todos y haciendo un único movimiento lanzó los brazos hacia delante para emitir un pulso de viento enorme en dirección al barco impactando contra las velas del mismo. ¡Tenía una Akuma no mi que producía viento! ¡Y trataba de pararlo en seco! Seguramente estuvieran esperando refuerzos y quería que los pillasen en pleno mar. Pero las palabras del Almirante terminaron de atraparme en aquella contienda que, sin duda alguna, si teníamos una posibilidad de ganar aunque fuera minúscula, era con él.
Pidió que arrojásemos fuego a su habilidad para quemar sus velas y la sonrisa volvió a mi rostro: Podría hacer buen equipo con él.


— ¡Vik! — grité llamando a mi lugarteniente — Aumenta las defensas de esta gente y protege al chico — dije, refiriéndome tanto a él como a Shoto, dando un paso al frente y empezando a caminar hacia el costado del Almirante — Voy a darle la bienvenida a ese hijo de puta — añadí y quedé al lado del poderoso Marine. El viento que producía era realmente poderoso e inconmensurable. Eso sería capaz de hacer naufragar a cualquier navío de los que había visto hasta ahora, y si te impactaba de lleno estaba seguro de que te sacaría de la isla con facilidad.
Entonces adoptando una posición de lanzador en un juego de baseball apoyando todo mi peso sobre la pierna derecha, alcé la izquierda y flanqueé mi cuerpo en esa dirección, moví la pierna elevada al suelo con fuerza mientras con la inercia lanzaba un movimiento seco con la diestra hacia el torrente de viento del Almirante, liberando una explosión de fuego, una metralla de pequeñas bolas del mismo que normalmente servían para cubrir un área y ayudarme contra enemigos molestos. Seguidamente con la fuerza del giro de mi cuerpo, roté trescientos sesenta grados y lancé el calor contenido en la otra mano de la misma forma.
— ¡¡FALL BALL!! —
Grité con todas mis fuerzas mientras el vendaval se teñía de fuego y este impactaba contra el barco del Emperador, adoptando una postura erguida junto al Marine, a su diestra, estando ligeramente flanqueado con la siniestra hacia atrás y con la mirada clavada en el incendio que acabábamos de perpetrar. Mis ojos brillaban como un niño con juguetes nuevos.





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Akuma no mi

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[Imagen: mz3XEoL.png]
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#D86700
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#14
Un yonko.
Eso anunció el nuevo vicealmirante Joe Joestar, recién llegado a escena justo después de Sohem y de mí. Esto lo cambiaba todo. Por un segundo, no estaba seguro de si sentía miedo, indiferencia o casi un reto por delante de nosotros. Sin embargo, Joe rompió el hielo bromeando sobre la gigantesca recompensa del pirata ante nosotros y eso fue lo suficiente para sacarme de mi trance combativo y que lo mirara con camaradería para acto seguido acercarme a él. — Amigo mío. — dije extendiendo mi mano con un gesto poderoso, esperando que mi antiguo amigo el Marine respondiera a mi saludo. — Espero que no acabe igual, al menos. — dije con cierto aire desenfadado — Y espero que no te cobres la cicatriz esta vez. — dije guiñándole un ojo -el bueno- para acto seguido hacer hueco a Sohem en la conversación. Acto seguido comenzaron a acudir todos los miembros de la renovada división de mi viejo amigo. El primero fue un Gyojin que, tras frenarse a una distancia prudencial, se cuadró y saludó con rectitud. Acto seguido, otro emergió de unas arenas que se fueron mezclando sobre un Patriota y se dirigió a su superior con suma familiaridad -o con ninguna profesionalidad- hablando entre otras cosas, sobre los fallos de las máquinas que ya conocíamos. La siguiente de la división 17 en llegar fue un fénix. Un usuario de la dichosa fruta mitológica del fénix. No pude reconocer al usuario hasta que, tras hablar con Joe, se dirigió a nosotros cuestionando si nos habíamos visto antes. Fue ahí, con su voz y nombre que recordé a la enorme semioni musculosa que conocí en la hoguera con Joe y Sephiroth. Era un usuario y de qué fruta. — Vamos, no me jodas... — pensé mientras asumía el poder de la división — Joe, que parece terriblemente fuerte y cambiado, un usuario de logia y otro de una fruta mitológica… son un grupo de monstruos. — pensaba mientras observaba a lo lejos que aparecía Shoto. El joven birkaniano, como siempre, apareció con sus buenos modales y una ristra de ideas y conjeturas que bien podrían ser de la mejor utilidad en la batalla. Mientras intentaba explicar el plan al grupo, disocié cerrando los ojos y ampliando mi Haki de observación a toda la potencia que pude. A fin de cuentas, en los Marines las órdenes las daría Joe, y mientras Sohem estuviera ahí yo solo era el doble de riesgo. Extendí mi visión a medio kilómetro para descubrir que una última figura se acercaba a nosotros. Una que sobrepasaba a todo el grupo en poder. Giré mi cuerpo hacia el punto donde lo sentí y acto seguido, un joven albino como yo, de una estatura similar, emergió de un vendaval. — Otro puto Logia… pero… es un puto almirante. — reaccioné al ver su vestimenta característica del rango propio de la Marina.

Tras dar una serie de órdenes a sus hombres, el joven almirante se dirigió a nosotros. Primero saludándome a mí y después al jefe, de quien tuvo el detalle de mencionar no conocer el apellido. Apellido que, siendo honestos con la verdad, ni yo conocía. Sohem se presentó como Burnedead y no necesitaba saber que si hasta ahora no lo había oído de su boca, seguramente fuera un embuste, mas no tenía manera de saberlo con certeza. — Entiende usted bien, almirante. Si es que nuestra fuerza es suficiente para “reforzar” la defensa contra un Yonko. — dije mientras me posicionaba de nuevo del lado de Sohem y Shoto, como un equipo que se alinea para realizar una jugada. El almirante anunció que el barco que se avecinaba era “El Bravo” el barco de Odki Murray, un Yonko, y tras ofrecer el precio que quisiéramos, no necesitaba mucho más que saber. Sabía que cumplirían y… quería volver a pelear junto a Joe. Fue entonces que el temible Yonko estuvo a la distancia necesaria para entrar en el radio de detección de mi Kenbunshoku. La sensación fue similar a cuando aquella mujer me miró en el mercado. Una presión en el pecho que parecía haber sido atravesado por un cuchillo sin afilar. La desazón en el corazón de un enemigo al que sabía que no podíamos vencer ni todos juntos dado su poder. Sin embargo, por alguna razón que no terminaba de comprender, incluso con el miedo apretándome el corazón y haciendo tensar mis carrillos, sonreí de forma bravucona y me giré hacia el mar. — Jefe. — dije llamando a la atención de Sohem mientras daba un par de pasos hacia el mar — Si voy a morir, lo haré cazando. Y si la presa es grande, será una muerte digna. — anuncié al enmascarado mientras apretaba la saya de Saba y sonreía como un lobo que visualiza a su presa. Quizá el tiempo con Sohem me había enloquecido y tras tanto a su lado había distorsionado la realidad, pero de alguna manera sentía que era la única opción lógica: pelear o morir. Cuando el Almirante, en un acto lógico de defensa, ordenó a los Patriotas posicionarse y defendernos para acto seguido usar una técnica de su fruta, entendí que la ofensiva comenzaba. 


El joven de pelo cano lanzó un poderoso torrente de aire hacia el mar que impactó contra el barco, frenándolo en seco mientras mantenía con sus manos al frente este torrente de vendabal huracanado. Ordenó que alguien lanzara fuego para aumentar la potencia del ataque, ya que suponía que si el fuego impactaba contra aquel vendaval, se amplificaría. Supose que pasaría lo mismo con el hielo si lo emitiera en esa dirección. — El fuego es más efectivo ahora… Es mejor desatar el infierno. — murmuré maldiciendo mi poder y viendo como Sohem me ordenaba escudar a todos ahora, especialmente a Shoto para, acto seguido, lanzar una doble versión de una de sus técnicas. La bola de fuego se fundió con el vendaval creando un vórtice de fuego que de verdad desató el infierno que auguré. — El infierno… — de alguna manera mi mente realizó una conexión extraña y mi proceso mental me llevó del infierno al rojo y del rojo al aparato que le afané a la joven Sasha. Un dial. Ya había visto a Sohem usarlo y, si podía almacenar técnicas como el fuego, podría ser una manera de aportar a esto. — ¿Es rojo, no? Tiene sentido... — dije mientras sacaba rápidamente el dial del bolsillo del abrigo y lo ubicaba hacia el torrente de aire del almirante para acto seguido pulsar el botón que lo activaba. El pulsador desató un poderoso impacto de viento que sonó como un disparo cargado de un cañón que casi me mueve del sitio si no llego a estar bien posicionado. Este pulso se incorporó al torrente de aire ígneo del almirante y viajó hasta El Bravo. — Juraría que el rojo era fuego. — pensaba con circunstancia mientras disimulaba con cara de póker. — No va a colar que lo hiciera un mago. —


Las órdens de Sohem resonaron en mí y supe que era el momento desatar todo mi poder e ingenio con mi fruta. Cuando el fuego que auguraba de mi jefe finalizara, congelaría hasta el océano si era necesario para que ese monstruo no tocara tierra, pero por ahora, aumenté mi tamaño, dejando que mi piel fuera tornada en blanca asumiendo el manto del lobo blanco que llenó mi cuerpo de pelo blanquecino y materializando mi aura helada a mi alrededor para, tras guardar el dial gastado en mi bolsillo, exhalar lenta y profusamente una neblina que se extendió cincuenta metros a la redonda desde mi posición, cubriéndonos a todos de una fina piel de hielo que protegería a todos de los daños. — Diseñé esto para que nadie a mi lado sufra daños. — dije tras extender mi aliento a todos los presentes, siguiendo las órdenes de mi jefe. — Y mi técnica va a cumplir su cometido, o será mi último aliento. — 

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#15


Los tipos a los que creía conocer eran interesantes.
 
El tipo con cabeza de cubo pareció asentir levemente con la cabeza a mi pregunta y tras ello contesto a Joe con una molesta y terrible voz que me hizo recordarle. Efectivamente, le conocía y no era la primera vez que le veía, era el tipo que había luchado en la final de la isla del cielo y que tenía ese inconmensurable poder, de las pocas personas más fuertes que Joe que había conocido, un tipo que daba miedo. También estuvo en el barco con nosotros hace mucho tiempo y aún recuerdo el terror que sentí cuando se metió con nosotros y yo le increpe a pesar de todavía no sentir los Wakis. Y Su Waki era fuerte, muy fuerte, mucho más que el mío. ¿Cómo se llamaba?

Nos llamó de una forma extraña y no sé si de forma despectiva, pero si queríamos parar al enorme barco que había en la lejanía, toda ayuda era poca, a pesar de que el tipo no pertenecía a la marina. Joe parecía confiar en el, al igual que aquella vez que nos llevó a puerto sano y salvos, pero con sus condiciones y no sabía si aquello que nos había llamado era algo bueno o malo.

- Joe ¿Qué nos ha llamado? ¿Este tipo viene a ayudarnos o no? 

Tras él, llego otro chaval con un pelo extraño, pero algo atractivo, con un haki mucho más débil que el de sus dos compañeros y tras decirle una locura a Joe sobre las máquinas de mierda, se giró hacia nosotros para advertirnos sobre el que parecía ser su compañero, coño, así se llamaba es verdad, Era el puto Sojas, junto al que por como se cernía la situación, lucharía junto a él. No obstante, el comentario del chaval medio autista, este que parecía estar en su mundo, me ofendió.

- ¿Con quién te crees que hablas chaval? Somos la jodida división de Joe Joestar, no venimos aquí a jugar. Conozco al Sojas y sé de lo que es capaz. Estamos más que preparados. ¿Lo estás tú?


Pero mientras terminaba de hablar, un vendaval se desató y ante nosotros apareció de nuevo el jefe de los jefes. El pez gordo que nos había dado al robot defectuoso y que ahora ponía a otros tantos a defender la isla. Aún sorprendida con su aparición, se dirigió a Joe y pregunto por el resto de nosotros. Lo de Ryze empezaba a preocuparme ¿Por qué no daba señales de vida?

Pero antes de que pudiera pensar más en mi pequeña compañera, el Almirante dio un paso hacia mí y dirigiéndome la palabra por mi rango, pero de forma gentil, me enseño múltiples heridas de arma blanca que había recibido y me pidió que le curara más tarde. Era increíble que con todas aquellas heridas ese tipo siguiera en pie y desde luego había hecho sus deberes, pues conocía mis habilidades curativas, aunque tendría que poner mi máximo esfuerzo para curarlas. ¡Pero tenía que curarle ya! Por muy tranquilo que pareciera, aquellas heridas eran bastante feas.

Después dio órdenes a Fuguwu también y se puso a organizar a los que suponía que era los hombres del Sojas, el chaval un poco atractivo y el otro, que creía también conocer, pero aún no recordaba de qué y que sí que era bastante más guapo. Entonces caí ¡Era aquel tipo que me negó una cita! ¡El amante de Joe! el almirante lo llamo "Señor Nievas". No escuché el resto de la conversación, puesto que me tenía que poner manos a la obra.

Me dirigí a mi compañero pez, a pesar de mis increíbles habilidades de curación y de la tranquilidad de sus palabras, mi superior se acabaría desmayando si no actuábamos rápido y podía sentir lo tensa que era la situación, para que alguien de su rango en persona estuviera allí y tomara los riesgos de volver a usar a esas máquinas defectuosas y llamarnos a todos los marines de la isla, los piratas del enorme barco que se acercaba poco a poco desde la lejanía debían de ser una amenaza mucho más grande que cualquiera a la que nos hubiéramos enfrentado antes.

- ¡Fuguwu! ¡Cuando cumplas las órdenes del Almirante ven a ayudarme! ¡Voy a cerrar sus heridas!


Las cartas estaban echadas y el almirante no esperó a que le curara para realizar su movimiento, grito órdenes a las máquinas  y realizo un ataque de viento mientras las heridas de su cuerpo reventaban, generando un impresionante vendaval dirigido hacia el barco enemigo, sin duda el vendaval que nos había arrastrado a todos antes era cosa de algún ataque suyo, viendo sus heridas, alguien le había dado ya problemas.

Aquel amable, pero loco superior, se iba a suicidar, no podía esperar más, siguiendo sus instrucciones  y situado tras de él, le toque con mis alas sobre sus hombros y  me concentre en cerrar todas sus heridas gracias a mi técnica Karlglass repara, unas llamas azules y cálidas empezaron a cubrir al almirante y cerrar milagrosamente sus heridas,  mientras un calor abrasador proveniente del Sojas hacía que aquel vendaval se tornara de rojo dirigiéndose hacia el barco enemigo.

De repente el Nievas empezó a transformarse, como lo habría hecho yo, en una especie de perro enorme, pero aun así, bastante bello y el calor empezó a disiparse cuando de su aliento empezó a salir una neblina que nos envolvió a todos y que se sentía helada ¿Qué era lo que pretendía? ¿Acaso nos estaba traicionando?

Pero pronto lo entendí, aquella cosa fría no estaba diseñada para hacernos daño, sino para protegernos, podía sentir la determinación de cada uno de nosotros. Nievas dijo que nos protegería con hasta su último aliento, yo estaba concentrada en curar al almirante, así que no le contesté, pero sería una pena perder la vida ahora ¿Sería rebajarme mucho volver a pedirle una cita a aquel extraño pero hermoso ser? Nah, para eso necesitaría de nuevo unas cuantas cervezas, además, ya estaba pillado por Joe. No podía decir que mi amigo tuviera un mal gusto la verdad.

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belico

fruta

haki

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#16
Un remolino de arena empezó a formarse con un efecto sobrenatural en el hombro de uno de los Patriotas quienes seguían en firme formación a 20 metros de donde me encontraba (y a 10 metros de Joe y los otros dos desconocidos); si bien ya estaba familiarizado con dicho tipo de eventos, aun me seguía sorprendiendo el espectáculo que era poder presenciarlo. Instantes después apareció Apolo, sentado en el hombro del Patriota donde se había empezado a formar el remolino de arena, quien alzo la voz para hablar con Joe pero dada la distancia que nos separaba no pude escuchar claramente todo lo que decía.
 
Minutos después, una figura envuelta en fuego azul sobrevoló sobre nosotros y aterrizo alado del vicealmirante Joe. Nuevamente, otro evento sobrenatural el cual a pesar de ya haberme acostumbrado no paraba de fascinarme. La Comodoro Karlglass hacia acto de presencia en el manglar 33 en el que nos encontramos en su forma de fénix. Enojada, como suele estarlo, se dirigió al vicealmirante en tono energético el cual me permitió escuchar lo que decía, mientras liberaba el saludo de la marina en posición firme para acercarme a paso calmado a donde se encontraban Joe y Karglass quedando a 5 metros de ellos.
 
“Me alegra ver que están bien, vicealmirante Joe, Karl, Apolo” – dije, mientras volteaba a ver a los primeros dos al decir su nombre y luego levantaba la vista hacia el Comandante rubio dirigiéndome a el alzando la voz para que pudiera escucharme – “la verdad es que no he escuchado nada de Ryze, ni de James.” – agregué, respondiendo a la pregunta de Karl, mientras terminaba de acortar la distancia que nos separaba quedando a un metro de Joe y Karl.
 
Después del intercambio, un tercer desconocido de aspecto variopinto apareció en el manglar donde nos encontrábamos. Se presentó como Shoto y se dirigió a Joe, ignorando al resto de los marines presentes, y luego a los dos desconocidos a quienes llamo Sohem y Victor, por lo visto eran compañeros suyos. El muy descarado, paso a sugerir que el tomaría el control de todos los Patriotas, que esa era la estrategia correcta a seguir para salir airosos en este inevitable encuentro contra uno de los seres más poderosos de todos los mares.
 
“¡Ja!” – espeté, divertido ante la idea, pero completamente en contra de ella, de por si no estaba nada a favor de tener que volver a trabajar con estas máquinas defectuosas creadas por el brazo científico de la marina, que un desconocido quisiera tomar control de las mismas era, cuando menos, cómico – “vicealmirante Joe, ¿quiere que me lleve a este civil fuera del manglar? Si parto nadando estaría de regreso en menos de 2 minutos”. – ofrecí como rápida salida a las alucinaciones de este chico lunático.
 
El chico se quedo cerca de los otros dos miembros de su supuesto equipo, Sohem y Victor, para luego decirnos que deberíamos tener cuidado con los poderes del enmascarado. Quizás fuera un lunático, pero no tenía una pizca de tonto, cosa que en realidad lo hacían aun mas peligroso que si solo fuera un simple loco. El chico se quedo murmurando algo mas a lo cual ya no llegue a prestar atención.
 
A lo lejos, los tambores seguían sonando con un ritmo que por desgracia me era bastante familiar, el ritmo de la guerra (“Pum pumpum, Pum pumpum, Pum pumpum, Pum pumpum”) empezaba a aumentar el fuego que ardía en mí, aquella llama a la que me aferraba cada que pensaba en la justicia y que ardía con fuerza cuando se trataba de enfrentar piratas, los mismos malditos asquerosos que me arrebataron todo en la vida, estaba preparado para hacer lo que fuera necesario para detenerles, incluso si se trataba de un Yonko.
 
Una ráfaga de viento azoto el manglar 33, haciéndome detener la línea de pensamiento que empezaba a formarse en mi cabeza, y haciéndome girar en dirección a los Patriotas para confirmar que la presencia que sentía con el Haki de Observación era ni mas ni menos que la del mismísimo almirante Yugu Dimípalo. No había terminado de materializarse cuando yo ya había realizado el saludo oficial de la marina quedando de frente a donde instantes después aparecería el Almirante para saludarle de frente como indicaba el protocolo.
 
Al igual que la primera vez que le sentí al inicio del día, allá a las afueras del cuartel de la marina de Sabaody, me sentí abrumado por su presencia, pero a la vez regocijado por contar con un aliado tan fuerte en esta afronta. El almirante había aparecido a pocos metros a las espaldas de los patriotas, y se podía notar claramente que no había estado haciendo el tonto durante su ausencia, sus ropas – otrora prístinas – estaban desgastadas y llenas de cortes, al igual que su piel. Sin embargo, su compostura era perfecta, admirable, ejemplar.
 
Se dirigió a nosotros sin titubeos, ordenando a Karl que le empezara a curar aquellas heridas que portaba consigo mientras que a mí me exigía solicitar todos los refuerzos habidos y por haber en el archipiélago. Sin dudarlo un segundo, asumí que esta orden me liberaba de la posición de firmes de aquel saludo oficial, por lo que saque de mis posesiones el Den Den Mushi que portaba conmigo y me comunique inmediatamente con el cuartel de la marina – “Cuartel de la Marina, adelante, aquí el Contramaestre Fuguwu, con un mensaje urgente de parte del Almirante Yugu Dimípalo. Se les urge a todas las tropas que hagan acto inmediato de presencia en el manglar 33. Repito, todas las tropas al manglar 33 de inmediato, órdenes del Almirante Yugu Dimípalo.” – al otro lado de la línea pude escuchar cómo se confirmaba que el mensaje había sido recibido fuerte y claro.
 
Luego de pasar aquel mensaje, regresé a donde se encontraba el Almirante hablando con los 3 desconocidos (Sohem, Shoto y Victor, “los SVS”, pensé) posándome a su lado derecho y volviendo a hacer el saludo oficial de manera muy rápida, más como formalidad y sin esperar que me devolvieran absolutamente nada, empecé a proporcionarle asistencia médica al Almirante. Quizás los poderes de Karl fueran increíbles, no, lo eran sin ninguna duda, pero no me bastaba con saberlo para quedarme de pie sin hacer nada más por quien seguramente sería el héroe del día. Mi orgullo como marine y médico me lo impedían. Hincando la rodilla derecha en el suelo para quedar a mejor altura con el Almirante y sacando cada uno de los kits médicos con los que me había equipado al inicio del día, sin embargo, en ese preciso instante el Almirante se movió quedando al frente de todos luego de ordenar a los Patriotas que nos protegieran – al menos si se volvían locos de nuevo, lo harían contra el Yonko, ¿verdad? – mientras preparaba la primera ofensiva.
 
Fue justo en ese momento cuando confirme mis sospechas, pese a mantenerse mas recto que asta de bandera, el Almirante estaba gravemente herido y, tras lanzar este ataque, sus heridas empezaron a abrirse de nuevo haciendo al Almirante sangrar de todas las direcciones posibles. Pude escuchar como Karl me pedía ayuda con el tratamiento medico del Almirante con voz preocupada y apurada, por lo que, afirmando con mi cabeza, volví a tomar todos los kits médicos que ya había preparado frente a mí, y colocándome a menos de un metro de la espalda del Almirante comencé su tratamiento. Fui aplicando hábilmente aquellos kits médicos uno a uno curando todas aquellas heridas que los poderes de la comodoro Karl habían sido incapaces de sanar. Estaba muy agradecido con la comodoro, sus poderes eran de gran ayuda y permitían que mi trabajo fuera mucho más eficiente, éramos un gran complemento médico para la marina y particularmente para la división 17.
 
El ritmo de guerra de aquellos tambores que sonaban a la lejanía me ayudó a concentrarme en la tarea que tenía frente a mí de curar todo lo posible al Almirante. Fue en gran parte gracias a ellos que entré en la “zona” y fui curando una a una cada herida que observaba había recibido el Almirante durante el día, dejándolo cubierto de vendas y ungüento, pero sin lugar a dudas en muchas mejores condiciones de cómo había llegado al manglar 33. Luego de colocar todos los botiquines médicos que traía conmigo al Almirante, me levanté del suelo limpiando la ceniza que había quedado embarrada en mi pantalón a la altura de la rodilla derecha, ajuste sobre mis nudillos los guantes que portaba en cada mano y esperé firmemente las ordenes del Almirante mientras observaba como la nave de guerra del Yonko se acercaba cada vez mas a la orilla del archipiélago.
 
Sin embargo, aquella orden, o mas bien solicitud, del Almirante no la pude llevar a cabo pues no tenía ninguna fuente de fuego que aportar. No obstante, no era el único en el manglar 33 capaz de proveer apoyo. Fue el enmascarado llamado Sohem – quien comentó apellidarse Burnedead tras la pregunta del Almirante – quien hizo gala de sus poderes los cuales estaban a la altura de aquella energía impresionante que sentía con mi Haki de Observación. Lanzando dos esferas de fuego como si imitara a un pitcher de beisbol prendió en fuego aquel huracán horizontal del Almirante convirtiéndolo en una calamidad de llamas y destrucción.
 
El espectáculo era increíble, y no estaba cerca de terminar. Mientras Sohem lanzaba aquel ataque, su compañero Viktor tomo la iniciativa y le dio un empuje extra a aquella calamidad de viento y fuego, inyectándola de forma forzada con aun mas viento usando un tipo de caracola bastante curiosa que juraba haberle visto a mi anterior rival – el enmascarado alado – sin conocer en ese momento su efecto, pero dándome cuenta de que tuve suerte que no funcionara pues las consecuencias eran devastadores. Pero no era todo lo que haría aquel guerrero peliblanco, quien empezó a aumentar su tamaño de la misma forma que lo hace la Comodoro Karl al transformarse dejando un aura gélida a su alrededor el cual intensifico por un momento el frio del invierno para, seguidamente, cubrirnos a todos de hielo. Por un instante pensé que nos había congelado a los presentes y que me sería imposible moverme, pero no fue así, en lugar de eso aquel ataque había formado una capa protectora alrededor de nosotros los cuales anularon por completo aquella sensación inicial de frio. Parecía una especie de armadura de hielo, muy interesante y extremadamente útil.
 
Por lo visto, ninguno de los presentes tenia intensiones de negociar con aquellos criminales asquerosos que se acercaban amenazantes estando ya a solo 500 metros de la orilla del archipiélago.
 
La paz nunca fue una opción.
 

 
Resumen

Curación al Almirante

Haki

Gasto

inventario
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
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#17
Tras rebelarse contra quien nos íbamos a enfrentar y con los tambores de guerra sonando, apareció un joven de pelo albino, con una casaca militar llena de marcas de batalla y tintada de rojo sangre, se le veía más pálido que de costumbre, muy probablemente por las heridas recibidas. Se presentó como el almirante Gukuro, seguido de una orden militar a los patriotas, los cuales obedecieron sin ningún tipo de contradicción y se colocaron en una posición defensiva. Justo inmediatamente después hizo un extraño movimiento usando los poderes de una fruta del diablo, parece ser que nuestro almirante tenía un poder relacionado con el viento. - Así que esta persona es la que mando a Comilón por los aires y le hizo estamparse contra el manglar... - Pensé. La técnica del almirante disparó un chorro gigante por cada uno de los lados de sus extremidades... - Qué locura, literalmente si maneja bien ese poder nadie se le podría acercar. - Mi jefe, por otro lado, siguió por primera vez una "orden" mi cabeza se ladeó mostrando duda. - Sohem recibiendo órdenes, pero en que mundo vivimos... - Lanzó inmediatamente una técnica similar al lanzamiento de una bola de fuego ígneo generada en sus manos. La bola de fuego salió despedía haciendo una rosca efectiva, entrando en una combinación perfecta con aquel torrente de aire.

Nuestro gran lobo albino decidió también realizar un combo para apoyar a lo anterior, saco un dispositivo similar al mío, un dial, en este caso de rechazo por la forma que tiene. - Mi madre tenía uno de estos en casa... Que bien me hubiera venido... - Lo importante no estaba en el uso del artilugio, sino más bien en su técnica usada en forma de hielo. De repente todo el malecón empezó a cubrirse como de una fría brisa de invierno, pero no a lo que veníamos acostumbrados días atrás, sino más bien con un manto de tranquilidad, de repente note como se formaba una segunda piel en mí, áspera como la nieve, pero en cierta manera algo más cristalina, como si fueran microcristales. - ¡Qué barbaridad! ¡Bien hecho chicos!. - Alabando la acción combinada de aquellas bestias.

Dejando de lado el que nadie me ha hecho caso como de costumbre y cuestionando mi capacidad para manejar aquellas máquinas, decidí echarme un paso para atrás. Hasta que de repente vi como aquella marine alada y el gyogin se acercaban para curar de forma rápida al almirante, las heridas del esfuerzo empezaron a borbotear sangre a caudales. - Sé que nadie te ha pedido ayuda.. y uno de estos botiquines era para ayudar a Comi.. Pero creo que el almirante necesita toda la ayuda del mundo. - Me quedé pensando mientras hacía gestos de izquierda a derecha con mi cabeza.

Me acerqué con cierta rapidez, sorteando un par de obstáculos, hasta donde estaban los tres para proporcionar mis manos como médico. En un primer vistazo vi que su cuerpo estaba lleno de cortes  los cuales estaban provocando hemorragias graves que si no se paraban podían acabar con la vida de aquel joven en cuestión de segundos, fue entonces como aquella semioni hizo algún tipo de técnica curativa a través de las llamas, lo más curioso de ello es que aquellas llamas no afectaban a la piel cristalina que había lanzado Vik y no te quemaban. Estaba literalmente obnubilado por aquel tipo de poder. Vi que Fuguwu estaba tratando las heridas de su espalda manchada de arriba abajo de sangre cuando vi una de las heridas más importantes, la de su cuello. - Oye Doc., me da igual su uniforme y su jerarquía, las llamas de tu amiga dan un rubor especial en esta batalla y tu tratamiento es adecuado.. Pero te dejas la más importante. - Me acerque por detrás del almirante sorteando a Karl y A Fuguwu y me posicione de tal forma que podía ver y trata tar la herida en la garganta. - Almirante no se preocupe, puede que esto le moleste un poco, pero le ayudara... - Abrí mi gabardina en busca de uno de los dos botiquines que portaba encima de mí. Rebusque una de las células antihemorrágicas, la abrí en toda su totalidad. Me agaché un momento para poder hacer el trabajo de primeros auxilios de una manera óptima. La célula está preparada para poder mezclar varias pomadas, antihemorrágicas, con antibiótico y sobre todo y lo más importante para este momento, un líquido calmante que al entrar en contacto con la piel disminuye la sensación de dolor en un porcentaje bastante alto.

Una vez preparado todo aquello me volví a poner de pie, mis pensamientos me comían mentalmente, ya que era la primera vez en mucho tiempo que utilizaba mis dotes médicas más que las de ingeniero. Coloqué con extremo cuidado la célula con toda la mezcla de pomadas y líquidos para que el almirante pudiera soportar la herida de su cuelo. Pero hubo algo que antes no sé si por mis pensamientos intrusivos o mi disociación no caí en que llevaba un aparato electrónico. - Eso es lo que controla a los patriotas, fijo que eso es lo que usa el almirante para poder manejarlos, pero qué sentido tiene que esté lanzando un chorro de aire con ambas manos al mismo tiempo que quiere manejar la visual directa con el barco de Odki al mismo tiempo que quiere controlar no unas diez máquinas voladoras, al mismo tiempo que le están curando tres personas. - Literalmente no le va a dar la cabeza para hacer caso a todo lo de su alrededor.

Mientras le curaba la herida, manteniendo mis manos sobre su cuello, simplemente le hice un comentario al joven almirante. - No es necesario que me responda. - Por favor no estampe las máquinas contra barbarroja...

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#18
Karl fue la siguiente en aparecer en escena. La majestuosidad de su vuelo era acorde a la calma y seguridad que transmitía tenerla como aliada a nuestro lado pese a que ella fuese un tornado de emociones. Me alerté en el momento en el que nos preguntó por Ryze ya que por lo visto tampoco le contestó las llamadas a ella, al igual que a mí. Quizás estaba ocupada de camino pero esperaba que estuviesen juntas.

A continuación fue un joven con una apariencia un tanto extraña. No sólo por su peinado sino por lo enclenque que parecía además de su estética alada. Se dirigió hacia Joe y aquellos dos desconocidos y por lo que pude escuchar, él se llamaba Shoto y los demás eran Sohem y Viktor. Una leve risa se me escapó de forma confiada cuando nos recomendó que, si no éramos lo suficientemente fuertes, nos apartásemos de Sohem. Supongo que habría que dar un pequeño espectáculo para ganarse el respeto de la gente.

Pero sin duda lo que más llamó mi atención y me interesó de todo lo sucedido, fue cuando mi waki detectó de nuevo aquella fuerza impresionante seguida de un vendaval, haciendo aparecer la figura del joven Gukuro — ¡Logia! — exclamé en voz alta con una sonrisa enorme llena de determinación. Por fin me topaba en mi camino a alguien como yo y eso podía jugar en mi beneficio, el almirante podría servirme de inspiración y quizás alguien como él podría por fin entender la complejidad que requiere usar un poder como el nuestro. Hasta podría invitarle a un zumo de piña y enseñarle unos pasos de bossa nova si se animaba, seguro que podría hacer que su aspecto taciturno mejorase un poco. Hoy por ti y mañana por mí... aunque seguía algo molesto por lo sucedido con sus robots de mierda.

No traía el mejor de los aspectos, desde luego no era el mismo con el que nos topamos en el cuartel pero lo llamativo era que parecía algo preocupado cuando nos habló de aquel barco. Ese tal emperador se hacía llamar Odki Murray y si no lo deteníamos, arrasaría con todo el lugar. No será para tanto, me decía a mí mismo.

Tras las órdenes del almirante y, notando cómo los Patriotas se ponían en posición, salté del hombro de la máquina sobre la que me encontraba sentado y comencé a caminar hacia el grupo. Clavé mi mirada sobre Gukuro para fijarme en qué hacía en todo momento. Pude ver cómo estiraba sus brazos y de ellos empezó a emitir otro vendaval — Definitivamente tú controlas el viento — pensé para mis adentros, viendo como no sólo ambos éramos del tipo logia, sino que encima teníamos unas peculiaridades similares. Yo por ejemplo era capaz de crear tornados arenosos y tormentas con mi elemento. De mi pecho hice emerger mi mochila, de la cual saqué el botiquín grande que me quedaba y lo arrojé a los pies de Fuguwu que se encontraba llevando a cabo su oficio junto a Karl — Fuguwu, amigo, tú le darás mejor uso que yo... yo no sabría ni por dónde empezar ¡kakahaha! — Volví a guardar mis cosas dentro de mi cuerpo arenoso mientras oía al almirante pedir fuego para quemar las velas del navío y evitar su avance. Era lo más inteligente.

Metí mi mano izquierda en el bolsillo de mi pantalón, mientras con mi diestra, con el codo flexionado y la palma de la mano hacia el cielo, comencé a jugar con un mini tornado que bailaba en círculos, ayudando a concentrarme dentro de mis dudas. — Me temo que no tengo fuego — Seguía pensando mientras por un lado el enmascarado, cual pitcher lleno de energía, lanzaba un grito a la par que provocaba que el vendaval del almirante se tornase carmesí, en una llamarada. A su vez por el otro lado, su compañero convertido en una forma lupina albina nos abrazó con un aliento gélido que se sentía como una capa protectora. Menos mal que yo no era friolero.



Seguía jugando con mi pequeño tornado, hasta que decidí transformar mi tren inferior en una corriente arenosa — No tengo fuego, tengo algo mejor — la arena arremolinada de mi mano se concentró dando forma a tres pequeñas esferas que orbitaban sobre ella, como si fuesen malabares — Sigue soplando, almirante. — me referí a él como si fuese el lobo de aquella fábula — ¿te han hablado alguna vez de mi Pearl Moon? ¿me sigues? — tras pronunciar el nombre de mi técnica estiré el brazo hacia el cielo comenzando a acumular arena y volando en vertical sobre él. Le había dado órdenes a todo el mundo salvo a mí, no sé si mi mensaje en el incidente del Patriota le habría molestado o qué pero me negaba a ser invisible. Si la puerta se cerraba, la tiraría abajo de una patada. Observar la llamarada que estaban provocando mis aliados me recordó a otra de mis canciones populares — Fueeeegooo... una vaina loca que me lleva a la gloria, nunca he sentido nada como en esto en mi vida — Canté a pleno pulmón mientras ascendí diez metros, con una inmensa esfera arenosa sobre la palma de mi mano y mi mirada clavada en el navío del emperador. — ¡Vamos esculachar! — Usando todas mis fuerzas la lancé a mi máxima distancia posible para evitar dañar a alguien cercano, ya que sobre el mar no habría nadie. — Emperador de mis pelotas, ahí te va un poco de ritmo — Dije oyendo el ruido que los tambores de su barco provocaban. Después de haber visto el control del almirante sobre el viento estaba seguro que el huracán que me había llevado de viaje hace unas horas había sido cosa suya. Estaba convencido de que aquel chaval y el enmascarado tenían la fuerza suficiente para prender la arena y desplazarla contra el objetivo. Recordaba las carreras que, cuando de niño, nos teníamos que pegar en la playa del Reino de Samba en verano para evitar quemarnos los pies y llegar al mar. Íbamos a convertir aquel buque en una vela de cumpleaños.



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#19
La reacción de Sohem ante la noticia de que un emperador del mar venía hacia nosotros era la esperada. Parecía ansioso por recibir al gran pirata y no dejaba de encender su puño en calor. Viktor se giró hacia mí y cambio su gesto inmediatamente. Alargó su mano y la cargó provocando que instintivamente replicara el gesto haciendo que nuestras palmas chocaran de manera sonora, quedando entrelazadas y nuestros brazos tensos mientras me respondía tras mencionar nuestra aventura en Toko. — ¡Lo pensaré! ¡Hmpfefefe! — dije entre risas mientras soltaba la mano de Viktor, sorprendido por nuestra diferencia de fuerza física. — ¿Estás comiendo bien? Te veo delgado. — pregunté flexionando un bíceps -el derecho- para acto seguido llevar la mano izquierda al cigarro y quitándolo de mi boca para sorprenderme con la primera aparición. Fuguwu llegó a escena y saludó de manera recta como acostumbraba, respondiendo yo con el saludo militar hacia el Gyojin. — Descanse, contramaestre. — dije sin tiempo para percibir que el siguiente en llegar fue Apolo, que, haciendo gala de su irreverencia habitual, apareció sobre un Patriota, hablando como si nada y mencionando dos cosas importantes. Primero que no había podido contactar con nadie, y segundo, que no olvidaría lo que hicieron independientemente de su procedencia. Gruñí con cierto desenfado — Apolo, venga, va, baja de ahí. No sabemos si puede volver a pasar,  es mejor que nos centrém… — intenté apelar al sentido común pero Karl interrumpió mis palabras apareciendo en su forma de Fénix y posándose a mi lado. Para variar, Karl era incapaz de sintetizar sus experiencias y comenzó a relatarme una retahíla de cosas que casi abruman mi cabeza en la situación que estábamos. De nuevo, la semioni estaba descontenta con los Patriotas y se prestaba voluntaria para sanar a los demás si fuera necesario, solicitando órdenes. — Tranquila, Karl, está bien, solo tenemos que centrarnos y esperar al almirante. — dije apaciguando la energía de mi compañera mientras agitaba las manos abiertas con las palmas hacia el suelo de arriba a abajo, pidiéndole que frenara un poco su ritmo. El penúltimo en aparecer fue un joven que se acercó directamente a mí y los cazadores, saludando y comenzando a hablar sobre nuestras posibilidades. Al chaval no le faltaba razón en sus palabras y, aunque sabía que era casi impoble detener a un emperador, esperaba que el Almirante pudiera guiarnos en la batalla, sumado a la fuerza de Magna, había una posibilidad. Shoto, se presentó, y parecía ser el tercero en discordia de Magna. Karl comenzó a echarle en cara que si estaba preparado pero, preferí no entrar al trapo pues Karl ya estaba suficiente nerviosa. Fuguwu quiso alejarlo de la zona, pero lo detuve enseñándole la palma de mi diestra en señal de alto. — Juraría que había una mujer con ellos antes… — pensé mientras intentaba volver a concentrarme en las palabras de Karl. Sohem bromeó con mi grupo como acostumbraba, diciendo que tenía un grupo de fantasmas o bichos raros, no sé, usaba palabras raras. Le devolví una mirada y arqueé la ceja derecha con gesto de desaprobación. Karl tenía razón en algo, Ryze no había dado señales de vida, ni James… ¿Sería posible que hubiera pasado algo? No era el momento de dudar, y menos cuando el almirante entró al campo de batalla, materializándose de una brisa. — Señor. — saludé con estricto movimiento militar — Nadie más ha aparecido. Desconozco su paradero, es posible que no hayan sobrevivido, me temo… — dije pronunciando esto último entre dientes esperando que Karl no lo oyera. Tras esto, el Almirante solicitó a Karl que lo curara, a Fuguwu que contactara con el resto de la Marina presente en el archipiélago y se presentó ante Magna, solicitando formalmente su ayuda ante lo que era la mayor amenaza que habíamos enfrentado. Sohem pareció aceptar tras presentarse como Sohem Burnedead y mirarme fijamente.

Acto seguido, y con la determinación ahora al máximo, el Almirante ordenó a los Patriotas defender a los presentes, haciendo que colaboraran en la ardua tarea de defensa de Sabaody. Colocando sus brazos ante él, el Almirante lanzó una potente cascada de aire que frenó el enorme navío del emperador del mar, espetando que detrás de él no habría bajas y solicitando que lanzáramos fuego a la posición del barco a través de su técnica. Sohem, ni corto ni perezoso, ordenó a Viktor cubrir al resto y lanzó dos bolas de fuego hacia el torrente de aire de mi superior que se convirtieron en un tornado ígneo que viajó hacia el barco. Viktor tampoco se estuvo quieto e inmediatamente usó uno de esos cachivaches de Skypiea para aumentar la potencia del golpe y después se transformó en una especie de lobo blanco. Un frío sepulcral se hizo en sus inmediaciones, haciendo que todos percibieramos la bajada de temperatura y mi cigarro se apagase totalmente, hata que una densa niebla salió de su boca, cubriendo la piel de todos los presentes como si de una capa protectora se tratase. — Así que esto fue lo que conseguiste… — dije mientras deslizaba mi índice derecho por el antebrazo izquierdo. — Espero que mereciera la pena. — dije mientras giraba hacia Fuguwu que tras contactar con la Marina, se disponía a ayudar a Karl curando al Almirante, aplicándole una serie vendajes mientras Karl usaba su fruta en él y finalmente Shoto, el tercer miembro de Magna, también apoyó a mis compañeros para curar al Almirante. Todo el mundo tenía su misión, sin embargo, parecía que no había tropas apareciendo para apoyar. — ¿Acaso un emperador ha mermado la moral de nuestras tropas? — me preguntaba mientras me quedaba quieto y echaba mano lentamente de mi Den Den Mushi y lo llevaba a mi boca, cogiendo una bocanada grande para accionar el comunicador y sintonizar con todo aquel que en el archipiélago pudiera oírme.


— A todos los Marines, cazadores, luchadores y civiles de Sabaody. Les habla el Vicealmirante de la Marina Joe Joestar. Puede que me conozcan como el Héroe de los Cabos Gemelos. Puede que me conozcan como el Marine que capturó al infame Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura 3º. Deben saber esto: Un emperador se dispone a desembarcar en la isla. Viene dispuesto a que llueva fuego sobre todo Sabaody y si nadie se interpone, lo conseguirá. — dije con el tono más solemne que encontré, mientras mi voz comenzaba a quebrarse — Hoy, no como Vicealmirante, no como el Héroe de los Cabos Gemelos, si no como un hombre de paz, les pido, les insto… les ruego que si tienen fuerzas, si saben como levantar una espada, venga a prestar ayuda e impedir que la muerte toque el archipiélago. — solicité apretando el puño libre con toda mi fuerza. — Si es necesario, lucharé solo y moriré solo, pero sé… sé que no estaré solo. Por favor...  — pausé para coger un último aliento y alzar la voz:

— ¡PRESTADNOS VUESTRA AYUDA! — 

Tras esto cerré la comunicación y me acerqué a primera línea con Sohem, Viktor y el Almirante. 
La decisión está tomada: Detendremos al Yonko.

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#20
Tarareaba una canción dando alegres toquecitos en mi vientre mientras esperaba. Sólo era cuestión de tiempo que "El Bravo" llegase hasta la costa. Me preguntaba si se despertaría primero Han o Gan, o llegaríamos antes de que volvieran en si... Putos borrachos. Había que empezar a limitar las fiestas en cubierta.... ¡o mejor no! ¡Ser pirata sin fiesta no es divertido! ¡Y la vida sin diversión no era vida!. ¡¡Putos borrachos!! ¡Los amaba!.
Sabía que Erick habría entendido bien mi mensaje, directo o entre líneas y haría un buen trabajo, más y mejor incluso de ahora en adelante, pero realmente la paciencia no era mi fuerte, por más que apenas fueran unos minutos. ¡Estaba deseando llegar cuánto antes a aquel jardín gigante! Controlar el paso al Nuevo Mundo, hacerme con el nuevo arma de la Marina y aprovechar para liberar a todos aquellos desdichados capturados por esos perros del Gobierno para engrosar las filas de mi ejército ¡era un tres por uno sensacional! ¡Qué ofertón!.
Pero por desgracia mi gozo cayó en un pozo al sentir de pronto un huracanado viento impactar contra el casco y las velas del navío, viendo como los más enclenques y pequeñitos de todos los presentes salían volando perplejos, como hojas movidas por la brisa, acompañados de algunos barriles, cañones, cuerdas y otros útiles.

Activé de inmediato mi Haki de Observación, con mi capacidad de sentir más de un kilómetro, y rápidamente pude identificar a todos los presentes. Obviamente por el potencial de aquel ataque y la habilidad concreta, el haki más fuerte de todos ellos era de Dimípalo, el criajo con ínfulas de la Marina. Un aura de color blanco puro, completamente en calma y perfectamente circular. Estirada y remilgada hasta para él. Próximos a él estaban dos personas que destacaban por encima de las demás. Una de ellas tenía un aura rosa, agitada y enturbiada expandida de forma humeante, y el otro un aura azul frío, casi blanco brillante, de la misma forma humeante. Torcí los labios y arqueé una ceja. Parecían prometer y estar mucho más enteros que Dimípalo, pero seguían sin ser un peligro ni tan siquiera para mis hombres.
Después, la siguiente aura más importante era de un color verde esmeralda intensa, y parecía crepitar como las llamas de una hoguera. Seguidamente, una de color azul cielo, sorprendentemente en calma - aunque no tanto como Gukuro - y con ligereza, pareciendo ser de un corazón amable. La siguiente más notable era de un color turquesa blanquecino, también en relativa calma pero no tanto como la anterior, oscilando recordando a las olas del mar. La siguiente era de un color amarillo vibrante, muy enérgica y ruidosa pese a lo pequeña que era en comparación a las demás. Y la última de todas ellas era de un color rojo púrpura, chispeante y electrizante, inquieta y... para que negarlo, minúscula.
Sonreí al terminar de sentir a aquellos pobres diablos, y las otras diez auras idénticas, frías y secas, recordando al metal... Casi como si una maquina hubiera cobrado vida. Eran más poderosas que todos a excepción de el aura blanca, la rosa, la azul blanquecina, y la verde esmeralda.

— ¡¡¡BUUUUU KIKIKIKI!!! — reí golpeándome la panza con los cabellos de mi barba y bigotes danzando sin control, resistiendo los restos remanentes del viento que impactaba contra las velas sin problemas — ¡Menuda pobre bienvenida nos han da... — empecé a decir, y de pronto, un estallido rojo como la erupción de un volcán bañó aquella corriente de viento e inundó todo de fuego en un fogonazo resplandeciente y ardiente, siendo casi instantáneo — ¡¿¡MAMÁÁÁÁ!?! — grité llevándome las manos a la cabeza creyendo que mi madre llegaba a cubierta, y con los ojos casi saliéndose de las órbitas, dirigiendo mi vista hacia la costa y sintiendo junto al Almirante el aura rosa, la misma energía que en aquel fuego — ¡Que coño! ¡Que se quema el barco! ¡¡Que se quemaaa!! — grité mirando a ambos lados y agarrando a uno de mis tripulantes que corría a saber a donde, un tipo flacucho con barba de chivo — ¡¡NO ES MI MADRE!! — grité agitándolo, desmayándolo por la fuerza del movimiento y dejándolo caer al suelo inmediatamente, alzando de nuevo la vista a las velas en llamas y mordiéndome el labio con furia, dejando las dos manos apoyadas sobre mi reluciente y perfectamente pulida calva — ¡NO USÉIS EL SAKE! — grité desesperado — ¡Sobrevivir sin alcohol no tendría sentido! — añadí, firmemente decidido de que mi orden era la más inteligente.

Mi tripulación corría por cubierta y lanzaban mangueras al mar para bombear agua hacia las velas, cubos cargados del mismo líquido y mucho ruido tratando de organizarse. Pero poco hizo falta pues seguidamente, tras comenzar a arder las velas del navío, una trompa de arena nos llovió como si estuviésemos en la mismísima Alabasta, haciéndome girar el rostro de nuevo hacia la orilla y sintiendo el aura turquesa elevada sobre las demás, con la misma energía que esta arena — ¡Pero qué putos guarros! — grité, sacudiéndome la arena de encima, mirando hacia las velas viendo como el impacto de las arenas diluidas en el viento habían apagado las grandes llamaradas y ahora sólo quedaban brasas y telas a medio encender, sintiendo como el barco perdía la resistencia de nuestro viento a favor y el viento en contra de Yugu nos empujaba hacia atrás — ¡Rápido hijos de puta! ¡Apagad eso y coser parches a las velas! — grité alzando mi brazo derecho hacia el cielo convirtiéndolo desde el codo hasta la punta de los dedos en una masa blanquecina que se retorció y se moldeó hasta acabar convirtiéndose en un fabuloso - y enorme - rifle Barret M82, una preciosidad de precisión — Yo voy a asegurarme de que nos dejan de enviar regalos... — musité acercando el ojo a la mirilla del rifle y apuntando hacia la costa, viendo a un tipo con traje militar y un casco extraño en la cabeza, lleno de agujeros. Era el que tenía el aura rosa — Pequeña pulguita molesta... — susurré, sacando la lengua para mejorar mi puntería. Quizá un tiro a la cabeza no acababa con él, pues a saber de qué estaba hecho ese casco, y quería quitármelo de encima si realmente tenía la posibilidad de crear fuego e incendiar el barco desde tanta distancia, así que mi disparo más potente al centro de masa sería la opción de caza más factible.


— ¡¡ BANGAICHI!! —

Tras mi grito un proyectil salió de la punta del recién creado rifle barret, y recorrió la distancia entre el barco y la costa en un suspiro. Con un sutil silbido que imperó antes casi que el estruendo del disparo, el proyectil impactó en el cuerpo del tipo con la cabeza cubierta y... ¡un brazo salió volando acompañado de un precioso reguero de sangre carmesí! — ¡¡PLATO!! — grité abriendo ambos ojos y sonriendo abiertamente — ¡Buuuu kikikiki! — reí y escupí torpemente un par de veces al sentir como el vendaval metía los pelos de mi barba en mi boca al abrirla, frunciendo el ceño algo molesto, y volví a acercar el ojo a la mirilla aprovechando que el brazo seguía transformado en el rifle — Y este es una logia.... — dije mientras imbuía con mi busoshoku el arma y reorientaba la mira hacia el tipo que volaba, el responsable de lanzarnos aquel montón de arena, y viendo que no tenía casco ninguno sonreí al saber que tendría un tiro limpio a la cabeza... y volví a disparar sin miramientos.

— ¡¡ GUNDAM !! —

Y de nuevo un estruendo como un trueno precedido por un silbido imperaron en el lugar, lanzando otra bala - mucho menos potente y más lenta que la anterior - que adoptaba cierta inercia espiral en el disparo y se volvía un tiro divertido: Impactaba en una zona, pero nunca sabía exactamente qué iba a reventar hasta que hacía contacto. Y mirando desde la mirilla pude asegurar el éxito del tiro al ver su cabeza echarse hacia atrás y emitir un torrente de sangre desmedida — ¡¡Y otro más!! — grité con alegría viendo como caía en picado al suelo, seguramente muerto, aunque sin poder evitar sentir cierta decepción de no haber visto explotar su cabeza. Quizá debí haber cambiado el orden de los disparos.
Pero no era momento para pensar en ello, así que disolviendo el arma y volviendo a la forma natural de mi brazo, choqué ambas palmas y las mantuve unidas, manteniendo mi foco sobre el Almirante — ¡A la tercera va la vencida, cabrones! ¡¡Buuuu kikikikiki!! ¡El próximo tiro va a llevar al Almirante con Saint Peter! — reí, cargando la energía en mis brazos y preparándome para crear un arma aun más mortal y devastadora. Una proeza de la ingeniería balística, y no las mierdas que hacía la Marina. Tenía que quitarlo de en medio si quería que el barco volviera a avanzar cuando mis hombres terminasen de reparar las velas.

Pobres mequetrefes, casi me daban pena.
Se iban a ver en un follón que no iban a saber ni donde se habían metido.





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