[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Solar Karma
#11
Atributos Personaje


OST


Triana parecía que no había reparado en Kisuke, pero la afamada muchacha semioni, que tenía un cartel de recompensa para nada acorde con la edad que aparentaba, si se dirigió al antiguo pescador. Le habló como él mismo habría hecho con cualquiera y no pudo evitar una ligera sonrisa que se dibujó en sus labios al ser llamado viejo, por aquella chiquilla con cuerpo grandecito. Parecía que había hecho lo correcto al nombrar a Panda una vez más al encontrarse con los Alas Negras, estaba claro que el mink había causado muy buena impresión en aquellos piratas.

-Kuhahaha... Tienes razón, muchachota... me llamo Kisuke Kageyama, capitán del Ejército Revolucionario, y Panda es mi compañero, aunque quizá lo conocéis por su anterior nombre, Don Bambú.

Se fijó en que la chica llevaba un log pose en la muñeca y se asombró que alguien tan joven fuese la navegante de unos piratas tan famosos y que hubiese llegado hasta la mitad del Grand Line, sin duda alguna era una proeza digna de mención, y pensó que sería buena idea decírselo, siempre es recomendable apelar al ego de una jovencita cuando tratas de que te ayude.

-Sin duda me complace encontrarme con la navegante de unos piratas tan famosos y me asombra que sea alguien tan joven, eso demuestra tu valía, sin duda.

También había reparado en él un tipo pelirrojo y bastante excéntrico que coincidía al dedillo con el cartel de recompensa de Garnet Matlock, además que por su manera de hablar, era tal y como lo había descrito su compañero peludo. Se mostró tal y como vino al mundo alardeando de que le había dado un vello púbico a Panda la última vez que se vieron. Kisuke no era quien para juzgar pero si le resultó curioso que aquel tipo tan estridente fuese alguien tan peligroso, porque si no recordaba mal, su recompensa era mayor que la suya propia.

-Tranquilo, titán... kuhahaha, enfunda la nodachi, que se te va a congelar... Realmente eres tal y como Panda me había comentado, espero poder tomar unas frescas un día contigo, estoy seguro que me reiré bastante... kuhahaha...

Tras estornudar de una manera muy peculiar, Garnet se encaminó al barco, seguramente para "vestirse". Mientras esto pasaba, Sasha parecía haber interactuado con Triana o alguien más de su tripulación y se encaminó hacia el Saint Fermín, invitándolo a seguirla. Mientras caminaban, sentía aún la molestia de la herida que había recibido del almirante; el tiempo apremiaba y llegaron rápidamente hasta el barco donde de malas maneras quitó al mega-porcino de la "negociación" y se puso ella a ponerles los puntos sobre las íes a los artesanos.

-Es brava la muchacha, ¿eh, Marraneitor?

Tardó unos escasos minutos en dejar todo en orden y, según lo que dijo había conseguido rebajar a tres millones y medio de berries de los cinco iniciales que pedían los artesanos, les faltaban ochocientos mil berries, y aunque Panda aún no había vuelto, intentó una última jugada desesperada, dirigiéndose a los artesanos, por si el mink panda fracasaba.

-¿Podríamos haceros un transporte gratuito de mercancías a la isla Gyojin, a modo de pago de los ochocientos mil que aún nos faltan?

No estaba seguro si aquella oferta iba a funcionar, él no sabía regatear, de hecho la gente en Ballywood le pagaba el pescado a precio muy bajo porque no se le daba muy allá negociar, más allá de aquellas personas a las que se lo regalaba por ayudar a sus convecinos. Sasha pidió que Mister Panceta la llevase a hombros en la isla Gyojin y que Panda fuese con ellos. Kisuke estaba agradecido con la chica, así que también le propuso algo por si le apetecía.

-Muchas gracias, Sasha... si quieres también podemos entrenar juntos un día, o puedo enseñarte a pescar de manera infalible, ¿qué te parece?

Ahora solo faltaba que volviese Panda, tenían que salir cuanto antes de aquel infierno.

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#12
En el manglar había demasiado jaleo y las voces de los trabajadores me transportaban a mi querido pueblo. Observé curiosa los barcos y, aunque todos aunque parecían heridos, seguían dando la lata y estaban tan animados como de costumbre. Me quedé casi hipnotizada al ver a tanta gente trabajando junta, como si de una gran comuna de trabajadores se tratara. Lo único malo: pedían dinero como ratas usureras. Según Garnet, se trataba de limosneros. Vale que nuestro barco no estaba en las mejores condiciones del mundo, pero yo sabía de sobra que no le pasaba nada que no se pudiera tapar con chicle o estiércol, y una de las dos nos sobraba con Jimba. Aún así, no paraban de decir que no nos podríamos mover de allí sin conseguir esa "tan importante" mejora.

Kenzo, Sasha y Tobías ya habían puesto su dinero en la caja, pero el tipo de los astilleros seguía insistiendo en que todavía faltaba más para los arreglos.  —Pues ahora que lo dices, creo que yo tengo algo de suelto por aquí — dije contestando a Garnet y palpando la bolsa que llevaba encima.  —A lo tonto no veáis lo que molesta... De hecho, pensaba tirarlo en algún momento, pero si lo necesitáis, es todo vuestro. Abrí la bolsa y vacié el más de millón y medio de ese dinero tan raro y que encima sabía tan mal. No me preocupó mucho que un tipo extraño nos estuviera rondando, porque por algún motivo parecía que todos estaban bien con él. Me parecía más raro que Jimba no hubiera salido al escuchar todo este percal, y, aunque Sasha y Garnet se marcharon a hacer sus cosas, yo me quedé un rato más mirando al cabecilla de la cuadrilla. Tenía mis dudas acerca de que nos estuvieran diciendo la verdad con lo de que necesitábamos un recubrimiento, aunque al menos me sirviera para quitarme un peso de encima que solo me estaba dando problemas.

 —Según mis cálculos ahí van como quince vacas... Pero como siguen sin ser vacas, no me interesa — dije distraída viendo a los trabajadores a mi alrededor. Suponía que ya solo quedaba que dejaran el barco listo para zarpar, así que podíamos estar tranquilos por el momento.  —Hay que ver lo que se encuentra una por aquí... Ese tío parece que solo tiene medio bigote ¿Y ese otro? ¿Enano o niño? — susurré ajena, sumergida en aquel ambiente mientras andaba lentamente hacia nuestro barco.

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Akuma

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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#13
Cuando Garnet escuchó mi oferta, esbozó una sonrisa tan despreocupada como un niño que juega en un parque de bolas, negando mi ayuda de manera amable, como haría un hermano mayor con su hermano chico.  No insistí. Había algo en su mirada, algo que hablaba de pasados no dichos y cicatrices que no se muestran. Me limité a asentir, sintiendo el peso de su decisión como si fuera un ancla invisible que él mismo había escogido cargar. Pero justo cuando el silencio se acomodaba entre nosotros, fue Sasha quien rompió la quietud con su energía eléctrica.

Se acercó con paso rápido, el cabello recogido en una coleta alta que bailaba con cada movimiento como una llama viva. Me miró con esa mezcla de determinación y picardía que siempre la acompañaba. Me encargó que controlara las velas y el ancla para poder zarpar en cuanto dieran las ordenes Su tono era claro, directo, pero no duro. Más bien sonaba como una orden envuelta en confianza. Yo asentí al instante, algo emocionado de tener una tarea clara, algo que hacer, algo que aportar. -¡Entendido! ¡Lo haré perfecto! ¡No te preocupes!- Respondí con una sonrisa amplia, notando cómo el pecho se me llenaba de una energía nueva, casi ansiosa por empezar. Entonces, sin decir una palabra más, extendió su mano hacia mí. O bueno, no toda la mano exactamente: me ofreció su dedo meñique, que en su tamaño parecía tan largo como mi antebrazo, o incluso un poco más. Me tomó por sorpresa, pero no dudé. Alcé mi mano izquierda y lo choqué con su meñique con un pequeño clack suave, como un gesto de paz entre dos reinos distintos. Fue un momento sencillo, pero me hizo sentir parte de algo. Y no sé por qué, pero me dieron ganas de reír, como si ese gesto sellara algo importante que apenas empezábamos a comprender.

Alcé los ojos, sorprendido, cuando la voz de Sasha se alzó por encima del murmullo de la muchedumbre. Era como un chispazo en medio del aire denso del puerto, una chispa que enseguida prendió en los nervios de todos los presentes. La había escuchado hablar con determinación antes, pero esta vez era distinto: su tono cortaba como hoja afilada, sin titubeos, sin pedir permiso. Señalaba con firmeza al encargado del embarque, que se atragantaba con sus propias excusas mientras ella le devolvía cada palabra con un contraargumento aún más afilado. Según entendí, nos estaban intentando estafar. Una de esas tretas sucias que los trabajadores del puerto hacían de vez en cuando con marineros novatos o poco atentos. Pero Sasha no era ninguna de esas cosas.

La discusión no duró mucho. Bastaron un par de frases suyas, bien clavadas, y un gesto decidido para que todo se pusiera en su sitio. Sin vacilar, caminó hacia el cofre donde yo había depositado mis monedas antes, levantó la tapa y, sin dudarlo, añadió su propio dinero. No hizo alarde de ello. No pronunció discurso alguno. Simplemente lo hizo, como quien sabe que la acción habla más fuerte que cualquier protesta. Yo observaba en silencio. Mis ojos iban de rostro en rostro, buscando algún gesto de duda, alguna reacción. Fue Tobías quien dio un paso adelante. Despacio, pero seguro. Su expresión era concentrada, casi solemne. Sin decir una palabra, dejó caer unas cuantas monedas más al fondo del cofre. El tintinear fue breve, pero tuvo un peso simbólico tremendo. Después vino Garnet, con la calma de un árbol viejo. Sacó unas monedas y las colocó dentro, como quien deja una ofrenda. Después fue Jolyne, y creo que ya terminamos de pagar todo. Sinceramente, me daba igual. Estaba ya todo solucionado.

Durante un breve instante, me sentí suspendido en el vacío. Las palabras de Sasha flotaban en el aire, cargadas de una confusión que yo mismo compartía. Preguntó que de que huíamos, y por dentro quise contestarle, darle una razón clara, una explicación lógica. Pero nada me vino a la cabeza. Solo silencio. Yo tampoco lo sabía. Me mordí el labio y bajé la mirada, esperando que alguno de nuestros nakama arrojara algo de luz sobre el caos que se había desatado a nuestro alrededor. Lo único cierto, lo único tangible en medio de toda la incertidumbre, era el eco lejano de una explosión tan enorme que parecía haber desgarrado el cielo mismo. Aquel estruendo seguía retumbando en mi pecho, como si el mundo entero hubiera contenido el aliento por un segundo antes de desmoronarse. No era momento de batallas, ni de planes, ni de orgullo. La urgencia se imponía con un peso abrumador. Triana fue quien puso orden al torbellino. Con la calma precisa y la voz firme, avisó que la isla estaba siendo atacada. Sus palabras cayeron como una sentencia definitiva, haciendo que las prioridades se reorganizaran de inmediato. Sin lugar para el debate, su orden fue clara: había que preparar el barco, y rápido. Y entonces, Tobías. Su voz no fue más fuerte que la de los demás, pero lo que dijo fue como una sacudida eléctrica que me recorrió de pies a cabeza: un Almirante de la Marina... y un Emperador del Mar… en el archipiélago. Sentí cómo el corazón me daba un vuelco. Una mezcla de emoción pura, casi infantil, se apoderó de mí. ¿Un Emperador? ¿De verdad uno de los Cuatro? Era como escuchar que las leyendas caminaban justo al otro lado del muelle. Mi pasión por los piratas, esa que me hacía coleccionar carteles de recompensas y soñar con hazañas imposibles, ardió con fuerza en mi pecho. Parte de mí deseaba correr hacia el centro de todo ese caos, buscar al Emperador, ver con mis propios ojos qué tipo de aura cargaba alguien así. Pero… no podía. No esta vez. Lo sabía. Ahora tocaba huir.

Cuando Triana terminó de hablar, mis piernas se movieron solas. No lo pensé, no lo dudé. Como si mi cuerpo supiera antes que mi mente lo que debía hacer, eché a correr hacia el barco sin mirar atrás. El puerto se desdibujaba a mi alrededor, lleno de gritos, pasos apresurados, crujir de maderas, y el olor espeso de la pólvora flotando en el aire, como un recordatorio de que estábamos escapando por los pelos. Fue entonces cuando escuché la voz de Jolyne, tan clara como un faro en la tormenta, llamándome para que me adelantase, para comenzar a preparar el barco. Asentí con fuerza y redoblé el paso, mis botas golpeando las tablas del muelle con furia, el corazón latiendo como si quisiera adelantarse también. Subí a bordo de un salto, impulsado por la adrenalina y esa urgencia que se apoderaba de todos nosotros. Sabía cuál era mi papel, lo habíamos hablado: velas y ancla. Era sencillo, pero vital. Sin pensarlo, mis manos ya se deslizaban por uno de los cabos, sintiendo su rugosidad bajo los dedos, y me aferré a él como si pudiera absorber seguridad del tacto de la cuerda. Miré en dirección al timón, buscando a Sasha entre el ajetreo. No la vi al instante, pero sabía que estaba por ahí, tomando el control como de costumbre. Inspiré profundamente, inflando el pecho con aire salado y eléctrico, y entonces grité con todas mis fuerzas, asegurándome de que mi voz se abriera paso entre el caos. -¡¿NECESITAS QUE RECOJA LAS VELAS O QUE LAS DEJE TAL Y COMO ESTÁN?! ¡CUANDO ME DIGAS RECOJO EL TIMÓN!-

No era solo una pregunta. Era un grito de compromiso, de entrega. En ese momento, cada fibra de mi ser estaba concentrada en cumplir esa función, en asegurar que el barco, nuestro hogar flotante, respondiera como debía. Podíamos estar huyendo de algo monstruoso, de un poder tan inmenso que solo su sombra bastaba para hacernos correr, pero ahí estaba yo, gritando órdenes, dispuesto a darlo todo. Sentí una chispa de orgullo mezclada con miedo, como si me enfrentara por primera vez a la responsabilidad real de ser parte de una tripulación. Y me encantaba.

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Alas Negras
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#14
Los carpinteros parecían querer aprovecharse de la situación lo máximo posible, pero nuestra Sasha no se lo iba a poner fácil. Mientras tanto, cada uno intentaba hacer su parte para salir cuanto antes de aquella maldita isla. Garnet se mostró dispuesto a hacernos la comida y Tobías me dio uno de sus botiquines para contribuir ahora que me tocaría revisar cómo se encontraban todos, además, también se ofreció a ayudar en lo que fuera necesario a los carpinteros. Por su parte, Kenzo corrió hacia el barco para prepararlo y Jolyne ofreció un buen dineral para ayudar a los gastos que supondría recubrir el barco. Seguía sin saber que narices era eso, pero Sasha y Tobías, que eran los que controlaban todo lo relacionado con el barco y su infraestructura, estaban conformes. Mientras a ellos les pareciese bien, yo no iba a oponerme.

Estaba tan centrada en nuestros siguientes movimientos y en aquello de lo que cada uno se estaba encargando que no presté atención a mi entorno. No éramos los únicos allí, había mucha más gente intentando escapar de la misma manera que nosotros y reunir el dinero para ello. Era tal el caos del que los carpinteros intentaban aprovecharse para enriquecerse que no reparé en que Kisuke, al que acababa de conocer ese mismo día, también estaba allí con sus compañeros intentando escapar, pero sin el dinero suficiente. Ni siquiera sabía si teníamos dinero para nosotros, así que ayudarles ofreciéndoles los cinco millones que costaba el recubrimiento no era una opción, por mucho que quisiéramos. Afortunadamente, Sasha sí que estuvo al tanto del problema y negoció con los carpinteros también una rebaja para ellos. Por lo visto, todos eran conocidos de Panda, al que Sasha y Garnet parecían tener bastante aprecio. Sin embargo, ahora no era tiempo de reuniones. No había que olvidar que la isla estaba al borde del colapso.

—¡Kisuke! Perdona, no te había visto. Tenemos que irnos ya. Si todo sale bien nos veremos en la siguiente isla y nos pondremos al día, entrenaremos, o lo que sea, pero ahora nos largamos —dije mirando alrededor intentando adivinar cuánto quedaba para que se echasen los marines sobre nosotros o nuestro manglar estallase en pedazos. Realmente tenía curiosidad por aquel grupo. No sabía qué relación tenía Panda con Sasha y Garnet, qué era esa especie de cerdo gigante ni cuáles eran las intenciones de Kisuke adentrándose en el Nuevo Mundo, pero tendríamos tiempo de saberlo si conseguíamos sobrevivir. —¡Todos al barco! Nada más nos hagan eso del recubrimiento levamos anclas y nos piramos cagando leches.

Sabía que estábamos muy cerca y que habíamos escapado por los pelos, pero también era consciente de que en cualquier momento la situación podía torcerse de tal manera que nuestros planes se fuesen al traste en tan solo un segundo. Solo era necesario un instante para que cualquiera de nosotros pudiese acabar muerto, sobre todo teniendo en cuenta el deplorable estado de salud de algunos, así que no pensaba bajar la guardia. Después de todo por lo que habíamos tenido que pasar, tendría narices que ahora que estábamos a punto de huir nos barrasen del mapa. No iba a permitirlo, aunque tuviese que volver a liarme a espadazos con el Almirante. Lo que más me fastidiaba de todo era que no habíamos podido cumplir y con nuestro objetivo en aquella isla, no habíamos sido capaces de liberar a los esclavos y no habíamos podido vengarnos por la captura de Yamamura. Sin embargo, si conseguíamos salir de allí podríamos fortalecernos y retomar nuestros objetivos con mucha más fuerza.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#15
El alto espadachín se presentó como Kisuke Kageyama, capitán del Ejército Revolucionario y colega de Chewei. Parecía majo. El motivo de su visita era demandar ayuda a los Alas Negras, necesitaban dinero para recubrir su barco y poder continuar su viaje, demorarse demasiado era un riesgo que nadie querría correr. Sasha no tardó en acceder a negociar por ellos el desmesurado precio que pedían aquellos maestros carpinteros. - Encantado Kisuke, yo soy Tobías. Fíate de mi sobrina. - Señaló con la cabeza a la joven semioni. - Nadie ha conseguido bajarla de la burra, nunca. - Aprovechó el joven barba naranja para presentarse desde la distancia, antes de que el revolucionario siguiera el rumbo de Sasha de vuelta a su barco, el cual estaba relativamente cerca. Además de Panda, también pudo ver a un cerdo enorme hablando con los carpinteros. La rubia se interpuso entre aquella mole rosácea y los trabajadores con su natural desparpajo. A Tobías le hubiera gustado poder escuchar esa conversación. Volvió a mirar hacia su grupo con una sonrisa en el rostro, para ver como Jolyne terminaba de completar el pago y se perdía de nuevo en su mundo, era la mar de divertida, el vaquero se perdía a veces intentando imaginar que podía estar pasando en aquella cabeza con alocados cabellos rosas. 

Así como los trabajadores comenzaron a preparar el material para tratar al Solar Karma, Garnet subió a cubierta para perderse después tras la puerta de entrada a los camarotes. Kenzo estaba completamente dispuesto a seguir las ordenes de Sasha para levar el ancla en cuanto todo estuviera listo para zarpar. Parecía que habían limado asperezas la pareja de jovenzuelos. Su rivalidad siempre estaría ahí, pero siendo como era, sana, sería más una bendición que una piedra en el zapato, para ambos. Triana seguía manteniendo el orden y fortaleciendo la cohesión entre los miembros de la tripulación, tarea que no era para nada fácil. Tobías miró hacia el horizonte, en dirección hacia donde se había escuchado aquella profunda voz, tan potente como distorsionada por la distancia que habría recorrido hasta llegar a sus oídos. Un escalofrío recorrió su espalda de arriba a abajo al recordarla. Una extraña sensación teñía el presente con tonos nostálgicos. Sin darle más importancia, más que la que requería la situación en si, pues aquel archipiélago podía convertirse en el averno en cualquier momento, Tobías volvió al mundo terrenal para ser de utilidad y ayudar a salir lo antes posible de allí.

Los carpinteros cargaban cubos llenos de lo que parecía una resina y los comenzaban a subir a cubierta. Sin usar las manos, el vaquero comenzó a elevar el resto de cubos que estaban por subir. Los trabajadores agradecieron su colaboración y se pusieron manos a la obra. Tenían la misión de crear una capa uniforme que cubriera por completo toda la superficie del galeón. No era una tarea sencilla, de hecho parecía algo imposible, pero aquellas expertas manos parecían valer el dinero que se les había dado. Tobías no iba a poder hacer mucho, era una técnica demasiado depurada como para aprenderla en unos minutos, debían de requerir meses o años de práctica para dominarla y no condenar al navío tratado a un naufragio seguro. El carpintero de los Alas Negras se limitó a facilitar el trabajo de los profesionales, acercándoles las herramientas y la resina. Era un material autóctono, por lo visto, solo existía ahí y en la isla a la que se dirigirían, la isla de los Gyojin. Provenía de las raíces de aquellos arboles que formaban la estructura base del archipiélago. Tras una interminable actuación por parte de los carpinteros creando aquella capa uniforme de resina, llegó la parte más sorprendente. Soplaron aire en el interior para crear una cúpula habitable en cubierta. Aquella capa transparente podía atravesarse con facilidad, aún así, los carpinteros advirtieron al vaquero del riesgo de rotura en caso de que una masa grande atravesara bruscamente el recubrimiento. Mejor no probarlo. Al fin, el Solar Karma estaba listo para continuar con su aventura, un nuevo capítulo que parecía llevarles a las profundidades del mar. La emoción embargaba al joven barba naranja. Ya estaban todos a bordo y preparados para partir. Por suerte, todavía no había comenzado el enfrentamiento entre el emperador del mar y la Marina. El viaje continuaba.   


información
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Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
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#16
Cuando un archipiélago entero amenazaba con estallar en mil pedazos ante la colisión de dos fuerzas con un poder sin parangón, lo normal era que imperara el egoísmo, el mirar a tu propio ombligo y al de tus seres cercanos. Sin embargo, quizás en un arrebato de altruismo o de camaradería, al compartir lazos con un buen amigo y conocido como era Don Bambú, Sasha aceptó sin mayor miramientos ayudar al revolucionario a quién, en esta ocasión, la capitana de los Alas Negras sí se percató de su presencia, sellando una promesa de un encuentro en un futuro cercano.

Mientras la navegante de la tripulación se encargaba de tenderle una mano al capitán revolucionario, Jolyne se acercó hacia el cofre dónde Sasha, Tobías y Kenzo habían dejado el dinero del que disponían para hacer lo mismo, depositando lo que restaba y salvándole el día a los Alas Negras. Cuando vio la gran cantidad de berries que había puesto la pelirrosa, el que lideraba ese grupo de artesanos se agachó para reunir y coger en sus manos todos los billetes y monedas del baúl, parándose a contarlas meticulosamente para que no quedara ni un berry por poner.- Está bien. - Anunció tras algunos segundos en silencio que bien podrían haber parecido eternos.- Está todo el dinero, los tres millones y medio que acordamos. - Confirmó, asegurándose de que sus herramientas estaban bien ataviadas a la par que miraba a todo su grupo.- Vamos a dejar el trabajo hecho lo antes posible para irnos cuanto antes de aquí. - Motivó a todo su equipo, sacando todos los útiles y herramientas necesarias para preparar al Solar Karma para la dura travesía que le esperaba.

Con la timonel ya de vuelta, todos y cada uno de los integrantes de los Alas Negras ponían de su parte para dejar listo el galeón para partir en cualquier momento hacia las profundidades del vasto océano. A pesar del caos que podía imperar ahora mismo en Sabaody, la banda pirata trabajaba en armonía y con tranquilidad, cada uno enfocado en su propia tarea. Para fortuna de los artesanos - que sí que se les notaba algo tensos al ir contrarreloj - una mano amiga y generosa por parte de Tobías les fue tendida, facilitando y agilizando su trabajo a pesar de la poca experiencia que podía tener el peliazul. El que parecía ser el capataz se limitó a sonreírle e inclinar su cabeza en acto de agradecimiento. Les estaba resultando útil que alguien le proporcionara la resina y las herramientas necesarias para cubrir la superficie del barco en aquella película viscosa.

Una vez que habían terminado su labor, el jefe de los artesanos se dirigió a Tobías. Ya que había sido el que mayor atención había puesto al proceso y el que había brindado su ayuda, el hombre consideró que era el más apto para realizar la tarea que aún les quedaba.- Muchas gracias, por la ayuda, joven. - Agradeció mientras tendía su mano cerrada hacia el vaquero, abriéndola y mostrando una especie de utensilio, parecido a una válvula con forma de coral.- Tómalo, cuando estéis listos para zarpar, activa la válvula. Gracias a ella, la resina que hemos colocado alrededor de vuestro navío se empezará a llenar de aire hasta crear un espacio de aire dentro. - Le cedió el particular aparato.- Los artesanos lo denominamos como “techo - burbuja”. Tardará algo en inflarse, pero os salvará de la presión al estar sumergidos. - Explicó, dando la media vuelta para bajarse del barco, aunque se paró por un segundo.- Ah, y cuidado con que no estalle la pompa, mucho cuidado y sobrevivid hasta Gyojin, ¡hasta más ver! - Se despidió y saltó junto a sus compañeros del barco, perdiéndose en la lejanía con rapidez para ir en dirección a su propio navío que les salvaría de la situación de la que se encontraba. Con todo listo, ahora los Alas Negras tan sólo necesitaban esperar a que la burbuja de resina se inflara. En ese momento ya podrían salir del cataclismo que estaba a punto de suceder.

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#17
Desde la barandilla del barco, observaba todo con una mezcla de alivio y expectación contenida. Los carpinteros, tras comprobar con detenimiento el contenido del cofre y constatar que todo el dinero que habíamos reunido estaba allí, aceptaron finalmente la propuesta de Sasha. Sin perder más tiempo, comenzaron a trabajar de inmediato, como hormigas diligentes que saben que la tormenta se acerca. Los vi desplegar herramientas, maderas y clavos, moviéndose con una rapidez precisa, casi coreografiada, que me impresionó más de lo que esperaba. Cada golpe de martillo, cada crujido de las tablas bajo sus botas, sonaba como un latido más del barco que pronto sería nuestro salvavidas. Me quedé en cubierta, atento, con los músculos ligeramente tensos, listo para saltar a ayudar si alguno de ellos lo requería. No era carpintero, ni mucho menos, pero mis manos eran fuertes y mi voluntad aún más. Sabía que, en momentos como este, cualquier par de brazos podía marcar la diferencia entre un barco que navegara y uno que se hundiera en medio de la primera corriente traicionera. Así que aguardé, como un perro guardián en silencio, recorriendo con la mirada cada movimiento, cada carga que subían a bordo, cada cuerda que amarraban con nudos expertos. La brisa marina me agitaba el cabello, impregnada del olor de la madera recién cortada y del sudor de los trabajadores. El sol, aunque parcialmente velado por las nubes bajas, aún lograba calentarme la espalda, aportando un leve confort a la tensión que se respiraba en el ambiente. Me obligué a mantener la calma, a no dejar que la impaciencia se adueñara de mí. Esto era parte del camino, parte de la vida pirata que siempre había soñado vivir. Era caótico e imprevisible, y eso realmente me fascinaba.

Me quedé quieto, mirando el horizonte mientras todo lo ocurrido pasaba por mi mente como una película enloquecida. Yojimbo capturado. Esa noticia resonó en mi cabeza como un eco constante, una pesadilla que se repetía sin cesar. No podía dejar de pensar en cómo todo había cambiado en cuestión de horas. Estábamos tan seguros de nuestra causa, tan listos para tomar lo que nos pertenecía, y de repente… todo se derrumbó. Después vino aquella discusión, el caos entre nosotros. ¿Qué hacíamos? ¿Luchábamos? ¿Huíamos? Todos teníamos diferentes opiniones, pero nadie realmente sabía lo que estaba pasando. La incertidumbre, como una nube negra, nos rodeó. Y entonces, el tornado. Como si el mundo mismo decidiera separarnos, el vórtice de viento nos arrancó de Triana, dejando un vacío palpable en el aire. Los golpes de los artesanos azotaban nuestro barco con furia, y lo único que pude hacer fue aferrarme con fuerza a cualquier cosa que tuviera cerca. Luego, el ataque de los marines. Aquellos bastardos no nos daban tregua. El enfrentamiento fue caótico, y lo peor fue el momento en que me enfrenté junto a Jolyne a aquella marine enana. No entendí qué me pasó. Y justo después, de repente, todo mi cuerpo se paralizó sin razón, como si un hechizo invisible me tuviera bajo su control. Estaba vulnerable, incapaz de moverme, y la sensación de impotencia me recorrió de pies a cabeza. Pero la peor parte fue la explosión. Ese sonido atronador que desgarra los oídos y el aire, esa onda expansiva que nos desbordó. La isla se sacudió, y con ella, todos nuestros planes. Nos vimos obligados a huir. Escapamos como ratas, sabiendo que la situación era insostenible. Reagruparnos fue lo único sensato que pudimos hacer. Todo eso pasó tan rápido, pero al mismo tiempo, fue como si el tiempo se hubiera alargado. La incertidumbre seguía siendo nuestra única compañía. ¿Qué nos esperaba después de todo esto? ¿Realmente íbamos a sobrevivir a lo que se venía?

Ahora que los pensamientos se asentaban en mi mente, me di cuenta de algo que hasta ese momento había dejado pasar: la explosión probablemente tenía que ver con el Emperador. Mi estómago dio un vuelco al pensar en ello. ¿Qué había pasado exactamente? ¿Qué clase de poder o desastre había traído consigo esa explosión tan masiva? Quería entenderlo, saber quién estaba detrás, pero también me di cuenta de que, al menos por ahora, no servía de nada preocuparme. Estábamos en medio de una huida, a punto de zarpar, y las respuestas tendrían que esperar. No podíamos darnos el lujo de quedarnos parados, analizando cada detalle. Mi mente se llenó de preguntas, pero de inmediato las aparté. El caos, la urgencia del momento, me hicieron enfocarme en lo que estaba frente a mí: zarpar. Nos estábamos yendo, y todo lo demás se difuminaba en la niebla de la incertidumbre. Pero aún así, la pregunta persistía. ¿Quién era ese Emperador? Todo eso flotaba en mi mente como una corriente de agua revuelta, pero tenía que mantenerme firme. No podía distraerme. Había cosas más importantes en juego ahora. La ansiedad me apretaba el pecho, y para sacudírmela, me giré hacia mis nakama, donde la actividad era frenética. Todos se movían, pero a un ritmo controlado. De repente, me detuve y lancé un grito hacia donde estaban Sasha y los demás. Mi voz salió fuerte, aunque con un toque de impaciencia. -¡Sasha! ¡Chicos! ¿Cuánto os queda? ¡Estoy preparado!- Mi tono era enérgico, cargado de adrenalina. Estaba listo para cualquier cosa, pero había algo más profundo en mi voz. Esa urgencia no solo provenía de la necesidad de zarpar, sino de la ansiedad que crecía en mi interior, de la incertidumbre de lo que nos esperaba fuera, de lo que sucedería si no nos apresurábamos. Lo único claro era que no podíamos quedarnos allí, a merced de lo que viniera.

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Alas Negras
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#18
Con la idea del menú que le iba a preparar a todos en mente, Garnet se encontraba sólo frente a los fogones preparado para elaborar la comida a los Alas Negras después de tan intenso día. Lo primero que hizo fue ir a la despensa, para comprobar que toda la materia prima que necesitaba para cocinar estaba allí. Estando en la estantería donde guardaban los alimentos que no necesitaban del frío para conservarse, pudo ver que de su listado mental estaba todo.- Macarrones, arroz, harina, ajo, patatas, tomate... - Iba señalando uno a uno los ingredientes necesarios, celebrando internamente cada vez que los encontraba. Habiendo comprobado aquello, quedaba visitar el frigorífico pues, gran parte de la comida que precisaba estaba ahí guardada.- Filete de ternera, dos filetes de rey marino, queso fresco, panceta y chorizo de cerdo, huevos y harina... - Iba enumerando, esbozando una gran sonrisa al ver que disponía de absolutamente todo.- ¡Dicho y hecho! ¿Es o no es? - Chasqueó los dedos, comenzando a preparar la cocina para tenerlo todo listo para la creación del menú. Junto a los ingredientes que nunca faltaban, como era la sal, el aceite y las especias, iban bien preparados para la travesía que les esperaba.

Sin más dilación, llenó una olla grande de agua y la sazonó con un pelín de sal, dejándola al fuego hasta que empezara a hervir. Mientras se prepara para ebullir el agua, con la mayor rapidez que podía, iba confeccionando en paralelo el resto de platos, dejando peladas cuatro patatas y tres dientes de ajo, cortando en dados la panceta y el chorizo de gorrino y empezando a empanar uno de los dos filetes de rey marino haciendo uso de parte de la harina y de dos huevos batidos. No le dio tiempo a hacer más cuando el burbujeo y agresividad de la evaporación del agua le alertó de que la olla ya estaba lista para hervir.- ¡Para el carro, muñeca! Ya va el menda contigo, ¿es o no es? - Habló para nadie, al mismo tiempo que iba a por los macarrones - tamaño semioni -, echándolos a la enorme olla.- Perfe eso por ahí... - Reflexionaba Garnet, intentando optimizar al máximo posible su trabajo y pensando que debía ser lo siguiente.- La ternera y los filetes de pescado tardarán una mierda así que... - Cogió una sartén enorme, poniéndola en uno de los otros fogones, no quedando espacio en la vitrocerámica prácticamente para nada más. Desde luego que aquella cocina se le quedaba chica para alimentar a 6 personas.

Echó un chorreón de aceite a la sartén y la puso a calentar a medio fuego, comprobando de vez en cuando acercando el dorso de su diestra a la superficie para comprobar la temperatura.- Esto ya está... - Dijo, introduciendo en ese momento los dientes de ajo al utensilio, sofriéndolos hasta que quedaran doraditos.- De puta madre. - Los apartó de la sartén, sin apagar el fuego de esta, dejándolos en un plato a parte preparado para más adelante. En esa misma sartén - y sin quitar el aceite que había utilizado para sofreír los dientes - depositó la panceta y el chorizo, haciendo prácticamente el mismo proceso que con el ajo. Una vez que el color de la panceta era dorado como el mismísimo sol, apartó aproximadamente la mitad de esta en otro plato distinto que el ajo, los cuales añadió nuevamente a la sartén y salteó tras echarles tanto pimentón como comino, todo mientras tarareaba alguna que otra canción de las suyas, demostrando el amor que había adquirido por el arte gastronómico. Dejando que todo se tostara y antes de que el pimentón llegara a quemarse, Garnet añadió la harina a la sartén, removiendo todo lo que había en su interior con una cuchara de madera durante cosa de dos minutos. Pasada esa cantidad de tiempo, añadió un moderado volumen de agua a la sartén, con el fin de que la harina se diluyera.- Eso es, cojones, eso es... - Se decía a sí mismo, mientras echaba sal a aquella elaboración y removía con más suavidad la mezcla, mostrando cada vez mayor espesura.- Suave, como si estuviera besando a una chati... Pueje... -. Una vez que comenzó a hervir, Garnet cesó de remover la mezcla, dejándola reposar a fuego lento durante varios minutos, probando con una pequeña cucharada el sabor del contenido, ¡estaba que te cagas!.- A otra cosa mariposa... - Fue directo a comprobar la cocción de los macarrones mientras. Ya que estaba con varias elaboraciones a la vez, debía aprovechar los tiempos muertos que le daba una para ponerse con otra.- Hmmm, todavía le queda. - Vio que aún estaban algo más duros, así que podía ir aprovechando para cortar las patatas, sazonarlas e ir friéndolas, cosa que hizo rápidamente.

Llenó una sartén algo más pequeña que la anterior de aceite y, colocándola en el último fogón que quedaba libre, la calentó al máximo para, una vez que estuviera el aceite lo suficientemente caliente, echarlas dentro para que frieran.- ¡Que me quemo, leñe! - Se quejaba el semidesnudo Garnet al sentir en sus carnes el aceite que salía salpicado al freír las papas. Mientras tanto, cogió varios tomates, y los preparó para hacer un buen sofrito que acompañara a los macarrones hasta que, la sartén que tenía la mezcla de la primera elaboración estaba lista.- ¡De puta madre! - Apartó el utensilio de cocina, quedando nuevamente otro fogón libre, y sirvió la comida en un cuenco, echando por encima parte de la panceta y chorizo que había preparado con anterioridad.- ¡Una cosa menos! - Exclamó, yendo a comprobar el estado de los macarrones que, ¡estaban en su punto! Coló el poco agua que podía quedar en ellos y, una vez secos, los añadió a la base de sofrito que había preparado, dejándolos en un gran plato llano y echándole por encima una gran cantidad de queso que empezó a rayar el mismo.- ¡Y otra menos! - Con ello, ya estaban los platos de Jolyne y Sasha más que listos.

Mientras se terminaban de hacer las patatas, comenzó a freír también el filete empanado de Rey Marino, teniendo cuidado con la temperatura del aceite para que, el interior se cocinara bien sin quemar y achicharrar el empanado del exterior. Debía quedar crujiente a la vez que jugoso. En ese momento, con una espumadera, desplazó las crujientes patatas a dos platos distintos, asegurándose bien de escurrir bien el aceite para que no quedarán grasientas.- Y ahora lo que toca es... - Cogió el otro filete de Rey Marino y lo dispuso en otra sartén en la que había dorado unos trocitos de ajo cortados y apenas aceite, no sin antes haberle echarle tanto sal como perejil para que cogiera un buen sabor.- Esto es vuelta y vuelta y a pastar, ¿es o no es? - Comentó sonriente, dejando que el filete marino se hiciera a la plancha, ganando un color tostadito dorado en la capa más externa del pescado. Con tan sólo olerlo se le hacía la boca agua. Por otro lado, el filete empanado también había cogido un color que te pedía devorarlo con tan sólo mirarlo.- Esto está de locura. - Valoró, sacando ambos filetes y dejándolo en platos distintos, quedando el empanado acompañado del de las patatas fritas y el hecho a la plancha junto a una ensalada de lechuga, zanahoria y tomates cherry. El plato de Kenzo y Tobías estaba ya más que listo.

Apartó las dos sartenes dónde había cocinado al rey marino y, en una nueva y limpia, echó un puñado de sal cristalizada y calentó la sartén sin echarle aceite. Cuando estaba lo suficientemente caliente, cogió el buen filete de ternera y lo soltó ahí, hasta que se hiciera lo suficientemente por fuera - con cuidado de que no se chamuscara - pero quedará poco hecho por dentro, tal y como le gustaba a su capitana, y razón por la que tenía que ser el último plato a preparar.- Pueje, ¡pues esto ya está! - Exclamó, dejando el chuletón de ternera poco hecho en otro de los platos que tenían patatas y expectante de que sus amigos terminaran para darles de comer. Los dejó bajo una cúpula para que no se enfriaran y, aprovechando la base de sofrito que había sobrado del plato de Sasha, Garnet aprovechó para coger algo de carne picada e ir preparando un buen plato de albóndigas con tomate para él mismo. Tanto preparar comida deliciosa le había entrado un hambre voraza.

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#19
Sasha fue repasando todo lo que estaba pasando desde que volvió de negociar con los trabajadores estafadores que trabajaban en los astilleros en el barco de los revolucionarios. Parecía que los trabajadores que se estaban encargando del Solar Karma ya se estaban encargando de ello y eso la dejaba tranquila. El viejo que había llegado pidiendo ayuda se había presentado como Kisuke y sí que era amigo de Don Bambú, aunque ella lo había podido ver después en el barco de Rapax Gin Gin. Además que le había caído muy bien el capitán del ejército revolucionario porque había visto su valía, eso sumado a las palabras de Tobías solo hicieron que se le inflara el ego y quisiera usar sus queridas gafas de sol para así parecer más molona, pero recordando como se chocaba con las paredes en isla Chika pensó que tal vez no era buena idea. Tenían prisa. 
  
La semioni volvió a ser consciente de su alrededor con los gritos de Kenzo, de verdad que estaba haciendo el esfuerzo de ignorarlo y por eso le había dado algún trabajo para mantenerlo entretenido, pero parecía que no era suficiente. Aunque lo peor de todo fue escuchar como se equivocaba refiriéndose al ancla como timón. Cogió aire y lo dejó ir con un gran suspiro de resignación, nunca había desarrollado la paciencia tanto como con ese niñato — ¡Deja las velas como están! Si les molesta para el recubrimiento ya lo dirán. Tú busca la bandera para ponerla en la punta del mástil y preocúpate por el ANCLA — le contestó apoyando los antebrazos en el timón esperando hasta que el grupo de diez hombres terminen con su trabajo.
 
Al poco tiempo una capa de burbuja ya estaba recubriendo todo el galeón y avisaron de que tenía que inflarse, por lo que tardarían un poco más en zarpar. La rubia volvió a bufar harta de esperar, pero lo peor era escuchar al niñato quejarse — ¡Hay que esperar a que se infle el recubrimiento! — le gritó de vuelta esperando que eso sirviera para que se tranquilizara un poco, añadiendo también que se pusiera a hacer lo que le había pedido. A Garnet no lo había visto desde que volvió pero suponía que estaría a lo suyo, le había prometido comida así que mientras estuviera él también entretenido estaría bien.
 
 

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#20
Con la perfecta coordinación del grupo de carpinteros, en muy poco tiempo el Solar Karma estaba listo para hundirse en las profundidades del mar, o al menos eso le pareció a Tobías. El vaquero había disfrutado viendo el hipnotizante trabajo de aquel equipo. Una perfecta capa de resina cubría el galeón, lo suficientemente resistente como para poder ser atravesada por seres u objetos, si lo hacían con delicadeza. El joven barba naranja solo veía un ligero inconveniente, para poder manejar el barco necesitaban moverse por cubierta, y la resina estaba adherida a toda la superficie de la madera. Desde el interior del navío iba a resultar imposible controlarlo. El jefe de los carpinteros no tardó en calmar la angustia del vaquero, después de agradecer su colaboración. Le otorgó un curioso útil, capaz de expulsar aire desde su interior y con la misión de hinchar esa burbuja pegada al barco. Así se generaría una cúpula, a la que llamaban "techo-burbuja", que cubriría la cubierta, volviéndola habitable, una ventana semiesférica a la profundidades. Tras darle las instrucciones al carpintero de los Alas Negras, el capataz y sus hombres se despidieron. El pirata los despidió despegando el sombrero de su cabeza a la vez que acercaba su mentón al pecho. - Muchas gracias por todo. Que tengáis un buen trayecto también. -

Tobías se acercó al centro de la cubierta, todos estaban a bordo, así que se agachó y accionó aquel utensilio, con forma de coral, tras atravesar la capa de resina con su extremo. Poco a poco la viscosa sustancia comenzó a separarse de la madera, formando una semiesfera alrededor del aparato que fue creciendo gracias al aire insuflado en su interior. En unos segundos ya había "absorbido" de la planta de los pies, hasta las rodillas del vaquero. En unos minutos, Tobías ya estaba completamente dentro de la burbuja, alucinando con la capacidad que tenía aquel objeto de almacenar aire y liberarlo de forma tan controlada. Mientras esperaba a que aquella cúpula alcanzara el tamaño esperado, al manitas se le ocurrió lo útil que podría ser el aire comprimido como elemento de transmisión de energía. Tenía que darle una vuelta a la arquitectura del brazo que estaba diseñando. 

Tras un buen rato, el cual solo había sido ameno para Tobías, finalmente, el "techo-burbuja" ya estaba listo. Tenían que abandonar aquel archipiélago cuanto antes. Entre untar la resina e inflarla, no había pasado precisamente poco tiempo. El infierno tenía que estar asomando el hocico. El aroma que venía desde el interior del barco le recordó a barba naranja el hambre que tenía, forzándolo a salivar. - Esto ya está Triana, a la espera de tus órdenes para zarpar. - Cuanto antes salieran de allí, más probabilidades de salir ilesos y sobre todo, antes iban a poder disfrutar del suculento banquete que se intuía. Era la mejor manera de celebrar que la aventura continuaba, una buena fiesta todos juntos (que falta hacía). Bueno, faltaba el capitán, pero todo ese tiempo que fueran a pasar sin él, se condensaría en forma de la verbena más grande jamás vivida por los Alas Negras tras el reencuentro, el cual, el carpintero ansiaba profundamente. 


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Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
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