[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Parad al Yonko
#31
Aquello era un infierno. La desesperación de Karl, los gritos de rabia y dolor de Sohem, el leve tono de voz de Apolo, el daño producido por las explosiones... Era lo único que podía escuchar alrededor de mi. Tan solo la calma de Viktor era lo único que me mantenía aún concentrado. Bastaron un par de simples palabras como respuesta para saber que podía contar con él. Tras ello, utilizó los poderes de su nueva fruta para hacer algo, no entendía muy bien el qué, pero podía confiar en él plenamente. Si lo hacía es por algo - Vik... Ten cuidado ahora, aparta un par de pasos hacia atrás, por lo que pueda pasar - le dije levemente y con calma.

No sólo estaba delante del almirante para protegerlo a él. Sino que detrás de mí, estaban muchos más. Todos dependían de mí para poder protegerlos y que esta masacre no fuera más. Esto no era como mi enfrentamiento contra Rapax, aquí tenía que dar el 200%, y era el momento adecuado. Aún no controlaba mi fruta del todo, pero si sabía de lo que era capaz. Mientras, observaba como Odki desataba todo su poder, y en un monstruoso ataque, convirtió a todos los Patriotas en chatarra inútil. Ahí supe que nosotros eramos los siguientes, pero no iba a ponérselo tan fácil. En cuanto vi aquella escena, me transformé por fin.

Mi cuerpo comenzó a ganar volumen y tamaño, de una manera abrupta, mientras mi piel iba ganando una tonalidad negra. De mi espalda, se iba formando un caparazón, a la vez que mis piernas y brazos crecían casi sin control, de las cuales también, brotaron unas garras afiladas, al menos aún podía mantenerme de pie perfectamente y en equilibrio. Y para finalizar, de mi propio cuerpo, saliendo por debajo del caparazón, nació una nueva forma de vida, una serpiente totalmente independiente, con vida propia. Todo este proceso se realizó hasta que conseguí finalizar la transformación por completo, mi forma híbrida. Aún necesitaba más entrenamiento y control para poder averiguar que forma podría tener si llegase a la forma completa al tratarse de una zoan.

Ahora era el protector del norte, un ser mitológico: El Genbu. Tras ello, solté un monstruoso rugido, dejandome llevar totalmente por el momento y la bestia que habitaba dentro de mi.


A pesar del aumento de tamaño, aún podía notar las técnicas que Viktor realizó anteriormente. De repente pude ver como Odki comenzó a elevarse en el cielo, convirtiendo sus piernas en una especie de hélice gigante - Venga, va... - dije para mí mismo, mientras seguia manteniendo mi Tekkai activo, solo que ahora transformado, y aún manteniendo mis brazos abiertos para abarcar lo máximo posible a la hora de proteger.

Cuando de repente aquellas hélices cambiaron de forma, está vez en una especie de taladro que salió disparado directamente hacia Gukuro, estaba claro que el Almirante era su mayor amenaza, y cuanto antes lo dejara fuera de combate mejor para el. No pude tener tiempo de reacción en el momento que lo lanzó, pero gracias a qué pude prepararme a tiempo para bloquearlo por completo con el pecho de mi propio cuerpo, haciendo que aquel taladro cayese al suele aún caliente al no poder atravesarme, pero si dejándome una bonita herida que sangraba, pero era algo a lo que ya estaba acostumbrado, por suerte. Junto a mi fruta y la ayuda que Viktor puso sobre mí, pude aguantarlo perfectamente sin moverme del sitio, no podía creerlo. Había aguantado el ataque de uno de los emperadores de los mares. Pero no por ello podía pensar ni siquiera hacerle frente.

Lo único que podía hacer ahora es aguantar todo lo que tirase, junto a Viktor, y esperar a que Gukuro volviera a la batalla. Suspiré. No iba a dejar que le pusiera una sola herida más encima.

- No se derramará ni una sola gota más de sangre mientras esté aquí. Detrás de mi no debe de haber temores -

Era un bastión inquebrantable. Tenía que serlo.

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#32
De repente, el aire a mi alrededor se volvió denso, casi irrespirable. Sentí una presión aplastante antes de comprender lo que ocurría. Mis manos, ocupadas tratando las heridas del Almirante Yugu Dimípalo, quedaron completamente paralizadas sobre su uniforme desgarrado y ensangrentado por las heridas que había sufrido en combate.
 
"¿Qué... qué es esto?" – quise preguntar, pero mi garganta se cerró como si una mano invisible me estrangulara. Ni un susurro logró escapar de mis labios.
 
No pude ni girar la cabeza siquiera, era como si mi cuello estuviera aprisionado por cadenas invisibles. De reojo, vi a Sohem, con su brazo cercenado y la sangre brotando como un manantial carmesí. La mascara que llevaba le ocultaba la expresión que seguramente era una mezcla de impresión, dolor, y coraje desmedido – lo ultimo que pude venir de su energía con mi Haki de Observación – mientras se dirigía en dirección a donde había caído abatido Apolo.
 
Mis rodillas cedieron por completo. Caí sobre la superficie del manglar empapado, incapaz de mantenerme erguido. Mi cuerpo entero temblaba, pero no era un temblor normal, era como si cada fibra de mi ser intentara huir en direcciones distintas mientras permanecía petrificado.
 
Era miedo en su estado más puro.
 
Un miedo primordial, visceral, aterrorizador que se apoderó de mí. No era como el miedo a morir en batalla que había experimentado antes. Era terror en su forma más pura, activando instintos que ni sabía que poseía. Imágenes fragmentadas invadieron mi mente: los cuerpos destrozados en el manglar 33 – recordé con brutal claridad a una mujer con su bebé en brazos, ambos inmóviles bajo escombros humeantes a causa de los ataques del Patriota de esta misma mañana – así como todo lo ocurrido con mis padres y Fugowo en la isla Gyojin. Un anciano (seguramente un simple pescador), decapitado por el Patriota, cuya cabeza había rodado hasta los pies de varios civiles cuando nos encontrábamos en el manglar 69. Los niños... los niños siguieron aquellas imágenes de la mañana, que pasaban por mi cabeza como recuerdos de veterano de guerra que no era, cuyos miembros habían sido dispersados como hojas al viento por las explosiones. La sangre transformando el agua cristalina en un pantano rojizo.
 
Intenté gritar, advertir al Almirante que seguía frente a mí, pero mis labios solo temblaron inútilmente. Mi mandíbula estaba completamente rígida, mis dientes apretados con tanta fuerza que sentía que se romperían. Un hilillo de saliva escapó por la comisura de mi boca mientras mis ojos, desorbitados, buscaban con desesperación a Sohem de forma inútil rogando internamente que parara. Su figura, consumida por la rabia, se distorsionaba a través de las lágrimas involuntarias que inundaban mis ojos. Era como mirar directamente al abismo y sentir que dicho abismo me devoraba. Quise moverme, huir, esconderme, pero cada músculo de mi cuerpo había abandonado toda voluntad propia. Solo quedaba el miedo, pulsando con cada latido de mi corazón desbocado.
 
Hasta que, de repente, el miedo se detuvo.
 
Sohem había controlado su ira y con ella su control sobre su Haki del Conquistador. Estaba claro que este escenario me sobrepasaba de forma descomunal. Una parte de mi quería de verdad huir, escapar de aquí, dejar a estos monstruos pelear la batalla y observar desde la seguridad de la lejanía. Pero mi sentido de la justicia y mi lealtad hacia la institución que representaba detuvieron este impulso cobarde – o de supervivencia, como lo preferían ver aquellos que le obedecían continuamente.
 
“Almirante, sigo con usted señor, mi vida la entregue a la marina, haga con ella lo que necesite para detener a esta calamidad, úseme de escudo si es necesario, solo usted es capaz de hacerlo.” – le dije al Almirante, convencido de mis palabras, y de que serían las ultimas que seguramente diría en mi vida, mientras juntaba mis cosas para regresar a aplicar los kits médicos que aun portaba conmigo y volvía a activar el Haki de Observación.
 
El ejemplo de liderazgo que estaba poniendo el Vicealmirante Joe – el héroe – Joestar me hacia entender por fin aquella devoción de Karl hacia esta importante figura de la marina, y me había dado la determinación para hacer lo mismo en caso de ser necesario, a pesar de las consecuencias.
 
Y apenas era el inicio de la demostración de heroísmo que estaba por suceder.
 
Mientras seguía curando al Almirante, el Vicealmirante Joe – quien se había colocado de frente al Almirante con los brazos cruzados formando un escudo humano – comenzó a transformarse en un ser inmenso e impresionante, otro monstruo mas que se hacia presente en esta zona de guerra. Su piel adquirió una tonalidad negra mientras que de su espalda surgía un caparazón como el de una tortuga. De la forma mas bizarra posible le apareció una cola en forma de serpiente terminando la cola en una cabeza de serpiente, más bizarro imposible. No tenia idea de que clase de ser era este, pero por lo menos estaba de nuestro lado.
 
Demostrando la capacidad defensiva de un bloque de diamante, pude sentir como lograba detener uno de los ataques provenientes del barco del Yonko – el cual no pude ver por estar enfocado en la curación del Vicealmirante – escuchando el fuerte impacto de un ataque que seguramente hubiera sido catastrófico de haber sucedido de otra forma.
 
El milagro se había dado, al menos por el momento, seguíamos todos vivos y el Almirante seguía recuperando sus fuerzas. Era tiempo del contraataque.
 

 
Resumen

Karmas

Curación al Almirante

Belico

Haki

Gasto

inventario
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#33
Apolo estaba vivo, pero era incapaz de gesticular ninguna palabra. Su cara había quedado destrozada, era horrible ver así a mi compañero tan de cerca. Hasta ahora, a pesar de haber perdido a muchos de mis compañeros, nunca los había perdido delante de mí. 

A lo largo de mi vida había visto mucha muerte en directo, gente a la que no había podido proteger o desgraciados con los que había acabado de manera más o menos involuntaria, privándoles de la vida, pero nunca había tenido a un ¿amigo? tan cerca en esta situación, teníamos que acabar con esto ya. Teníamos que vencer y vivir. No podíamos morir.

Detrás de mí escuchaba al Sojas gritar de dolor, pero uno de sus gritos me hizo temblar de terror. Había sentido su haki. Había visto de lo que era capaz, era algo terrorífico y se estaba poniendo en contra nuestra, sentía como se acercaba hacia donde estábamos. Mis prioridades cambiaron. Teníamos que salir de allí, teníamos que vivir. No podíamos vencer. No solo teníamos un Yonko en contra, además a esa mala bestia, sentía que aun sin un brazo y siendo tan pequeño podría hacernos a todos añicos. Mi determinación se esfumó durante un segundo. Huir, escapar, vivir. ¡No! Tenemos que aguantar, tenemos que vencer. Éramos la única línea de defensa de los justos contra los malvados. Lo único que se interponía entre la maldad de los piratas y la vida de los inocentes.

De repente el miedo desapareció, mientras escuchaba al cabezacubo decir que ya ajustaríamos cuentas más tarde ¿Qué me había pasado? Jamás había sentido tanto miedo en mi vida, ni siquiera en los cabos gemelos. 

Joe estaba gritando, insultando al enemigo desde la distancia, algo que dudo que él pudiera oír a tanta distancia, aunque vete tú a saber. Apolo seguía igual, desgraciadamente no podía estar todo el día frente a él, no con un enemigo así atacándonos, me fui a dar la vuelta cuando de repente escuche un rugido enorme y cuando me di la vuelta una serpiente estaba saliendo del culo de una especie de tortuga gigante delante del almirante y el albino guapo ¿Donde estaba Joe? ¿ De dónde había salido esta bestia? ¿Se había comido a mi amigo?

nononono Joe, Joe, que te ha hecho este bicho, lo mataré, lo juro, mataré a esta tortuga, serpiente rara, ¿es un pirata? ¿Es...? 

Pero mis pensamientos fueron interrumpidos, pues un taladro enorme impacto en aquella criatura desde el barco enemigo ¿Se atacan entre ellos? ¿Qué está pasando aquí?  No entendía absolutamente nada y no sabía que hacer, si atacar a aquella bestia que había aparecido, buscar a mi amigo o que. 

Entonces aquella bestia habló y para mi sorpresa, en aquella frase pude reconocer a mi amigo, solo el hablaría así ¿Pero cómo? ¿Qué había pasado? Joe se convertía en una serpiente de cascabel, estaba segura de ello, lo había visto muchas veces, no en una tortuga enorme con una serpiente en el culo ¿Cómo podía? ¿Qué le había pasado? ¿Qué había estado haciendo todo este tiempo sin nosotros?

- Jo...Joe amigo, ¿eres tú?

Exclame casi sin creérmelo. Aquella bestia imponía y mucho, pero ¿Sería capaz de rivalizar con aquel pirata? De todas maneras, no podíamos dejar que desembarcara. Mire al almirante, detrás de la enorme figura de ¿mi compañero? Si aquel ataque hubiera impactado en el jefe, le habría matado sin duda alguna, pero allí estaba ¿Joe supongo? Haciendo lo que mejor sabia hacer. Protegernos. Su aura era más poderosa, más grande, pero sin duda, esa bestia era Joe. 

Fuguwu seguía curando al almirante, yo había gastado toda mi energía curativa por el momento y no era útil.

- ¿Cuáles son las órdenes? ¿Qué vamos a hacer?

Ya habíamos recibido tres ataques desde la distancia y seguro iban a ser más. Seguía teniendo a Apolo herido detrás, que había de alguna manera sacado sus cosas y las había dejado en el suelo, entre ellas, un botiquín. Lo cogí y se lo tiré a Fuguwu a los pies 

- ¡Fuguwu! ¡Apolo nos envía algo más de esperanza aun sin media cara! ¡Usalo también!
cajita de rol


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#34
Me costaba respirar.
Cada momento que pasaba transformado era un suplicio y me acercaba a la extenuación cada vez más. Sohem, quien por el dolor o por mero instinto de supervivencia, lanzó un terrible pulso de Haki del Conquistador. No había sido tan fuerte como lo que ocurrió en la subasta donde nos hicimos con la fruta de Shoto, pero sí había sido mucho más potente y descontrolado que cuando nos enfrentamos a los revolucionarios. Muchísimo más. Algunos de los presentes fueron incapaces de moverse por culpa de la arrolladora energía del enmascarado, otros como yo simplemente sentimos esa vibración que gritaba a voces “voy a mataros a todos”. Ya lo conocía. Pero eso no evitaba que se me erice el blanco pelaje de mi transformación. Giré la cabeza de forma rápida hacia la fuente de emisión del Haki y lo vi moverse en dirección al otro Marine, que recibió el segundo disparo de Odki. Su brazo, o lo que quedaba de él, sangraba significativamente menos y humeaba, seguramente lo hubiera calcinado hasta la incineración para impedir perder más sangre. Mi jefe era un verdadero monstruo. No teníamos suficiente con el Emperador y nos íbamos a matar entre nosotros. Mi corazón latía a la altura de mi sien.

Quise moverme hacia él, intentar frenarlo, si es que alguien podía frenar a Sohem cuando un objetivo se ponía a tiro, pero sabía que nuestra supervivencia dependía de mí y de Joe en ese instante. Todo mi poder residía con el Marine que, parecía estar cargando su poder poco a poco, aumentando la intensidad de su aura vital mientras me pedía que me retirara y yo hacía lo propio. Estaba claro que se estaba transformando, mas no reconocía bien el poder que estaba materializando. — Joe… ¿Qué has hecho? — pensaba mientras veía como mi viejo amigo aumentaba de tamaño considerablemente. Más de lo que recordaba de él. Más de lo que pensé que podría imaginar. Un terrible grito primal emergió del animal e hizo retumbar la zona y nuestros tímpanos. Un muro de contención se erigió frente al Almirante compuesto por un hombre, un caparazón y una serpiente. Joe había ascendido, y no solo en condecoraciones, su fruta había pasado a ser increíblemente poderosa. — El dios protector del norte… — murmuré mientras contemplaba asombrado a mi amigo. Sonreí levemente pues, había alguna posibilidad, alguna posibilidad de frenar al Emperador si Joe resistía.

Un estruendo en el mar distrajo mi atención. Odki parecía haber destruído en un abrir y cerrar de ojos a los Patriotas que el Almirante había enviado contra él y, para colmo, había comenzado a volar. Sus pies, transformados en hélices mortales, lanzaron un taladro en dirección al Almirante. Joe interceptó el ataque, bloqueando con su cuerpo el terrible poder de un Emperador del mar con daños significativamente menores a lo esperado, vista la gravedad de la herida de Sohem. Sin embargo, la sangre sobre el pecho del ahora gigantesco Joe Joestar reflejaba que mi armadura y mi piel de hielo habían perdido su efectividad, y toda la ayuda que podía prestar a mi amigo había finalizado. Aun con las estoicas palabras del Vicealmirante, no estaba seguro de que pudiéramos resistir más tiempo. Mi corazón volvía a palpitar en mi sien. Karl, la usuaria de la tercera bestia mitológica de la escena, se pronunció para solicitar órdenes, por lo que intuí que el Almirante debía estar ya en condiciones de pelear de nuevo o, al menos, en las suficientes. Pero, no teníamos cómo contraatacar. Sohem estaba herido, de gravedad. Aunque su herida se hubiera cerrado con su fruta, no creo que tuviera la capacidad para replicar algo similar a lo que habíamos hecho antes. Los demás, a excepción del Almirante, no tenían el poder para hacerle frente y ahora que habíamos agotado nuestra última gota de suerte, estábamos a merced del Emperador de barbas carmesíes. Pero teníamos que luchar, tenía que ayudar a mis amigos, a mis compañeros. Volvía a latir con más fuerza y velocidad. Esa presión en el pecho, la mirada borrosa. Reconocía esto. Skypiea. La biblioteca. Sangre, sangre por doquier. 


Hendí la rodilla derecha en el suelo y apoyé a Saba contra el mismo para sustentarme mientras poco a poco perdía mi transformación y jadeaba profundamente y con velocidad. Estaba tan cansado. Tan destrozado. Tan al límite. Sabía que no podía hacer mucho más, pero… ¿había algo más que hacer? Sentía la extraña necesidad de acercarme a Sohem y decirle que estaba cansado. Era tan fácil. Un solo soplido y podría descansar… Apreté los dientes mientras centraba mi vista y calmaba mi respiración. Mi corazón volvía a retumbar en mi pecho. Dos golpes fuertes y controlados. Dos pulsos concentrados. Empujando fuerte mis pies contra el suelo me erguí. Mi determinación nos llevaría a la victoria o a la muerte. Pero no moriríamos por la dejadez de un hombre que ha perdido el norte. Joe no necesitaba mi ayuda, ni podía prestarle más mi poder, pero si Shoto había aprendido lo suficiente, iría a auxiliar a Sohem de inmediato. La Marina tenía sus intereses, y nosotros, pese a la paga, teníamos los nuestros. No habría más cazas si no sobrevivimos, no habría más café con Shoto en cubierta mientras Sohem nos grita, no habría más conversaciones sin sentido entre el jefe y yo, o miradas cómplices cuando el objetivo es claro y compartido, no habría más entrenamientos ni inventos en el barco, ni habría islas y secretos que descubrir. Si no sobrevivimos, la historia se acaba, y no iba a permitirlo. Caminé lo más rápido que pude hasta ponerme por delante de Sohem dando espacio a Shoto, si acudía, para que pudiera tratar al jefe sin impedir yo su visión del entorno, pero al menos escudándolo en caso de que otro ataque volviera a nuestra zona. Coloqué mi espada frente a mí, sostenida por dos manos que temblaban, como quien empuña barrotes sabiendo que no podrá doblarlos, con la frustración de quien no puede cambiar nada, pero está dispuesto a intentarlo todo.


Quería descansar… Pero no podía hacerlo.
Porque si los malos no descansan… ¿por qué iba a hacerlo yo?

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Aclaración
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#35
Allí yacía sobre el suelo resinoso tirado, reposaba como un desecho barrido hacia el alcantarillado. Seguía notando ese dolor infame en mi testa, con el lateral derecho de mi cara adormecido y con los ojos (el ojo, el izquierdo) cerrados. El dolor no cesaba y seguía notando como la sangre brotaba y bañaba parte de mi cuerpo debido al calor que emitía ésta. Pese a ello seguía en calma. Difícil era que yo me alterase, o me preocupase y, aunque la situación lo requería, yo me mantenía tranquilo.

Sin embargo la cosa empezó a cambiar cuando, sin saber por qué y de golpe, comenzaba a sentir como si todo se doblegase sobre mi pecho. El aire comenzaba a pesar, como queriendo comprimirme y como si la propia atmósfera me presionase para hundirme. Pese a mi calma empezaba a notar temor sin llegar a entender por qué, como si la propia muerte saliese del mar y quisiese arrastrarme en una red hacia la profundidad. Como si mi propia volutnad fuese doblegada y abandonada. Por suerte no era la primera vez que sentía algo así y es que, en las propias playas de Momoiro, aquella revolucionaria me hizo sentir algo parecido antes de perderla de vista. El mundo estaba repleto de fuerzas que no llegaba a comprender.

Cuando esa fuerza fantasmal se detuvo, volví en mí. En lo que quedaba de mí. Rápidamente sentí como otra fuerza extraña, cálida y a su vez familiar me abrazaba. No conseguía paliar mi dolor pero al menos me estaba ayudando a llevarlo. El shock del golpe había sido tan fuerte que anuló completamente mis sentidos pero, aún así, pude concentrarme en volver a expandir mi waki como Karl me enseñó. Y hablando de Karl, la sentí cerca. Se supone que mi habilidad era animar a la gente, o al menos intentarlo. Agradecía el apoyo en ese momento pero notar que podía estar preocupando a alguien, estaba haciendo que me sintiese mal yo mismo. Qué estúpido eres, Apolo.

Con la cabeza medio ida (de forma literal también) trataba de concentrarme y pensar en cómo podría ayudarlos, al menos hasta que no pudiese moverme pero hasta ahora mi impulsividad no había servido de mucha ayuda. Todo se hacía más y más complicado.

De entre todo aquel caos pude escuchar un sonido monstruoso, como un rugido que me sacó de mi trance. Traté de elevar un poco la cabeza y, tras abrir los ojos (el ojo, el izquierdo) llevé mi mirada hacia el frente. Debido al intenso golpe en la cabeza y la sangre perdida, no alcanzaba a ver con claridad. Veía como aquel borracho al borde de un coma etílico que sólo ve pasar imágenes difusas incapaz de centrarse en nada. Unos metros más adelante y en frente del almirante, se alzaba una figura extraña. Era como un monstruo junto a otra silueta alargada, similar a una serpiente que no podía ver bien. Lo más extraño era que de aquella figura colosal rezumaba un aura familiar, el aura de Joe al cual nunca había visto de esa forma, ni tan siquiera usando ningún tipo de poder más allá de los ligados al Rokushiki.

No sabía de qué era capaz o dónde estaba el límite de nuestro superior pero tenía que recuperarme para intentar ayudar. El tiempo era oro y nosotros estábamos en una contrarreloj, sobre todo yo.


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#36
En ese momento me temblaban las manos...

El grito de dolor de Sohem y su pecho taquicardico es lo que pude ver antes de centrarme por completo en él. Vi como la herida era totalmente irregular, como aquel Yonko había volado el brazo por los aires y lo peor que no había ninguna forma material en esos momentos de poder parar esa hemorragia. Hasta que vi su carne quemada... El muy terco habia sido capaz de cerrarse parcialmente la herida para que dejara de perder sangre.. El olor era nauseabundo... Su brazo humeante... y lo peor es que después de aquello pensaba que no se iba a mover más. No he conocido a nadie con tanta voluntad y testarudez en la vida como la de nuestro jefe.

Entonces fue cuando Viktor... hasta el momento no me había fijado en el, pero estaba diferente, no era el mismo, estaba literalmente exhausto, deshecho, con la mirada perdida, esperando una nana para quedarse dormido. - Pero que les ha pasado a estos dos. - Pensé, mientras nos daba espacio para que pudiera trabajar de forma cómoda, en cierta manera me recordó por primera vez a mí, sujetando su espada como aquel niño que protege a su padre de un monstruo. Eso era lealtad y en cierta manera fraternidad.

Mi respiración era errática y mi pulso era inestable, culpable, mis piernas temblaban, culpable. El jefe libero todo aquel haki del conquistador, a pesar de cada vez que lo saca de paseo me acostumbro un poco más, pero eso no quita que me siga recorriendo el cuerpo como un bisturí abriéndome desde el trasero hasta la cabeza.

Me arrodilla justo cuando llegue a donde Sohem, la herida estaba parcialmente cerrada, pero no lo suficiente, el poder de su fruta le había salvado de morir desangrado, pero cada vez estaba más al límite, la sangre de aquella especie de muñón, me salpicaba en las gafas y mi gabardina blanca estaba tornándose roja. Abrí el abrigo en dos y saque mi botiquín de emergencia, este era literalmente mucho más pequeño, pero solamente valía para situaciones límite. Saque dos inyectables, el primero de ellos un compuesto hecho a base de drogas anestésicas y en cierta manera relajantes, lo que permitirá en un periodo muy corto de tiempo adormecer parcialmente la zona herida. Una especie de morfina. Con un movimiento le quité el abrigo militar que llevaba, dejándole expuesto la totalidad del muñón y la zona de la espalda. Cogí el vial y se lo clavé detrás de la clavícula. - Esta ha sido la primera banderilla y esta no duele. - Le dije en un tono sarcástico. El inyectable empezó a bombearse hacia el interior de su cuerpo. - Te dará tiempo para que puedas aguantar.

Volví a abrir mi gabardina y saque esta vez el segundo inyectable, una jeringa de un tamaño mayor y una aguja de un grosor considerable. Y ya había perdido demasiado tiempo. - No me odies por esto Jefe, a la de tres voy. - Susurre mientras hacía uno de los giros aprendidos por Vik en los entrenamientos, con una precisión milimétrica. Le atravesé el pecho con aquella jeringa a la altura de su corazón. -! TRES¡ -La adrenalina comenzó a fluir. Su respiración se agitó y noté como todo su cuerpo se tensó. - Trabajo hecho. - Retiré la jeringa y con un movimiento la lancé hacia la nada y me aparté dando un paso hacia atrás.

Mire a esa especie de abominación, no me sorprendí, para llegar tan alto en la marina, desde luego hay que tener poder si y desde luego parece que aún le queda para llegar a la capacidad de Gukuro...

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#37
Shoto acudió rápidamente a mi llamada y comenzó, poniéndose acuclillado o de rodillas - no le estaba mirando - a escarbar entre sus pertenencias y a husmear entre sus cosas, comenzando a trastear y ha hacer ruidos. Mi mirada estaba en Viktor, jadeante, al lado de Joe. Ambos miraban en dirección al barco de aquel monstruo y... aquel chico uniformado, el tipo ensangrentado, el supuesto Almirante, parecía estar tratando de recomponerse también. Estábamos todos en una forma deplorable, la verdad. Bufé con sorna viendo el panorama. El guaperas ahora era medio guaperas, la cabeza de cabra llorando, el arenque temblando, Joe y Viktor como unos tórtolos mirando el atardecer - que en este caso era un barco gigante que iba a destruirnos - mientras el jefe de Joe intentaba recomponerse de una situación que le había venido grande, y yo estaba oliendo mi propia carne quemada, sin sentirla, mientras un tío con el pelo más raro de la historia empezaba a quitarme el abrigo para tratarme. Lo hizo con algo de mi ayuda para dejar expuesto el muñón humeante... que miré de reojo. Era una malformación maltrecha y retorcida que emanaba humo y emitía un chisporroteo burbujeante de mi propia piel. Daba bastante asco.

Estaba entonces con una camisa interior sin mangas, de pie, con un muñón escupiendo sangre conforme mi corazón bombeaba, tratando de ayudar a una panda de Marines por un precio aun desconocido. ¡Y vaya si el precio iba a ser grande!
— Oe — dije al notar como Shoto me clavaba algo por la espalda, haciendo una especie de chiste médico. Una especie de aguja o algo así, lo que fuera, mientras comenzaba a sentir un raro hormigueo en la espalda, al mismo tiempo que Viktor se acercaba a nosotros recuperando su forma. Shoto estaba frente a mi y volvía a clavarme otra aguja en el pecho — ¡El puto muñón Shoto! ¡Déjate de ponerme inyecciones que no tengo el tifus! ¡Cierra el muñón! — grité, apartando con la mano libre al científico y agitando delante de él lo que quedaba de brazo, salpicando sangre en todas direcciones. Entonces Viktor llegó frente a nosotros, sujetando su katana frente a si y sin mediar palabra. Tenía mis ojos clavados en él y chasqueé la lengua sonoramente, entre medias de tomar aire y expulsarlo con un suspiro, alzando la mano izquierda para ponerla en su hombro — Buen chico — dije, tratando de elogiar su lealtad y preocupación — Lo has hecho bien — y froté con mi mano su hombro, como un saludo hacia un perro fiel — Descansa y deja que yo me encargue de... —

Mis palabras fueron interrumpidas por un bramido brutal haciendo que volviese a tornar mi mirada al frente, viendo que donde antes estaba Joe, ahora había un bicho gigante de más de cinco metros de altura... algo que... extrañamente recordaba. Muchos años atrás, en los páramos de una isla del East Blue... el día que yo conseguí mi fruta: Me enfrenté a una cosa igual que eso — ¡Por las tetas de las sirenas!  — exclamé echando el brazo hacia delante, señalándole con el índice — ¡¡Eso era!! ¡Una serpentuga Vik! — grité, abriendo los ojos como platos - aunque por mi casco nadie pudiera verlo - reconociendo a aquel monstruo que enfrenté tantos años atrás. Una serpiente que terminaba en un caparazón de tortuga. Un dolor de cojones hasta para Ein Hauch... en su momento, vaya.
Joe se alzaba imponente, sobre sus dos piernas, portando un enorme caparazón negro y picudo en la espalda y brotando de lo que parecía ser su culo una serpiente... Pero, ¿acaso Joe no se transformaba en una serpiente?. ¿Había desarrollado un caparazón? ¿Realmente su fruta no era de una serpiente, si no de una serpentuga y hasta ahora no había sido capaz de manejarla?. Demasiadas preguntas y no podía salir de mi asombro ante aquel lagarto grande y gordo - como los que me gustaban a mi enfrentar - y aunque la situación no lo ameritaba para nada, sólo podía pensar en una cosa: Quería pegarme con él.

Entonces otra explosión y al instante un sonido de impacto brutal, acompañado de una ventolera y humareda considerables.
Un nuevo impacto había sucedido y por suerte para todos, Joe con aquel cuerpo gigante y su robustez serpentugesca lo había detenido. Algo de sangre cayó a sus pies, así que no lo había hecho de una forma indemne, pero sí que había conseguido aguantarlo más que yo. Sonreí abiertamente y comencé a reír — ¡¡WRYYY HA HA HA HA!! — y traté de dar una palmada con mis brazos, sin éxito, moviendo el muñón sangrante de lado a lado y salpicando a Viktor y Shoto por igual, absorto por aquel hecho y sin darme cuenta - memoria muscular, imaginaba - celebrando el movimiento — ¡De puta madre! ¡Parece que ya empiezas a merecer la pena! — grité celebrando la actuación de Joe, y entonces me di cuenta verdaderamente del humo: Era nuestra oportunidad.

— Shoto, ¿puedes guardarte a Viktor en esa cosa que haces y salir corriendo de aquí? — pregunté mirándole seriamente — Deberíamos aprovechar el humo para marcharnos — añadí, mirando en derredor — Pero yo todavía tengo que sacarle un pagaré al crío ese esmirriado. Que se muera si quiere, el próximo cuartel nos pagará por él — sentencié señalando con la cabeza al Almirante, esperando que mis dos compañeros hicieran por marcharse y pudiera irme después sin tener que estar pendiente de ellos. Era el momento perfecto para huir, y que el bueno - y ahora monstruoso - de Joe Joestar se hiciera cargo de la situación y se convirtiera en el Héroe de los Manglares. O el título absurdo que le dieran ahora. 





Resumen

Bélico

Akuma no mi

Inventario
—
[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
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Energia: 2975 + 178 = 3153
Espiritu: 549 + 29 = 578
#38
La efectividad de las unidades Patriota me dejaban en cierta parte satisfecho. Estaba completamente convencido que de no haber perdido a los otros que se utilizaron inicialmente para la purga, el barco estaría en retirada e incluso podríamos estar hablando de hundirlo... pero no basta con hundir su barco para matar a un Yonko. Ese viejo lobo de mar de Akahige seguro que acabaría por encontrar la forma de marcharse de aquí con sus extrañas habilidades. Y no tardé mucho en verlo, pues empecé a sentir como su aura se elevaba - y no es que se incrementase - y empezaba a sobrevolar el barco preparando un poderoso ataque. Los vellos de mi nuca y mi espalda se erizaron por completo: aquello que venía era posiblemente el principio del fin.

Me giré para encarar el ataque, desenvainando a Juramentada colocándome en una posición que me permitiera recepcionar lo que el Yonko tuviera que lanzarme, pero de súbito, frente a mi, el Vicealmirante Joestar comenzó a incrementar su tamaño y a transformarse. Ese debía de ser el nuevo poder que había adquirido - con métodos seguramente cuestionables - de manos de mi compañero el señor Whitend. Con un poderoso y vibrante rugido definía su presencia y declaraba sus intenciones de no huir contra aquella banda de leyendas. Ahora Joe Joestar se había convertido en el Genbu, el Protector del Norte, y estaba alzado frente a todos nosotros para impedir que alguien más sufriera daños.
Mis ojos se abrieron de par en par al verlo, no por lo extraño de la criatura - que lo era de por si - o por lo especial de la misma, con su rareza mitológica - que también - si no por la actitud del Vicealmirante. Ese era el espíritu de los grandes héroes. Ese era el espíritu de los hombres y mujeres que están dispuestos a dar su vida sin titubear con tal de que los demás vivan un día más. Eso... eso era carne de Almirante.

Entonces el sonido de un impactó brutal nos devolvió a todos al presente, seguido de una risa desagradable a mis espaldas, y Joe Joestar seguía en pie después de haber aguantado el impacto de un proyectil gigante proveniente de un Emperador del Mar. Sonreí ligeramente viendo aquello, quizá si que tenía madera de Almirante... y como Tucrow y yo éramos jóvenes... Negué con la cabeza y borré esa sonrisa. No podía empezar a pensar en nuevos compañeros, pues Whitend aunque mayor que nosotros era un guerrero excepcional, y Tucrow aunque más joven era mucho más temerario. Y yo, siendo el más cauto y más joven, había estado cerca de la derrota aquí ¡y aun no estaba fuera de peligro! No podía jugar a fantasear con el futuro, tenía que prestar toda mi atención al presente.

— A todas las unidades Patriota — dije, pulsando el interruptor externo de mi auricular, retomando el control de la situación y cubierto tras el cuerpo del Vicealmirante — Hundan ese navío — ordené dejando más que claro el objetivo de los ciborgs de acabar hundiendo el barco del Yonko. Si que era cierto que eso no le mataría, pero le obligaría a tener que velar por si mismo, perder mucha parte de su tripulación y bienes, y quizá tener que cuidar de alguno de los suyos. Y huir en esas condiciones no sería una opción, ya que la distancia a la siguiente isla sería demasiada, por lo que podíamos asumir casi seguro que iba a tratar de desembarcar aquí. Era una apuesta arriesgada: Atraerlo aquí en solitario para enfrentarnos todos a él.
— Retiren a los heridos y centren las curaciones en ellos. Gracias a sus esfuerzos yo ya puedo valerme por mi mismo — dije finalmente dando una orden a la señorita Firebirth y al señor Fuguwu, volviendo a mirar al frente tras hacerlo.





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Gastos y Curaciones

Akuma no mi

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Vitalidad: 4989 + 3055 = 8044
Energia: 1105 + 530 = 1635
Espiritu: 2610 + 0 = 2610
#39
Cuando alcé la vista en dirección a la orilla, tras terminar de ejecutar mi recarga de energía de repuesto, pude observar atónito como de entre todo el humo y la polvareda que se había generado, surgía una figura un poco más alta que la mitad de mi tamaño, rugiendo y pudiendo oír su bramido desde la distancia. Una criatura igualmente ancha y robusta que, independientemente de su origen o forma real, lo importante era que había conseguido resistir el impacto de mi ataque y había acabado en pie, impidiendo que terminase con el joven Almirante. En el momento en el que el humo comenzó a disiparse un poco pude apreciar su escamosa y acorazada figura con más detenimiento, aun pese a los metros que nos separaban pues mi vista era la de un lince — ¡¿TÍA NADJA?!  — grité llevándome las manos a la cabeza al reconocer a mi amigo, recibiendo un sonoro capón por parte de un miembro de mi tripulación que me hacía volver en mi mismo al momento gritándome que eso era una tortuga. Sacudí la cabeza, y con ella mis barbas y mis bigotes, al igual que mis mofletes, y me centré en la situación, a tiempo de escuchar un nuevo disparo impactar en el casco del barco, parándome a observar el estado del mismo y concluyendo que tendríamos que darnos prisa para desembarcar y acabar con todas esas pulgas, y reparar El Bravo haciendo uso de los recursos y suministros del archipiélago — ¡Acabad ahí abajo!  — grité mirando hacia el agua, refiriéndome a los que tendrían que estar capturando y destruyendo los clones de Warden Marlin, y alcé la vista para comprobar que había terminado de arreglar las velas y mantenían a mi viejo navío aun en pie, aunque dañado, dispuesto a seguir dando caña — ¡Sacad los remos y pongamos el viento a nuestro favor! ¡Vamos a llegar a ese Archipiélago todos juntos!  — exclamé recibiendo los vítores de mis compañeros de armas y mil batallas, mi tripulación... o al menos los borrachos que se habían ido uniendo a ella al salir de Gargantua para venir hasta aquí.

Entonces uno de mis hombres salió a la superficie para exclamar que sólo les quedaban dos - refiriéndose a los clones ciborgs - y haciendo que sonriese y me frotase las manos — ¡Erick! — grité llamando a mi monedero oficial — ¿Donde está Erick? ¡¿Dónde están Han y Gan?!  — volví a exclamar girándome sobre mi mismo tratando de buscarlos en cubierta bastante molesto porque aun no se hubieran presentado ante mi y me hubieran tenido a mi haciendo todo el trabajo sucio - y divertido, no me podía quejar - en lugar de haberme ayudado a tener una imponente imagen de Emperador que observa paciente como caen sus enemigos sin tener que hacer nada por su propia mano.
Y entonces lo vi. Girando sobre mi mismo, en la lejanía. Movido por el impulso que sentía con mi Kenbunshoku. Algo se aproximaba hacia nosotros. Y fue tras verlo cuando pude empezar a oirlo, muy levemente, muy camuflado aun por el rugido del mar, que aun en calma, ensordecía con sus olas chocando contra el imponente casco de mi enorme galeón.

Abrí los ojos de par en par y convirtiendo mi mano en aquella sustancia gris densa, la hice metamorfosear en unos prismáticos, y los coloqué sobre mis ojos para ayudarme a ver mejor, enfocando en aquella dirección terminando de confirmar mis sospechas — ¡Me cagüen la puta! ¡¡BUUUU KIKIKIKI!! ¡Esto no me lo esperaba!  — grité reconvirtiendo mi mano en su forma habitual y girando sobre mi mismo de nuevo, juntando mis manos y empezando a canalizar mi energía para prepararme para un último movimiento. Mi próxima jugada sería la última. Esto terminaba aquí y ahora.





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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 20034 + 0 = 20034
Energia: 5747 + 70 = 5817
Espiritu: 4051 + 28 = 4079
#40
Today es un wonderfull day. ¡Big news venían de mi lil bro!. Con el wind en mi hair y agitando mis clothes me mantenía stay en la cubierta de mi ship, el Cool G. Gang, acompañado fortunately por mis brothers from another mother, THE ZOODIACOOLS. Nothing podía salir mal si estábamos toguether, que era lo que nos había fail en el past cuando Seandass and Yamp habían passing a una better vida. ¡Oh my god!. Sentía el sadness en el heart cada vez que los think. ¡My brothers!
Pero no podía dejarme leave por la sorrow, ahora tenía que stay strong por los brothers que seguían alive conmigo. ¡Y no iba a permitir que none de ellos volviera a down! ¡¡Ellos harían que el legado de los Zoodiacool llegase to the sky and beyond!! Pero para lograr this teníamos que rescue nuestro new brother, el Viceadmiral Joe the Star, Joe Joestar.
— You eres una star, porque im a galaxy. You eres... — me quedé pensando un momento, la rima perfecta — so smart, and i'm the luxury, madafakas! — y posé alzando el puño to the sky con los fingers indice y meñique extended, en my tipical pose de la goat

Entonces i turn myself para look a my another brothers a los eyes. La confidence de mi position como Admiral era más que evident para motivate their souls hacia la battle, pero no era enough siempre que pudiera speak directo hacia sus hearts — Listen to me, mis queridos brothers — dije cruzándome los arms estando in front of ellos — Para motivar a la troupe, better haremos una cover! — grité y chasqueé los dedos para que starting con la music en el ship. Una music que always sonaba cuando the battle estaba a punto de start. Una music que shaking mi espíritu y me permitía focus on my target de una forma perfect.


— GET DOWN ON IT MADAFAKAS — i scream with power y comencé a clapping my hands una contra la other para make a rythm exclusive mientras start to rapear como un master — Kaito tu no listen nada, but eres una monada. Hayato speak muy rare, así que yo de él take care. Edra make the beatbox, dale flow aquí a tu-boss. Tenma stop crying, que te va a tocar flying. Rafaeru nice mogambos aunque sean de un man, i speak to yo my jambo, grow-up and join the jam — comencé a rapear telling the names de mis bros creando el ambience en el place — Para los kids, Uki y Sheit, tengo un tip, multiplay. Do the love a las ladies, and make the marina great again, so babys! — añadí para the two más younger del group, y finally pasé al más veteran de todos — And to you my master, el god de la paint, no tengo words que puedan hacerte justice, pero la justice estará done in this places — y chasqueé los dedos de nuevo en un gesto de superioridad, thinking que my actuation no tenía rival y que all my brothers iban a join my in this espectáculo.

Al fondo, near, aproximadamente a one kilometer, el ship que estaba causando troubles en el Archipiélago por el que my lil bro Yugu nos había call. O me había call a mi y i había assemble a todos mis brother para doing the shit — ¡Madafakas! — y scream turn myself hacia el north — ¡Lets do shit ese ship con style! — dije señalando con el finger en their direction — We vamos a rescue all the people and comernos unas buenas woman clam cuando hayamos finish — smile mirando en esa dirección estando muy seguro de que íbamos a destroy the enemy.
Today era el day en el que un Yonko will fail.





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