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[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (II)
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07-02-2025, 11:12 PM
Dos meses ya en aquel archipiélago, dos meses que a diferencia con la anterior isla en la que estaba no quería irse todavía. Los astilleros se habían convertido en un lugar que a Sasha le gustaba pasear para conocer más cosas que la hicieran mejorar como navegante. Después de sus intentos por conseguir información para ir a la isla Gyojin y no tener respuestas en el proceso, había empezado a ir para aprender como cuidar el barco y que no recibiera tanto daño en sus viajes. Por lo menos también había podido aprovechar el tiempo para comprar un galeón nuevo, uno que los llevara al Nuevo Mundo y al que cuidaría tan bien como un miembro de la tripulación más – pero solo si ese miembro no era Kenzo – para no repetir lo que le había pasado con el Frog Guild y el Tango de la Sultana. La semioni lanzó un poco de vaho al aire con una sonrisa suave en el rostro, le encantaban aquellos momentos de calma, el silencio en cubierta que envolvía a la rubia que estaba apoyada con sus antebrazos en el timón, le gustaba como les había quedado a los carpinteros, era acorde a su tamaño y, por lo tanto, perfecto para ella. Un grito la hizo volver a tocar de pies al barco, Garnet quería saber lo que quedaba para poder irse del archipiélago de Sabaody, la navegante infló los mofletes sacando ligeramente los labios al ver interrumpido su momento de paz. Ya se había acostumbrado a la forma rara de hacer las cosas del músico – y cocinero – de los Alas negras así que mientras fuera feliz y no la hiciera pasar excesiva vergüenza ajena lo dejaría tranquilo, pero pasearse en tanga en pleno invierno era algo que no entendía por mucho que quisiera al skypiean.
Ver así al chico le hizo pasar las manos por su abrigo negro – tal vez no lo entendía porque estaba loco directamente – mientras hacía la acción para acariciar su nuevo y suave abrigo de pelo – que era sintético según la etiqueta de este – notó como en cada bolsillo se encontraba tanto el dial que le regaló el mono de fuego como el Den Den Mushi que siempre la acompañaba – junto a un botiquín siempre llevaba por si acaso – y medida que movía el brazo notó sus molonas gafas de sol y por supuesto Stardust descansaba a su espalda. Había aprovechado que se había quedado sin ropa tras perder el Tango de la Sultana para comprarse un abrigo nuevo como excusa, aunque tampoco la necesitaba porque hacía lo que quería con su dinero. No pudo evitar mirar hacia delante del timón, con el frío que hacía no podía sacar a Bepso para hacerle compañía y hablar, su balanza de invierno y verano a favoreció el lado del calor en ese aspecto.
Sasha escuchó el nuevo grito de Garnet y como se transformaba en la forma completa de su akuma no mi y empezaba a dar vueltas alrededor del palo mayor — ¡GARNET! Más te vale tener las zarpas guardadas mientras corres porque como le hagas un arañazo al barco nuevo te corto las pelotas ¡Y partimos cuando lo diga Triana! — advirtió desde la popa del barco, incorporándose totalmente pero sin dejar ir el timón con sus manos. Se acababa de ir a la mierda su mañana tranquila en el nuevo barco. Era cierto que el galeón era enorme y que se podía correr en él, pero una cosa era cualquiera de la tripulación usando sus pies que no dañarían en exceso el barco y otra muy diferente que lo hiciera el pelirrojo en forma de gato gigante usando las uñas. Con un suspiro de resignación bajó las escaleras laterales para ir hacia su compitrueno y hermano de otra madre, hasta que paró en seco al escuchar la risa del niñato, el barco era enorme ¿Por qué estaba justo allí con ellos? Kenzo se había acercado a Garnet, así que la semioni no pudo evitar chasquear mal la lengua en un tono bajo, ya no quería ir allí, podría volver a subir por las escaleras y quedarse en el timón por si se marchaba.
La suerte estuvo de parte de la joven pues apareció Triana en cubierta, todavía no le había dicho nada de lo que había descubierto preguntando en los astilleros, así que era una buena oportunidad para hacerle saber a la nueva capitana – que todos esperaban que fuera temporal porque esperaban el regreso de Yojimbo – de los Alas Negras la información que había conseguido. Con una gran sonrisa se acercó a la doctora, quien estaba mirando a Garnet, y tuvo una idea para llamar su atención — ¡Triana mira! Yo también fumo ¡AH! — dijo riendo mientras dejaba ir vaho por su boca imitando el humo que solía dejar ir la espadachina cuando fumaba sus puros — ji, ji, ji — no pudo evitar reír mostrando su blanca dentadura ante su ocurrencia para hablar con ella. Una vez llegó a su lado, se quedó a un metro de distancia de ella antes de sentarse a la derecha de la mujer, desviando su mirada hacia los astilleros, que se veían desde la barandilla de babor. La semioni tenía la popa a su espalda y a su derecha – a unos cuatro metros aproximadamente – el palo mayor donde se encontraban Kenzo y Garnet. Suspiró de forma pesada antes de mirar a la capitana — He estado preguntando por lo que le pasa al log pose. He hablado con los carpinteros y con una navegante, me han dicho que nuestro siguiente destino es la isla Gyojin. Pero nadie me ha dicho cómo podemos llegar hasta esa maldita isla — la rubia intentó expresarse de la mejor manera posible, pero al final de su explicación su enfado salió a flote al no tener una respuesta clara — El barco está listo para zarpar — añadió para que supiera que todo estaba en orden por su parte, lo único que no lo estaba era la forma de ir hacia su destino, quizá si supiera de cartografía podría saber llegar pero ahora era tarde para lamentarse. Tenía que ser fiel a las decisiones que había tomado. Sasha apoyó el codo izquierdo sobre la barandilla para después apoyar su cabeza en la palma de la mano, en la muñeca de dicha extremidad descansaba el log pose de Gronn, apuntando a la isla donde procedía su raza. Desvió la mirada hacia los astilleros de nuevo, tal vez podrían volver a preguntar entre todos a ver si ahora tenían más suerte, al fin y al cabo estaban en el hangar siete y llegaron al manglar siete, se solía decir que traía suerte aquel número por lo que no perdían nada por intentarlo de nuevo.
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07-02-2025, 11:14 PM
Los días aquí habían pasado tan rápido como lo que tardaba un zorro hambriento en entrar al gallinero. Pero tampoco es que yo hubiera estado perdiendo el tiempo, ya que durante mi estancia allí, había perfeccionado aún más mis habilidades con Jimba, y ya de paso, mis entrenamientos particulares. Por eso había estado transformada en mi forma híbrida durante el tiempo que me preparaba en mi camarote en nuestro nuevo barco. Y aunque en ese momento me encontrase allí, el frío había empezado a llegar, y los primeros mocos ya se asomaban por mi nariz, por lo que me restregué la mano para secármelos. Hacía tanto frío ahí fuera, que hasta Jimba se había refugiado en algún rincón en busca de calor. Calor materno que le recordaría seguramente a cuando todavía era un simple huevo.
- ¿Dónde se habrá metido esa dichosa gallina? Espero que no esté picoteando mi colección de patatas - pregunté al aire, mientras revisaba la munición disponible deshaciendo mi transformación para poder manejarme con un tamaño más reducido. Mi anterior colección se había hundido junto con el Tango de la Sultana, y ahora tenía que empezar desde cero. Pero encontrar patatas que parecieran caras no era una tarea tan fácil, y menos aún teniendo en cuenta que debían ser caras que yo conociera.
No pasó mucho tiempo hasta que Jimba cacareó a mis espaldas, con un tono más desafiante de lo habitual. - Te vas a tener que acostumbrar al frío si quieres ganar la competición de patinaje artístico conmigo - le dije sin ningún tipo de compasión. Cuando me giré para verla, me di cuenta de que junto a ella había una de sus plumas en el suelo. - ¡Un momento! - grité señalándola. - ¡Eso no vale! Tú estás ahí toda calentita con tu plumaje, y yo aquí muriéndome de frío con una chaqueta roñosa... ¡Pues ven aquí! - dije levantándome de la silla, dispuesta a ir a por ella. Pero Jimba era más rápida de lo que creía, y empezó a corretear por todo el camarote. Por suerte, yo también lo era. Con lo que no contaba, era con lo escurridiza que se había vuelto. Después de un par de intentos persiguiéndola y alguna caída, logré atraparla. La levanté por los aires con firmeza y empecé a sacudirla. - Ahora, por avariciosa, me vas a dar de tus plumas - dije entre risas mientas caían unas pocas al suelo, aunque no las suficientes como para que me pudiera hacer un gorro con ellas.
- ¡Ahh! - suspiré, dejándola de nuevo en el suelo. - No me termino de acostumbrar a este barco tan grande. Echo de menos el Tango de la Sultana y a Yojimbo - le dije a Jimba, que parecía ya haber olvidado de todo, y ahora estaba picotendo el suelo como si nada. - En fin... ya me he aburrido. Vamos a ver qué están haciendo todos.
Con la pistola colgada de la cintura y el rifle a la espalda, solo tuve que guardar mis diales en el bolsillo de la chaqueta y la munición restante en mi cartuchera. Antes de salir del camarote, me agaché y recogí las pocas plumas que había dejado Jimba en el suelo y me las coloqué en mi sombrero. - Ahora sí, ya estoy lista - pensé, echando un vistazo al camarote.
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❝¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli
07-02-2025, 11:41 PM
Ni aun habiendo pasado dos meses podía quitarme de encima aquella sensación en el manglar aquel cual fuera, donde compramos el nuevo juguete del gremio. Estaba completamente seguro de que era Verus. Lo único que había cambiado era que ahora veía la mitad, si es que podía decirse así. Pero había cometido un error garrafal y había bajado la guardia, obviamente, tratando de presumir de habilidades olvidándome que ya no estaba en un Blue. Estaba en el Grand Line, de hecho, en una de las sedes de comercialización de esclavos de la familia, y no podía actuar a la ligera. El casco, Geheimnis, no iba a mantener los secretos si iba liberando mi haki por aquí y por allá... Estaba seguro de que esa vieja zorra astuta se había quedado con la mosca detrás de la oreja, y mientras sólo fuera Quinque quien la acompañase en este viaje, sólo tendría que preocuparme por ella.
Terminé de ajustar las vendas blancas en mis manos y antebrazos, una costumbre que había adquirido desde después de mi pelea con Triana Tempesta en Skypiea, hace tantos soles atrás, y con el sonido de la tela friccionando, abrí y cerré la mano un par de veces para comprobar que tenía mucha más movilidad. Tras acabar esas comprobaciones, me levanté y me coloqué la chaqueta sobre la camisa de tirantes blanca. Vestía un uniforme ligeramente distinto, algo más oscuro que de costumbre, dejando poco a poco atrás el verde y yendo quizá igual de despacio al negro. Pantalón abultado en la pierna, bota hasta la espinilla, chaqueta de cuatro botones... me pasé la mano por la cabeza llevando el pelo hacia atrás, los mechones se me metían por delante del rostro en cuanto agachaba la cabeza y estaba urgiendo un corte de pelo... así como de barba, la cual me picaba por llevar cuatro días sin haberme afeitado. Me coloqué el casco con cuidado de mantener el pelo hacia atrás, y chaqueé la lengua, como sintiéndome reconfortado y cómodo después de hacerlo, y entonces me giré sobre mi mismo para ver una de las nuevas adquisiciones que había obtenido en este lugar. Un abrigo morado muy oscuro, con pelo sobre los hombros y los omóplatos, largo hasta los tobillos. Obviamente no me había quedado quieto en el barco durante todos estos días y semanas. A fin de cuentas, Tenryuubito o no, yo era un fugitivo, y había aprendido de sobra que quedarse en un sólo lugar todo el tiempo daba pie a trampas, traiciones y emboscadas. Era mejor hacer pensar que estabas en un lugar, y marcharte a otro desde el que poder vigilar qué es lo que pasaba, y eso había hecho. Por suerte podía pasar desapercibido sin el casco - al menos para todos aquellos que no eran mi familia - y un cambio de ropa habían lo suficiente como para poder hospedarme en una taberna desde la que observar mi navío - antiguo - y quienes lo merodeaban o vigilaban. Pura paranoia, si, pero a fin de cuentas era algo que me había salvado la vida incontables veces. Pero no, claro que no me había quedado en el barco dos meses enteros. Había ido con Viktor a comprar el nuevo navío - en el que estábamos - y por mi cuenta había adquirido ciertas capacidades extras con un... digamos, entrenamiento, por llamarlo de alguna manera. Ahora era más fuerte que cuando me encontré a Verus, pero sabía que no lo suficientemente fuerte como para poder hacerla frente, aunque quizá con Viktor tuviera una oportunidad. Y hablando del rey de Pangea, ahora que Viktor conocía - o debía haber atado cabos - mi secreto más profundo, la compenetración y confianza mutua estaba en su punto más álgido. Me puse el abrigo, palpé los bolsillos de mi chaqueta, y cargué a Ein Hauch en un enganche en la espalda, saliendo de la habitación cerrando la puerta tras de mi, camino a la habitación de Viktor, la cual toqué con los nudillos de pasada — Oe oe — dije sin detenerme, y continué caminando hacia la cubierta, confiando en que comprendería mi sencillo mensaje: Vamos. Hoy íbamos a movernos, para hacer una pequeña visita a la sede del Red Natnas de los astilleros, a solucionar un par de problemas y de movimientos financieros que había estado calculando y pensando en las últimas semanas, pero cuanto menos se filtrase de mis propias ideas, sabía siempre que era mejor. Al llegar a cubierta pude ver al muchacho junto a Lustig, aparentemente esperando por nosotros. — Muchacho — dije llegando a su lado, bajando la mano para acariciar la cabeza de Lustig — ¿Cómo va tu deuda? — pregunté directamente poniéndome a su lado mirando hacia el muelle del astillero — ¿Ya sabes hacer algo con esos cinco millones de berries? — le pregunté directamente por su akuma no mi y la habilidad que habría tenido más que tiempo de sobra en empezar a aprender a manejar. Entonces me fijé en la poca vegetación de la zona construída, y la escarcha que esta tenía, dándome cuenta de que para mi, mi temperatura corporal era siempre la misma y no pasaba frío ni padecía de esa sensación, mirando entonces de nuevo al chico — ¿Hace frío? — le pregunté, realmente interesado en saber si esto era así, pues había olvidado esa sensación.
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08-02-2025, 12:06 AM
El invierno llegó de la mano de un frío tan fino, que era capaz de colarse hasta por los poros de la piel, pudiendo llegar hasta los huesos sin problemas. Se podía decir que Tobías había estado aletargado durante ese par de meses en el archipiélago, en parte había sido así, pues se había pasado dos buenas semanas en cama afectado por una enfermedad, pero el resto del tiempo no lo había perdido. Tras ayudar a Emerald, pudo disfrutar de la gran cantidad de comercios que conformaban el manglar de los astilleros, un paraíso para un carpintero/manitas como era él. Recorrió aquel barrio de punta a punta, más de una vez, en busca de materiales para su siguiente prototipo. Conoció a mucha gente de su gremio y aprendió un montón junto a ellos. Así había pasado aquel par de meses el carpintero, diseñando, comprando, aprendiendo y fabricando. Por suerte para él, los maestros astilleros de Sabaody, le habían permitido su asistencia en la fabricación de su nuevo y flamante galeón. Tobías no había exigido ningún descuento en el precio final por aportar mano de obra en el asunto, simple y llanamente era por el afán de aprender de manos de expertos como ellos. No había aportado nada al diseño, simplemente había adquirido habilidad con su mano y conocimiento del galeón como tal. Durante la fabricación también fue acumulando ideas de mejoras que podría aplicar a futuro y sobre todo, mantenimientos que habría que hacerle a aquel precioso barco.
Había sido una última semana de duro trabajo, pero había valido la pena el esfuerzo. El galeón era espectacular en todos los sentidos. El resto que quedaba de aquella tarde de invierno, Tobías la invirtió en acondicionar una zona para Pascal, el frío y el lagarto no eran muy amigos. Le llenó el terrario con ramas y vegetación autóctona, algo de agua e insectos, e introdujo al pequeño camaleón dentro. - ¿Te gusta tu nuevo hogar, Pascal? De momento no te queda otra, jish jish jish. Tranqui, lo iré haciendo más grande y con más detalles. - Tobías sonrió al pequeño reptil. - Aunque a ti lo que te importa de verdad es lo gorditos que estén los grillos... Jish jish jish, eres un glotoncete. - Rio el vaquero observando como desplegaba su retráctil lengua. Era la primera noche para todos en su nuevo hogar, así que Tobías se apañó un hueco al lado del terrario donde poder descansar también. La semana había sido intensa y no fue capaz de meditar mucho antes de caer rendido. La mañana siguiente amaneció fría también, pero ese no era un problema para el vaquero, al fin y al cabo era del frío North Blue, se había criado en una isla donde la mitad del año casi ni salía el sol. Todos se habían levantado enérgicos y con ganas de acción. La estancia en aquel archipiélago estaba llegando a su fin, pronto retomarían su camino y la búsqueda de su capitán. Recogió un poco su nueva habitación, antes de salir a cubierta a ver que hacían los demás, con todo ese ajetreo matutino, haciendo una parada exprés en la nueva cocina para prepararse un té caliente. Se encendió un cigarro nada más salir al exterior, donde estaban todos ya. Parecían contentos sobre la cubierta del nuevo barco, discutiendo, como de costumbre, a la espera de las ordenes de la ya afianzada capitana, Triana Tempesta. Tobías se limitó a repasar visualmente los detalles de aquel magnífico navío, navegar sobre él iba a ser todo un honor y más todavía mantenerlo en perfectas condiciones y mejorarlo en la medida de lo posible. Dio un sorbo a su infusión, después un calada al cigarro, para rematar con una más que sincera sonrisa. El viaje iba a proseguir y lo iba a hacer sobre la madera de aquel precioso galeón, anclado en el astillero 7 del manglar 0, y arropado por la presencia de sus compañeros. Con todo preparado para partir, activó su Haki de observación, para que durante la espera, nada ni nadie pudiera importunarlos. Todavía no había olvidado la descripción de aquella Tenryuubito de pelo rosa y seguía buscándola, temeroso de que se presentara frente a ellos para reclamar lo que se le había arrebatado.
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![]() ❝Para. Respira. Ordena. Apuesta.
08-02-2025, 12:19 AM
Leyenda
Las semanas habían ido transcurriendo de una manera tranquila igual que el invierno se había ido apoderando del clima, el cual poco a poco se había ido volviendo más frio y duro, lo que hacía unas semanas me provoco que dejase de pasar la noche en la cofa de nuestro grandioso y blanquecino navío, el Niebla de Guerra, y volviese otra vez a dormir en mi camarote, el cual era bastante fresco, pero no tanto como la cofa.
Como decía las semanas habían transcurrido de una forma bastante tranquila, excepto por el día en el que llegamos a aquella isla, en concreto al manglar número 26 de aquella gran isla, donde conocimos al enmascarado Quezatlli Jr., al hombre rana Gaeru y al revolucionario pelirrojo Zorak. Y allí sucedieron varios eventos e incidentes desagradables, comenzando por la captación a la tripulación del enmascarado y la rana, después la captura del revolucionario por parte del capitán y por último la gran explosión que provoco grandes destrozos en nuestro preciado navío y la perdida del brazo izquierdo de Gaeru.
Los días siguientes fueron más tranquilos, ya que el capitán se encargo de quedar con los revolucionarios, en el manglar número 23, e iniciar relaciones con estos, al devolverles al revolucionario pelirrojo por una suculenta cantidad de berries, para luego volver al manglar número 20 donde se utilizo gran parte de los berries para arreglar nuestra preciada y particular embarcación, además de pasar varias semanas allí realizando entrenamientos y diversas pesquisas antes de finalmente movernos a nuestra localización actual, el manglar número 0.
Algo que había empezado a coger como habito desde pocos días después de la llegada a la isla, consistía en levantarme mucho antes de que saliese el sol y aprovechar aquel momento de tranquilidad y de pocas miradas, para salir a cubierta y lanzarme al mar para pegarme un pequeño remojón, al principio pasaba muchísimo frio al salir del agua y debía salir corriendo de nuevo hacía el camarote para secarme y taparme con ropajes invernales, pero poco a poco, aunque el tiempo iba empeorando respecto al frío, parecía que cada vez llevaba este mucho mejor y ya podía volver tranquilamente hacía el camarote a secarme, pero sin hacer mucho escandalo.
Estos últimos días, me había levantado tan pronto, que justo cuando salía de mi camarote escuchaba como se cerraba la puerta del camarote de al lado, el cual pertenecía a uno de nuestros nuevos integrantes la rana Gaeru, el cual intuí que estaba algo perjudicado aún por su perdida y seguramente prefería estar solo y no relacionarse con los demás por el momento. Pero aquella mañana había pasado justo lo contrario, en el momento en que abría la puerta de mi camarote, volviendo de mi baño matutino, escuche como se abría la puerta de Gaeru. "Vaya... parece que al final hoy va a dar la cara y se va a relacionar con los demás..." Me dije mientras entraba en el camarote con una sonrisa en la cara y agarraba la toalla que tenía sobre la silla de mi escritorio.
Mientras me secaba a conciencia empecé a escuchar como otras puertas se abrían y varios pasos empezaban a escucharse de camino a cubierta. "Parece ser que todos estás despiertos y van a reunirse a cubierta, yo no puedo ser menos y perdérmelo..." Me dije mientras acababa de secarme, para luego sin pensar en nada más y con lo puesto salí del camarote dirección a cubierta. Al llegar a cubierta me encontré con todos, menos el médico Ben, al lado del mástil charlando entre ellos. - ¡Chicos!, ¿Cómo están? ¿Pasarón buena noche? Parece que el día amaneció fresquito ¿no? - Les dije a todos saludándolos con la mano en alto, mientras me acercaba a ellos totalmente desnudo, bueno totalmente no, solo portaba mis calzoncillos boxes puestos.
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08-02-2025, 12:56 AM
Desperté en mi cama, con algo encima del hocico... Mierda, otra vez me quedé dormido leyendo. El libro que tenía encima trataba sobre la investigación de medicamentos con compuestos de ciertos animales para poder regenerar órganos dañados. Pero no me había servido de nada. Tras las curas a la joven rana que nos acompañaba desde la arribada al archipiélago, no había parado de investigar en medicinas para calmar el dolor y la ansiedad. Existían y algunos eran incluso relativamente sencillos de fabricar con las habilidades necesarias. Pero no encontraba nada capaz de recuperar su pérdida. Resoplé y aparté de un zarpazo el libro que cayó en el suelo, a un metro de la puerta y a dos de la cama. Me senté en la cama de mi camarote vacío y silencioso. Debían ser por lo menos las diez de la mañana. Tocaba reconocer al paciente y recoger los utensilios médicos que me había dejado allí de madrugada. Ciertas noches salía por su cuenta y no podía tratarle. Es bueno que se mantenga en forma, pero debe descansar lo necesario si no quiere morir, y ese sería un problema para mí. Tampoco le dije nunca que sabía que se levantaba, ya que entendía por qué lo hacía y que era necesario para su mente.
Me levanté de la cama y recogí el libro del suelo. Después recorrí los tres metros que había en diagonal hasta el escritorio y lo dejé caer de cualquier manera, quedando este abierto, como si estuviese alguien leyéndolo. Miré el armario que se situaba en la esquina del camarote y que contenía las escasas prendas (Todas prácticamente iguales) que tenía en mi haber. Me acerqué rascándome el lomo mientras otro bostezo se apoderaba de mi boca. Agarré unos pantalones negros con un cinturón ya enganchado y me los puse. Lo mismo con la camisa blanca, la cual la abroché perfectamente ajustándola a mi pecho. Abrí el primer cajón y saqué una de las tres corbatas que se encontraban perfectamente dobladas en su interior. Me la anudé al cuello con la agilidad de alguien que hace esos movimientos a diario y me dirigí de nuevo al escritorio, a dos metros del armario. Debajo de la mesa estaba el único calzado que tenía. Unas botas negras de estilo militar, las cuales me calcé con firmeza. Agarré entonces la gabardina que estaba colgada en el respaldo de la silla. La levanté mirando en la espalda de la prenda marrón el desgastado parche de la calavera de los antiguos piratas Shogun Gari como quien ve la camiseta de un antiguo grupo de Rock y me la enfundé con decisión. Salí del camarote con un cartel de se busca con mi cara en la puerta y cerré a mis espaldas. Anduve hacia la izquierda y, dejando una puerta en el medio, golpeé con los nudillos la cara de Gaeru en su propio cartel, colgado también en su camarote por órdenes del capitán. Nadie respondió. Abrí despacio, pensando que podría estar dormido, pero allí no había nadie. Hice una mueca y caminé despacio, intentando no perturbar la intimidad que guarda una habitación hasta la cama de la rana. Cogí mi material médico de la mesilla y pensé que era hora de lavarlo, así que volví hasta la puerta, y al cruzarla, me pareció oír a alguien en cubierta. Seguro que los chicos debían estar planeando algo de nuevo. De hecho, creo que ya es hora de que me de un poco el aire. Entré de nuevo en mi lugar privado dentro del Niebla de Guerra y me dirigí hacia el escritorio, donde dejé las herramientas que había recuperado de la habitación del Gyojin, guardándome a su vez la pistola que Rapax me regaló antes de asaltar la base de la marina en Neur y unas cuantas balas lumínicas. También vi conveniente llevarme unos botiquines y unas vendas, por si las necesitara en caso de emergencia, el den den mushi y los guantes. Con todo esto, salí del camarote, cerrando la puerta con llave y guardándola en el bolsillo interior de mi gabardina. Caminé siete metros, los cuales separaban la puerta con mi cara de la puerta que daba a la cubierta del barco. Me apoyé en el quicio de la puerta y miré a mis compañeros desde los veinte metros que nos separaban.
Información del turno
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10-02-2025, 03:10 AM
(Última modificación: 10-02-2025, 03:22 AM por Voz Seductora.)
Una ola de graznidos rompió el presente: El OkNews estaba aquí.
Las gaviotas de ese reputado periodista, Edward Intha, estaban sobrevolando el archipiélago y descendían a cada lugar correspondiente para entregar la suscripción del noticiero. El Solar Karma, el Niebla de Guerra, el Saint Fermín y el Kaiser Panzer recibieron cada uno, a uno de estos alados seres, que entregaron un único periódico a uno de los presentes, en mano. Igual pasó con el Pluma Silente y el Treinta y Cuatro, los dos buques acorazados de la Marina, cuyas gaviotras entregaron el periódico en las manos directas de Joe Joestar, en el primer barco, y de un recluta en cubierta, en el segundo. Por parte del Cuartel General de la Marina, diez gaviotas dejaron un periódico en cada zona acreditada, acabando uno cerca del aglomerado de la División veintiuno, dispuesto a ser recogido y leído por quien estuviera más próximo a este. Las noticias traían grandes cambios y giros inesperados en el mundo, situaciones que voltearían todo en el mañana, y sólo los más aptos serían capaces de sobrevivir a estos exabruptos vaivenes del destino.
Periódico
La tranquilidad del puerto de los astilleros era la habitual, la temperatura se notaba sobretodo en las pieles de los más incómodos y molestos por el frío, y el bullicio mercantil afloraba el calor de la civilización en su estado más humano: el comercio. La llegada de aquellas gaviotas era un día más, aunque posiblemente este día fuera el principio del fin de muchas cosas. Los primeros en notar estas noticias las compartieron con los que tenían a su lado, la portada sin duda era un evento que sacudía el mundo y particularmente, la economía de Sabaody, único punto de acceso fluvial hacia el Nuevo Mundo, con escala en el Reino Ryugu. No tardaron en comenzar los gritos y el ajetreo. Los había que querían marcharse de allí, volver por donde habían venido, marcharse ya para llegar a tiempo... otros se preocupaban de sus inversiones y de su capacidad económica y de cómo esta se podría ver afectada por aquella noticia. Al final, era algo que no podría dejar indiferente a prácticamente ninguna persona, a no ser que fueras un completo ignorante. A algunos kilómetros mar adentro, los dos buques acorazados de los Marines surcaban las olas con furia y aun así, la calma y la disciplina militar se mantenía impoluta a bordo, fruto del mando que gobernaba sobre esos navíos. No por nada estaban transportando a un Almirante con ellos, el joven Yugu Dimípalo, apodado Gukuro - o el Búho Gris como le llamaban algunos - quien se había ganado el respeto de sus hombres y había hecho ostentación de merecer su título en numerosas ocasiones. Él no contaba con un linaje y unas cualidades excepcionales, como Markus Whitend. Tampoco con la habilidad y presencia de Tucrow. Él tenía su dedicación, su ingenio militar, y su firmeza, y sus tropas lo respetaban por ello y hoy estaban aquí, en Sabaody, para seguir las órdenes de su Almirante y acabar con toda la escoria criminal y pirata que hubiera en el archipiélago, de una vez y para siempre. Aproximadamente veinte minutos después de la llegada de estos periódicos, el Pluma Silente y el Treinta y Cuatro anclaban en el puerto habilitado en el manglar setenta, en el cuartel de la Marina, y la llegada del Almirante Gukuro, quien ahora tenía el mando absoluto de todas las tropas del Archipiélago, se anunciaba a la tropa y los mandos intermedios por megafonía esperando que todos se cuadrasen en el patio. La rampa para descender del barco se había colocado.
Resumen
Tropas Marines
Karmas
Haki
Turno de posteo
10-02-2025, 04:01 AM
El señor Kinryu había sido claro en sus órdenes sobre la escoria que íbamos a sentenciar: Todos fuera de circulación.
Por algo el Almirante de Flota era alguien tan respetado... era un hombre decidido que no se andaba con tonterías. Y de hecho, nos daba la suficiente libertad como para poder actuar por nuestros propios medios o siguiendo nuestras propias costumbres o necesidades, ya que había accedido a mi petición y me había permitido comandar a mis tropas y mis hombres a mi propia manera. Confiaba en mi, lo agradecía, y haría que estuviera a la altura. De hecho, esperaba poder resolver la situación con éxito... aunque un éxito distinto al de mis dos compañeros. El señor Tucrow se identificaba por hacer esta serie de operaciones él sólo... y el señor Markus sin duda habría pulsado el botón del Den Den Mushi dorado que tenía frente a mi, en ese escritorio. Suspiré mirándolo y lo guardé en mi chaqueta de Almirante, en el bolsillo derecho. No quería llevarlo, pero nunca se sabía. En el bolsillo izquierdo llevaba el Den Den Mushi blanco para poder comunicarme con los mandos intermedios en caso de darse la necesidad y en la muñeca del mismo flanco, el pequeño Den Den Mushi negro emulando ser un reloj. En la muñeca contraria, un triple log pose. En el costado izquierdo reposaba en su vaina mi Juramentada, y mi atuendo no podía ser más pulcro ni decente: el uniforme estaba perfecto, limpio, planchado y bien ajustado. Salí a cubierta a tiempo de ver una gaviota del OkNews entregar al hombre del momento, el señor Joe Joestar, un periódico... noticias de las que yo mismo ya estaba al tanto al haber recibido una llamada proveniente del Cuartel General de la Marina, con esta información, algunas horas antes. Aquel hombre frente a mi era mi escolta directa en esta misión y - más que una protección para mi - era el subordinado que debía ejecutar mis órdenes más inmediatas. Estaba al tanto de la situación de su división en la isla, de su estado de recuperación en Impel Down tras su confrontación con el infame señor Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero, del cual salió muy mal parado, y de las intenciones de mi compañero veterano 'Akasaru' al sugerir a este hombre como mis refuerzos: "Que se gane el título". Título obtenido en un ascenso que, por otro lado, no había podido felicitarle en persona, pero que consideraba que sería algo forzoso y fuera de lugar, y me daba un poco de vergüenza sacar el tema en estos momentos. Carraspeé la voz colocándome a su lado — Vicealmirante Joestar — saludé de forma cordial inclinando muy levemente la cabeza — Confío que encontrará interesante el periódico — y miré hacia el frente. La costa en la que íbamos a anclar estaba a la distancia correcta para proceder, así que alcé la mano y miré por encima del hombro, haciendo un gesto circular con la muñeca para que mis hombres, con una sonora afirmación, comenzasen a preparar el buque para anclar, comunicándoselo igualmente al que nos seguía. Relajé el gesto y crucé las manos en mi espalda, en una posición firme — Cuando anclemos descienda usted y fórmese junto con las tropas, por favor. Yo bajaré el último como me obliga mi cargo — le ordené de la manera más educada posible — Sé que es usted un buen hombre y un gran Marine, estoy muy agradecido de que sea mi refuerzo en esta misión. Espero que esté recuperado de sus heridas, lo necesito al cien por cien de sus capacidades para obtener el éxito en esta campaña — aseveré y acaricié el pomo de mi espada, cerrando los ojos levemente y sintiendo la brisa del mar en el rostro antes de continuar — Tenemos una gran responsabilidad aquí. Cuento con usted, The Fang — y mantuve el silencio, girándome ante los avisos de que el barco estaba echando el ancla y me mantuve en la pose de saludo militar para otorgar mis respetos a todas las tropas que empezarían a descender del navío - seiscientos noventa Marines por barco - y agradecerles de esta manera su presencia en esta operación. Todos y cada uno de ellos bajaron del navío y se formaron en tierra firme, mezclándose con las tropas en tierra y adoptando todos una amalgama blanca a mis órdenes, que traería la justicia a este lugar por fin. Relajé la postura y miré girando la cabeza hacia el señor Joe Joestar — Los hombres y mujeres que confían en usted lo están esperando, Se merecen verlo bien — y moví la mano en un barrido para indicarle que bajase del barco — Después de usted, Vicealmirante. — finalicé, con tono amable pero sin esbozar una sonrisa ni alterar mi rostro inexpresivo en toda la interacción con el Vicealmirante.
Narrador
Resumen
Inventario
Orden de posteo
10-02-2025, 02:03 PM
Conforme un trasformado en felino Garnet seguía corriendo alrededor del palo mayor y entrando en calor - con cuidado de no arañar la superficie de madera tras la advertencia de su compitruena -, una risa ajena lo sacó de su trance deportivo, parando en seco cuando estaba a unos tres metros de la barandilla de babor, quedando el pelirrojo orientado hacia popa.- ¿Huh? - Pudo ver en ese momento al mocoso - que ya no era tan mocoso - de Kenzo quien, con su característica insolencia, bromeó con calentarle a hostias para quitarle el frío.- Si fueras todavía una tía macizorra el menda te dejaba, pero cuidado con lo que sueltas, colegui, ¿es o no es? - Espetó, a modo de amenaza, mientras pasaba a su forma híbrida, ganando ahora una considerable complexión y volumen, a costa de perder algo de pelaje en ciertas zonas de su cuerpo. A la vez que el frío calaba en las partes descubiertas de su cuerpo, también Garnet notaba como la vena de su frente se hinchaba al escuchar tal falta de respeto y observando como el zagal de los Alas Negras se sentaba en la base del mástil, apoyando su espalda contra el palo.
El pelirrojo se acercó hasta él - hasta quedar a un metro de él y a cuatro de la barandilla de babor, dándole la espalda -, con la intención de darle un pequeño puño de amor cuando, la pregunta que le formuló el adolescente hizo que detuviera dicha idea. Al parecer, Kenzo todavía andaba preocupado por la situación de Yojimbo, confesando que le echaba de menos además. Y no era para menos, todos le echaban bastante en falta, y no tenían ni idea de que había sido de él. Pero una cosa estaba clara: seguía vivito y coleando, segurísimo.- Al loro, colegui. - Se puso de cuclillas, para estar un poco más a la altura de Kenzo.- Todos andamos algo preocupados por Yoji, para que engañarte. - Confesó el estado actual de todos pasando, a continuación, a esbozar una sonrisa.- Pero, ¿tú crees que al futuro Rey de los Piratas le podría pasar algo? Seguro que está de juerga en un concurso de comer coles o algo así, ¿es o no es? PUAJAJJA - Intentó calmar y relajar el ambiente.- Pero la próxima vez suéltanos antes si estás rayado, ¿es o no es? - Finalizó, para volverse a poner completamente de pie escuchando, en ese momento, la voz de Sasha a sus espaldas. Garnet se giró hacia la barandilla viendo, para su sorpresa, no sólo a su compitruena sino también a Triana - quedando la espadachina a la derecha de Sasha, desde la perspectiva de Garnet -, dirigiéndose a paso lento - y abrazándose a sí mismo para reducir el frío - hacia ellas, escuchando como la semioni declaraba que el barco estaba listo para zarpar, además de haber conseguido averiguar su próximo destino, siendo este una isla llamada Gyojin.- ¡E-esa es mi compitruena! Gah gah, ¡GARNET! - Estornudó, girando su cabeza hacia su derecha para no llenar de mocos a ninguna de las dos rubias.- Pues entonces podemos pirarnos cuando os de la gana... - Dijo, volviendo a dirigir su mirada hacia las dos, centrándose ahora en la vicecapitana de la banda, y teniendo la necesidad de soltar información sobre algo que le había estado carcomiendo desde que había salido a cubierta.- Y no sé si tenéis el haki, pero hay algunas auras bastante potentes y que dan mal rollo cerca de aquí, ¿es o no es? - Explicó, mirando también a Tobías - quién había salido ya a cubierta -, esbozando una sonrisa incómoda a la par que desafiante, al ver que había gente verdaderamente fuerte allá dónde ellos. Había notado que había varias auras bastante identificables pero, destacando - a parte de las suyas -, cuatro de ellas. La primera de ellas, era de un color plateado, tirando a un azul que brillaba con fuerza pero que, a su vez, denotaba cierto descontrol en sus fluctuaciones. Cercana a esta aura, había otra, esta de color morada y que irradiaba una sed de sangre y matanza inigualable. Por último, ajenas a estas dos primeras, había dos que, en cuanto a fuerza, podían estar perfectamente parejas, sobresaliendo aún así una cuya presencia era increíble, siendo de color rosa y transmitiendo una sensación de completa incomodidad. En contraste con esta, la otra se caracterizaba por expresar una profunda calma y serenidad, poseyendo un tono azulado, como el frío de aquella mañana. No tenía ni idea a quiénes pertenecían aquellos espíritus pero, tenerlos vigilados, sin lugar a dudas, era un aspecto cuanto menos importante. De sólo sentir la última aura, el cuerpo de Garnet volvió a congelarse por inercia.- A-andaaa Trianaa, dale un p-poquito de calor al menda que estoy que me c-congelo. - Puso morritos acercando ambas manos descaradamente hacia la mujer pero sin llegar a establecer contacto, buscando que con su fruta le irradiara algo de calor. En ese momento, el graznido de las gaviotas invadió la escena, haciendo que el pelirrojo dirigiera su atención hacia el cielo.- ¿No será..? - Efectivamente, se trataba de la gaviota del puñetero Intha, a saber que clase de difamaciones había en aquella nueva edición.- ¡PERIÓDICO! - El ave descendió hasta la posición de Triana, apoyándose en la barandilla - a su izquierda - con la intención de cederle el periódico.- ¡Para el carro! - Apartó sus manos de la mujer para agarrar antes que ella la gaceta.- ¡Recuerda que estás que ardes, colegui! Así nos dejas sin papelucho, ¿es o no es? - Comentó, agachándose levemente - para que pudieran ver bien todos -, mientras se ponía entre Triana y Sasha - dándoles la espalda y estando algo más calentito -, abriendo el periódico para que lo vieran y esperando a que el resto - a quienes le interesara - se uniera para leer la nueva edición.- ¿Vendrá algo de info de Yoji? - Pensó mientras algunos papeles de la última página del noticiario frente a ellos. Siendo estos nada más y nada menos que una serie de carteles de recompensa.- ¡Coño! - Exclamó al ver la cara de Triana.- ¡Te han subido la recompensa! PUAJAJAJA ¿Es o no es? - Soltó una carcajada mientras apreciaba los 430 millones que valía ahora la cabeza de su vicecapitana. Echó otro vistazo a los demás por si había alguno suyo pero por desgracia no fue el caso. Sin embargo, si que vio el wanted de alguien que le sonaba particularmente, el que Triana enseñó, tanto a Sasha como a Garnet - por si su apellido generaba ya dudas -, que se trataba de su hermano.- Vaya, está también tu bro. - Dijo con cierta pena, al no saber como se lo podía tomar la mujer. Gracias a su charla con Don Bambú aquella noticia no le pillaba por sorpresa ver el wanted de Kovashi quien valía ahora 400 millones. Aún así, ver al revolucionario con ese parche, en ese estado, y sabiendo que tenía una clara sed de venganza no era plato de buen gusto, sobre todo por la inconmensurable deuda que tenía con él. El músico dejó algo más de tiempo a que procesaran la información de aquellos carteles cuando abrió el periódico, siendo Garnet tan antisistema, por la última página del mismo, la cuál hablaba sobre la paz de los mares del Blue, anunciaba una oferta de un bar al igual que una convocatoria para no sé qué de Impel Down.- Eh, con los de Triana ahora valdrías 432 millones, ¿es o no es? PUAJAJJA - Comentó al ver la noticia de los cocos y haciendo una obvia y burda referencia al busto de la mujer. Pero quién ríe último ríe mejor. Esperó a que todos leyeran la página para pasar a la siguiente cuando, indiferentemente del resto de noticias, la imagen de la última captó por completo la atención del músico.- ¿IKIRAMI? - Gritó, sorprendido, sobre todo al ver que en la foto salía con el pelo negro.- Está hasta buenísima de morena... Joder... - Apretaba con fuerza los pliegues del papel, mientras leía la noticia, que databa sobre la situación de la marine, la cuál estaba en una etapa oscura, de cambios, experimentación y, sobre todo, soledad, haciendo canónica, de cierta forma, la ruptura que tanto tiempo ha se llevaba mascando.- ¿Soledad? ¡Soledad mi polla! ¿Dónde ha quedado todo el amor, Iki? ¿Huh? - La rabia se empezaba a apoderar de Garnet, un Garnet que, estando ya agachado, no pudo evitar terminar de dejarse caer sobre sus rodillas, pasando a mirar hacia el cielo. - ¡¡PUÑETAAAAAAAAAAA!! -
Bramó a los cielos, con las lágrimas saltadas, a punto de arrancar las páginas del periódico como se arrancaría de cuajo su camisa en caso de llevarla, pero conteniéndose al quedar todavía dos o tres páginas por leer. Durante algunos segundos, se quedó en silencio, buscando tranquilizar su respiración ante la repentina imagen de la marinee ex-pelirroja para, a continuación, terminar por volver a pararse sobre sus pies, quedando nuevamente agachado.- Perdonad, peña, se me ha ido la flapa... - Se disculpó, rechinando los dientas.- Una cosa menos, al menos, ¿es o no es? - Añadió, con una clara disconformidad, pasando a la siguiente página una vez todos lo vieran procedente. Y nada más pasar a la siguiente, estaba la noticia que explicaba la "vuelta a la vida" del antiguo camarada de Don Bambú. Si no hubiera hablado con el mink, el shock que habría recibido al leerla, habría sido mayúsculo. Sin embargo, fue la siguiente la que captó la mirada del skypiean gatuno. No era tanto que hubiera un Coliseo enorme en cierta república, sino quienes lo organizaban.- ¿Tempesta? - Se cuestionó Garnet, ante la importancia que parecía tener la familia de su amiga. Ya le había comentado que eran unos marines con cierto prestigio, pero no sabía que podía llegar a tanto. Entre esto, y el wanted de su hermano, no sabía como se podía sentir Triana.- Molaría colarse en ese tinglao y montar tremendo jaleo para que le cierren el chiringuito, ¿es o no es? - Bromeó, con la intención de quitarle hierro al asunto. Nuevamente, cuando todos habían leído lo que consideraran oportuno, el pelirrojo volvió a pasar la página, encontrándose en esta ocasión con la figura de Triana.- ¡Coño otra vez tú! - Se sorprendió al ver a la vicecapitana en primera plana, en una noticia que la describía como la persona al mando por la ausencia de Yojimbo.- Parece que esta edición está enchochado contigo, ¿es o no es?- Dijo con sorna, no pudiendo evitar darle vueltas a la primera frase de esa misma noticia.- En adición a lo que comentamos en la página anterior... - Repitió, internamente, pensando en que, quizás, en la siguiente página estaban las respuestas que estaban buscando, el paradero actual de Yojimbo y el por qué decidió seguir durante una temporada por su cuenta. Sabiendo lo que podía esperarles la siguiente página, Garnet no prestó atención al resto de noticias, tragando saliva y esperando, más que nunca, a que todos estuvieran preparados. Cuando la ocasión se dio, la pasó, encontrándose con un titular que, sin dudas, resultaría como recibir un chorro de agua fría sobre la espalda.- Cae Yojimbo... - Leyó el título, mientras las manos le temblaban tanto de frío, como al ver la figura de su capitán, recordándole su trauma en el que vio a Nekah morir frente a sus ojos, como por la noticia en sí. Aún con todo, Garnet continuó leyendo el contenido de la misma, en la que se detalla que el lunarian perdió en un enfrentamiento contra el Héroe de los Cabos Gemelos, Joe Joestar, tras lo cuál, el pirata fue enviado a Impel Down.- Joe Joestar... - Rechinó los dientes, pudiendo notar como su pulso se aceleraba y su vista se empezaba a emborronar de la ira al ver al que se trataba del superior de Karl, Ryze y anteriormente de Sephi e Iki. ¿Cómo había podido pasar eso? ¿Cómo habían llegado a perder Yojimbo contra aquel hombre? ¿Habría usado alguna clase de truco sucio para ganar a su capitán? - Tuvo que ser eso, sí... - Se convenció a sí mismo, al no haber otra posible opción. Para más inri, más adelante, se explicaba que Joe llegaría a Sabaody y escoltado, en una misión especial para acabar con la piratería del archipiélago. Sin importarle la noticia que habría en la siguiente página, el músico lanzó el periódico al suelo, desplazándose rápidamente, y con los ojos llorosos, hacia la base del mástil, dándole la espalda a todos. - GROAAAAAAAAAAAAAAAARRRR -
De pura furia y rabia, y sin poder evitar que una lágrima descendiera por su ojo derecho, Garnet exhaló un rugido hacia el cielo, que se perdió en la inmensidad del azul y en el alboroto que empezó a formarse próximo a los Astilleros momentos después de que saliera la nueva edición de Intha. Aún no podía concebir aquella información. Debía hacer algo al respecto, debían hacer algo por su capitán, por el que sería el futuro rey de los piratas. Si el que había apresado a Yojimbo iba a estar en el propio archipiélago, sólo había que ir tras él, raptarlo y hacerle llorar por su vida hasta que liberaran a su capitán. A él y a toda su división si era necesario. Garnet se giró 180 grados, quedando frente a todos, a un metro de distancia del palo mayor. Pensar en lanzarse a lo loco era lo fácil, y lo haría sin dudar de tratarse de él solo... Pero, ¿y si eso ponía en peligro la vida de sus amigos? ¿Y si el ir de frente como cabras locas les llevaba a sufrir un destino igual o incluso peor que Yojimbo? Eran fuertes, sí, pero Yojimbo también lo era y el resultado era el que era. Necesitaban pensar bien el modo de proceder y el skypiean, por la razón que fuera, no era la persona indicada para ello en ese momento.- ¿Qué haremos, peña? - Preguntó a todos.- ¿Qué haremos, Triana? - Incidió en el papel de líder que poseía ahora la mujer.- A mi me gustaría darle para el palo a algunos marines, pero la noticia es la que es, y puede ser peligroso. - Añadió, con los ojos llorosos y apretando con fuerza sus puños.- El menda no quiere perder a nadie más, ¿es o no es? - Finalizó, frunciendo el ceño y apretando sus dientes a más no poder. El miedo de que volviera a pasar una tragedia como ocurrió con los Shogun Gari, nunca dejaba de estar latente.
INFO
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Había llegado el momento. Por fin estábamos en el archipiélago Sabaody, era cuestión de unos pocos minutos tocar tierra y comenzar la misión. Para amenizar la espera, procedí a encenderme un cigarrillo con mi zippo y guardarlo en mi bolsillo derecho. Ya tenía todo preparado encima de mí, las pocas cosas que podía usar estaban conmigo.
De pronto, el sonido del aleteo de un pájaro se escuchó por encima nuestra. Alcé la vista, pudiendo observar de que teníamos noticias nuevas para el mundo. Con el cigarro en la boca, levanté mi mano derecha para agarrar una nueva edición del periódico — Venga, va... — Procedí a abrirlo y ver las novedades. La primera noticia era grande, ocupaba toda la portada. El reino Ryugu, el cual, la verdad, no tenía ni idea de donde estaba, se había desvinculado del gobierno mundial y dejándose caer a las manos del Ejercito Revolucionario — Vaya... — Dije medio suspirando, este tipo de noticias solo eran más problemas indirectamente para la Marina. Procedí pasar a la siguiente noticia, y, de nuevo, ocupando toda su extensión, una noticia enorme, donde Joe Joestar era el protagonista, el cual contaba su hazaña contra Yojimbo y la captura de este, subiendo así a Vice almirante de la Marina, para finalizar con que se dirigía hacia Sabaody en cargo de escolta para buscar más criminales. Alcé la vista y las gaviotas del periódico estaban ya fuera casi de mi rango de vista, adelantándose hacia el archipiélago — Chss, joder... — Algo me decía que antes de que llegásemos, todos los presentes de allí iban a saberlo de antemano. Le di una calada al cigarrillo y decidí continuar leyendo, pero fui interrumpido de repente. Una voz masculina y apagada dijo mi nombre y cargo por mi lado derecho, giré la cabeza para observar de quien se trataba. Era un muchacho muy joven a pesar de ser bastante alto, pero aquel uniforme totalmente impoluto y perfecto, si que podía reconocerlo de sobra, se trataba de uno de los almirantes de la Marina, Gukuro — Por fin puedo verle en persona — Pensé sorprendido por la revelación, sabía que estaba en aquel barco, pero por lo que parece, era un muchacho bastante tímido. Mientras el ordenaba a las tropas comenzar a moverse. Doblé el periódico y me lo guardé en uno de los bolsillos interiores de mi capa de Vice almirante. Dejé que hablase sin interrumpirle, estaba deseando que estuviera recuperado de mis heridas y así pudiera hacer un buen trabajo — Muchas gracias por sus palabras, Señor Gukuro. Estoy recuperado totalmente y preparado para comenzar la campaña que se nos ha adjudicado aquí y hoy, es un honor poder ser su refuerzo — Dije con un tono muy respetuoso, mirando frente a mi a todas las tropas que estarían acompañándonos hoy, que eran bastantes. Con un ultimo comentario de motivación hacia mi, Gukuro procedió a darme paso para bajar. Di el primer paso hacia la pasarela, comenzando a descender para tocar tierra firme tras tanto tiempo. Era extraño. No sentía miedo, no sentía nervios, estaba totalmente calmado. Hacía mucho tiempo que no sentía tener esta paz mental conmigo mismo. Según descendía, podía observar aún mejor el gran dispositivo de tropas que se habían colocado perfectamente, y un poco más alejado, el cuartel de la Marina que operaba en Sabaody, donde estaban mis compañeros, los cuales hacia mucho tiempo que no los veía. No podía evitar esbozar una sonrisa al pensar en ellos y las ganas que tenía de juntarme de nuevo con cada uno de ellos. Puede que ahora tuviera un cargo más importante y alto en la Marina. Puede que ahora tuviera un nuevo poder en mi interior. Y ahora más que nunca, he conseguido tener la confianza en mi que siempre me ha faltado. A partir de aquí, fuera cual fuera la situación que se diera en el futuro, no iba a dudar ni lo más mínimo. Pero hay algo que no había cambiado en absoluto dentro en mi. El amor que tengo hacia mis compañeros, protegerles a toda costa de cualquier amenaza, porque por ellos seguiría dando mi vida si fuera necesario. Porque sin ellos, yo no soy lo que soy.
Porque sin ellos, yo no sería Joe Joestar, el Héroe.
Terminé de descender la rampa, y por fin, puse un pie en tierra. En aquel justo y preciso momento, el viento sopló con un poco más de fuerza, haciendo que mi capa de Vice almirante se elevase y ondulase gracias a aquella brisa, mientras avanzaba entre las tropas, las cuales mantenían el saludo militar hacia mi. Sin perder las maneras y la compostura de la situación, llegué al final, situándome frente aquel cuartel, con la mirada de un niño pequeño, emocionado, miraba al frente, esperando a alguno de los míos, con una sonrisa de oreja a oreja: — ¡YA ESTOY AQUÍ! —
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