[EVENTO FASE] Billete a las nubes.
#21
Era del todo imposible ver algo entre la brumosa capa de nubes que atravesábamos, pero sin duda fue un momento que, aunque angustioso, mereció la pena vivir. El panorama idílico que se nos ofrecía como recompensa por tan abrupto ascenso calmó rápidamente mi ansiedad, y fue entonces que finalmente aprecié el coro de caracoles que, al parecer, mi mente había estado ignorando presa del miedo durante la subida. Me dirigí a la proa para disfrutar de las vistas, el sol brillaba como nunca, pues las nubes que alguna vez pudieron opacar su brillo servían como sendero para nosotros en aquel lugar. Mis ojos analizaron con entusiasmo todo el paisaje, la playa que ante nosotros esperaba ser desembarcada era preciosa como pocas costas, y la majestuosidad del bosque que tras ella parecía crecer sin fin habría robado mi atención durante un considerable rato, pero un destello dorado hizo saltar todas mis alarmas. ¿Qué sería aquello? Parecía algún tipo de edificio. Sohem había vuelto a su puesto de mando, y con esa mascara difícilmente podría ver lo que quería enseñarle, así que una vez más me acerqué a Viktor mientras preparaba el periódico para que sirviera como visera y el sol no le molestase. — ¿Ves aquello? — pregunté directamente, señalando la dirección en la que se conseguía vislumbrar aquella cosa. — No sé qué será, pero brilla como el oro. ¿Lo habrá traído el tal Jezos? —
 
Antes de que Sohem me repitiera que hiciera mi trabajo, y sin alejarme demasiado del espadachín, me coloqué dándole la espalda al sol, usando mi sombra para guarecerme de su inclemencia. Repasé los carteles y las noticias para intentar recordar algo que pudiera haber leído en anteriores periódicos, cosa difícil, ¿Por qué iba una señorita a gastar su tiempo en enterarse lo que han hecho cuatro piratuchos? Para bien o para mal -claramente para mal- este iba a ser mi trabajo a bordo del barco, básicamente me tocaba aguantar y ser la secretaria de esos dos individuos... — Ay, Chloe... ¿Qué has hecho mal? — Por más que me gustase pensar en mí, incluso hablar de mí, me debería centrar en investigar todo lo que pueda sacar de este periódico, como mínimo, y acostumbrarme a hacerlo con los próximos que vaya leyendo, ya que mi nivel de combate no puede estar a la altura que al menos pueda ser de utilidad mi intelecto. Lo único que pude sacar en claro es que los pesos pesados eran un chaval joven llamado Garnet Matlock y un hombretón... con el nombre más raro que había leído en mi vida... Al parecer el primero era el capitán de una banda pirata y hacía poco que era el capitán, eso era bueno, ¿No? Con alguien nuevo al mando quizá no estén acostumbrados a coordinarse con él. Suspiré. Aunque fuera el caso, en el periódico no menciona a sus tripulantes, cualquiera de los carteles de debajo podría ser parte de su tripulación. Era frustrante la sensación de sentir tanta falta de información, pero era mi primera "misión" en el mundo de la cacería de piratas, pero intenté mantenerme optimista, solo podía mejorar.
 
La música de los den den dejó paso a una voz que parecía no querer estar narrando, básicamente nos dio la bienvenida y unas indicaciones básicas para seguir avanzando. Teníamos que descargar la mercancía en la costa y tomar una de las cinco rutas que se nos presentaban — ¿Una playa como esa y no vamos a poder disfrutarla ni un poquito..? — un pensamiento intrusivo que salió de mi boca de forma ineludible, acompañado de un pesado quejido. En cuanto el barco se detuvo cerca de la costa comencé a ayudarlos a desembarcar la carga que teníamos cortesía de la empresa Nozama. Cuando ya todo estuvo colocado sobre la arena volví rápidamente al barco, tomé mi parasol y con algo de reticencia también el rifle y las balas, solo esperaba no tener que usarlo demasiado rápido. Bajé, ahora definitivamente, del barco y apoyada en la antorcha que indicaba la ruta número tres comencé a ojear a los que iban desembarcando o ya habían desembarcado, cubriendo sutilmente mi rostro con la ayuda del parasol.

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#22
Sohem, así como lo hice yo, cuestionó la idea de Chloe de ir a por el llamado Don Bambú. Él se centró en un aspecto más estratégico: pertenece a una organización poderosa. Nosotros somos un gremio en reciente creación y eso juega en nuestra contra. Así como el depredador hambriento, deberíamos buscar presas fáciles.

El ascenso fue rápido. Durante la subida a través de los mares de bruma era imposible atisbar nada en absoluto. Ni siquiera yo, que podía decir que poseía un buen don de la visión, era capaz de detectar nada más que las nubes a nuestro alrededor. Con el pasar de los instantes, pude percatarme de una voz que acompañaba a una música de coro que crecía en intensidad y potencia, haciéndose cada vez más y más potente. El abrupto ascenso maltrataba el barco que, aunque poseía toda mi fe en su integridad, me preocupaba su estado al finalizar. Sin embargo, no había manos más capaces en cubierta que las de Sohem para llevar el navío al final del trayecto y, si algo podía hacer, no había más que confiar.

Tras unos minutos atravesamos el final de las nubes y la vista del sol, más cerca de lo que jamás lo había visto, aclaró mi mente de nuevo y me reconfortó. Tras esto, el barco reposó, si es que se le puede llamar así, por las nubes blancas inmaculadas que finalizaban en un manto de arena que invitaba a descansar y relajarse tumbado en ella. En cualquier otra ocasión hubiera sido el momento y sitio ideal para tener un batido de fresa y leer un poco, pero… debíamos recomponernos. Tras la arena, la vegetación comenzaba a extenderse de manera prominente y poco a poco se hacía más densa. Sohem parecía estar aún al mando del barco y Chloe, emocionada y analizaba el entorno con la vista hasta que se acercó a proa y yo, la seguí a unos pasos de distancia. Cuando llegó al final de cubierta, llamó mi atención sobre algo que apreciaba a lo lejos. Un brillo dorado y una edificación que parecía elevarse ligeramente sobre la vegetación, aunque, siendo honestos con la verdad, era difícil de divisar. Me acerqué a Chloe por su derecha, apoyando mi diestra sobre el pasamanos y la zurda levemente sobre su espalda, a la altura de la curvatura lumbar, mientras me colocaba junto a ella. — Sí, parece una construcción, pero no logro distinguirla del todo. — espeté con voz tenue mientras fruncía el ceño para intentar enfocar.

Chloe parecía estar ensimismándose en la tarea que Sohem le había encomendado y, tras darse la vuelta, revisaba los periódicos y carteles de se busca. Cuando se detuvo en la foto del tal Garnet Mattlock junto a Finn Slingerland, recordé algo y saqué mi libro del abrigo abriéndolo por las últimas páginas, donde anotaba la información de la gente que me cruzaba. — Mira, el anterior capitán era Tobías Murray. Me crucé con él. Pistolero, Paramecia con fuerzas de empuje… Peligroso. No sé si será fácil cazar a un nuevo capitán de esa tripulación. — espeté mientras le mostraba a Chloe mis anotaciones sobre Murray.

Tras esto una voz nos dio la bienvenida a Skypiea y unas escuetas y simples indicaciones a través de caracolas enormes que llenaban el lugar. Ante nosotros, cinco rutas con antorchas y mucha compañía. Chloe fue la primera en desembarcar mientras yo cerraba el libro y lo guardaba de nuevo en mi abrigo. La tiradora se dirigió con sus cosas directamente hacia la ruta número tres. Yo observaba desde cubierta — Bueno, somos tres… me parece bien elegir esa ruta. — murmuré y lancé una mirada a Sohem, elevando mi diestra por encima de la cabeza con el pulgar, índice y corazón extendidos, mientras el anular y el meñique permanecían plegados. — ¡Jefe! ¡Vamos por la tercera! — informé al enmascarado para, acto seguido, bajar junto a Chloe, que esperaba junto a la antorcha con su parasol abierto. — ¿Ves a alguien que te interese? — pregunté a la tiradora, que ya había demostrado que tenía tan buena vista como yo y había tenido algo de tiempo para ir observando el entorno. ¿Quiénes irían por el mismo camino?

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#23
La potencia del ascenso era tal que apenas podía mantenerme. Lo que pretendía que fuese un agarre se quedó en una suave y breve caricia en el brazo de Aspros, que salió disparado hacia arriba más rápido de lo que subía el barco, para desaparecer de nuestra vista entre las nubes. Por el momento no podíamos hacer nada por él más que tratar de resistir y llegar a salvo a la isla para buscarle. El ascenso se hizo eterno e inverosímil. Nos encontrábamos en un barco impulsado hacia el aire atravesando las nubes mientras, de fondo, una melodía celestial se entrelazaba con la voz de un hombre que cantaba en armonía. Sin embargo, esta música se veía enturbiada por algún que otro grito ahogado, imaginaba que de aquellos que habían corrido una suerte similar o peor que la de nuestro compañero. ¿A qué mente perturbada se le habría ocurrido todo aquello?

Un luminoso rayo de sol anunció el culmen de nuestro ascenso. Entrecerré los ojos para protegerme de la inesperada luz y, al abrirlos por completo, se desplegó ante nosotros un paisaje de lo más particular y hermoso. De nuevo, al igual que con la melodía, la belleza de aquella playa de mar de nubes parecía mancillada por la presencia de tantos barcos maltrechos. Como si ninguno de nosotros tuviésemos el derecho de surcar estas peculiares y maravillosas aguas. Nunca había escuchado nada de esta isla, ni siquiera se había pasado por mi cabeza imaginar un lugar así. Era imposible, pero ahí estaba, ante mis ojos. Una realidad que superaba cualquier sueño o fantasía. Deseaba ahora más que nunca explorarlo y saber qué otros lugares nos esperaban en nuestro viaje.

Dejé de sujetar con tanta fuerza el timón, pero sin soltarlo, hasta que llegamos a la costa. Atraqué el barco y bajé la escalerilla para poder descender a tierra firme. Esperaba que el barco hubiese aguantado el viaje y nos pudiese llevar de vuelta, al menos hasta la siguiente isla para que Jolyne pudiese repararlo. Cuando pisé aquella playa clara miré hacia todos lados para asegurarme de que estábamos a salvo. Había barcos y algunas personas por aquella costa que se extendía a varios metros hasta un punto en el que la vegetación cubría todo por completo. Parecía que algunos de esos barcos eran de la marina, así que seguramente hubiese marines cerca. Habría que tener cuidado. Por mucho que me fijé, no pude ver más allá de la frondosa espesura. Imaginaba que Yamamura seguiría en el interior de la bodega y que Jolyne, con suerte, se las podía haber apañado para no salir volando. —¡Podéis salir! —les dije a mis compañeros para que supieran que no había peligro.

A lo largo de la costa se podían ver cinco antorchas bastante separadas entre ellas, así como varias estacas de gran estatura, casi de la mía, que parecían marcar el camino. Pero lo que más me llamó la atención fue la ingente cantidad de caracolas que poblaban todos los rincones hacia los que dirigía mi vista. Era completamente ridículo e innecesario, como todo lo que no fuese parte natural de aquel paisaje. Parecía que era de ahí de donde provenía el sonido, esa música que nos había acompañado en nuestro ascenso. La melodía cesó de repente para dar paso a una voz algo acelerada que nos daba la bienvenida en nombre de un Emperador. Su nombre no me sonaba de nada, todo era demasiado pomposo para mi gusto. Solo esperaba que la comida y la bebida de aquel lugar estuviese a la altura de la bienvenida.

La llegada estaría preparada para los encargados de las provisiones y suministros del evento, así que nosotros no teníamos una ruta establecida. Frente a nosotros se encontraba la primera de las antorchas, seguida a lo largo de la costa por las demás. No teníamos ninguna manera de saber dónde había acabado Aspros y no sabía si sería muy sensato utilizar los den den mushi. Cabía la posibilidad de que pudiesen rastrear la llamada, incluso de que Aspros se encontrase con compañía no deseada y no le beneficiase recibir nuestro mensaje. Lo mejor sería esperar para tratar de reencontrarnos más adelante. Si pasado un tiempo no sabíamos nada de él le llamaría para reagruparnos en la costa.

—Vamos por aquí y rapidito—les dije a mis dos compañeros señalando hacia la ruta 1, frente a la que nos encontrábamos. En esa zona no parecía haber nadie que fuese a darnos problemas y no tendríamos que andar demasiado. No me atrevía a preguntar a Yamamura por si se le ocurría mandarnos ir a la otra punta de la costa para ir por la ruta más lejana, así que preferí dar la orden y comenzar a caminar con seguridad para que me siguiesen.

Resumen

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

#24
El Frog Guild seguía ascendiendo a una velocidad vertiginosa hacia el reino de la nubes. Los gritos de Garnet, el cual se encontraba aferrado al mástil como si su vida dependiera de ello, y el de sus amigos resultaron insonoros en comparación al coro celestial que resonaba desde aquel inalcanzable terreno. Cada vez el músico tenía claro que esos cánticos no eran frutos de una prematura muerte suya, sino de alguien que se encontraba allí arriba, dándolo todo. Después de dos minutos de agonía, que parecieron eternos, del ascenso, los Shogun Gari llegaron a atravesar la capa de nubes que separaba el plano terrenal de aquel territorio que parecía haber sido sacado de un cuento de hadas y fantasía.

El sol, más cerca de ellos que nunca, azotaba a sus pieles con sus rayos ultravioletas con una mayor intensidad de la normal. El pelirrojo de soltó del palo mayor, dando unos pocos de tumbos debido al gran esfuerzo que había realizado para sujetarse bien y alzando, seguidamente, su cabeza, hacia el cielo, poniéndose su diestra, con la palma extendida, en su frente, para cubrir su vista de los haces de luz.-Flipo en colores puejeje... Realmente estamos en el cielo, ¿es o no es?- Habló en alto, maravillado, para, acto seguido, reparar en su alrededor, mirando, primero, hacia cada uno de sus amigos sin establecer, como era ya habitual, demasiado contacto visual con Kuraku.- ¡EH COLEGUIS! ¿Cómo habéis salido parados de este jaleo?- Parecía que ninguno había sufrido ningún daño, así que no había necesidad de preocuparse de más. Garnet siguió mirando a su alrededor, esta vez al mar que era ¿un mar de nubes? - La puta, ¿esto es real?- Mar sobre el que había muchos otros barcos que no habían sido tan afortunados, saliendo destrozados y mal parados de la travesía, y, otros tantos que si habían salido victoriosos como el Frog Guild, el cuál se hallaba próximo a la costa, con la madera algo resquebrajada debido a la fuerza del empuje del agua. Algo que no fuera fácil de solucionar para el carpintero.

El músico siguió deleitándose la vista con el paisaje tan fuera de lo normal que ofrecía Skypiea, fijándose esta vez en que, no había nada parecido a un showman, cantante, grupo o coro, esperándoles en su proximidad pero entonces, ¿qué era lo que habían escuchado durante su subida?- Nah nah... Aquello... ¡Era real!- Se confirmaba así mismo, girándose después hacia Tobías.- Lo has escuchado tú también, ¿es o no es?- Preguntaba completamente serio, cabizbajo, con la solapa de la gorra tapándole su expresión.- ¡Aquella melodía molona! No estoy majara, ¿es o no es, Tobi? - Exclamó emocionado, tras alzar su cabeza hacia el tirador. El músico tenía claro que debía implementar una puesta en escena así de épica en uno de sus futuros conciertos pero, ¿cómo iba a igualar ese nivel de magnificencia? Con su nivel actual, desde luego, no le iba a ser posible. Siguió oteando cada detalle que le pudiera parecer curioso, centrando su mirada, en esta ocasión en unas grandes caracolas que había tanto en el mar de nubes como en la costa que se extendía frente a ellas. Al ver las dichas conchas, Garnet abrió los ojos de par en par, cogiendo su zurrón y empezando a rebuscar en su zurrón, hasta que sacó sus dos diales.- ¿Será posible?- Agarrando con su siniestra el de nubes, y con su diestra el de destello, empezó intercalar su mirada entre el primer dial, luego las caracolas que se disponían en el mar nuboso, después el de destello y finalizando, nuevamente con las conchas de la costa. El pelirrojo, empezó a sospechar de la posible relación que había entre sus dos diales y los moluscos que había repartidos por la zona. Además, recordó como, Sasha y Gronn, les explicó como, en los Cabos Gemelos, habían visto a Jolyne utilizar una herramienta, parecida a sus diales, de la cuál salió expulsada un gran torrente de agua. Tras estar unos pocos segundos meditativo, Garnet empezó a negar con su cabeza, con los ojos cerrados.- Nah no creo, esas conchas son demasiado grandes, vaya fumada la mía puajajaja.-

Pero de repente, una voz, proveniente de aquellas enormes conchas desperdigadas por todo el territorio, comenzó a hablar, una voz que no tenía nada que ver con los cánticos que habían escuchado, hablando este portavoz con cierto nerviosismo y prisa, instando a los recién llegados a que dejaran los cargamentos en la costa y se dirigieran a través de la rutas que habían establecidas. La transmisión se cortó y las anteriores sospechas que Garnet había generado parecían haberse confirmado. Si de esas caracolas, las cuáles no parecían ser un den den mushi al uso, era posible emitir una serie de sonidos, quizás si que tenía algo que ver con los diales que portaba el músico.- ¿De allí salía esa música molona? Necesito hacerme con uno de estos cacharros... Podría darle buen uso a los conciertos, ¿es o no es?- Reflexiones fuera, había que hacer caso a lo que la voz les había ordenado. Pensó primero en transformarse en tigre para agilizar la descarga de mercancía, pero, teniendo en cuenta que hace cuestión de minutos, sus recompensas habían sido actualizadas, no debían llamar demasiado la atención.- Que vaya a decir yo esto... ¡Peña!- Miró a Sasha.- Sobre todo tú, colegui, hay que intentar no dar demasiado uso a nuestros poderes, ¿es o no es?- Dijo mientras se miraba sus ropas y se aseguraba que su maquillaje estuviera impoluto, tras lo cual, se colgó su zurrón a su hombro derecho, la funda de su laúd a sus espaldas y se puso sus guantes molones. Luego cogió un par de cajas de sustento que habían tomado prestado, agarrando una con cada brazo y saltando hacia la costa con ellas, depositándolas sobre la fina y clara arena.

Al alzar su vista al frente, pudo entender a que refería la voz con "rutas" pues, justo delante de ellos, en mitad del bastísimo bosque, cuya vegetación superaba con creces la altitud y frondosidad de todo lo que había visto hasta entonces, se encontraban dos antorchas, de no más de dos metros de alto, que marcaban el camino que debían seguir. Giró, entonces, su cabeza hacia ambos lados, viendo como, a 100 metros a su derecha, había otro par de antorchas colocadas y, a su izquierda, otros tres pares más, aunque, los dos pares de antorchas que se situaban a 200 y 300 metros, respectivamente, casi que no llegaba a distinguirlos.- Pues tiene pinta de que es por aquí la festuqui...- Dijo parado, mirando al frente del sendero que debían seguir y esperando al resto.- Sash- digo... ¡Colegui- Exclamó refiriéndose a la semioni.- ¿Te hace guiarnos y ponerte al frente?

INFO
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#25
¡Menudo susto me llevé! 
Afortunadamente, Joe sabía algo de lo que iba a pasar y me había agarrado a tiempo, tras unos segundos agarrada sin ver y escuchar nada, saqué el valor para asomar la cabeza a ver cómo estaba todo. Dentro del barco tanto Kiki como Sephirot también estaban bien, ella cerca de nosotros y Sephirot fuertemente agarrado al timón.

La adrenalina invadía todo mi cuerpo, esto no era como en los Cabos Gemelos, la subida era rápida y peligrosa, por supuesto, pero todo parecía estar controlado, me atreví a mirar hacia fuera del barco, subíamos a una velocidad endiablada a través de las nubes haciendo difícil incluso distinguir lo que había a nuestro alrededor. Intenté gritar dirigiéndome a mis compañeros: Esto es la hostiaaa, menuda sorpresa me habéis dadooo ¿me escucháis?. Aunque debido a la velocidad que llevábamos, no sé si mi voz se perdió o Joe y Kiki me escucharon. Lo que sí pude escuchar, fue una música coral bastante siniestra que sonaba mientras ascendíamos sin saber de dónde venía.

Tras lo que a mí me pareció un instante y un viaje que me había dejado completamente despeinada, llegamos a la costa. Un mar de nubes esponjosas que parecían algodón de azúcar ¿Se podrán comer? Mire a la costa, una gran playa y una enorme selva era todo lo que se podía ver desde el barco, pero pude observar bien poco, pues un Joe claramente emocionado nos ordenó buscar si el barco había sufrido daños mientras dijo que nos acercaríamos a la costa para ver si podía comunicarse con alguien. ¡¡Ya lo habéis oído marines!! ¡¡A trabajar!! ¡¡Informad de inmediato de cualquier desperfecto!! Grité a los marines a cargo de Joe mientras yo misma me iba a disponer a trabajar buscando desperfectos que pudiera haber, siguiendo las órdenes de mi querido comodoro. Pero antes de que pudiera empezar con la misión que nos había encomendado Joe, el coro cesó y escuchamos una voz nerviosa y apresurada que parecía provenir de todas partes, nos dio la bienvenida y nos dio unas instrucciones, Joe intentó hablar con la voz, pero esta no parecía provenir de nadie cerca de nosotros, sino más bien ser una especie de grabación o comunicación desde algún aparato. 

Me puse entonces a trabajar siendo bastante poco eficaz realmente, debido a lo emocionada que estaba aún por la subida y esa isla imposible donde el mar estaba formado por nubes, se me ocurrió que alguien podía haber sido herido en la ascensión hacia los cielos, así que también pregunté a un cadete si alguien necesitaba tratamiento médico y si todos estábamos bien.

Por fin llegamos a la costa, a una playa kilométrica y enorme donde no se divisaba a nadie más y con una gran selva al fondo, bajé de un salto tras Joe y lo primero que hice fue hundir mi brazo en una de esas nubes que hacían de mar, sintiendo que mis fuerzas se iban.

-waaaa Joe, no toques este mar, es igual que el de abajo, no apto para nosotros.  Una lástima no poder probar una nube, seguramente no sería buena idea. Aunque pronto Joe llamó mi atención, pues se había fijado en unas caracolas gigantes de las que la playa estaba llena, no sólo en la playa, también parecía haber más flotando sobre las nubes.

-Parece un aparato como el que tenía el Gran Torino ¡¡pero mucho más grande!! ¿Crees que podremos llevarnos alguna de recuerdo Joe?

Estaba completamente emocionada y empecé a buscar por la playa más cosas que llamaran mi atención, corriendo de un lado a otro. Joe se dirigió a todos, pero yo estaba demasiado emocionada por la aventura para escuchar. Corriendo me encontré con una de las antorchas de las que había salido la voz y que llevaba a uno de los caminos, adentrándose en la selva. Me di la vuelta y grité con todas mis fuerzas, ya que el grupo estaba a unos 100 metros de mi posición:

-¡Vamos Comodoroooo a qué esperamos! ¡La voz rara nos dijo que fuéramos por este camino!! ¡A la aventura!! ¡VAMOS COMODOROOO DA LA ORDEN Y VÁMONOS VENGA!! ¡NOS ESTARÁN ESPERANDO!!

Cuando pensaba en vivir aventuras buscando un sentido a mi vida y a la justicia en el mundo, lo que nunca me imaginé es estar en una isla como esta, todo era enorme e impresionante. Intenté calmarme un poco para esperar a mis compañeros, sin pensar en que me estaba comportando como una cría.

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#26
Durante el ascenso, el sonido de música se hacía cada vez más fuerte y cercano. Una vez nos estabilizamos, me solté del listón del que me sujetaba con fuerza y en cuanto Triana nos avisó, salí rápidamente a la cubierta para husmear un poco. Lo primero que noté fue una intensa luz que hizo que tuviera que entrecerrar los ojos. Cuando me pude acostumbrar a aquella claridad, vi un paisaje mucho más bonito de lo que jamás me hubiera imaginado; rodeado de nubes, arena clara, árboles y un montón de caracolas. Ni siquiera los borrachos del pueblo habrían sido capaces de imaginar un escenario parecido a ese. Me emocionaba saber que no solo existía de verdad una isla en el cielo, sino que ahí estábamos, viéndola con nuestros propios ojos. Quitando el resto de barcos que iban llegando, no había indicios de ningún control a la vista, por lo que volví cautelosamente a mi forma humana suponiendo que ya los habríamos superado. Sobre aquel extraño mar, además de todo tipo de barcos, había un montón de caracolas flotando por las nubes. Los barcos parecían bastante magullados y me preocupé por los daños que pudiera haber causado la fuerza de la corriente al nuestro, preguntándome si me tomaría mucho tiempo hasta poder repararlo. Al fin y al cabo, ese era el trabajo que se me mandaba hacer aquí; nada de gallineros ni de casetas, pero igualmente me gustaba. Por lo que antes de volver a partir, tendría que hacer todas las comprobaciones necesarias si no quería ser víctima de una bronca de Triana.

Pude ver que en la costa blanquecina nos esperaban unas antorchas indicando varios caminos a seguir, y me percaté de que, a lo lejos y entre toda la vegetación, una especie de construcción brillaba con la fuerza del sol. – Ahí parece que hay algo – dije señalando aquella zona. - ¿Será donde se celebra el festival? ¿Y qué son todas esas caracolas enormes ahí plantadas? Eran demasiadas como para que pudiera contarlas y estaban colocadas en la costa. Al ver todas esas cosas, puse la mano sobre la caracola que llevaba en mi bolsillo, extrañada por tanta coincidencia. No me quería hacer ilusiones, pero mi presentimiento se hacía cada vez más intenso. Al ser algo completamente nuevo para mí, no quité ojo al paisaje hasta que escuché una voz que provenía de las caracolas que hace nada emitían música. Se presentó un tal Emperador que parecía ser el mandamás del lugar, y además nos estaba dando la bienvenida a la isla. – Esperemos que su hospitalidad se mantenga durante toda nuestra visita.

Allí dentro quería disfrutar sin preocupaciones del jolgorio, así que mientras Triana preparaba el barco para bajar, me puse un saco de patatas encima -quitándome también mi característica gorra- y arrastré la mano por el suelo para ponerme el barro en la cara. No quería que alguien me reconociera y nos fastidiara esta maravillosa experiencia. Una cosa era cruzar los controles, y otra pasar desapercibidos entre la gente del lugar. Justo antes de bajar, miré al timón para recordarle a Aspros nuestra primera vivencia juntos en las fiestas de nuestro pueblo, pero para mi sorpresa, no vi a nadie allí. Es más, ahora que lo pensaba, caí en la cuenta de que nuestra llegada estaba siendo demasiado silenciosa. - Por cierto, ¿dónde está Aspros? – pregunté mientras buscaba por el barco con la mirada sin encontrar rastro alguno de él. Ella estaba demasiado tranquila e impasible como para que hubiera sucedido algo grave, pero todo esto me resultaba de lo más extraño. – Me parece raro que no haya criticado nada todavía.

Dada la situación, se decidió que seguiríamos la primera ruta. No puse ningún impedimento ya que no sabíamos hacia dónde ir y a simple vista parecían todas iguales. Por las prisas de Triana se notaba su impaciencia por llegar a la verbena. – Muy bien, Triana. Hay que llegar antes de que las cosas se acaben. En la costa dejé una de las cajas del barco como había indicado la voz y me dispuse a seguir a la espadachina. – Pero ahora en serio, ¿no os preocupa no saber dónde se ha metido ese muchacho? 

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RESUMEN

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

#27
Podía sentir las frías gotas de agua salada impactando sobre mi rostro, lamiendo mi piel, empujadas por las fuertes embestidas de viento. Mi brazo extendido rozó la punta de los dedos de Triana, dispuesta a salvarme de aquel impuesto salto al vacío, pero el glorioso gesto fue en vano. El ensordecedor sonido de la corriente ascendente de agua contrastaba con aquel canto angelical que me hacía sentir en el paraíso, a las puertas del cielo; aunque en cierta forma, sí que me encontraba en un reino celestial. Nuestras miradas se cruzaron durante un parpadeo que se me antojó eterno, durante el cual encontraba miles de formas de insultar la fuerza de la espadachina, incapaz de retener mi ligero y nada pesado cuerpo de la brutal despedida. – Bravo Triana, bravo – dije de forma irónica mientras aplaudía el fútil intento de mi compañera por salvarme. - Sashay… ¡ME VOOOOOOOOOOOY! -despegué con fuerza alejándome del navío, dejando tras de mí, o al menos deseaba que así fuese, una estela de purpurina y destellos de colores.

El frio y colérico aire me forzaba a cerrar los ojos, lacrimosos, por lo que me sacudía cegado como un títere a merced del azar. Mis falsos senos rebotaban enloquecidos en el interior de mi irrisorio atuendo, que amenazaba con abandonar mi cuerpo y fundirse con el cielo azul. Mechones de mi espectacular melena rubia se me pegaban a los labios, haciendo que intentase librarme de ellos con estúpidos soplidos y escupidas al aire. Las frías nubes se adherían a mí, sentía como la cómoda humedad calaba a través de mi piel hasta tocar hueso. ¿Iba a morir? ¿Caería en el mar? ¿Acabaría aplastado contra el duro suelo? Sentí que poco a poco me adormecía, como si mi cuerpo no me perteneciera: solo podía esperar, a lo que sea que fuese a ocurrir.

Habiéndome ya acostumbrado a la inercia del movimiento, abrí los ojos para descubrir que mi ascenso se había estabilizado y que comenzaba a caer en una de las numerosas superficies que se distribuían por el moteado cielo. Aquella era la ciudad de las nubes, una leyenda que cobraba vida bajo mis pies. El caótico movimiento me impedía distinguir formas con claridad, por lo que solo podía entrever una enorme masa de vegetación aproximándose a mí. Bueno, más bien todo lo contrario, era yo el que se acercaba a ella. Encogiendo mi cuerpo sobre si mismo en un acto reflejo que buscaba reducir la fuerza del impacto, me precipité al vacío cual estrella fugaz. - ¿Alguien habrá pedido un deseo al verme surcar el cielo?

Y el mundo se paró. Pensé que el golpe iba a ser mucho más duro de lo esperado, o tal vez estuviese muerto y mis sesos se hubiesen desparramado por todo el suelo.- ¿Aún así…sigo estando guapo?- aquella necesidad sería mi ultima petición, un ruego a quien fuese a decidir si iba al cielo o al infierno tras mi muerte. Cuando quise darme cuenta, sentí mi cuerpo reposar sobre una superficie relativamente blanda. Mi cara ardía y apretaba los ojos con fuerza. Al abrirlos, pude ver como un tenue rayo de luz se colaba por entre las ramas de los frondosos árboles que encapotaban parte del celeste azul, hasta llegar al suelo que me cobijaba. Me incorporé lentamente, dolorido y confuso, sujetando con mi diestra una frente que se me antojaba pesada. - ¿Dónde…? -corté mi pensamiento al ver, a pocos metros de mí, un bulto negro en el suelo. ¿Alguien había sufrido el mismo destino que yo o ya estaba allí antes de mi caída? No estaba seguro, pero dejando de lado la punzada de dolor que recorría mi espalda como un relámpago, tenía que estar alerta: estaba solo, herido y desprovisto de comentarios sarcásticos con los que amenizar la situación.- ¿Hola? ¿Hellou?


Resumen
Stats
Aclaraciones
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



#28
El precipitado ascenso enmudeció ante el sonido del concierto que todo lo envolvía y todo lo callaba. La fuerza del viento cruzando a toda velocidad al lado de las orejas del panda se escuchaba ya en segundo plano cuando la voz de un hombre resonó por encima del angelical coro y comenzó a cantar con una voz nítida. No era capaz de ver nada a su alrededor, porque las nubes habían engullido toda la embarcación y uno sólo podía intuir que no estaban ocurriendo cosas buenas. Esta situación le recordó al ascenso por la Reverse Mountain. Casi pudo sentir de nuevo el tacto de Enma sujeto a su cuello, pero tuvo que apartar ese recuerdo en pos de no debilitar su agarre en el palo mayor. El ascenso duró lo que bien pudieron ser horas, pero finalmente una gloriosa luz celestial despejó las nubes que los habían engullido. El sol les dio la bienvenida a una especie de mar de nubes sobre el que la embarcación aterrizó con una sacudida. Las vistas eran sin duda espectaculares, pero Don Bambú echó un ojo a su alrededor para corroborar los daños. El barco seguía en pie, pero necesitaría reparaciones. No era capaz de reconocer si estaban todos los tripulantes a salvo porque activamente los había estado evitando. Aprovechó la necesidad de recuperación de los tripulantes del barco para echar un ojo a los alrededores. Había decenas de barcos, cada uno en peor estado que el anterior, pero el que más llamaba la atención era el navío de los asquerosos marines. Estaba en mejores condiciones que la mayoría, pero estaba lejos. Naturalmente, Don Bambú no quería lidiar con las fuerzas de la justicia, más aún tras el artículo que Intha le había dedicado en su periódico. ¿Se había olvidado de comprobar su recompensa? Salir en las noticias solía ser precedente de un aumento. Todavía tenía el periódico guardado, pero no tenía tiempo para comprobar nada. Su mayor prioridad en aquel momento era alejarse de aquellos marines cuanto antes. La música, al parecer proveniente de quién sabe cuántas caracolas, tanto en la playa como en las blanquecinas aguas del cielo, comenzaba a enmudecer para dar paso a un comunicado que contrastaba claramente por su nerviosismo con la armoniosa melodía a la que sustituía. Les daban la bienvenida a Skypiea en nombre del emperador Zarutsuki y les solicitaban que descargasen en la costa y siguieran los caminos.

Era su oportunidad. Don Bambú decidió no cuestionar lo que estaba ocurriendo ni beberse las fantásticas vistas de la tierra que llevaba meses plagando sus sueños y se puso manos a la obra. Comenzó cargando cajas de mercancía del barco en uno de los botes disponibles. La tripulación, en un principio agitada por el reciente ascenso, se enderezaron al verle trabajar y algunos comenzaron a unirse a la tarea. El primer bote no tardó en estar listo para desembarcar y en él Don Bambú estaba listo para formar parte de su pequeña tripulación. En menos de un cuarto de hora, el bote ya había llegado a la blanquecina costa y el panda se apresuró en dejar la mercancía solicitada a un lado. Le pareció buena idea hacer lo que la voz decía antes de proceder a escoger una ruta (parecía haber cinco). Cuando muy pocas cajas quedaban ya en el bote, Don Bambú se adelantó al grupo para escoger un camino por su cuenta. Estaba entre sus mayores intereses el proceder en solitario por aquellas tierras, ya que cualquier compañía podría delatar su identidad criminal. Atravesó la playa en principio semivacía, ya que la mayor parte de barcos aún estaban llegando, y se acercó a uno de los caminos escogidos al azar. No tenía pista alguna sobre cuál era el camino idóneo ni se había percatado de cuál podría ser la dirección más adecuada. En ocasiones era necesario dejar que el destino lo guiase a uno. Con el corazón en la mano y su esperanza de pavimento, escogió la cuarta ruta contando desde la izquierda. Una estaca de madera más pequeña que el panda le recibió con su brillante llama. En el horizonte arbóreo a penas se divisaba civilización alguna, pero si lo que el mensaje que se transmitió a través de las caracolas era cierto, con seguir el camino bastaría. Al parecer se le había adelantado una persona en su elección. Un joven pelirrojo que le debía de llegar por la cintura más o menos. Su melena roja y sus antenas eran inconfundibles. Iba con un grupo al que inicialmente no prestó atención. Estaba totalmente centrado en el pelirrojo. —¡Garnet! — Le saludó el panda con energía. Se acercó dando zancadas hasta él. —¡Cuánto tiempo! He leído mucho sobre ti últimamente, amigo. Has estado ocupado, ¿eh? —Una sonrisa adornaba la cara del panda, que se quitó las gafas de sol para ver bien a su compañero. La última vez que le vio fue en Cabos Gemelos.

Resumen


Off
#29
Ascendimos con la fuerte corriente, surcándola acompañados por un coro angelical a bordo de nuestro navío. Durante el par de minutos que duró aquello, la fuerza del viento y la corriente hicieron que el barco sufriese algunos desperfectos, pero era una fuerte nave de la poderosa Marina y aquello no era nada para ella. Por un momento, creí escuchar un grito cercano, pero estaba completamente absorta y era incapaz de prestarle atención a nada que no fuese la música y aquellas espectaculares nubes níveas que, desde mi perspectiva, parecían una enorme pared de marfil desplomándose sobre nosotros. Al traspasarlas, me envolvió una sorprendente humedad y una sensación de frío que abrazó todo mi cuerpo.

Me erguí todavía parapetada en las escaleras laterales de la proa del barco y, aun cuando el barco ya se había estabilizado, me veía incapaz de ceder en mi agarre a ellas. Lo que veía ante mí era una obra de arte en sí misma. Nuestro barco reposaba sobre un mar compuesto de blancas y esponjosas nubes, con el sol en lo alto iluminándolo todo con una intensidad tal que tuve que entrecerrar los ojos por su resplandor.

Si en algún lugar del mundo existían dioses, no se me ocurría una morada mejor para ellos que un paraíso como aquel. Un lugar por encima de los demás desde el cual gobernar a la plebe, desde donde poder observarlo todo rodeado de riquezas y placeres prohibidos a los meros mortales. Era perfecto, sobre todo para una Diosa de la belleza como yo. Sonreí imaginándome a mí misma en un palacio rodeado por aquel hermoso campo de nubes, tumbada en un precioso y dorado diván, con un vestido blanco y una corona en la cabeza, tomando uvas y bebiendo vino mientras un coro como el que se escuchaba cantaba solamente para mí.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Joe, que reía emocionado por lo que acabábamos de experimentar.

—Ha sido cuanto menos intenso. Ssshssshsssh —comenté riendo también.

Solté la barandilla al fin y subí las escaleras para colocarme en la parte frontal del barco, a la vez que él mandaba a los marines a su mando a inspeccionar posibles daños en la embarcación y Karl los animaba a ello. Al subir, recorrí con la mirada todo a nuestro alrededor, viendo como una inmensa playa se extendía a lo lejos. Nuestro barco parecía ser el más alejado de ella así que tardaríamos algo más en desembarcar. No quería desperdiciar la oportunidad así que me apoyé en la barandilla mientras sacaba la libreta del bolso. Por suerte, a pesar de que mi ropa y bolso estaban algo húmedos, el agua no había traspasado y estaba en perfectas condiciones. Así pues, me dispuse a hacer un esbozo del paisaje y hacer algunas anotaciones mientras nos aproximábamos a aquella costa de arena perfecta. Me impresionó las dimensiones de aquel paraje, pues no solo la orilla era inmensa, sino que tras ella un frondoso y espeso bosque crecía formado por unos colosales árboles que eran realmente espectaculares. Entre ellos pude atisbar un destello dorado y al fijar mi vista discerní lo que parecía algún tipo de edificación. “No me lo creo… ¿Será un palacio dorado en el cielo?” me pregunté, con los ojos centelleantes de emoción por descubrirlo. En el mar, flotando sobre las nubes, reconocí unas formas que parecían Den Den Mushi de un tamaño considerable y en gran cantidad, también de estos había muchos colocados a lo largo de la playa. Pero no eran eso, al ver uno flotar cerca de nuestro barco me fijé en que solo eran una especie de concha, muy parecida a las que habían utilizado los marines que acompañaban a Tucrow en Impel Down. Eran una especie de caracolas capaces de emitir sonidos. Deduje que debían ser las responsables de aquellos cánticos y música, pues no se veían personas en la playa y el volumen era demasiado alto como para tratarse únicamente de voces e instrumentos.

A mitad de mis anotaciones, el coro paró repentinamente, rompiendo mi concentración y haciéndome mirar a nuestro alrededor confundida. Pocos segundos después, una voz habló en un tono más suave dándonos la bienvenida a todos los recién llegados en nombre del Emperador Zarutsuki, al parecer el regente de aquella isla celestial. Ordenó descargar los barcos y dirigirse por unos caminos establecidos, haciendo hincapié en que no nos saliéramos de ellos. Apunté en la libreta el nombre del emperador para no olvidarlo y la guardé en mi bolso. Después, la voz calló y se hizo el silencio, roto de nuevo por el Comodoro Joe, que parecía intentar responderle a aquella voz. Me asomé hacia abajo desde la proa para mirarlo.

—Creo que no va a responderte, Comodoro. Hay unas caracolas como las del Almirante Aoyagi repartidas por el mar y la playa a modo de altavoces —dije con una sonrisa amable.

Bajé a la parte inferior e intenté echar una mano junto a Karl mientras llegábamos, pero parecía que más que ayudar entorpecía a los marines, que se quedaban atontados mirándome y se tropezaban. Suspiré y me dirigí junto a Sephiroth, que había estado al mando del navío durante todo el trayecto.

—Oye, Sephiroth, quería darte las gracias por ocuparte del timón. Has hecho un gran trabajo trayéndonos a todos a salvo hasta aquí. —agradecí sonriendo a la vez que echaba un vistazo a los demás barcos, que estaban visiblemente más deteriorados que el nuestro ya anclados cerca de la orilla y sus tripulantes yéndose— Parece que el resto de barcos no han tenido la suerte de contar con un timonel tan dotado como tú. Sshsshssh

Esperé junto a él hasta desembarcar y cuando lo hicimos me acerqué al “agua” para tocarla. Al parecer Karl tuvo la misma idea y estábamos las dos juntas. Me agazapé y pasé las manos por ella sintiendo la humedad como si se tratase de agua, pero parecía algo más… ¿ligera? La verdad que era una sensación extraña, pero agradable. Me hubiese gustado poder darme un baño, pero teníamos una misión oficial, encargada por ni más ni menos que un Almirante, así que el disfrute debería esperar.

Me levanté para ver como Karl hundía su brazo y parecía cansarse muchísimo de golpe, sacándolo con rapidez del agua y diciéndole a Joe que aquella agua era como la de abajo, no apta para ellos. Abrí los ojos como platos mirando a Joe, que miraba con asombro a las caracolas enormes. No era tonta, sabía muy bien a lo que se refería con eso, llevaba años estudiando sobre las Akuma no mi. Había escuchado ya varias cosas sobre el pollo de Karl, ya tenía asumido que era una usuaria de zoan gallina o algo así. Pero era la primera vez que decían algo sobre Joe y estaba algo asombrada. Siempre había pensado que esos poderes deberían estar reservados para la Marina, para que pudiesen proteger a todos. Realmente, me hacía ilusión saber que ellos eran usuarios y sentía mucha curiosidad por saber más, pero también noté una punzada de dolor al pensar en que en todo ese tiempo no me habían contado nada de algo tan importante, sobre todo tratándose de Joe que insistía en que éramos una familia.

Me acerqué a él para hablar del tema, pero le vi pensativo mirando hacia lo que parecían unos caminos que se adentraban en el bosque marcados por una antorcha cada uno. Reí al escucharle dubitativo decir que parecían gritar que “solo fuésemos por ahí”.

—Ssshssshssh. Joe, literalmente han dicho que SOLO vayamos por ahí y no nos desviemos del camino. —dije con una dulce sonrisa.

Justo después sacó su den den mushi, debía estar intentando contactar con el cuartel. Por su lado, Karl correteaba aquí y allá como si fuera un animal recién liberado de su jaula. Me encantaba verla así y, aunque no había hablado casi con ella últimamente, yo la apreciaba mucho y de verdad me alegraba que no se hubiese venido abajo por la muerte de su compañero. Joe habló diciendo que no conseguía contactar con nadie.

—¿Alguna idea? —pregunté, esperando a ver que hacer.

Tras divagar un poco, propuso dejar a un escuadrón de cincuenta marines en el barco descargando y más adelante contactarles.

—Me parece perfecto, Joe. —dije asintiendo— Necesitamos encontrar a alguien que esté al cargo para presentarnos en nombre de la Marina y que nos expliquen un poco mejor que debemos hacer. La verdad, esperaba que como mínimo hubiesen enviado a alguien a recibirnos, pues estaban enterados de nuestra llegada. Pero bueno, hasta entonces deberemos asegurarnos como mínimo de que los barcos estén seguros y que no causen problemas.

Me crucé de brazos mirando los caminos pensativa mientras Joe proseguía y terminaba preguntando al resto sobre el camino que debíamos tomar y si tal vez debíamos separarnos. Parecía estar algo nervioso, tal vez le costaba decidir solo, así que quise ayudarle un poco.

—A lo lejos, entre los árboles, he visto lo que parecía un edificio dorado. Estaría bien poder llegar hasta allí, pues es lo único de civilización que he podido observar, pero desde aquí no sabría qué camino tomar. Lo que sí que creo es que no deberíamos separarnos por ahora. Puede que sepan que vienen Marines, pero tal vez repartir doscientos marines por la isla sin informar de ello primero pueda ser visto como algo precipitado. Vayamos juntos primero y después ya veremos.

A un lado, a cierta distancia, Karl gritó con fuerza, invitándonos a seguir uno de los caminos. Miré a los lados fijándome en las antorchas, aquel parecía ser el camino central.

—Ese camino es el de en medio, me parece adecuado tomarlo. Avisaré al resto, yo me encargo —concluí guiñándole un ojo a Joe y me di la vuelta para volver al barco.

Una vez arriba, me coloqué frente a la pasarela de bajada interrumpiendo el paso y apoyando una mano en la cadera.

—¡Atención todos, marines! —grité alzando la voz con tono autoritario mientras se reunían para escuchar— Órdenes del Comodoro. Un escuadrón formado por cincuenta de vosotros se quedará aquí. Su misión será reparar los desperfectos del barco para que nuestra embarcación esté en condiciones, descargar nuestros suministros y asegurar la playa. No queremos que haya conflictos en la zona, recordad que estáis bajo el mando del Comodoro Joe y se espera un comportamiento impecable por parte de todos. Si sucede algo, quiero a alguien preparado para informarnos por den den mushi de inmediato. —hice una pausa para cruzarme de brazos con una expresión seria en el rostro y eché una mirada rápida a todos los presentes— El resto, vendréis con nosotros. Vamos a adentrarnos en el bosque para ir a presentarnos y asegurar el evento. Y ya habéis oído el comunicado de antes, nada de salirse del camino. Tomad vuestras armas y dirigíos a donde está la Comandante Karglass.

Me giré sin dedicar dejar ni un segundo a las quejas o dudas y bajé de nuevo para reunirme con los demás. Las órdenes eran inamovibles, y como Teniente y parte de la nueva División 21, debían respetarme. Lo cierto era que me sentía bien tras aquello y una ligera sonrisa se dibujó en mi boca; era la primera vez que daba órdenes a alguien, aunque fuesen las de otro. Aun así había añadido algunos detalles extra, no me gustaba dejar las cosas al azar y prefería tenerlo todo calculado.

Una vez frente al camino, mientras los demás escuadrones venían e iniciábamos la marcha por el camino escogido, aproveché para lanzar las preguntas que llevaban rato ardiendo en mi boca por salir.

—Joe, Karl, ¿sois usuarios de Akuma no mi? —pregunté con seriedad y la mirada fija al frente— Supongo que lo del pollo que habéis comentado alguna vez es que tienes una fruta Zoan de algún tipo de ave. ¿Una gallina tal vez? —proseguí a la vez que dirigía la mirada hacia Joe, retirándola rápidamente para volver a mirar al frente un poco avergonzada— Me ha sorprendido lo que Karl ha dicho del agua. Sé bastante sobre Akumas y lo que significa eso. Y bueno, llevamos meses juntos y no me habías dicho nada… ¿No confías en mí?

Seguí caminando con los demás, prestando atención a nuestros alrededores y el camino por el que avanzábamos mientras esperaba escuchar sus respuestas. Aproveché también para mirar las copas de los árboles, que eran inmensos y llamaban mi atención.

Aclaraciones
#30
El subidón de adrenalina se apodera de mi. Las turbulencias del navío son cada vez más fuertes e intensas, pero en vez de generarme tensión o preocupación como a cualquier otro, a mí me resulta emocionante y excitante. No tengo idea de lo que ocurre fuera, pero desde la seguridad de la bodega, todo este traqueteo infernal se reduce a una montaña rusa de diversión. Es tanta la confianza y la sensación de control, que decido soltar la cincha y despego el mochi, haciendo juegos de equilibrio y creyendo que soy el puto amo. 
Un "creck" agudo suena en algún punto cercano a mi, pero la ausencia de luz me impide ver más allá de mis propias manos. Decido pasar del tema y seguir con mis pajas mentales y equilibristas, hasta que el sonido de algo arrastrándose se hace denotar cada vez más cerca. -¿Qué cojones es ese ruido?- me pregunto mientras intento ver algo en la oscuridad. Sin previo aviso, un fuerte impacto me pega por el lateral. Las enormes turbulencias, sumado a que estaba haciendo el imbécil, me hacen perder el equilibrio por completo y comienzo a ser arrastrado por la bodega sin posibilidad de frenar. Llegado el momento, choco con los límites de la misma, siendo aplastado entre el objeto que me había golpeado y la pared del barco. Sin encontrar un punto de apoyo fijo con el que empujar lo que parecía ser una caja de cargamento, decido optar por la idea de moldear mi cuerpo para liberarme de la presión, pero antes de que lo consiga, se vuelve a escuchar el mismo sonido de caja arrastrándose en mi dirección -¡Venga, no me jodas!- maldigo sabiendo lo que iba a suceder. Un segundo choque se produce, golpeando la parte trasera de la primera caja y aumentando el peso y la dificultad de salir. La mala suerte continúa con un ligero crujir de madera frente a mi cara. Pero no de la caja, sino de los límites del barco. -¡No, no, no...!- reniego una y otra vez, deseando que la pared aguantara. Ni un segundo más tarde, la pared cede ante el peso, arrastrándome al exterior del barco junto a las dos cajas responsables de tan mala suerte. Acojonado de miedo, rezo todo lo que sé, pues soy consciente de que de una caída así no se libra nadie.
Lo que son breves y escasos segundos, se convierten en horas bajo mi percepción alterada. Intento abrir los ojos, pero soy víctima de una tromba de viento constante y veloz, que no me deja más que ver con los ojos achinados y me provoca lágrimas, que enturbian la reducida visión que tengo.
Como si el mismísimo Horus me quisiera con vida, una corriente de aire caliente me invade por completo y comienza a filtrarse entre la ropa. La caída cesa, y empiezo a flotar por la corriente, como si estuviera surfeando sobre la misma. Puedo ver entonces con más claridad, aunque las vistas no son nada agradables al verme tendido en el cielo. Rápidamente, el canal de viento me asciende, formando una carretera que me empuja a los cielos, ayudado por una especie de globo que se forma en la capucha de mi sudadera.
Lo que empieza con calma, se torna estrés cuando la fuerza del viento me eleva por encima del mismo transporte que me traía y me conduce por caminos insospechados y de los que no tengo control. -Dios mío, frena... ¡FRENA!- me limito a gritar cuando veo que la corriente me conduce sin control y parece que me va a hacer chocar contra una superficie boscosa sobre las nubes.  -¡CUIDAAAAAAO!- "SPLASHH".

Con un violento aterrizaje, consigo tocar tierra de nuevo. Gracias a mis poderes consigo reducir el daño del choque al mínimo, y aún así la brutalidad del descenso me deja seco contra el suelo, esparcido como un moco blanco estampado con fuerza. Poco a poco me reconstruyo y empiezo a levantarme. Ya de pié, miro a mi alrededor mientras froto con mi mano derecha el hombro izquierdo, aliviando el dolor de la caída. Había dejado un buen agujero en el suelo y me encontraba en mitad de lo que parecía ser un bosque infinito, mirara por donde mirara.
-Loco, menuda potra he tenido... ¡GRACIAS HORUS POR TREMENDA SALVADA, SHIHahaHAHaH- agradezco alzando los brazos al cielo y gritando a los cuatro vientos, sonriente. Tras salir del hueco y recoger mis pertenencias, me planteo orientarme. -Vale... Ahora he de averiguar cómo salir de aquí... Oh gran Horus, dime dónde cojones estoy... Y ya que estás tráeme una buena pilingui, SHIHahaHAHaH--
Me alzo por encima de toda la vegetación, moldeando mi torso a voluntad. Mientras hago visuales de toda la zona hasta que mi vista alcanza, detecto que algo viene disparado desde el cielo a mí posición. -Mierda, ¿y ahora que?- Decido contraer mi cuerpo y ocultarme entre la vegetación para ver qué sucede. Cuando el ovni impacta, me quedo atento entre la maleza para ver qué es. De golpe, de un segundo agujero cerca del mío, se alza una mujer de cabellos dorados y pechos como cabezas. Tenía una belleza... diferente, pero no podía quitar la vista del par de premios que me habían tocado. Parece perdida y desorientada, así que no me hago esperar.
-Vaya, vaya... Hola guapa. Parece que te has perdido.- sonrío entonces y la miro con lujuria -¿Un piquito? SHIHahaHAHaH-
Visual de Zarek


Aclaraciones y justificaciones

Personaje


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